Año 2 N.37, Domingo 8 de junio de 2003
InicioPortadaPublicidad¿Quiénes somos?
Libro de ex fiscal del ente estatal
"Quo Vadis, Corfo"
(Por Maura Brescia)Con el objeto de dar cumplimiento a una promesa del ex Presidente Aylwin, quien afirmó que a fines de 1990 daría a conocer los resultados de las privatizaciones, el doctor en Derecho de la universidad de Roma, abogado Guido Macchiavello, abre doce años más tarde una compuerta secreta a través de su libro "Quo Vadis, Corfo", que mantuvo en sigilo hasta hoy, acerca del persistente desangramiento financiero del ente estatal.


Macchiavello es un testigo privilegiado del proceso. Como estudiante de Leyes en 1955 empezó a trabajar de procurador, conociendo de cerca las grandes obras de la Corfo. Apenas asumió la democracia pareció totalmente justificado que el joven de otrora regresara al organismo en calidad de Fiscal. Le precedían 15 años en la institución y un lustro en la Comisión Nuclear, varios años como asesor en empresas públicas y privadas, un doctorado en Roma y la calidad de profesor titular de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile.

Si bien la Corfo aparecía en 1990 como la dueña de 31 empresas, con un patrimonio de mil 300 millones de dólares, con créditos por 700 millones y una nueva línea de 600 millones más, al poco andar el nuevo Fiscal pudo informarse que, en realidad, sus deudas ascendían a los 262 mil millones de pesos, le debían 800 millones de dólares y tenía 11 mil millones en cauciones, lo que afectaba en casi 60 por ciento de su pasivo exigible.

En agosto de 1990, la Corfo solicitó al Gobierno que incluyera fondos para pagar la cuota de amortización de los 550 millones de dólares de déficit y de los mil 700 millones de dólares de las privatizaciones, ambas sumas que el régimen militar había dejado como herencia a cargo de deudas ajenas al organismo. No obstante, la respuesta fue negativa.

Experto en derecho laboral y administrativo, Guido Macchiavello desenmascara en su libro situaciones que produjeron fuertes pérdidas a la Corfo, como los traspasos de bienes entre esta y el Ejército y las privatizaciones bajo el régimen militar.

El autor aclara que su objetivo en calidad de autor no induce a crear escándalo público. Por el contrario, imbuido en una cultura universalista, no cita nombres ni personaliza hechos. Su único afán es contribuir a una reflexión sobre el pasado y el presente, que estima indispensable para el futuro del país. "No interesan los actores o quienes fueron los que hicieron tales hechos, ya que de esos ninguno va a pasar a la historia", dice. Y agrega: "Pero privatizaciones que se hicieron en una forma, a mi juicio, que no correspondía y que significaron grandes perjuicios para la economía del país, con importantes fondos públicos que pasaron a algunos grupos que, consecuentemente, comenzaron a dominar enseguida el escenario nacional. Esos fondos fueron el esfuerzo de todos los ciudadanos del país, entonces no había derecho para privatizar en las condiciones que se hizo. Estamos hablando de cantidades extraordinariamente altas. Esto ha repercutido con efecto inmediato en la terrible separación, en el abismo, que se está viendo entre los grupos que controlan al país en lo económico y el resto de los ciudadanos".

¿Fueron privatizaciones irregulares?

Las privatizaciones se manejaron de manera muy curiosa porque para rebajar su cotización o su valor en el mercado se hacían movimientos bursátiles o se presentaban estados de situación que consideraban gastos abultados o no consideraban debidamente el valor de las inversiones. Entonces aparecían empresas fiscales en un estado calamitoso, y venían unos señores que haciendo un acto de caridad adquirían estas empresas e inmediatamente operaba el milagro de utilidades fantásticas. En este caso no eran para todo el país sino que para aquellos que habían sido favorecidos con las privatizaciones.

Por la política económica implantada, ¿Cree Ud. que ha cambiado la esencia, lo que podríamos llamar, el alma de Chile?

Fundamentalmente, ese es el gran propósito. Señalar que el Chile que en el pasado habíamos construido con gran esfuerzo, fundamentalmente entre los años 30 y los 60, era un Chile que perseguía un concepto de libertad, de igualdad, de fraternidad, de respeto. Fundamentalmente era un Chile culto, que se distinguía por su concepto del ser humano como una expresión importante dentro de lo que debe ser la relación del ciudadano con los medios que tiene el país, con algunas diferencias socio-económicas razonables. Toda esta filosofía fue sustituida por una seudo-filosofía que raya, a mi juicio, en lo censurable por una persecución del enriquecimiento a cualquier costo. Es importante entender que el fin del hombre no es enriquecerse materialmente, sino que es valorar lo que es su espíritu. Ese espíritu ha resultado gravemente lesionado en los últimos años.

¿A qué se debe que la Concertación no haya modificado las reglas político-económicas que heredó del régimen militar?

Principalmente a un problema profundo de no haber tenido cuadros de gestores políticos en el buen sentido de la palabra, vale decir, ejecutivos políticos públicos que tuvieran la dimensión filosófica y la preparación suficiente como para haber marcado ciertos hitos que pudieran haber sentado una recuperación o un nuevo camino para el país. Después de casi dos décadas de libertades restringidas, no hubo una generación que estuviera en condiciones para eso. El otro punto apunta a la responsabilidad que tienen las grandes instituciones, las que aparecieron muy eclipsadas por el fenómeno inmediato del gobierno militar. No se previó la formación de cuadros que pudieran hacerse cargo del país cuando la dictadura hubiere terminado.

¿No hubo también un acomodo de las autoridades y de los políticos, para no querer cambiar y aprovechar el mismo sistema a conciencia?

Eso actualmente parece indiscutible. Pero hace 12 años atrás no era así. Se tenía la esperanza y la firme aspiración de haber producido un cambio. Hoy, la debilidad de los partidos políticos y, ciertamente, los aspectos de corrupción que se aprecian, están haciendo evidente que lo que se criticó en la Constitución aprobada en 1980, está siendo aprovechado por los sectores políticos que precisamente tanto la criticaron.

¿Quién es responsable de la feble posición que los Gobiernos concertacionistas han tenido frente al empresariado?

Los empresarios tienen que entender que sobre ellos hay un Gobierno, hay un Estado y que sobre ellos están los intereses del país. Temo que dentro de Chile se esté perfilando una política en el gran empresariado donde los intereses del país son relegados. Eso, hace 20 años, era impensable. Porque siempre dijo "Primero siento a Chile, enseguida vendrán mis intereses".

Casos
A 30 años del golpe
Rabie
Cuba
Buscador

Ingrese una palabra
Ediciones Anteriores
Columnistas
Redactores
Sala de diálogo
Regístrese

Reciba en su correo a "El Periodista"

Otros artículos de
Lea además
El Periodista S.A. Derechos Reservados
Presidente del Directorio: Eugenio González Astudillo - Director: Francisco Martorell - Editora General: Francisca Celedón
Dirección: Sótero del Río 541, oficina 519 Santiago de Chile.
Teléfono: (56 2)662 14 51-662 14 59 Fax: (52 2) 696 88 52.
director@elperiodista.cl

Sitio desarrollado con Newtenberg Engine