Año 2 N.37, Domingo 8 de junio de 2003
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La violencia de los jóvenes
La TV ataca: los golpes no sólo dejan moretones
( Escribe Patricia Santa Lucia )En los últimos días la opinión púb lica se ha visto conmovida por asesinatos cometidos por jóvenes y por la crueldad e indiferencia demostrada por adolescentes en relación a la violencia y a la muerte. La oposición al Gobierno atribuye la violencia y la inseguridad ciudadana al regreso de la democracia debido a su indulgencia para reprimir la criminalidad, a la abolición de la pena de muerte o a la no aplicación de castigos ejemplarizadores. Otros , a la violencia en la televisión o a los padres que no cuidan a sus hijos.


Se considera anticuado hablar de la pobreza y la falta de expectativas de los jóvenes. Se considera majadero recordar que en los 17 años de régimen autoritario los jóvenes se educaron en la violencia y que ésta fue legitimada por sus gobernantes. Hasta Manuel Contreras Valdebenito lo reconoce en 1999 después de agarrar a su madre a patadas y mandarla al hospital. Se rechaza el análisis de que ésta empezó después de 1973: "entre 1974 y 1990 se triplicó la delincuencia y ésta cambió de características intensificándose los niveles de violencia y aumentando la participación de los jóvenes".Además, agrega Doris Cooper (Seminario "El Enfoque Sistémico para la Prevención y Tratamiento de la Conducta Social Desviada") ello se debió, básicamente a la crisis de los 80 y al modelo neoliberal que se comenzaba a aplicar en la sociedad chilena. El modelo no cambió en democracia y, aunque se haya puesto fin a la violencia institucional, los adolescentes que no vivieron directamente el régimen militar aún escuchan que los militares tuvieron que matar, reprimir, torturar y secuestrar para parar el comunismo y el desorden administrativo.

Pero volviendo al presente, para ser modernos y mirar al futuro, los análisis actuales no consideran todos los elementos. La censura cinematográfica o de la televisión que censura las películas de acción o sexo explícito ignorando los valores reiterados hasta subliminalmente de la propaganda en cine y TV. Nadie piensa que los más jóvenes constantemente están avasallados por los llamados a consumir más y mejor, a endeudarse, a competir por plata y mercancías. Los líderes preocupados de la violencia de los jóvenes no se imaginan lo que es ver en la televisión la reiteración, cada quince minutos, de que para ser feliz, obtener el amor y tener derecho a las cosas bellas de la vida se requiere plata y hay que consumir y consumir para "triunfar". Ya desde pequeñitos saben que para besar, para postular a los reality shows, no hay que tener caries, olor a patas o el pelo negro y tieso. Que para poder tocar las pieles sedosas y las siliconas de las modelos de la TV a lo menos hay que tener los millones de la Geisha. "Simplemente María" es un ejemplo caduco y lamentable para las "nanas" de ahora (término que acuñó en los 80 la siutiquería chilena). Qué ridículo comprarse una máquina de cóser, que lento, no cachan la modernidad, diría la Geisha a carcajadas. En vez de una máquina de cóser deben conseguirse un marido japonés ladrón de cooperativas de viviendas populares, como los que les robaron a los cooperados de Habitacoop, o a través del Banco de Desarrollo; a los que engañan en Metalpar o a los dueños de Eurolatina.

Las estrategias comunicacionales de la clase dirigente complementan la propaganda comercial en cuanto a paradigmas se refiere. Cuando se sanciona un local de comida chatarra como el Mac Donald's porque sus hamburguesas contienen bacterias peligrosas para la salud, los Ministros aparecen chorreándose de mayonesa y haciendo reverencias culpables al sancionado. Las coimas, las triangulaciones, las empresas de papel tienen orgullosos a los procesados por haber construido carreteras. Los que vinieron a servir y no "a servirse" son amparados por leyes, porque no podían vivir con "sueldos miserables" de 1 a 1,5 millones de pesos. Los funcionarios públicos que no tenían, o tienen, sobresueldos no lo hacen por respeto a los reglamentos y ausencia de pitutos, sino por ser malos profesionales. Las universidades que se prestan para triangulaciones o donde sus contadores desaparecen lo hacen porque no tienen presupuesto o para ayudar al desarrollo del país. Un desaparecido más, un desaparecido menos, ya no nos va ni nos viene, antes fueron por el comunismo, luego porque van mucho a discoteques, porque son putas y viven en el desierto o porque los puentes los llaman al suicidio. También se puede desaparecer por depresión bipolar y desorden en las cuentas y uno se puede suicidar por ello y después desparramar los propios huesos, al estilo que inauguró el conscripto Soto Tapia. Los grandes estafadores van a Capuchinos o a los pensionados carcelarios y los esperan sus cuentas en Suiza o Gran Caimán después de pasar un tiempo, leyendo, haciendo gimnasia o escribiendo sus memorias.

Los jóvenes reciben toda esta información por la TV, por Internet y por el pelambre, deporte nacional y una de las pocas y más puras de las expresiones democráticas con la que aún contamos los perdedores. En Chile todo se sabe. El joven que no debería ser violento, porque es horroroso, qué atroz su crueldad para matar a su amigo, qué indiferencia en el colegio, se da cuenta que no le alcanza la vida para llegar al consumo que ve por la TV, no alcanza a estudiar, a obtener un título en una buena universidad, cómo empezar con diez pollitos, cómo lograr el éxito para comprarse el auto o tocar y amar a una de las bellas de la silicona. Para eso ya va a estar viejo ¿y el viejo cesante? ¿y los hermanos? Hay que hacer algo rápido para tener todo aquéllo que es legítimo, porque lo hacen los políticos, los curas también se dan su gustito, porque lo anuncia la televisión, porque se ve posible, porque lo consiguió Ballero, porque nadie puede trabajar por un sueldo miserable. Hay que llegar allá como sea, o mejor y más rápido aún, ahogarse en las drogas para olvidar, soñar y de una vez morirse.

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