Año 2 N.37, Domingo 8 de junio de 2003
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Vida de jueces
(Por Francisca Celedón B.)Los jueces desde hace un tiempo se han convertido en noticia y aunque siempre han sido un referente importante en la sociedad, sus caras no eran portadas de diarios o de revistas. Sus decisiones nunca son indiferentes y, sin duda, afectan e inciden en la vida de las personas, familias, comunidades y ciudades.


Lo que hace o deja de hacer un juez se ha convertido en tema, recordemos, sin ir más lejos, la reunión de Insulza con tres ministros de la Corte de Apelaciones y todo lo que se dijo y especuló con respecto a ésta. He aquí donde nació la inquietud por saber cómo es la vida de un juez, qué hace, dónde va, qué puede hacer y qué no le está permitido, porque ha diferencia de la mayoría de las personas, los Usías están regulados por el Código Orgánico de Tribunales y las Cortes correspondientes.

Resulta difícil escribir acerca de la vida de un juez, porque ellos, ante todo, son personas como cualquier otro. También son padres, madres, hijos, hermanos y amigos. Y como tales tienen problemas, tristezas y alegrías como el resto de los mortales. "Incluso dormimos, y a veces, mal", asegura un magistrado. "Y a pesar de eso, en la mañana debemos estar en el juzgado, con la mejor cara posible", agrega.

Al igual que en las empresas, los jueces tienen que cumplir con algunas reglas que van desde el horario de entrada y salida hasta el solicitar un permiso administrativo para faltar a sus labores. Pese a que se someten al mismo reglamento que un funcionario público, tienen más beneficios a la hora de sacar cuentas. Existe un autoacordado de la Corte Suprema que unifica el horario de atención de todos los juzgados en el país. Según éste, los tribunales atienden al público desde las ocho de la mañana hasta las 14 horas, por lo tanto, el personal de Secretaría debe cumplir con ese horario y permanecer dos horas más; en tanto, el juez llega a las nueve y se puede retirar a la hora del cierre del tribunal, sin perjuicio de las horas en que trabaje en su casa.

Si bien existen magistrados que cumplen cabalmente con lo establecido, están los que prefieren llegar antes para así supervisar mejor el tribunal y aprovechar más la jornada y, como en todo oficina, están los "Canitrot" que llegan a cualquier hora y se van cuando les parece. Cuentan, además, con tres días de permisos por bimestre y éste debe ser solicitado en la Corte de Apelaciones correspondiente.

El día de un juez puede ser bastante rutinario entre comparendos, audiencias y resoluciones. Siempre tienen que estar dispuestos a recibir a los abogados, y a uno que otro demandante o demandado que lo solicite. Son las personas que se topan con lo peor de la sociedad y que deben tomar las decisiones más controversiales. "Estoy trabajando, en las infinitas resoluciones que hay que dictar en las causas. Cada resolución es una pequeña decisión. Unas son de mero trámite. Otras son más de fondo. Golpean la puerta, y la Oficial de Sala me informa que una señora me está pidiendo audiencia, porque no sabe a quien recurrir porque el hijo le faltó el respeto, o que el marido se fue de la casa, o que la vecina la insultó. Muchas veces ni siquiera es algo que nosotros podamos resolver. Perfectamente podríamos "derivarla" sin atenderla. Pero, sabemos que ella se quedará más tranquila si la jueza se lo dice. Muchas veces somos terapeutas, sin tener la preparación para ello. Consejeros familiares, orientadora de adolescente, e incluso, a uno le piden orientación profesional, lo que nos está prohibido hacer, por razones lógicas. Entonces uno tiene que explicarle que no puede darle un consejo, pero uno sí puede explicarle las leyes", explica una jueza de la Cuarta Región.

No es lo mismo ser juez en Santiago que en provincia.

Sus Señorías, en jerga leguleya, tienen el deber de residir en el lugar donde funciona el tribunal. Este, que es un resabio decimonónico -y que se entiende en una época en donde llegar desde Temuco a Villarrica podía tardar un día, pero no en el siglo 21 donde la misma distancia es de sólo 30 minutos-, no ha sido modificado. Los que se ven afectados por esto son los jueces de pueblo, que deben sacrificar su vida familiar y social para habitar poblados inhóspitos, sin ninguna comodidad, quedando absolutamente expuestos al "comedillo" del lugar, que observa sus vidas y la comenta en detalle. En tal sentido, los jueces tienen poca vida privada y se les cierran las posibilidades de perfeccionarse por fuera de lo que ofrece el Poder Judicial. Si bien están los que apoyan y advierten de la necesidad de vivir en la comuna donde está el tribunal, están los que alegan que esta imposición significa que el juez debe ser sacrificado y su familia también. Es el caso de muchos jueces, a lo largo de Chile, que viven en lugares alejados donde las casas fiscales `disponibles' para ellos no tienen ni cocina ni baños. Lo que ha obligado a éstos a dormir en Parroquías, Comisarías e, incluso, de allegados. Y pese a que la Corte de Apelaciones tiene la facultad de autorizar a vivir en un lugar distinto, a la mayoría se les obliga residir en la zona del tribunal. ¿Por qué a los parlamentarios no se le exige lo mismo? ¿Qué pasa con sus hijos en edad escolar? ¿Qué pasa con sus cónyuges que también son profesionales? "El servicio país se entiende, pero trabajar en lugares casi inhabitados sin buenos colegios y en donde la persona más letrada es el cura del pueblo, es otra cosa", asegura un magistrado sureño.

Otra dificultad al que se enfrentan los jueces es "lo que pueden o no aceptar", y es en este punto donde debe imperar el criterio de cada cual. No se trata que sean asóciales, pero no deben parecer influenciables. Aquí también cuentan las amistades con abogados o personajes públicos, muchos de los cuales pueden ser conocidos o amigos, tal vez en las grandes ciudades este hecho es menos relevante, pero en los pueblos... Ya lo dice el dicho "pueblo chico, infierno grande". Pero, ¿dónde está el límite? Porque tienen derecho a tener amigos, familia, gustos y preferencias, hasta a tener una opinión política y religiosa. Pero no pueden participar activamente en política ni manifestar su opinión en ninguna forma salvo en el voto. Pueden profesar la fe, pero no obcecarse en su visión religiosa. Si tiene familiares que ejercen la abogacía tienen que inhabilitarse en las causas donde ellos participen. La amistad con abogados...distinto es con los amigos, el límite es difícil.

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