Año 2 N.37, Domingo 8 de junio de 2003
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Acuerdo Chile - EEUU
EL DIA DESPUES
(Por Víctor Ritter)Los debates del Congreso estadounidense en torno al texto no volcarán un escenario favorable a su ratificación. Pero muchos de los argumentos recogidos por los parlamentarios podrían incubar en muchas organizaciones ciudadanas focos de potencial conflicto futuro.


En Miami y sólo ante el Representante de Comercio de los EEUU (USTR) fue finalmente suscrito el Acuerdo de Libre Comercio (ALC) entre Chile y el país del norte. La firma del texto ocurrió casi un mes después que el Presidente George Bush y el Primer Ministro de Singapur hicieran otro tanto, pero en la Casa Blanca. La diferencia de tiempo y de trato ha sido una muestra del premio con que Washington distinguió el que Singapur apoyase la guerra contra Irak.

Aunque las sesiones parlamentarias con partidarios y críticos de los TLC permitieron reunir un muy contrapuesto abanico de opiniones, los 90 días de que dispondrán las dos Cámaras del Congreso estadounidense para debatir ambos Acuerdos difícilmente cambiarán un escenario favorable a su ratificación. Pero muchos de los argumentos recogidos entonces podrían incubar en muchas organizaciones ciudadanas de los EEUU focos de potencial conflicto futuro con la propia administración Bush.

Confirmando lo que fue una constante desde el inicio de la negociación, la ultra-conservadora Fundación Heritage -el principal centro de la intelligentsia política de la administración Bush- ha sostenido que las motivaciones de Washington para impulsar un Acuerdo con Chile fueron políticas antes que comerciales: muchos gobiernos de AL son hoy más débiles y políticamente inestables, y en el caso de Perú, Argentina, Uruguay, Brasil y Venezuela hay además movimientos populistas que podría llevar a estos países a alinearse con Europa.

Por el contrario, "el Acuerdo con Chile debilitará el mensaje antiamericano populista y animará a los países a alinearse con los EEUU, adoptando sus principios de libertad económica y política", al cabo de lo cual "se convertirán en compañeros suyos".

Respecto específicamente del contenido económico del TLC, Heritage asegura que éste "pone llave a las reformas chilenas y además requiere otras nuevas, como la eliminación de controles de capital, la modernización de regulaciones en los derechos de propiedad intelectuales y el establecimiento de reglas trasparentes en los servicios".

En sintonía conceptual con estas afirmaciones, el director de Relaciones Económicas Internacionales de la cancillería chilena, Osvaldo Rosales, argumentó ante la Cámara de Comercio estadounidense (abril pasado en Washington) que los TLC negociados por EEUU con Chile y Singapur "parecen ser más apropiados para economías que están avanzando en reformas económicas de tercera generación", pues las demandas que éstos generan "podrían ser asimiladas sin una tensión excesiva y empujar la institucionalidad política y económica".

¿Hacia dónde deberían `empujar' esos cambios institucionales? Según Rosales, el mismo Acuerdo con EEUU reduciría "las causas internas de inestabilidad. La estabilidad de políticas y de instituciones económicas se refuerza (...) La política económica se vuelve una política de Estado". A eso se refería precisamente la Fundación Heritage, al apuntar que el TLC "pone llave a las reformas chilenas".

CRITICAS DE UN LIBREMERCADISTA

La visión más demoledora sobre los propósitos de la política de negociaciones comerciales de Bush y sus consecuencias para los países en desarrollo (PED) ha provenido de un férreo defensor del libre mercado: el economista indio Jagdish Bhagwati, profesor de la prestigiosa Universidad de Columbia y director de Economía Internacional del Consejo de Relaciones Exteriores de los EEUU.

En su testimonio en abril pasado ante el Subcomité Monetario de la Cámara de Representantes, Bhagwati aseguró que los Acuerdos con Jordania, Chile, Singapur y Marruecos fueron concebidos por EEUU como "plantillas": la asimetría negociadora entre las partes pemitiría a Washington imponer condiciones que luego buscará replicar en el plano multilateral.

También criticó la presión ejercida por Washington para que sus países "socios" eliminasen sus controles de capital: "¿Puede alguien sostener seriamente que no se materializará la fuga de grandes flujos de capital alimentada por el pánico en ausencia de control? La evidencia empírica y los modelos teóricos indican que debemos ser más prudentes que respecto de los años previos a la crisis asiática".

Según Rosales, el TLC con EEUU "permitiría atraer más inversión extranjera directa (IED) (...) más estabilidad de los flujos de capital financiero". Pero Bhagwati advierte "ninguna evidencia persuasiva de que la convertibilidad de la cuenta de capitales sea necesaria para atraer IED". Además, las condiciones establecidas para exigir compensación por el uso de controles de capital son tales, que "no veo cómo llevarán a algo que no sean objeciones políticas". En los casos de Chile y Singapur, "la inclusión de provisiones al control de capital es algo difícil de entender en términos económicos (...) parece ser algo más bien ideológico y/o resultado de intereses de lobbies".

Una última área de interrogantes abiertas se refiere al porqué Chile aceptó un nivel de propiedad intelectual aún mayor a los 20 años establecidos en el Acuerdo sobre Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio (TRIPS), de la Organización Mundial del Comercio, ignorando recomendaciones en contrario de la Organización Mundial de la Salud.

Nuevamente, dice Bhagwati, ello responde a la aplicación de la misma plantilla estadounidense concebida para que México ingresara al TLC de América del Norte.

Organizaciones ciudadanas de Chile y los EEUU han advertido que las reformas que deberá introducir nuestro país "podrían conducir a retrasos potencialmente devastadores en la producción de medicamentos accesibles con precios razonables".

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