Año 2 N.37, Domingo 8 de junio de 2003
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Ricardo Ffrench - Davis:
"MUCHOS DEMOCRATAS HAN SIDO CAPTURADOS POR EL NEOLIBERALISMO"
(Por Nelson Soza)El economista DC, junto con analizar la actual situación económica, hace un balance de la región y muestra distintos caminos, no los propuestos desde la óptica neoliberal, para enfrentar la crisis.


Tras ser mencionado una vez más como consejero del Banco Central (BC), el economista Ricardo Ffrench-Davis envió a sus amigos un correo electrónico agradeciéndoles su apoyo; informándoles que ya no desea ser postulado a ningún cargo del Estado, y explicitando su visión sobre la consolidación del sesgo neoliberal que representa la designación de Vittorio Corbo en la presidencia del BC: ‘Nos vamos encerrando en la racionalidad de la derecha, del camino único, la receta más ortodoxa del Consenso de Washington, que ha sido una mala experiencia en Chile desde el punto de vista de la sostenibilidad del crecimiento sin equidad’ -escribió entonces. Ha sido ese tipo de argumentos los que en gran parte explican por qué no nombre no fue del agrado ni del empresariado ni de la Derecha y, por tanto, debía ser desechado por el gobierno como sustituto del renunciado Carlos Massad.

Desde su militancia democratacristiana, Ffrench - Davis se siente comprometido con los gobiernos de la Concertación, pero inquieto ante la consolidación de un modo de pensar y hacer economía ‘que desaprovecha los activos acumulados por Chile. Estamos peor en distribución de ingreso que hace 13 años atrás, llevamos casi cinco años en la parte baja del ciclo y no podemos salir de ahí por 'lo que podrían decir' los mercados financieros de corto plazo. Guiarse demasiado por esos mercados (que no son los del mundo de la producción, ni de la tecnología, ni de la capacitación, ni de la exportación) nos llevará por un sendero de inestabilidad recurrente; de recuperaciones y caídas sucesivas’ -decía en su mensaje.

El nuevo presidente del BC se ha manifestado opuesto a utilizar las políticas fiscales con fines reactivadores -las considera ineficaces e ineficientes- y partidario de reformas que favorezcan el desarrollo de las empresas, entre ellas de la flexibilidad laboral. También ha asegurado que el terreno está lo suficientemente nivelado entre los distintos agentes del mercado como para que el país retome su ritmo de crecimiento.

La asunción de Corbo reafirma la imposición en Chile de un pensamiento que descree en el rol activo de las políticas económicas para inyectar vitalidad en períodos de bajo crecimiento e incluso en cuadros recesivos, y que en el caso del BC pone por encima de todo su rol estabilizador de los precios.

Para Ffrench – Davis, ese camino ‘ha fallado en equidad y en crecimiento, por su dogmatismo, por su falta de balances y de sentido común. Es pésimo para el desarrollo del país y para el fortalecimiento de la democracia cuando se escoge un camino único, que no da ni crecimiento ni equidad ni en Chile ni en otros lados. La línea de seguir esa voz se ha acentuado, en vez de corregirse. Es muy grave que se le diga a la gente que no hay alternativa: hay opciones para hacer las cosas, sobre todo cuando está mal la manera cómo ellas se están haciendo en el mundo neoliberal’.

¿Cómo no reflexionar autocríticamente frente a un resultado tan mediocre?’, explicó a Ffrench - Davis en la misiva, con la cual cerró un capítulo y volvió a lo suyo, a su prolífico trabajo de investigador como economista principal de la CEPAL. De este ámbito lo sacamos no para que retomase ese debate, sino para ahondar sobre esa ‘otra vía’ que intenta abrirse paso ante un discurso neoliberal que continúa dominando sin contrapeso en el terreno internacional.


Esta visión de que hay una sola mirada para la economía proviene de la enseñanza misma de la economía, influida principalmente por los países anglosajones; en este sentido, hay un nexo con los EE.UU. Es una 'neoliberalización' muy fuerte de la enseñanza. Pero ahora último hay una suerte de reversión, con la presencia de algunos de los 'pesos pesados' de la economía mundial que están trasmitiendo en la dirección opuesta. Es el caso de John Williamson, quien bautizó al Consenso de Washington (para muchos, el origen de las equivocadas políticas aplicadas en los '90 sobre AL) y hoy admite que sus resultados han sido decepcionantes. Pero también del ex director de Investigaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), Michael Musso; de Jeoffrey Sachs; del Premio Nobel Joseph Stiglitz; de Paul Krugmann...

Sin embargo, estos indicios de una visión económica alternativa emergen de posiciones no de poder, mientras que la predominante está arraigada en altos cargos gubernamentales y en organismos internacionales...

Ello se relaciona con el cambio de posiciones relativas de los distintos mercados, con el predominio muy fuerte de la visión financierista, según la cual el activismo financiero es la base del desarrollo productivo. Versus el productivismo, que significa producir más bienes, de mejor calidad, poner en ello más cantidad de trabajo y de capital, innovar en la forma cómo se produce. La primera alimenta una función puramente rentista -gano cuando le compro barato a alguien y lo vendo caro a otro-, pero sin producir nada en el camino. Es una visión tremendamente errónea, fracasada, pero con enorme poder. Entonces, cuando se pide reponderar las voces en los medios de comunicación, es para que se escuche a quienes crean riqueza y no a los que ganan a expensas de otros.

¿Pero por qué esta revalorización de la llamada 'economía real' tiene tan poco peso político, decisorio?

Tal vez se relaciona con la manera de hacer academia. Hay modas en economía: en los 50, fue la planificación, en parte empujada por el mismo EEUU; en los 60, fue el productivismo; en los 70 y -mucho más fuerte- en los 80, quizás por la crisis de la deuda, perdieron peso los Ministerios de Desarrollo Productivo -o de Economía, en términos chilenos-, y ganaron plus los de Hacienda y los Bancos Centrales, cuya visión es más financiera.

En el ámbito multilateral, también el FMI ha tenido mucha más fuerza que en las décadas anteriores. En el Banco Mundial se produjo una 'corrida': en los años pos-II Guerra Mundial, éste había introducido en su agenda temas como la distribución del ingreso, pero luego comenzó a impulsar muy fuertemente políticas mediante reformas monetarias al estilo neoliberal. Simultáneamente, se fortaleció la enseñanza de la economía neoliberal -hay solo una manera de hacer economía-, desaparecieron los cursos de desarrollo y permanecieron sólo los de crecimiento; hay un proceso de 'matematización' de la economía.

Eso persiste hasta hoy: ambas entidades tienen más poder incluso que muchos ministerios políticos...

Tienen más poder. Pero quienes lo detentan no necesariamente tienen una visión de más largo plazo, de cómo desarrollar un proyecto nacional o regional. Sólo se mueven en el corto plazo: qué hago hoy para mañana.

Pero, entonces, esta visión alternativa equivale a luchar contra los molinos de viento de una globalización que alimenta per se procesos especulativos...

La punta de lanza, lo más intensificado en esta etapa de la globalización han sido los flujos financieros de corto plazo; el desarrollo especulativo y de flujos líquidos; el premio asociado al desempeño de corto plazo. Toda esta visión retroalimenta una presencia muy fuerte en las actuales escuelas de Economía: el rol de las finanzas, la especulación financiera, el desarrollo de los derivados, etcétera. Y pierde importancia la 'macroeconomía real': cómo proveerle un entorno al creador de riqueza que le permita trabajar tranquilo.

Algunos trabajos suyos advierten que los entes financieros internacionales comienzan a dar señales de una autocrítica a sus políticas anteriores ¿Existe alguna posibilidad de encuentro entre esa nueva visión y los movimientos antiglobalizadores?

Muchos de los movimientos antiglobalización atacan al bulto, cometen el mismo pecado del neoliberalismo: criticar todo lo hecho anteriormente, incluidas las propuestas alternativas. Aquéllos meten todo en el mismo saco. Hay movimientos antiglobalizadores que además aparecen muy antimercado. Pero lo que debe hacerse es ser promercado, pero de un mercado al servicio del crecimiento con equidad y del fortalecimiento de la democracia.

No podemos fortalecer a la democracia sin mercado. Pero un mercado que funciona mal debilita a la democracia, a su sustentabilidad y estabilidad. Sin embargo, mucha gente que cree en la democracia está erróneamente capturada por el pensamiento neoliberal, y no se da cuenta de que con ello le hace un grave daño a la democracia. Hay un problema de desinformación gigante, una tendencia a repetir el eslogan de que si a un país le va mal, es porque no hizo las reformas. No se ve lo que sí hizo, simplemente se supone que no hizo las reformas. A su vez, si al país le va bien, se infiere que hizo las reformas neoliberales, sin examinar lo que efectivamente hizo.

Por ejemplo, cuando a India le va bien, sería porque hizo esas reformas. Pero no es verdad: aplicó reformas bastante heterodoxas.

¿Esa heterodoxia significa también reponer políticas consideradas ineficientes, como las que promueven el desarrollo? ¿Restablecer el rol del Estado como impulsor de políticas al servicio de la economía real, de los agentes productivos?

No se trata de lo reponer lo que se hizo décadas atrás: eran grados de desarrollo distinto de los mercados, otro contexto internacional. Se trata de adaptar a la época. Pero siempre se necesita a los agentes, a quienes hacen las cosas. Y un montón de éstas no las puede hacer el sector privado solo: desarrollar el mercado de capitales a largo plazo, hacer macroeconomía real…

Fue el gran pecado argentino -renunció a hacer la macroeconomía desde el Gobierno, pensó que se haría automáticamente desde otro lado. La Argentina de (ex Presidente) Menem renunció en 1991 a hacer políticas cambiaria, monetaria, fiscal, de capitales. En una economía perfectamente desarrollada las cosas ocurren así: se van gestando en el momento oportuno. Pero en el mundo en desarrollo no suceden de forma espontánea ni oportunamente, sino de manera tardía. Ahí es donde se necesita el rol del Estado, que gestione esto y articule los procesos con el sector privado, un trabajo conjunto que incluya no sólo a la gran empresa, sino que especialmente a la mediana y la pequeña, y a los trabajadores. En tal sentido, el esfuerzo de gestión y coordinación público-privado debe ser mucho más intenso de lo que hizo posible el desarrollo europeo, japonés o estadounidense.

‘NO HAY COMPETENCIA SIN NIVELAR A FAVOR DE MAS DEBILES’

¿Los gobiernos de AL también han caído en una toma de decisiones económicas fuertemente influida por consideraciones cortoplacistas?

Hay un debilitamiento de la gobernabilidad, concebida ésta como un hacer cosas para que éstas resulten bien, tener poder para ejercerlo bien, tener crecimiento y equidad. Y el que nos haya ido mal en ambos aspectos durante los últimos trece años se relaciona con una captura de las mentes por el financierismo, en lugar de una cautivación mental por el productivismo.

Un argumento usualmente utilizado para desactivar la materialización de políticas activas es el costo que ellas representan o el nivel de ingresos requerido para aplicarlas. ¿Es válida esa argumentación?

Algo de cierto hay en ello. Así como no es posible dar el bienestar de US$ 30.000 al grueso de la población de un país que gana en promedio US$ 5.000, también debe hacerse una readecuación a la escasez relativa de los recursos aire, agua o suelo. Eso no significa no hacer nada, sino que considerar esas limitaciones sobre las decisiones que tienen una implicancia nacional. Porque hay muchas otras que cruzan las fronteras, frente a las cuales se deben tener respuestas comunes. Por eso se necesita gobernabilidad mundial, para que el planeta en su conjunto distribuya en forma armónica los costos y beneficios entre los países. De ahí la importancia de ejemplos como el Convenio de Kioto.

Lo mismo es válido para el caso del salario mínimo: es imposible aspirar a un salario como el estadounidense, que en promedio supera en tres veces al de todo Chile. O al de las jornadas de trabajo. Si estos estándares no se adecuan a la realidad del país, al final se termina retrocediendo.

Con la misma lógica entonces, tampoco el modelo de desregulaciones debería ser aplicado sin considerar las realidades de los países...


Así es. Cuando se desregula todo por igual bajo el supuesto de que nivelaremos el campo de juego para países y actores, en el fondo se está nivelando entre desiguales. Para que haya competencia equitativa entre desiguales, es necesario un campo nivelado a favor del más débil. Hoy, en cambio, tenemos muchos terrenos desnivelados en contra del más débil. Debemos pues cambiar esa supuesta neutralidad de la política: la desregulación completa significa la más absoluta ley de la selva, la imposibilidad de defenderse por parte de quienes tienen menos medios. Por eso se necesitan regulaciones, muchas, pero adaptadas a las peculiaridades de los países.

¿Qué ha impedido que la autoridad económica de nuestros países, enfrentada al entorno de inestabilidad provocado por la crisis argentina, reaccionase con políticas contracíclicas? ¿Ha pecado de ideologismo neoliberal?

Hay algo de eso: la globalización de una ideología neoliberal ha permeado -mucho y por igual- a los medios de comunicación y a quienes toman decisiones. Por eso precisamente necesitamos 'pragmatizarnos'. También esta crisis sorprendió a varios de nuestros países en una situación vulnerable: tipos de cambio muy atrasados, elevado déficit fiscal, normas muy flexibles de ingreso de capitales, muchos pasivos externos de corto plazo, gran dependencia de los flujos de capitales externos-, todo lo cual también les dificultó actuar cuando necesitaban hacerlo. La globalización nos ha llevado a este 'financierismo'. Lo que debemos hacer es intentar evitar los peores males asociados a este escenario, minimizar al máximo la volatilidad financiera.

¿Pueden los países sustraerse a este riesgo si sus economías están inmersas en acelerados procesos de internacionalización y de negociaciones comerciales, que muchas veces los exponen a presiones difíciles de contrarrestar?

Es posible, pero para ello es necesario que los demócratas del mundo entiendan que ello (el ‘financierismo’) es perjudicial para la democracia y empujen en dirección de darle espacios a los países en desarrollo para que puedan escoger y evitar que vayan de crisis en crisis. Porque las crisis financieras son tremendamente costosas en términos económicos y sociales, para nuestros países y para la democracia. Lo segundo es recoger con pragmatismo las experiencias para el diseño de las políticas nacionales. En ello hemos trabajado en la CEPAL, pero también lo han planteado economistas de la talla antes mencionada. Todos ellos han advertido los grandes peligros y males de incentivar las crisis financieras, de que los países deben ser pragmáticos y no ideologizados, de que la apertura indiscriminada de la cuenta de capitales es una ideologización muy dañina para el crecimiento económico y la democracia.

UNA LECCION A SEGUIR: COREA Y LA POS-CRISIS

¿Podría tener algún impacto sobre el resto la emergencia de gobiernos que intentan levantar visiones o políticas macroeconómicas distintas al pensamiento neoliberal, como el brasileño recién asumido?

Constituyen pequeñas señales en esa dirección. En este sentido, sigue siendo útil difundir las experiencias distintas. ¡Tan poco que se habla de la experiencia coreana!, cuya gran reactivación (pos-crisis asiática) de 1998-99 estuvo basada en un shock fiscal.

Corea venía con un gran superávit fiscal, pero con la crisis éste se trasformó en déficit: sus gastos continuaron -al menos en un primer momento- siendo los mismos, pero cayeron sus ingresos tributarios. Debía eliminar el déficit. 'O sube impuestos o baja gastos' -le dijo el FMI. Durante unos pocos meses, aplicó esta recomendación, pero su recesión continuó profundizándose. Finalmente, hacia marzo o abril de 1998, decidió abandonar esa política: reducir gastos la llevaba a más recesión y a reducir nuevamente su gasto; era todo un círculo vicioso. Resolvió hacer lo contrario y aplicar un shock reactivador: aceptó incurrir en un déficit fiscal equivalente al 5% de su Producto Interno. También bajó abruptamente -no en varias etapas- sus tasas de interés. Ya al primer año de ejecución de esta nueva política, comenzó a recuperarse la economía, pero mantuvo en 1999 su política reactivadora mediante un nuevo déficit de 2.5 por ciento. En 2000, los ingresos tributarios ya se habían recuperado y logró equilibrar el presupuesto fiscal vía reactivación.

Argentina, en cambio, siguió las recomendaciones del FMI, y con ello profundizó su recesión.

Eso significa aceptar y mantener roles activos de las políticas fiscal y monetaria. ¿Por qué no todos los países que entran en recesión se deciden a aplicarlas si sus costos son menos dolorosos que la receta del FMI?

Se requieren algunas condiciones: poseer algo de reservas (después del shock, Corea las triplicó, y hoy bordean los US$ 100 mil millones), capacidad de respuesta exportadora, autoridades muy decididas. También que la economía no esté sobrecalentada; si lo estuviese, lo que debe hacerse es desactivar. La Corea del '97 debía enfriar su economía, pero la del '98 necesitaba activar: no puede hacerse lo mismo en uno y otro escenario. Sin embargo, el FMI llegó con la misma receta a Corea y Argentina.

Esta segunda dimensión se resume en la capacidad para actuar sin ideologismos, no ser un cautivo suyo. (Para enfrentar las crisis) se necesitan elementos objetivos: Corea los tenía y los aprovechó.

Alemania también ha estado aplicando una política fiscal activa para combatir su crisis de bajo crecimiento y elevado desempleo…

También lo ha estado haciendo, mediante un nivel de déficit fiscal cercano al tres por ciento. Pero no ha sido suficiente y no ha podido reducir el desempleo. Esto ha generado una discusión -planteada por Alemania y Francia- de revisar mediante políticas contracíclicas algunas de las normas establecidas por el Acuerdo de Mastrich (que sentó las bases de la unión monetaria), pues consideran que éstas implicaron un retroceso en la posibilidad de aplicar políticas reactivadoras.

¿Qué debiera esperarse en el futuro cercano respecto de la evolución de la economía argentina?

Argentina ha hecho un ajuste intensísimo, notable. Corrigió ya -con creces- el tipo de cambio. Tiene un superávit comercial. Hoy está con un nivel de actividad muy por debajo de lo que es su techo productivo, de lo que es capaz de hacer con su disponibilidad de capitales. Lo único que necesita es la racionalidad mundial para reestructurarle sus pasivos anteriores. Si los acreedores le dan más plazo, podrá crecer y pagar. Tiene una muy buena perspectiva para 2003: si hace las cosas bien, logrará una de las tasas más elevadas de AL.

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