Año 2 N.37, Domingo 8 de junio de 2003
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Entrevista con Susana Rinaldi
Tango y arrabal en estado militante
(Por Mariano Cubillos)Decir que la Tana es la gran voz del tango es precisamente acertado. Adriana Varela y Eladia Blásquez son grandes también, pero ninguna de ellas enamoró a Julio Cortázar como lo hizo esta porteña que ha vivido en Europa durante casi 25 años recogiendo un éxito tras otro. Una carrera sólida, según sus palabras. Con unos lentes a lo Lennon, pero ahumados, recibe a El Periodista para dialogar acerca del tango de hoy, ese que hace mal pero que igual se quiere, del de ayer y del de ella, que posee una nomenclatura distintiva y luchadora.


Demasiado extenuante sería elaborar una cronología o lista de los éxitos, giras y actividades relevantes con las que Susana Rinaldi ha estrujado su agenda por más de treinta años. Las finas y delgadas manos de la señora Susana invitan a intentar algo más audaz.

Es increíble darse cuenta que una mujer como ella, a la que muchos le han puesto la irreversible talla de Diva, efectivamente lo sea. "Quedamos pocas", dice sin el menor atisbo de solemnidad. Se ríe a carcajadas y también de a gotitas, la Tana lo pasa bien cuando viene a Chile.

Lo pasó bien por estas tierras desde que era una adolescente, cuando llegó en tren desde Mendoza con su curso del colegio a los prematuros 18 años. Allí descubrió que conoce pocos acentos más atractivos que los de un chileno cualquiera, de esos que, además, ha conocido a fondo en la Europa del exilio de muchos.

Anduvo por Santiago, Temuco y Viña del Mar en poco más de media semana, se llevó aplausos y piropos sin pudor. Desde estos escenarios se despide de la música momentáneamente para dedicarse a las tablas de la glamorosa calle Corrientes de Buenos Aires.

La idea es sumergirse desde junio a septiembre en la obra Ciruela, del carioca Arístides Vargas, que plantea el mundo de la mujer, "pero no el mundo de la mujer for export, como todas estas obras que han aparecido en los últimos tiempos", desliza sin tapujos Rinaldi.

Es muy emotivo ver como esta reina del dos por cuatro le revuelve toda el alma a los argentinos residentes en Chile. Ansiosos, no perdieron la oportunidad de estremecerse con el sonido del bandoneón que, según cuentan, provoca las melodías más nostálgicas que un instrumento pueda sacar de sus entrañas.

La Paif, la Callas del Tango, le dicen. Y tienen algo de razón. El día de la madre se dispuso a ofrecer un prodigioso show en el Teatro Municipal de Viña del Mar, y ahí, en un camarín plagado de galletitas, quesitos y jamoncitos, se prendió la grabadora para que El Periodista conversara con la Diva más palpable, la que se define como una "transgresora esencial".

¿Cómo ha sido tener a casi toda la familia en el escenario? En el 97 hizo un show con varios cercanos, ¿cómo se conjuga lo emocional con lo profesional?

Es muy complicado (ríe, tal vez calentando la voz para la prueba de sonido)&, pero al mismo tiempo es muy agradecido. La participación del año 1997 fue mucho más dura, porque fue la primera vez que hacíamos esto. Los chicos, sobre todo, no habían encontrado su camino y los adultos nos sentíamos un poco separados.

Pero hemos tenido un feliz reencuentro este año, en enero, en Mar del Plata. Lo propuse y ahí aparecieron de otra manera. Entonces no sólo fue más fácil y más divertido, sino que fue más reconocido por la gente, que es lo que importa.

Estuvo mi sobrina, que canta tangos de una manera bien diferente a la mía. Mi hijo, que también canta tango y es otra cosa. Mi hermana, con toda su expresión latinoamericana y folclórica. Y mi hija que canta jazz. ¡Tan alejados unos de otros! Fue una fiesta para todos.

Pero usted tiene un carácter fuerte...

Si, es verdad. Pero creo que el problema también es la edad. Yo soy la mayor de toda esta familia y& lo que pasa es que siempre yo he tenido un carácter más parecido al de mi padre. Si bien es cierto su figura no ha sido nunca reemplazada ni mucho menos, pero&

Por algo le dicen la Tana

Sí, siempre hay como una autoridad que le viene a uno genéticamente. Eso es lo que me ha pasado, fíjese que cuando estudiaba teatro mis compañeros eran un poco menores que yo, era como hermana mayor. Pero lo del carácter no fue un problema como para tener distancia, ni diferencia, sino todo lo contrario.

Fue mucho mejor esta segunda vez que nos juntamos. A ese ultimo espectáculo le puse el título de Fra Noi, que en italiano quiere decir Entre Nosotros.

Algunos le dicen Diva, ¿usted es algo así?

Digo a veces, y riéndome mucho, que quedamos pocas. Es que siento que hay un cierto "profesionalismo" que, a ciertas personalidades del mundo del arte, las distancia de los demás. Uno es como un actor, siempre sólo. Entonces, esa distancia que se genera le va a convalidar el título de Diva o Divo, porque es la mejor excusa que se encuentra para no comprender la soledad del otro, o no comprender las razones profesionales del otro. Creo que muestro mi carácter con eso, no disculpo el no profesionalismo dentro de mi ámbito. Confío y confío hasta que digo ¡basta!. Y en ese momento la gente siente que estoy equivocada. Y ahí dicen: es una Diva, porque el basta lo pongo yo. Pero ya estoy acostumbrada&

¿Le gusta un poco?

No, no me gusta, pero qué le voy a hacer, es así.

¿Qué es el tango por estos tiempos?

¡Aah!& Vuelve a ser el tango-canción un buen elemento del cual afirmarse para denunciar socialmente una mala calidad de vida. ¿No sé por qué estoy un poco sola en esta tarea de revisar y revisar repertorios fantásticos de la historia del tango canción? No se busca ahí, y es donde el ser humano habla desde la desesperación de la incomprensión. Y, al mismo tiempo, estando siempre como al borde de la locura, que es al borde de lo que nos ponen los sistemas.

Balada para un loco...

Sí, y eso es desgastante, pero es lo que le da también vigencia al tango. Sobre todo en Europa, donde estoy acostumbra a que se estimen de otra manera los mensajes. En este caso, el tango goza de una inmensa simpatía desde lo poético.

En cambio en América Latina, hasta hace muy poquito, había que luchar mucho para que aceptaran estos tangos. Es mucho más fácil quedarse con el conformismo que plantean algunos tangos, con lo romántico, que no está mal, pero bueno, no es todo.

En mi caso fue muy importante vivir en Europa, seguir viviendo ahora mitad del año allá, como para nutrirme de esa necesidad.

-Usted canta cada día mejor, como si fuera a morir de tango...

(Ríe estrepitosamente)& No sé, (todavía ríe) no puedo decir eso. Debe ser porque mezclo a la actriz con la intérprete todo el tiempo. No canto las cosas solamente porque alguna vez me las contaron y yo las repito, hay un punto donde coincidimos en la valoración, y es porque siento que me ha pasado eso que estoy cantando.

¿Usted es algo así como una fusión entre Gardel y Piazzolla?, como la presentó el desaparecido presentador chileno-español Bobby Deglané una vez en Barcelona.

Sí, puede ser. Esa persona lo dijo en relación a lo renovadora que pude haber sido en su momento, y a que Gardel reinventó la posibilidad del tango cantado (tango-canción). Él tenía que barrer con todo lo anterior porque no significaba nada, fue una época terrible, después de la primera Guerra Mundial, donde los valores se habían licuado. Se cantaban tonterías, cualquiera era poeta, y sobre todo en el tango, porque quién le iba a pedir cuentas. Creo que he reinventado también algunas fórmulas para el tango.

Y, en cuanto a Piazzolla, fue a quien todos le debemos la entrada en el gran mundo de la música, no sólo de la popular. Entonces llegué casi junto con él a Europa. Gracias a haber llegado ahí, nosotros generamos toda una demanda fabulosa del tango, fue un estallido.

¿Cómo le va a la Susana Rinaldi actriz por estos días, algún proyecto?

¡Vuelvo, vuelvo al teatro! Por eso me despido acá, hoy me despido de la música por un tiempito. Voy a hacer teatro porque me interesé por una obra de la cual me importa mucho la idea. Se llama Ciruela, es de un autor brasileño, Arístides Vargas, y plantea el mundo de la mujer, pero no el mundo de la mujer for export, como todas estas obras que han aparecido en los últimos tiempos, que disminuyen a la mujer en vez de enaltecerla (Monólogos de la Vagina, ¡cuidado Liliana Ross!).

Siento que esta obra va a dar que hablar en cuanto al pensamiento que conlleva; son distintas generaciones de mujeres que pertenecen a una misma familia: bisabuelas, abuelas, madres e hijas. Y se replantean situaciones referidas al hombre, y lo que significa éste en la vida de ellas.

La vamos a presentar en el Broadway de Buenos Aires hasta septiembre, porque después tengo compromisos en Europa.

Algo de cine, ¿le gustaría?

No me lo he propuesto, pero me gustaría muchísimo.

SOLO UNA CUESTION DE ACTITUD


Acompañada de un curtido cuarteto Susana Rinaldi se acomoda en el escenario con todo su temple y su fuerza. Vestida de las más elegantes ropas se dispone a condensar sus 19 discos en dos horas de espectáculo. Y es que esta señora nació con la buena estrella de un 25 de diciembre de 1935. Ello, sumado a su profesionalismo a ultranza, dan como resultado la sensación de ver pasar fugazmente, desde la butaca, los sesenta y siete años de una cantante y actriz que no dudó en instalarse una mañana del 2001 en el Senado argentino para declararle unas cuantas verdades y pasiones a los parlamentarios. "Es un buen momento para saber mandar a la mierda al Estado argentino", manifestó a la prensa por esos furiosos días.

La dama del fraseo y la media voz por excelencia, la que gusta de hablar de su convicción tanguera, la que encendía los ácidos ánimos de los que, en los sesenta, la fustigaban sin cesar por su irreverencia e innovación frente a un micrófono arrabalero. Es la misma que recalca que aquellos ortodoxos, hoy, no tienen más remedio que inclinarse frente a su desplante y calidad.

¿Qué es lo que más se destaca para usted de Chile?

La primera vez que llegué a aquí tenía 18 años, y fue en un viaje de estudiantes. Pasamos por Mendoza y de ahí a Viña, en épocas donde se viajaba muy mal.

¿Se vino en Tren?

¡Sí, en aquel famoso tren del Cristo Redentor! (el que quieren reabrir ahora) Desde entonces siento por Chile, y por los chilenos, un profundo afecto. Pero a mi no me gusta a veces decir esto porque parece que uno regalara la oreja. No, he conocido mucho a muchos de ellos que han estado exiliados como yo. Tienen una manerita de hablar envidiable, me gusta el acento. Y siento que me hace bien, es como cuando digo que Uruguay y Montevideo son mi equilibrio, en tanto que soy argentina y, sobre todo, porteña. Nosotros somos un poquito más altaneros, aún en las malas estamos siempre llevándonos cierta cosa por delante. Y eso no es otra cosa más que timidez, pero mal manifestada. Sea como fuere, la ciudad de Buenos Aires es avasallante, prepotente. En cambio, Santiago no solo no lo es, sino que es cobijadora, lo mismo es buena hermana Montevideo.

Siento por estos países un profundo agradecimiento porque me indican, desde Latinoamérica, que se puede ser de otra manera y tener la misma confianza en uno mismo.

Los tangueros tradicionales, en general, no la quisieron mucho al principio. La escuchaban ciertos intelectuales y universitarios, ¿por qué se dio eso?

Porque los tangueros ortodoxos eran terribles, muy cerrados, imagínese que hace muy poco que reconocieron a Piazzolla. Si le pasó a él, cómo no me va a pasar a mí. Además yo venía del teatro, relación que aprovechaban para decir que era una snob, que no había encontrado mejor cosa que hacer que cantar el tango, para colmo fui la primera mujer que se vistió de largo en el escenario. Todo eso puso mucha distancia, y, bueno, también otros razonamientos sociales, políticos y culturales que no gustaban mucho.

Pero hoy tengo que decir que mis grandes compañeros son los tangueros, y son aquellos que alguna vez me negaron y que hoy, verdaderamente, se inclinan ante mi trabajo, ante mi insistencia&y ante mi alegría. Porque, a pesar de todo, soy una mujer bastante alegre.

¿Nunca se enojó con esos que la criticaban tanto, o trataba de callar y dejar que hablaran?

No, ¿sabe qué pasa?, ni una cosa ni la otra. Siempre he demostrado mi enojo, mi fastidio, con una ironía mordaz terrible. Y eso es lo que más duele.

"El tango es un pensamiento triste que se baila", E. S. Discépolo.

La Tana ha recibido varias medallas y reconocimientos, entre los cuales destaca ser Embajadora de la Buena Voluntad de la UNESCO desde 1992. Pero tal vez no exista ningún homenaje más hermoso y halagador que el que le dedicó un cuentista, novelista -raras veces poeta- y autor de historias tan fabulosas como Rayuela o Un Tal Lucas. De él y de su tránsito permanente por la Cuidad Luz nos habla esta mujer, a la que no le gusta que le adelanten los temas que se van a tratar en las entrevistas, porque prefiere que las preguntas la agarren despistada.

¿Cómo fue radicarse en París?

Llegué por primera vez a París en el 76'. Ahí me quedé viviendo hasta el 79', por motivos políticos y culturales. Políticos porque estaba prácticamente cercenada mi actividad en casa. Tuve compañeros de ruta como Julio Cortázar (ver recuadro), que llegaron a impulsar mi trabajo y mi presencia de una manera inestimable. Es decir, presentarme en el Teatro D' Orsse fue para mí el comienzo de un triunfo muy sólido. Después volví a Parrrís (con pronunciación francesa, por supuesto) en los años ochenta, también por razones políticas, porque creí que, como exposición cultural, ya había perdido demasiadas batallas y no quería perder la guerra.

Y viví en París, ¡fueron 27 años caramba! Y dejé de vivir allí desde hace un año más o menos. Ahora estoy viviendo en Italia, en Roma. Porque como soy embajadora de la UNESCO, tengo digamos la obligación de tener un domicilio europeo.

Me cansé un poco de ciertas modalidades de París que no me gustan tanto, tuve esta oportunidad de una hermosa casa en Italia, y dije: bueno, será que tengo que dar la vuelta que mi papá no pudo dar. Pero bien&¡yo les debo tanto a los franceses!

¿Con usted no fueron la sociedad tan cerrada que se dice?

Para nada. Es más, me he pasado la vida defendiendo a los franceses contra todo, y diciendo esto: cuando llegué por primera vez nadie sabía que yo era cantante, nadie sabía que yo iba a terminar cantando en el Olympia de París. La primera casa que me brindó apoyo, sostén y comida fue la de un francés. Es mentira, tienen mala prensa los franceses. Si, son cortos, respetan demasiado al otro como para avasallarlo e invadir espacios que no les corresponden, y eso a veces, entre la gente como nosotros, es mal interpretado.

Francia me ha dado el estímulo, y digo bien Francia, porque allí me han dado una serie de reconocimientos fabulosos& y a mi no me pasa eso en casa, me pasa todo lo contrario: ni Córdoba me ha dado la medalla de la cuidad ni nada.

A pesar de mis ancestros, y a pesar de que me han llamado y me siguen llamando la Tana, Italia fue el último país en recibirme como cantante.

Hay escritores, y artistas en general, que se sienten un poco viejos o acabados cuando les empiezan a dar premios y medallas a la trayectoria, ¿qué significan para usted esos asuntos?

Es un reconocimiento, y una prueba de amor. Los escritores son bastante hurones, y está bien que lo sean, porque lo que después recibimos nosotros de ellos es el trabajo concentrado, es hablar de cosas vividas, soportadas y tratar de llevarlas adelante como encadenándose a situaciones que van a ir cambiando. ¡Eso es un trabajo ímprobo!, yo los admiro, los respeto y los quiero. Los escritores para mí son los verdaderos seres tocados por una vara divina. Y en esa admiración está el perdonar muchas cosas que, a veces, dicen un poco provocadoramente también.

Cuando a Sábato lo premiaron con la Legión de Comendador en Francia, o que sé yo que le dieron, le dije: te felicito viejo, que espléndido. Y él me respondió: "no, querida, esas cosas las recibo para que los de acá no me toquen". Y no es eso, es disimular el pudor que da el recibir una mención de esa naturaleza. Pero siempre es agradecido.

La única mención que se entrega y que tiene para mí una mancha negra y fatal es el Premio Nobel, y es por no habérselo otorgado nunca a Borges.

Otro anónimo admirador *

Sería entretenido pensar cuántas mujeres se han ratoneado pensando en ese flaco alto de ojos funestos que era Julio Cortázar. Cuántas hubieran dado más que su matrimonio por un poema inconcluso como el que el hombre de los Cronopios y los Famas le escribió a Susana Rinaldi.

Y dice así: "No sé lo que hay detrás de tu voz./ Nunca te vi, vos sos los discos/ que pueblan por la noche este departamento de París./ Te busqué en Buenos Aires, pero sabés seguro/ cuántos espejos de mentira te hacen pifiar la esquina,/ cómo después de andar de bache en bache/ acabás con ginebra en un boliche/ murmurando la bronca del despiste./ No sé, ya ves, no cómo sos,/ tengo las fotos en tus discos, gente/ que te reconoce y te describe,/ paredes de palabras con glicinas/ y vos detrás inalcanzable siempre./ Y esto que digo de Susana/ es también Argentina donde todo/ puede esconder la estafa, si no sabemos ser/ como el farol del barrio, o como aquí sus tangos,/ vigías de la noche y la esperanza".

Pero algo bien sabroso es también la anécdota que cuenta cómo se conocieron, en el ombligo del mundo, la musa y el narrador:

"El fotógrafo Pepe Fernández me invitó a comer tallarines en su buhardilla con la excusa de que un amigo suyo quería conocerme. 'Va a traer los discos para que los firmes', me dijo. Yo me reí porque pensé que era una broma.

Llamaron al timbre y apareció un gigante que no cabía por la puerta. Y, efectivamente, traía unos discos. Cuando lo reconocí me quedé muda', recuerda. Y asegura que Julio Cortázar ha sido desde aquel día un personaje determinante para muchas de sus actitudes.

* Fuente: abc.es

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