Año 2 N.37, Domingo 8 de junio de 2003
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El boom de las escuelas de teatro en Chile
El "drama" de ser actor
(Por Jimmy Constenlla)La proliferación de las escuelas de teatro no se condice con las oportunidades laborales. Para colmo, en la televisión los actores formados en los realitys amenazan con entrar a escena y arrebatarle parte de los escasos puestos. Con todo eso, el actual escenario aún guarda sus esperanzas en una última jugada: el apoyo estatal. Pero esta obra recién se está escribiendo y quizás no tenga un final feliz.


Fernando González mira de reojo, suspira, y piensa en voz alta. "Una vez que las nuevas generaciones de artistas hayan entrado en escena, ojalá ya exista el ministerio de Cultura, teatros comunales organizados con apoyo estatal y que las personas con talento estén todas trabajando". Imposible no escucharlo y sentir que su deseo es toda una quimera. El anhelo del director de una de las escuelas de teatro más importante del país, tiene eco entre sus pares, sin embargo, a tres años de las elecciones presidenciales y con una difícil situación para el país, parece que los sueños que un día representó el Presidente Lagos para el gremio actoral no fueron más que eso: un sueño. Un lindo sueño.

PRIMER ACTO: LA PROLIFERACION

Hace años estudiar teatro era algo sólo para elegidos. Apenas dos escuelas: la de la Universidad de Chile y la Universidad Católica.

Los 90 trajeron consigo la apertura de un sinnúmero de nuevas escuelas, las mismas que a inicios del siglo 21 parecen aumentar y aumentar, tornando -a simple vista- cada vez más dramática la real opción de encontrar trabajo para las generaciones de profesionales que se aprestan a egresar.

Por eso, desde hace un tiempo el gremio se ha unido a través del Sidarte (Sindicato de Actores de Chile) y ya se han tomado medidas preventivas para superar la sobrepoblación de profesionales.

En la actualidad existen en Santiago 23 escuelas, a las que hay que sumar una más en Viña del Mar, dos en Valparaíso y otra en Concepción. Cada una con una capacidad promedio de 20 y 45 alumnos. Y si este panorama parece demasiado, hay que agregar a las personas con estudios indirectos, como son las academias de comunicación audiovisual, cuyo egreso ofrece posibilidad de desarrollarse como animador o actor.

Marcelo Romo, actor recordado en la TV por su papel de Juan del Diablo en la telenovela "Sucupira", acaba de inaugurar una nueva academia de teatro que lleva su nombre. Quizás por esto mismo, su visión respecto a la proliferación de academias no sea negativa, argumentando que la cantidad produce una interesante diversidad que es fruto de un recambio social, que tiene no más de diez años de vida. "Ejemplo de ello es el teatro de Andrés Pérez, incluso la experimentación de los jóvenes artistas que ponen sus ideas al servicio de este cambio", explica.

Para el director de la escuela de teatro del Arcis, Ramón Griffero, el aumento de escuelas es un reflejo que emana de una juventud que busca expresarse en diversas áreas artísticas, escapando de la frivolidad del ambiente que existe en estos tiempos.

"En el caso nuestro, hacemos una verdadera selección de alumnos, dejando en claro que elegimos el talento de 25 personas para cada curso, del que egresan y salen preparados solamente trece", señala el director de la recordada obra "Cinema Utopía".

Preocupado por el tema también se muestra Fernando González, director de la "Academia de Actuación Club de Teatro", quien asegura no tener pronóstico sobre lo que a su juicio es un tema complejo, sin embargo, se sorprende ante la idea y la responsabilidad de encontrar los talentos adecuados para conformar tales organismos.

"Si el crecimiento de las escuelas va ligado al talento y no al lucro, me parece muy positivo que éstas aparezcan en escena, pero si priorizan el dinero y aceptan alumnos que son flojos o que no tienen talento, en el futuro esas personas no encontrarán espacio para desarrollarse", apunta. González profundiza sobre la enorme dificultad de las escuelas tradicionales para focalizar los verdaderos talentos y proyectarlos por un determinado camino.

El director del Club Teatro agrega que para que puedan desarrollarse las nuevas generaciones debe haber un equilibrio entre la administración económica con la creación de artistas, es decir, que se cobre por desarrollar el talento de alguien que ya llegó a la escuela con dotes de artista. "Las escuelas no inventan talentos como las joyerías no inventan brillantes. Si no se controla la creación de escuelas mediante el talento de los alumnos estaremos construyendo un ejército de cesantes".

Voz autorizada en el tema es Paulina Urrutia, presidenta del Sidarte, quien señala que la proliferación de escuelas de teatro denota un interés ciudadano de expresión de los jóvenes que están respondiendo a los estímulos que genera el medio. "Resulta interesante observar las nuevas tendencias del teatro, sin embargo, encuentro terrible que cada año exista más cantidad de actores sin un soporte que los esté esperando. Es terrible cuando un actor no tiene plata ni para la micro o cuando gana veinte mil pesos por grabar un cortometraje".

A juicio de la actriz el aumento de carreras de este rubro genera una cantidad de expectativas que evidentemente el campo profesional no cubre en lo absoluto y por tanto se genera un gran nivel de frustración.

Urrutia recuerda, como ejemplo del aumento de actores, que en la última telenovela realizada por Canal 13 en colaboración con una productora argentina ("Buen partido"), muchos profesionales trabajaron por sueldos míseros (promedio mensual de 250 mil pesos) y con horarios extremos. Por suerte, dice, esto no se tornó una costumbre.

SEGUNDO ACTO: ESTUDIAR PARA EL HAMBRE

"Vivir de una carrera como el teatro resulta realmente complejo", comenta sin pelos en la lengua Marcelo Romo. Y agrega, "en este mundo no existen contratos estables y los canales generan los espacios justos para promover a los actores y actrices consagrados".

En rigor, las posibilidades de vivir del teatro son casi nulas. "El teatro no sólo es una forma de entrar en televisión, sino que además se debe crear y remontar el teatro aficionado profesional", señala el actor.

Una visión más igualitaria exhibe Alfredo Castro, miembro del área dramática de TVN, para quien el panorama entre la antigua y la nueva hornada de artistas no es tan distante. "Quizás la cantidad de alumnos que entraba a estudiar en las universidades Católica y de Chile son la mayor diferencia, considerando incluso que en ese tiempo estudiar teatro era estudiar para el hambre sin ningún tipo de estructuras, radio, televisión y compañías de teatro", recuerda.

Castro -quien prepara un proyecto llamado "Mano de Obra" para septiembre- explica que las actuales generaciones tampoco tienen estructuras preparadas parta recibir a los artistas y las posibilidades se vislumbran en la medida que los profesionales generan sus propios grupos de trabajo, independiente de los organismos públicos, que son precisamente quienes deberían encargarse de organizar los espacios necesarios para el teatro, sobre todo en estos últimos años en que la democracia ha dado sus primeros pasos.

Romo agrega que una sobrepoblación de actores y actrices sólo tendrían efecto negativo en la medida que se termine el talento y que los jóvenes y las nuevas generaciones no participen de las artes. Un claro ejemplo, dice, es el Teatro a Mil, que es una tradición que se está formando con el apoyo de la población que día a día participa de las diversas funciones y que se encarga de hacer la selección natural de los diferentes talentos.

Sobre la gran cantidad de actores y su incierto futuro laboral, Griffero dice: "los actores no estudian carreras de mercado y por lo tanto hay un espacio limitado para recibir una gran cantidad de gente, sin embargo, el artista eso lo sabe".

Ciertamente las escuelas han aumentado veinte veces y los espacios para recibir a los artistas no han incrementado su capacidad, sin embargo, Griffero indica que este aumento de profesionales existe en todas las carreras y más bien se trata de una crisis educacional en Chile.

TERCER ACTO: GENERADORES DE PROYECTOS

La fórmula para enfrentar el desconcierto laboral se traduce en la autogestión de proyectos apoyados y financiados por las empresas. "Ahora los alumnos están siendo preparados para generar sus proyectos, sin embargo la empresa chilena sigue teniendo la mentalidad de hace cien años que se traduce en una negativa de financiamiento, y en esa medida las clases de producción que conoce el actor que está iniciando su carrera se ven truncadas por la escasa capacidad de riesgo del empresariado", señala Alfredo Castro, para quien las escuelas han logrado una convivencia positiva en estos últimos años. Sin embargo, hay que esperar el egreso de los alumnos en unos años más y desde ese prisma hacer una primera evaluación.

Griffero, en tanto, cuenta que las alternativas de trabajo del actor son la gestión cultural, director de teatro y pedagogo, entre otras: "La idea es que, por ejemplo, las clases de teatro en los colegios no las realice el profesor de castellano, sino alguien con estudios teatrales y que además los actores puedan autogestionarse en diversas áreas".

Sobre la capacidad de autogestión, Fernando González, parafraseando a Neruda señala que "no existe ningún gran poeta inédito", y con ello dice que no cree que haya grandes actores y gente de teatro cesantes. "Los actores que tienen talento están con trabajo. En la vida puede haber abogados, médicos y sacerdotes mediocres, pero no un actor porque el enjuiciamiento de sus compañeros y del público hacen que su entrada en escena sea debut y despedida", y continúa asegurando que no cree en el sistema de autogestión a menos que el negocio sea conveniente para las empresas.

La presidenta de Sidarte se refirió a la capacidad de autogestión como una alternativa de desarrollo para esos 300 actores que anualmente se enfrentan con la escena laboral, cifra que arroja además un promedio de cesantes del 75 por ciento. "El universo actoral del cine y la televisión no alcanza a cubrir ni siquiera el 2 por ciento de los actores por lo que se opta por los trabajos audiovisuales que en términos de cantidad han aumentado mucho".

Los niveles de remuneración son diferentes en cada una de las situaciones, siendo los sueldos televisivos los que se ubican en la cima. "En la televisión cada uno maneja su contrato lo mejor que puede y los sueldos son relativos, oscilan entre los 300 mil y un millón y medio de pesos", indica Castro.

En cambio, en las obras de teatro, señala Paulina Urrutia, los sueldos varían entre los 60 mil a 120 mil pesos por lo que el actor siempre debe estar buscando otros medios con los que financiarse más allá del teatro.

En el caso del sueldo de los docentes, Romo señala que se toma como referencia lo que paga la universidad, suma que fluctúa entre seis y nueve mil pesos la hora, lo que les obliga a trabajar en dos y tres partes al mismo tiempo.

DESENLACE: EL PAPEL DEL ESTADO

Alfredo Castro señala que el Estado, luego de 13 años de democracia debería facilitar las condiciones para la generación del arte, por ejemplo a través de Fondart. "Esto debe hacerse de manera más sólida para que directores de teatro como yo y 40 más podamos por fin dedicarnos a lo nuestro y con ello dar trabajo a las nuevas generaciones". El actor-director expresó además que la falta de estructura es fundamental al momento de proyectar el trabajo de los futuros actores: "en un país donde no hay las suficientes salas de teatro, no hay trabajo", explica y agrega, "un centro teatral puede tener espacio para cuarenta personas por lo menos, caracterizado por el servicio a la comunidad con retribuciones sociales muy importantes. Un Estado inteligente es capaz de visualizar eso, como es el caso de Francia y Alemania que entregaron sus teatros a la gente que se lo merecía, creando empleo y haciendo labor social a la vez".

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