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Año 2 N.37, Domingo 8 de junio de 2003
¡Algo grande está pasando!
Francisco Martorell

Me tocó ser estudiante universitario en Argentina, cuando el gobierno militar tomó la decisión de invadir Malvinas y reprimía violentamente al movimiento obrero que, un 30 de marzo de 1982, salió a las calles para sacar al general Leopoldo Galtieri de la Casa Rosada.

Por esos mismos años, cuando los trabajadores perdían derechos, las autoridades militares pretendieron aplicar un arancel, mínimo, a los estudios superiores. No más universidad gratuita y el ingreso, además, sería con restricciones.

Hasta entonces todos los jóvenes argentinos, tuvieran o no dinero, gozaban de una educación estatal abierta y sin costos. El arancel, según las pretensiones militares, se pagaría en bancos privados con una libreta.

La misma fue entregada a miles de estudiantes los que, ignorando las condiciones de fuerza reinante, las quemaron en una gran hoguera el mismo día que fueron repartidas. No hubo arancel y tampoco restricciones. El movimiento universitario ganó porque la otra parte, simplemente, abandonó su iniciativa.

Desde hace semanas miles de estudiantes se movilizan en Chile. No por la educación gratuita ni por quemar sus libretas, sino porque las asignaciones del Estado les permitan seguir en sus carreras.

Concluyen, al igual que el ministro Sergio Bitar, que Chile debe hacer de la educación su riqueza y que debe concentrarse el máximo esfuerzo para lograrlo. En los estudiantes, justamente, se debe invertir porque cuando el país lo hizo, hace décadas, los resultados fueron alentadores. Por ello pelean.

No es una facultad ni una región ni una carrera. Es un movimiento que tiene una sola voz y que representa a la mayoría de los jóvenes que ven que, por la situación de sus padres y el escaso presupuesto estatal, tendrán que dejar sus sueños de lados y congelar sus ilusiones. Por ello se mueven, se toman las universidades, las calles y las plazas... El CEP, cuando el presidente Lagos debía reunirse con los empresarios...

Saben de sus reclamos y lo ejercen, allí, en el punto neurálgico, donde está el hombre que dijo -en marzo de 2000- que debíamos "ser capaces de garantizar a los jóvenes de Chile que puedan soñar con alcanzar la Educación Superior, sin otro norte ni otra exigencia que su dedicación al trabajo y sus capacidades intelectuales y morales". Pero no van a La Moneda ni se toman la plaza de la Constitución. Están conscientes que en el CEP, justamente, está la representación de aquel mundo que se resiste a que el Estado recaude más para enfrentar sus problemas urgentes: Salud, Educación o Vivienda.

Cuando los estudiantes se movilizan hay que tomarlos en serio. ¡Algo grande está pasando! Ellos muestran el malestar de la sociedad porque, más allá de lo apropiado, de lo justo o necesario de su reclamo, de la oportunidad, son los que se atreven a hacerlo, porque además no tienen nada que perder y sí mucho que ganar, son ellos quienes construyen las sociedades y las impulsan a los cambios. Se mueven por los enfermos y los ancianos, por los trabajadores que temen perder sus empleos, por las dueñas de casas, por los desempleados, en fin por sus padres y abuelos... por sí mismos.

Casi 100 mil estudiantes, en 1999, se beneficiaron por la vía del crédito y otros 40 mil por diversos tipos de financiamiento. Son más de 400 mil, sin embargo, los que hoy llegaron a la Educación Superior y, sin duda, un gran porcentaje requiere de más ayuda para mantenerse dentro del sistema. El reclamo, entonces, es justo. Más allá de lo que piense la autoridad.

Todos o casi todos, están de acuerdo en que los recursos son insuficientes, el propio Mineduc lo plantea en su página web, y que la riqueza está en la Educación. El asunto es abordar el problema. El Auge urge para los enfermos pobres y el crédito universitario para el estudiante que quiere ser un profesional. Para ellos el reloj corre de prisa. El gobierno tiene sus tiempos y el empresariado pone sus obstáculos de acuerdo a sus intereses. Si fuera un naufragio, que obviamente no es la situación, se escucharía: "las mujeres y los niños primeros". Como es una urgencia y está focalizada, sabemos qué intereses son los que están por sobre los otros: la Salud y la Educación primero.

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