Año 2 N.38, Domingo 22 de junio de 2003
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Ni trampa, ni truco, ni pillería
( Escribe Louis Casado )"Si Longueira ha logrado audiencia justo con la amenaza de una propuesta de derechos humanos& se debe al imperdonable olvido de quienes tenían el deber moral de restituirle la dignidad a las víctimas".


Más de alguna vez debes haber presenciado en la calle el fascinante espectáculo que ofrece el camelote que en Chile llamamos charlatán.Usualmente comienza dando voces que deben intrigarte: "¡Ya va a salir Carlitos!¡Carlitos ya va a salir!". De modo que detienes tus apresurados pasos y te quedas esperando que salga Carlitos de una caja de madera que ves a los pies del camelote. Cuando este último estima que el grupo de ociosos que espera a Carlitos es suficientemente numeroso, saca la culebra de la cajita, se la pone en el cuello y comienza un discurso definitivo, inatacable, irredarguible. Para disipar hasta la sombra de la eventual duda que pudiese invadir tu adormilado cerebelo inicia el lavado de cerebro pronunciando la fórmula mágica: "Aquí no hay trampa, ni truco, ni pillería...". Y uniendo la acción a la palabra, con una agilidad manual que ya debiese hacerle sospechoso, utiliza un cuchillo virtuoso con el que en un santiamén monda tomates, corta finito una cebolla sin llorar, pela tres papas que ya no les ves ni el ojo, hace cuadritos de zanahoria, tiritas de apio, flores de rabanito y lascas de berenjena. Un secuaz fundido en la muchedumbre sirve de detonador: es el primer comprador de esa maravilla "que no vengo a vender sino a regalar, la patrona va estar contenta y le va a hacer papitas fritas a los regalones, de ahora en adelante cocinar va a ser un placer". Después de todo hace tanto tiempo que no le llevas ningún engañito a tu Crisanta que cedes, te sacas la luca del bolsillo y te llevas el dichoso cuchillito.

Cuando tu mujer no logra cortar ni el queso que alguna vez fue fresco te das cuenta de que te timaron. Pagaste luca por el espectáculo. No por el cuchillo. Y fuiste víctima de lo que la jerga jurídico-comercial pudiese llamar "engaño sobre la mercancía" o "publicidad engañosa". En eso pensaba yo al examinar las gesticulaciones de Longueira y su propuesta sobre derechos humanos. En fin, la propuesta que hizo hace unos días, apenas la tuvo preparada, y para la cual necesitó desesperadamente un detonador, un cómplice, un secuaz que se precipite a comprarle la idea porque como dice el dicho "para bailar el tango hay que ser dos...". Si Longueira ha logrado audiencia justo con la amenaza de una propuesta de derechos humanos, desatando con ella un puñado de vocaciones y propuestas alternativas, se debe al imperdonable olvido de quienes tenían el deber moral de restituirles la dignidad a las víctimas. Ofreciéndoles de paso justicia y reparación. Pero en un país en el que no se duda en ofrecerle millonarias rentas, encomiendas y repartos al gran capital, se es un pelín miserable cuando se trata de indemnizar a las víctimas del terrorismo que fue de Estado. En ese tema no somos "los más grandes y modernos de América Latina". Y es de temer que, imitando el modo de financiar el desequilibrio presupuestario generado por el TLC, se intente hacer pagar a las víctimas. Hasta ahora son ellas las que han pagado al contado en moneda de olvido, humillaciones y discriminación. El General Cheyre se impacienta y desea que el tema se resuelva definitivamente para traer paz y reconciliación al país. Y "para que nunca más vuelva a ocurrir" las Fuerzas Armadas comienzan a rehabilitar a los soldados injustamente perseguidos, abriéndoles las puertas de las instituciones a quienes hasta ahora eran "traidores". Está bien. Pero es el poder civil el que debiese asumir esa tarea. Pagar la deuda, el déficit de justicia acumulado durante treinta años. Recordándoles de paso a los militares que el mejor modo de contribuir a la paz y a la reconciliación consiste en limpiar sus propios establos de Augias, en rendir cuenta del destino de los desaparecidos, y en volver definitivamente a los cuarteles de los cuales no debiesen salir nunca más salvo para rendirle honores a la República y a la autoridad emanada de la soberanía popular. Esta eminente tarea no tiene nada que ver con el discursito de camelote del señor Longueira. Que comenzó su propuesta dando voces para atraer a los incautos: "¡Ya va a salir Carlitos! ¡Carlitos ya va a salir!". Ese discursito que nos hace pensar que en su propuesta lo único que hay es trampa, truco y pillería.

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