Año 2 N.38, Domingo 22 de junio de 2003
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Plata Quemada
Amores que matan
(Por Leonardo Navarro)-Oye, ¿por qué no me das la mano? -No, cómo se te ocurre. -Ya, pues, dame un beso. -¡Pero es que estamos en la calle! - Bueno ¿somos o no somos pareja? -¡Sí, pero pareja de pacos! Este viejo chiste es toda la referencia que la mayoría del público tiene sobre homosexualidad y el género negro, una vertiente que ha sido tocada antes por la literatura y el cine en casos tan emblemáticos como "A sangre fría", la novela de Truman Capote, basada en hechos reales y llevada al cine a fines de los 60, con un gran y recordado éxito.


Las casualidades han querido que "Plata quemada", la última cinta del director argentino Marcelo Piñeyro comparta muchos puntos en común con el caso ya mencionado. Su trabajo se basa en la novela de Ricardo Piglia, publicada en 1977 y que, a su vez, hacía referencia a hechos sucedidos entre septiembre y noviembre de 1965 en Buenos Aires y Montevideo.

El hecho que llamó la atención e imaginación del escritor fue una nota de prensa donde se daba cuenta que al par de criminales la policía los encontró muertos, desnudos y tomados de la mano. Desde ese momento, la relación amorosa de esta pareja homosexual y criminal fue el centro de su novela sobre un atraco que sale mal. Y fue esa misma imagen la que llamó la atención de Piñeyro, quien se dio cuenta del potencial fílmico de esta tragedia, pero que se encargó desde el principio aclararle al escritor que del guión se ocuparía él mismo y su colaborador habitual, Marcelo Figueras, así que nada de meter narices en el asunto, que la peli es un asunto y el libro otro. Piglia lo entendió, respetó y a otra cosa, mariposa.

El filme comienza con una voz en off que nos va contando todos los preparativos del asalto, las circunstancias políticas y económicas del país y las historias pasadas y personales de cada uno de los integrantes de la banda. Fontana, el jefe, es un tipo viejo y duro en estas lides y tiene todo preparado y planificado, con coimas varias a políticos y al mismísimo jefe de la policía, quien tiene prometida una buena tajada. Nando es un viejo con contactos políticos -el enlace- que se encargará de cubrirles las espaldas. Los ejecutores son tres: el Cuervo, un avezado chofer, de máxima confianza de fontana y los Mellizos -el español Angel y su novio el Nene-, unos ladrones con buena reputación y que se han ganado ese apodo por ser inseparables. Lo que no saben los otros es que la relación entre ambos pasa por un mal momento, motivado en gran parte por el misticismo esquizoide de Angel, quien escucha voces y piensa que el semen es sagrado y debe preservarlo.


Mientras preparan el asalto, la tensión previa logra ocultar su problema. Pero cuando ejecutan el plan, las cosas salen mal y Angel resulta herido, amen de asesinados los policías que custodiaban la plata. La única salida es huir del país cuanto antes y desde ese momento ya sabemos que las cosas van a terminar mal.

En Uruguay reciben la protección de un capo mafia que les presta un departamento, pero les advierte que no pueden ni deben dejarse ver, permaneciendo encerrados por el tiempo que sea necesario. Pero, por supuesto, es algo que ninguno de los tres más jóvenes podrá soportar.

Precisamente en este punto, la voz en off desaparece y se desarrolla la segunda parte del filme, llamada Las voces. La primera se llama `El plan' y la última y más corta `Plata quemada', y corresponde al enfrentamiento final entre polis y ladrones, como si lo que quisiera su director fuese adelantar lo más posible de la novela hasta poder contar a su entero placer el quiebre de la relación entre Angel y el Nene, que es la columna vertebral de esta magnífica cinta policial.

EL DIRECTOR

Piñeyro siempre ha tenido como centro de sus filmes a una relación amorosa. Es el cariño el que mete en problemas y al redime a sus personajes, siempre apasionados y con una sensación de desamparo y orfandad emocional. En sus historias, los protagonistas son impulsados por las circunstancias a un destino extremo y a decisiones cruciales. Son trágicos en un sentido griego, pues no son dueños de sus destinos, pero se las arreglan para terminar como héroes y con una fidelidad increíble hacia si mismos.

El cine de este argentino de 50 años se ha caracterizado por inscribirse dentro del género negro o -al menos- coquetear con él. Esto era cierto incluso en "Tango Feroz". La road movie que se llama "Caballos Salvajes" también algo tenía de intriga, pero fue la fabulosa "Cenizas del paraíso", con esa historia de los hermanos Makantasis y sus tradiciones y fidelidades griegas y la muerte de esa chica que encarnaba Leticia Bredice la que desató su espíritu noir. Recordable era el papel de Cecilia Roth como una jueza que investigaba esta historia descubierta a pedazos en un relato desarticulado que cubría varias versiones de una misma historia y de la cual la telenovela "Purasangre" de TVN, chorreó sin miramientos la idea de los hermanos griegos y hasta tuvo el descaro de copiar la escena de ese baile tradicional en la fiesta familiar. Es que así de influyente es la poderosa imaginación visual de Piñeyro.


"Plata quemada" viene a recordarnos que el director responsable de que el público chileno le tenga confianza ciega al cine trasandino. La forma en que retrata la relación entre estos dos hombres es clara y directa, pero no cargada de morbo ni de una condena moralizante o una exaltación indisimulada. Tal como Bonnie y Clyde, da la casualidad que estos dos asaltantes son amantes y punto. Pero no olvida mostrarnos que este amor tiene algo viciado y es esa conducta enfermiza del desequilibrado Angel, un ser perdido y desamparado que no quiere reconocer que necesita entregarse al Nene para lograr el centro...Y es Angel siempre el que los hunde con él. Bien retratado también está el vagabundeo sexual del Nene y su coqueteo heterosexual con la prostituta que parece ser su tabla de salvación.

Su puesta en escena es impecable, con una fotografía maravillosa y efectiva, una música adecuada del siempre interesante Osvaldo Montes y un casting redondo encabezado por Leonardo Sbaraglia (Nene), verdadero actor fetiche del director junto al siempre sólido y solvente Héctor Alterio. Pablo Echarri es una revelación como Cuervo, mientras Eduardo Noriega (Angel) y Leticia Brédice (Giselle) cumplen, pero no mucho más.

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