Año 2 N.38, Domingo 22 de junio de 2003
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Sida entre rejas
Las caras contrapuestas de una misma moneda
(Por Víctor Hugo Robles)Fuerte impacto provocó la denuncia sobre el Sida carcelario publicada por El Periodista en su pasada edición. Tan fuerte y creciente que, el mismo día de su publicación, Gendarmería de Chile a través de su departamento de relaciones públicas demandó responder a las alarmantes acusaciones formuladas por el escritor Patricio Egaña Salinas, quien permanece confinado en la calle 3B para reos homosexuales VIH positivos. Pero, como dice el refrán, "donde manda capitán, no manda marinero" , entrevistar a uno de los tantos funcionario de Gendarmería exigió tiempo, una serie de llamadas telefónicas a diversas instancias y expresas solicitudes de autorización oficial para que, finalmente, Juan Carlos Pérez, Director Nacional de Gendarmería, permitiera conocer la otra cara de una misma moneda; el Sida entre rejas.

NEGRAS PALOMAS


"Virus del Sida invade la cárcel. La cruda historia de Patricio Egaña", rezó el titular de El Periodista en llamativa portada. Por eso, para conocer la versión oficial de la institución acusada, arribamos a las añosas puertas de metal del principal recinto carcelario de Santiago, buscando entrevistar a Beatriz De Gregorio, matrona y encargada regional del programa de VIH/Sida de Gendarmería de Chile. La espera se nos hizo eterna, los llamados de los gendarmes infinitos y las consultas por citófonos internos, reiterativas. Y en tanto aguardábamos impacientes, decenas de personas preguntaban por sus cautivos familiares, mientras algunos elegantes abogados esperaban ingresar al recinto para entrevistar a sus clientes. Así transcurrieron muchos minutos, hasta que una amable secretaria salió a nuestro encuentro. Cuando por fin logramos cruzar la pesada reja que separa la libertad del cautiverio, tuvimos que aguardar otra serie de paranoicas consultas internas para definitivamente entrar al frío hospital penitenciario, pero sin nuestra grabadora "por razones de seguridad", según nos dijo un joven oficial. Entonces, bajo la atenta mirada de los muchos custodios que velaban por la aparente tranquilidad del sobrepoblado y vetusto recinto de avenida Pedro Montt, subimos varios pisos hasta llegar a la pequeña oficina de Beatriz De Gregorio, quien comparte estrechas labores con Soledad Vidal, la encarga nacional del programa de VIH/Sida de Gendarmería. Antes de la solicitada entrevista, y mientras caminábamos hacia el hospital carcelario, la amigable secretaria nos advirtió de los muchos peligros que encierra el lúgubre lugar. "Hay que tener mucho cuidado aquí porque estos niñitos no son blancas palomas", nos dijo en son de bienvenida.

SEROPOSITIVOS EN CIFRAS

"En la Penitenciaría de Santiago está el 65 por ciento de los reos VIH positivos del país", advierte de entrada Beatriz de Gregorio, dispuesta a entrar de lleno a las frías cifras del Sida carcelario. "Tenemos 54 en la ex Penitenciaría, 5 en la cárcel de mujeres, 3 en Colina I, 5 en Colina II, 3 en San Miguel, 1 en Puente Alto, y 1 en Capuchinos", dice la funcionaria, cuantificando la cantidad de reos seropositivos a nivel nacional en 137 personas diagnosticadas. Subrayamos la palabra "diagnosticadas" porque, una de las principales denuncias de Patricio Egaña, es la nula voluntad política de la autoridad carcelaria a la hora de realizar el test del Elisa a toda la población penal común para determinar de este modo la real magnitud del problema. "No hemos realizado un catastro general en la población común por respeto a la condición humana. A los homosexuales y travestis se les ofrece realizar el examen, pero no es obligatorio para nadie", afirma Beatriz De Gregorio, asegurando que la institución realiza operativos periódicos en determinadas calles de la unidad penal para detectar enfermedades de transmisión sexual. "Hemos descubierto que el impacto de salud pública no amerita realizar el test de Elisa a todos los internos", sostiene la encargada del Sida en la ex Penitenciaría. Y para graficar la afirmación, cuenta detalles del operativo de salud realizado en el módulo B (lugar de confinamiento de reos peligrosos, narcotraficantes y violadores, entre ellos el cura Tato y ex analista de inteligencia Lenin Guardia), descubriendo en este lugar "sólo enfermedades de transmisión sexual como la hepatitis B, la sífilis y la gonorrea, pero ningún caso VIH positivo", asegura. Es más, de Gregorio afirma que, para intentar frenar la propagación del virus en el penal y sabiendo que los reos tienen sexo entre ellos, "cada vez que el interno pide preservativos, se les entrega sin hacer preguntas", mientras muestra cajas repletas de condones apiladas en un rincón de su estrecha oficina.

"EL SIDA VIENE DESDE FUERA"


"Nosotros no podemos regir la sexualidad de los internos, hacemos campañas de información y educación sexual, pero no los podemos obligar a tomar medidas de prevención", sostiene la matrona, agregando que el Sida no se transmite precisamente al interior del penal, sino que "viene desde afuera", enfatiza. Por su parte, los reclusos de la calle 3B dicen desconocer las mentadas campañas de educación sexual que publicita en esta entrevista la autoridad carcelaria y, más aún, aseguran no disponer de condones cuando ellos lo requieren. Aseguran que los únicos talleres de sexualidad y campañas de prevención desarrolladas en el penal provienen exclusivamente de organismo autónomos e independientes a Gendarmería. El teólogo holandés Jan Hopman, integrante del Centro Ecuménico Diego de Medellín (entidad humanitaria que asiste a los reos seropositivos de la ex Penitenciaría), confirma la versión de los reos seropositivos, asegurando a El Periodista que "no existen campañas de educación sexual en el penal", y relatando que, junto a otros miembros de una comunidad cristiana, realizan talleres de educación sexual y homosexualidad en el recinto. "Gendarmería se preocupa de entregar terapias en la calle 3, pero no veo mayor preocupación por el tema en el resto del penal", denuncia. Desde la vereda oficial, Beatriz De Gregorio insiste en la implementación cierta de programas en el penal, sumados a flamantes programas educativos para funcionarios y personal externo que presta servicios a la institución carcelaria. "Puedo asegurar que no hay ningún interno VIH que no sepa de educación sexual y que desconozca que tiene la posibilidad de la triterapia", sentencia la funcionaria. Al respecto, informa que gracias a dineros provenientes del Fondo Global de Naciones Unidas para el Sida y un convenio firmando con la Comisión Nacional del Sida (CONASIDA), "todos los reos VIH positivos que lo necesiten recibirán su triterapia", asegurando que actualmente gozan de ese beneficio unos 10 internos de la calle 3. Por su parte, Vasili Deliyanis, coordinador del área de derechos ciudadanos de Vivo Positivo, reconoce el esfuerzo humano de las pocas funcionarias que trabajan el tema del Sida en la cárcel, pero cree que el real impacto de este importante convenio sólo se verá en el futuro. "El papel aguanta todo", afirma.

¿MEJOR PRESOS QUE LIBRES?

"Los internos tienen más facilidades de acceso a atención y a tratamiento que las personas VIH positivas del medio libre", sostiene la matrona De Gregorio, provocando controversia e inquietud en la comunidad organizada de personas viviendo con VIH/Sida. Deliyanis sostiene que "sacando el VIH del contexto biomédico e instalándolo en el psicosocial, ningún ser humano que esté privado de libertad, sobre todo si está enfermo, puede estar en mejores condiciones de salud que una persona libre", replica. Más aún, el coordinador de Vivo Positivo acusa a De Gregorio de "irresponsabilidad" en su afán por intentar instalar el programa de VIH/Sida de Gendarmería como "modelo ideal en políticas de salud penitenciaría", dice. "Eso es falso y de una falsedad absoluta", acusa Deliyanis. Por su parte, Jan Hopman sostiene que tal situación puede darse, pero "sólo en los casos de personas más pobres que, en libertad, dejarían de preocuparse de su salud", sostiene. Mientras Karina Espinoza, del área de género de Vivo Positivo, que trabaja estrechamente con las mujeres VIH positivas del Centro de Orientación Femenino (COF), cree que Beatriz de Gregorio habla bajo el prisma unilateral de Gendarmería, y no desde el sistema público de acceso a la salud. "Si a mí me duele la guata, voy mañana mismo al médico, y aunque tenga que esperar dos horas, igual me van a atender. Eso no ocurre con las personas privadas de libertad donde el sistema es más estricto y engorroso", señala.

ASILO DE ANCIANOS


"Tratamos de dar una vida digna a las personas, ellos no viven hacinados y están en muchas mejores condiciones que el resto de la población penal común", sostiene De Gregorio, generando opiniones contrapuestas entre las personas seropositivas de la calle 3B. "Perspectivas de mejoramiento personal no pueden darse en un ambiente tan negativo", afirma Patricio Egaña, dudando de los beneficios que la funcionaria destaca. "Hay cambios, pero no existe una política profunda de cambios cuando en el programa de Sida trabajan sólo algunas personas", asegura Hopman, acusando a las funcionarias de entregar un trato "paternalista" a los reos seropositivos. "Reciben un trato equivalente al que entregan en los asilos de ancianos, los cuidan, pero no los dejan crecer, ni siquiera les permiten estudiar", denuncia. "Ellas se sienten dueñas de sus vidas", agrega el teólogo. Por su parte, Vasili Deliyanis comparte la crítica de Hopman, acusando a Gendarmería de practicar sólo "asistencialismo". "Para que las personas privadas de libertad se rehabiliten, el asistencialismo puro no sirve de nada", sostiene. Similar opinión tiene Karina Espinoza, quien asegura que su organización trabaja por el "buen vivir" de las personas, "por eso entregamos educación sexual e información para que las personas viviendo con el VIH puedan tomar sus propias decisiones", dice. "Creo que Gendarmería apunta a lo contrario, más bien ellos trabajan por el bien morir de las personas, la misma política que aplica de la Clínica Familia del padre Baldo Santi", arremete desde Vivo positivo.

Así, mientras unos defienden a ultranza el modelo de salud que ha implementado Gendarmería de Chile en la ex Penitenciaría de Santiago, Patricio Egaña Salinas, el gran responsable de tener en la palestra pública el tema del Sida carcelario, escribe cartas e informes para intentar mejorar la calidad de vida de sus compañeros de cautiverio, guardando la secreta esperanza de romper el estrecho horizontes de rejas y púas que invaden su diario sobrevivir.

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