Año 2 N.38, Domingo 22 de junio de 2003

Comentario Literario

¿Quién diablos es Pinochet?

"Ante una injuria, alguien dirá: '¡Oye, no seas un Pinochet!', mientras el otro responde: '¿Pinochet? ¿Quién diablos es Pinochet?'"

El juez Baltasar Garzón ha recibido una llamada urgente de Amnistía Internacional: el ex dictador chileno, Augusto Pinochet, ha ingresado un día antes a una prestigiosa clínica londinense para operarse de una dolencia en la espalda. Desde hace unos meses, Garzón está a cargo de las acusaciones que un grupo de abogados españoles, encabezados por Joan Garcés, ha interpuesto en contra del General por los casos de muerte y desaparición de ciudadanos españoles. Decide actuar rápido: emite una orden de arresto internacional en contra de Pinochet, un fugitivo de la justicia acusado de crímenes contra la humanidad. La Interpol acoge la orden: la cacería es inminente.


Madrid, octubre 9 de 1998.

Santiago, octubre 15. El gobierno chileno y la embajada de Chile en Londres comienzan a inquietarse. El periodista Hugh O`Shaugnessy ha publicado en el diario inglés Guardian, un extenso artículo denunciando la presencia de Pinochet en Londres. La embajada chilena telefonea con prudencia diplomática al Foreign Office, y le pregunta si hay alguna diligencia legal en curso en contra del senador Pinochet. La respuesta es negativa, ocultando aparentemente lo que estaba por ocurrir.

Londres, octubre 16. Alrededor de las nueve de la noche, el magistrado inglés Nicholas Evans acepta firmar la orden de detención. Dos horas más tarde, exactamente a las 23:25, un grupo de detectives de Scotland Yard irrumpe en la London Clinic. Le informan a Pinochet que queda bajo arresto, le leen sus derechos, y de paso le cuentan que un juez español llamado Baltasar Garzón lo espera en Madrid para juzgarlo por genocidio y crímenes contra la humanidad.

Santiago, octubre 17. La noticia del arresto de Pinochet recorre el mundo. El gobierno chileno impugna rápidamente la orden de detención, alegando que sólo menciona a ciudadanos españoles asesinados durante la primera década de la dictadura, y eso no constituye un crimen extraditable en territorio británico.

Madrid, octubre 18. Garzón emite una segunda orden de detención, esta vez ajustada celosamente a la ley inglesa, y que reconoce la tortura como un crimen dondequiera que éste se haya cometido. Así comienza un juicio histórico, que durará 17 meses. Muchas personas arman sus maletas, no sólo los políticos de la derecha criolla que viajan a Londres a defender y apoyar a su patriarca en desgracia, sino también un grupo de chilenos que, de distintas partes del globo, se dan cita frente a la London Clinic. La prensa mundial les apodará "el piquete del Londres": son las víctimas de Pinochet, los exiliados, los familiares de los muertos y desaparecidos de la dictadura, son los que esperaron 25 años para ver llegar el día en que Pinochet respondiera por sus crímenes. Por eso están ahí.

Carolina del Norte, EEUU , octubre 18. El escritor chileno radicado en Estados Unidos, Ariel Dorfman, no sabe que de todo este asunto escribirá un libro. Como tantos otros, él también fue una víctima de Pinochet, y su obra está cruzada de cabo a rabo por la dictadura y sus secuelas. Hace algunos años, compuso un drama tremendo que tituló "La muerte y la doncella". Exhibió ahí el trauma que vive una sociedad post dictatorial como la nuestra: imaginó a victimarios y víctimas conviviendo en la misma sala, respirando el mismo aire. Dorfman no pudo imaginar otro desenlace, el consenso precario que habíamos construido era el obstáculo que impedía enjuiciar a los torturadores. Y sucede que ahora Ariel Dorfman, escuchando en su casa de Carolina del Norte las noticias del arresto de Pinochet, parece incrédulo. La realidad -con Joan Garcés y Baltasar Garzón como protagonistas- le ha otorgado otro final a la ficción: el final que justamente él hubiera querido darle a "La muerte&". Es por eso que partir de hoy, 18 de octubre de 1998, Dorfman saltará de la cama antes de que salga el sol, a las 4:58 exactamente, y pondrá el noticiero que la BBC de Londres transmite a las cinco de su hora norteamericana, diez de la mañana en Inglaterra. Querrá ser el primero en conocer el destino del dictador.

Final abierto. El último libro de Ariel Dorfman, "Más allá del miedo. El largo adiós a Pinochet", es una extensa crónica de los quinientos días que duró el juicio de extradición a que estuvo sometido el ex dictador en Londres, y de los procesos judiciales que encabezó el juez Juan Guzmán, una vez devuelto Pinochet a Chile, y que terminaron con el sobreseimiento definitivo del caso, en julio de 2001, por la supuesta incapacidad mental del octogenario dictador. En buena parte, el libro -dueño una prosa ágil y amena- reúne los artículos que Dorfman publicó sobre el tema en la prensa mundial.

Sobre esa crónica, Dorfman monta dos ejes narrativos. El primero tiene el tono de un relato biográfico que parece funcionar como un exorcismo: superar el miedo pasa por narrar sus propios traumas respecto a la figura de Pinochet, y narrar el testimonio de las víctimas. El segundo es una larga e inevitable reflexión sobre los alcances que la justicia -a partir del caso Pinochet- puede tener en materia de violaciones a los derechos humanos. En este sentido, Pinochet les ha hecho un flaco favor a los déspotas del mundo. Paradójicamente, nuestro dictador, a quien nosotros no pudimos enjuiciar, servirá como excusa para llevar al banquillo a tantos otros de su especie. Es reconfortante, dice Dorfman, que el juicio a Pinochet esté sirviendo de inspiración y modelo para otras acciones similares.

Pero Dorfman va más allá, y se permite al final de su libro una profecía de un optimismo sobrecogedor. Pinochet, presagia, perderá la batalla por controlar el lenguaje del porvenir, perderá la batalla semántica, esa que hará de su nombre un sonido perdido entre la coprolalia y el vacío. Ante una injuria, alguien dirá: "¡Oye, no seas un Pinochet!", mientras el otro responde: "¿Pinochet? ¿Quién diablos es Pinochet?".

Más allá del miedo. El largo adiós a Pinochet
De Ariel Dorfman
Planeta, 216 páginas.

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