Año 2, N.39, Domingo 6 de julio de 2003
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Columna de Opinión
Muéstrame tu PIB... ¡yo te mostraré mi Gini!
( Escribe Louis Casado )"No tiene sentido aumentar la producción de bienes en presencia de una demanda insuficiente"

Es curioso observar que en los debates que agitan a los economistas estos últimos han olvidado hasta el pato de la teoría económica. El pato, ¿te acuerdas? Ese del silabario Hispanoamericano que le ayudó a generaciones de tipos como tú y como yo a juntar las letras y luego a aprender a leer de corrido. Si los economistas contemporáneos han ido perdiendo la aureola de infalibilidad, y hasta el aire docto que le conviene a un médico de la puñeta económica, se debe entre otros al resultado de la aplicación de sus curiosas teorías. Pero también al hecho de haber olvidado los elementos más básicos de la teoría económica. ¿Cómo que de cuál? De cualquiera o de todas. De la clásica, de la neoclásica, de la marxista, de la keynesiana y de la liberal, para conservar una especie de iletrismo modernizante que responde al dulce nombre de neoliberalismo. Justo para hacerte agua la boca, y sabiendo que para el común de los mortales -entre los cuales me cuento-, las teorías económicas son tan divertidas como una puerta de prisión, déjame darte un ejemplo. El cuento del crecimiento. O el chiste del crecimiento. Es según. Cada día que pasa te vacunan con ese tema, elevado a la categoría de ungüento milagroso para todos los males. ¿Padece Ud. de desempleo? Tómese un poquito de crecimiento. ¿El país está en crisis? Es por falta de crecimiento. ¿Tiene el PIB muy pequeño? Le conviene algo de crecimiento. Y así. De modo que todo lo que pudiese atentar contra el tan manido crecimiento se transforma en una especie de agüita de natre, o de Bin Laden -depende de tus referencias culturales-, contra el cual hay que luchar a brazo partido (nunca entendí porqué hay que luchar "a brazo partido", pero bueno, el tema es otro). Si por azar te atraviesas en el camino del crecimiento ¡Pobre de ti, triste desgraciado! ¡Cómo osas perturbar el tráfico en el camino a la felicidad en la tierra! Sin embargo, desde los albores de la llamada ciencia económica, aquellos que pusieron las fundaciones de la mediagua precisaron que el crecimiento, o lo que es más o menos lo mismo la creación de riqueza, no era el tema importante. ¡Como lo lees! David Ricardo, por ejemplo, el padre o uno de los padres de la economía clásica, siempre rehusó acordarle algún interés al monto del producto nacional si no se tomaba en cuenta su distribución. En otras palabras David Ricardo era contrario a la teoría de mi primo Tocho, ese que cuando pequeño quería celebrar su cumpleaños solito para comerse toda la torta. En una carta fechada el 9 de octubre de 1820, Ricardo le escribió a Malthus lo que sigue: "La Economía Política es según Ud. un estudio sobre la naturaleza y las causas de la riqueza. Yo estimo por el contrario que ella debe ser definida como un estudio sobre la distribución del producto de la industria entre las clases que concurren a su formación". Así, ¡en pleno hocico! Y Ricardo va más lejos cuando continúa: "No se puede asociar ninguna ley a la cantidad de riquezas producidas, pero se puede asignarle una muy satisfactoria a su distribución. Cada día estoy más convencido que el primer estudio es vano y decepcionante, mientras que el segundo constituye el objeto mismo de la ciencia" (1). Yo no estoy aquí para darle consejos a nadie, pero la próxima vez que sus Excelencias los príncipes que nos gobiernan hablen de crecimiento convendría que, parafraseando a Bill Clinton, les espetáramos u espetásemos: "¡Es la distribución de la riqueza producida, estúpido!". En fin... digo yo. Porque el tema está muy ligado a otro problema espinudo para los economistas, y aun más espinudo para las víctimas porque los primeros al menos se ganan la vida estudiándolo, o haciendo como si: el fenómeno del desempleo. O si prefieres el desempleo ¡que es un fenómeno! Este tema suele asociarse a insuficientes tasas de crecimiento, al menos en Chile porque aun cuando no lo parezca también hay países con gobiernos serios.


Pero esta parida va del crecimiento. De la ausencia de crecimiento, o de su insuficiencia, es según. ¿A qué podemos atribuirla? ¿Ah? ¿Te atreves a sugerir una respuesta? Generalmente la caída de la inversión productiva y del nivel de empleo se le atribuye a la falta de "confianza". La confianza, la otra pomada. ¿La confianza de quién? ¿La de los trabajadores, los productores directos, los asalariados? Algo así como que Estanislao Esteban Machuca Armijo, carpintero de la plaza, padre de tres hijos varones y una niña mujer, casado con doña Drucila Melania Escobar Meneses, de profesión su casa, se despertase un día diciendo: "Puchas,... no sé porqué pero durante la noche perdí la confianza..." Y el crecimiento, asustado, se parara u parase. No. Por ahí no va. Quién en realidad pierde la confianza es el "mercao". ¿Te dice algo el "mercao"? La teoría en boga nos cuenta que el "mercao", un día de esos, sin decir agua va, sin prevenir, va y pierde la confianza. Y el crecimiento se para. Y ahí el capital se asusta, y para las inversiones. Para curarse en salud inicia un proceso de reducción de costes ergo miles de despidos, y el carpintero de la plaza, don Estanislao Esteban Machuca Armijo, se encuentra sin pega de la noche a la mañana. La falta de confianza se produce a priori por la incertidumbre con relación a las previsiones del mañana. Por esa razón hay que reconocerles a nuestros príncipes locales sus denodados esfuerzos para crearle óptimas condiciones a la inversión nacional o extranjera haciendo desaparecer hasta la sospecha de alguna incertidumbre. La jerga chilensis ha bautizado ese oficio de alcahueta del Estado como la función de "creación de oportunidades de inversión rentable para el capital privado". Curiosamente, a pesar de haber transformado este país en una especie de paraíso fiscal la inversión declina. A pesar del maravilloso índice de riesgo-país. La realidad es más simple. La respuesta reside entre otras cosas en que no tiene sentido aumentar la producción de bienes en presencia de una demanda insuficiente. ¿Y porqué hay una demanda insuficiente? Porque hay una indescriptible concentración de la riqueza en pocas manos, o dicho de otro modo una injusta distribución de la riqueza creada. El PNUD lo recuerda cada año al publicar datos como el siguiente: bastaría con el 4 por ciento de la riqueza de las 225 primeras fortunas del mundo para darle agua potable, educación, salud y vivienda a los mil quinientos millones de habitantes del planeta que carecen de ellos. Y el PNUD publica algunas estadísticas, de esas que no les gustan a los príncipes que nos gobiernan. Por ejemplo el índice de Gini, dato que permite establecer la justicia relativa de la distribución de la riqueza creada en cada país. Ese índice va de 20 (más justicia) a 60 (menos justicia). En ese tema Chile bate todos los records. Con un índice de Gini igual a 56,6, peor que el de Burkina Fasso. En estos días en que se celebra el centenario de Henry Ford, ese que decía que mientras mejor le pagase a sus obreros más posibilidades había de que estos últimos le comprasen un auto, ¿Qué proponen Lagos y Eyzaguirre para financiar los programas sociales? ¿Ah?

Aumentar el IVA, reduciendo aun más el poder adquisitivo de los más pobres.

¡De ahí que cuando me muestren su PIB, yo les voy a mostrar mi Gini!

(1) Jean de Largentaye. Notas a la "Teoría general" de J. M. Keynes. Ed. Payot. París 1969.
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