Año 2, N.39, Domingo 6 de julio de 2003
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"Bowling for Columbine"
Toma el fusil, compañero
(Por Leonardo Navarro)¿Por qué son tan violentos los estadounidenses? ¿Cuál es la razón de que tengan una de las tasas más altas de criminalidad y de muertes por armas de fuego en el mundo? ¿Cómo un gordo barrigudo puede hacer un documental sobre este tema tan difícil y ganar Cannes y el Oscar, pese al clima patriotero y derechista de su país? ¿Y qué diablos tiene que ver todo esto con Chile? Eso es lo que intentaremos explicar en los próximos 10 minutos y 4.500 caracteres.


Michael Moore va a cumplir 50 años el próximo año, y ya puede morirse contento: con su lúcido documental "Bowling for Columbine", ganó el premio del 55º aniversario en Cannes, se llevó el César a mejor film extranjero y el Oscar al mejor documental, lo cual no está nada mal para un habitante de la pequeña ciudad de Flint, Michigan, conocida por un documental sobre la planta de la General Motors que se cerró y el viaje del director de esa cinta -Roger & me- para entrevistarse con el director de esa compañía. Y ese director era -sí, adivinaron- Michael Moore.

Este hombre gordo y grande logró con ese film de 1989, obtener el record de asistencia para un documental en los EEUU, pero no es la única hazaña de su vida, porque a los 18 años se transformó en director del liceo al que había asistido, y a los 22 fundó un periódico (The Flint Voice) que sigue publicándose. Y cuando bordeaba los treinta ingresó al mundo de la televisión, donde acostumbra ser director, productor, guionista, creador y presentador de sus programas, desde su primer intento, "TV Nation"", hasta el más actual y conocido por los chilenos afortunados que tienen cable y realmente ven Films & Arts, "La Cruel verdad".

Su estilo es irónico, juguetón y directo. Sin remilgos, es capaz de meter el dedo en la llaga y luego hurgar un poco más, sólo para ver como reaccionan los implicados. Y como pone cara de huevón, todos creen que realmente lo es. La mejor analogía de su persona y su actitud es la del bulldog que tras apresar a su víctima y verla caer al suelo, le salta en la cara y le da tres dentelladas, sólo para estar seguro. Eso es lo mismo que hace Moore en su programas y en sus películas: pone en evidencia a los tipos que hacen las cosas feas, los expone y luego los acosa hasta lograr que ellos mismos se pongan en ridículo, gracias a esa bocota que uno abre justo en los peores momentos. Y él mantiene su cara de póquer de adolescente espinilludo haciendo una entrevista para la revista del colegio local, mientras tras esa fachada el pícaro adulto perspicaz sabe que logró su objetivo.


Y esta vez el blanco era grande: nada menos que dilucidar el problema de la violencia en EEUU, usando como pretexto la masacre llevada a cabo en Littleton, Colorado, por dos adolescentes de la secundaria Columbine, en la que armados con varias armas de fuego dieron muerte a 12 compañeros y un profesor, además de herir a otros tantos.

Littleton no queda muy lejos de Flint, y Moore se dio cuenta que además habían otros factores de violencia circundando su pequeño mundo: uno de los responsable del atentado en Oklahoma era de la zona, al igual que Charlton Heston, cabeza visible y presidente de la Asociación Nacional del Rifle, una organización que promueve la tenencia de armas de fuego por parte de las personas, amparadas en la segunda enmienda a la Constitución -creada ante la eventualidad de una invasión inglesa a fines del siglo18-; Eric Harris, uno de los chicos de Columbine, se había criado en una base aérea cercana y, finalmente, Lockheed Martín, la compañía más grande del mundo dedicada a la fabricación de misiles nucleares y de los otros, tenía una de sus mayores fábricas instaladas en Littleton.

Con un ojo agudo, Moore nos descubre un mundo paranoico, lleno de miedos al otro, a lo diferente, a lo desconocido. Nos pasea por seres tan alienados que no se dan cuenta de lo irracional y brutal de su conducta, ultra preocupados por la seguridad y con el convencimiento que ante la caída de la sociedad -o ante un gobierno tiránico- la última línea de defensa es uno mismo, y que la única forma de defenderse es con una buena Smith & Wesson del 38 o un rifle con sus respectivas cajas de municiones compradas en el almacén de la esquina, donde se pueden conseguir de forma casi tan sencilla como comprar un chicle -'deme un super ocho y...eh... unas cien balas, gracias'-, mientras los ejecutivos de la mayor fábrica de armamentos están felices de ser una parte importante de la comunidad, una que -Dios nos libre- está fuera de contacto con cualquier tipo de violencia. ¿Qué podría haber provocado la masacre? No nosotros, sino de seguro ese asqueroso rock satánico. Y mientras Marilyn Manson se muestra como uno de los más lúcidos y centrados entrevistados por Moore, se nos filtra el dato de que el mismo día de Columbine, los EEUU lanzaba el mayor ataque en Kosovo.

Una divertida animación, obra de Troy Parker y Matt Stone -los autores de South Park y oriundos de Littleton- nos da la clave de todo: tras toda la obsesión por las armas está el miedo. El mayor miedo del último siglo y de los norteamericanos de clase media han sido los negros, una etnia que recién obtuvo derechos plenos pasada la mitad del siglo 20 y a la que hasta hoy se considera primera sospechosa de cualquier crimen (y como ejemplo muestra escenas del programa Cops, donde el 80 por ciento de los detenidos por los polis son negros), idea que se ha filtrado a nuestro país, que tiene su alta cuota de racismo, por más que se niegue, pero una mayor cuota aún de clasismo. Pero ya volveremos a eso.


¿Y cómo se difunde el miedo? A través de los medios de comunicación, que muestran asaltos, robos y otras noticias aciagas con una rapidez asombrosa y se encargan de reforzar esa idea de inseguridad y precariedad desconfiada ante los demás. Aquí Moore hace una jugada maestra al comparar su país, con 11 mil muertes por armas en un país de 250 millones de personas contra estadísticas de Canadá, que apenas si llega a la media centena en un país de 30 millones de habitantes ¡y siete millones de armas! Con iguales influencias violentas -videojuegos, cine, TV-, pero una actitud más sana frente a la vida y unas noticias muy diferentes.

Lo que nos lleva a nuestro país, con su agenda informativa que se solaza en mostrar asaltos, robos, inseguridad ciudadana en encuestas, aumento de la delincuencia, en una estructura que imita demasiado a la del país del norte y que se repite en TV, diarios y radio. Y si bien no tenemos negros, nos arreglamos para crear nuestros propios ghettos -juguemos a asociar comunas de Santiago (después hablamos de la canibalización noticiosa del resto del país por parte de los medios capitalinos): ¿Qué le viene a la mente cuando piensa en Vitacura? ¿Y cuando la cambia por La Pintana?- y estigmatizar a toda la gente que vive en determinados lugares. Nuestro negro es el cuma, y el es el pobre- El miedo es que los pobres -sin armas, sin organización, apenas con el dinero para darse vuelta y con lo justo para tomar una micro- se metan en nuestras casas y se lleven todo, vidas incluidas. Y hay muchas cosas que ese miedo junto a la estúpida idea de que la violencia, el último recurso del incompetente, arregla las cosas. Y lo peor es que la campaña del terror que denuncia Moore, hace mucho que nos tiene del cogote, disfrazada de seguridad ciudadana. Y la verdad es que a nosotros, los pobres, la vida y las cosas de los que viven encerrados en sus fortalezas y en sus miedos nos importan bien poco.

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