Año 2, N.39, Domingo 6 de julio de 2003
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Rosa María Pinto, jueza que condenó al sacerdote José Andrés Aguirre
"Tato señaló que Errázuriz era su jefe"
(Por Valeria Solís T.)Hace casi 30 años que está en el Poder Judicial, ejerce su jurisdicción sobre la populos a comuna de Quilicura y parte de Pudahuel y s e acostumbró a tratar con narcotraficantes y delincuentes. Pero, ocho meses atrás, recibió la denuncia contra un sacerdote q ue había abusado de varias menores . Dejó a un lado sus creencias religiosas y , hace algunos días, lo condenó a 12 años de cárcel . Dice, en esta entrevista y en su fallo , que la Iglesia Católica es corresponsable. "¡A ese señor no debían haberlo destinado ahí, en esa parroquia y en ese lugar! ¡Fue exponerlo a él y a la gente! Y eso para mí es claro. La Iglesia no fue lo suficientemente celosa y eficiente ¡cómo se les ocurre, si el cura ya tenía antecedentes!" , asegura.

Era febrero de este año, Rosa María Pinto entró a una iglesia de un pueblito al sur de la capital. No lo hacía hace meses. Es que a la magistrada del 16º Juzgado del Crimen le dolió conocer los antecedentes del denominado caso del cura "Tato".


Pero se dijo a sí misma: "el actuar de un sujeto no puede hacer que yo me pelee con la Iglesia de por vida". Y volvió.

"Yo soy una persona que reza a diario, leo el nuevo testamento permanentemente, crié a mis hijos en esa religión, los bauticé y confirmé. Yo creo en los principios de la iglesia y de pronto, no podía entrar al templo", sostiene.

Rosa María Pinto (viuda, madre de dos hijos y tres nietos a su haber), oriunda de Calama, ingresó al Poder Judicial en 1974. Desde hace diez años es titular del 16 juzgado del Crimen de Santiago.

Mantiene una vida familiar y social activa, su labor como jueza la lleva en la sangre con mucha pasión y sabe, que si bien este es uno de los casos públicamente más bullados, el área que le toca cubrir (toda Quilicura y parte de la comuna de Pudahuel) sufre de delitos permanentes de abusos sexuales, tráfico de drogas y robo con fuerza.

"Estas comunas antes no eran muy importantes en cuanto a la gravedad de los delitos, pero hoy en día, con la cantidad de poblaciones que se han hecho, inevitablemente se incrementó el número de delitos", afirma.

El 25 de junio se dio a conocer la sentencia en contra de José Andrés Aguirre Ovalle de 45 años, ex sacerdote, conocido como el cura Tato: una pena de 12 años de cárcel en lo criminal y en lo civil 50 millones de pesos por concepto de indemnización por daño moral por delitos de abusos deshonestos y estupro en contra de las menores de 13 y 16 años, cuya familia efectuó la primera denuncia. Estableciéndose además, una responsabilidad solidaria al Arzobispado de Santiago.

"La causa, señala la jueza Pinto, en total demoró 8 meses, aunque la Corte de Apelaciones dice que nos debemos tardar sólo 6 meses en las causas criminales. Es lo ideal, pero en la práctica es poco concretable. Pero este caso fue especialmente rápido porque no habían más diligencias: las niñas, los trámites periciales, algunos testigos y punto. Se cerró el sumario en diciembre, a los tres meses de efectuada la denuncia. El estudio mismo para elaborar el fallo demoró alrededor de un mes.

¿Qué fue lo más complicado de este proceso?


Aquí hay hartos temas polémicos: primero la responsabilidad penal de un sacerdote involucrado en un hecho ilícito porque, indudablemente, si este mismo delito -con toda la gravedad que tiene- lo hubiera cometido un simple conviviente de la madre de una niña, como tengo muchísimos casos, habría sido un caso gravísimo pero sin la connotación pública, porque es un miembro de la iglesia Católica en actividad. Y no hablamos de un delito cometido una vez, sino varias veces. Lo segundo es que a la Iglesia se le demandó como responsable solidaria en su calidad de superior jerárquico y eso era muy complicado e inédito y nunca se había planteado ante ningún tribunal de Chile, la responsabilidad civil o pecuniaria por el hecho ilícito cometido por uno de sus miembros estando ejerciendo su ministerio sacerdotal ¿Cómo la Iglesia se defendió en el proceso? Dijo que como tal tiene una personalidad jurídica de derecho público a la cual no le son aplicables las normas del derecho civil chileno. El punto de fondo en materia civil era si a una persona jurídica de derecho público como la Iglesia, se le aplicaban o no las normas sobre responsabilidades contractuales que establece el código civil de nuestro país.

¿Y qué concluyó?

Después de gran estudio y bastante elaboración de los temas, desde averiguar el origen de cómo se generó una personalidad jurídica, cuáles son los privilegios, etc., determiné que sí tenía responsabilidad. Cuando hablamos de personas jurídicas de derecho público estamos hablando de la Nación, las municipalidades, algunos tipos de corporaciones y la Iglesia. Apenas comencé a estudiar el tema, pensaba que no le correspondían obligaciones a ella, pero a medida que me fui metiendo en cada uno de los temas y que en el fallo están absolutamente claros, por acápite, llegué a la conclusión de que sí le correspondía. Obviamente, es una materia de interpretación. Podría ocurrir que una instancia superior, Corte de Apelaciones o Suprema, dijera que no le corresponde. En este sentido, quiero que quede muy claro que ésta no es la última palabra sobre el tema, sino mi (lo enfatiza) interpretación. Este es un fallo de primera instancia susceptible de ser modificado, anulado, confirmado, de todo&

¿Pero cómo se sentiría si la Corte de Apelaciones no confirma el fallo?

Yo tengo que respetar las resoluciones de los Tribunales Superiores. Nosotros tenemos que entender que cuando dictamos un fallo de primera instancia es sólo la primera palabra de un asunto determinado y que la resolución definitiva le corresponde -de todas maneras- a los Tribunales Superiores. Creo que mi fallo, jurídicamente hablando, es bastante redondo, contundente, tiene fundamentación legal y está basado en lo que consta del proceso y de todo el estudio que hice de las normas jurídicas aplicables al caso. Obviamente, en materia de responsabilidad civil se interpretó una norma. En ese sentido, cada cual puede interpretar de una manera o de otra.

¿Se siente orgullosa por el fallo que redactó?

Primero, siento orgullo por haber cumplido con mi obligación como juez. Y además, porque a pesar de ser católica, no obstó para que yo en el estudio de este caso específico argumentara sólo con base legal: los sentimientos no se involucraron y es así como se debe hacer. Aquí las víctimas me inspiraban mucha lástima, pero también me lo inspiraba este sacerdote que, por años, fue incapaz de enfrentar su verdad.

EL INICIO DEL PROCESO


Hasta el momento de esta entrevista el Arzobispado de Santiago todavía no había sido notificado, por lo cual no se sabía si iba o no a apelar la sentencia. Sí lo hicieron las partes querellantes, unas por querer la indemnización por daño moral y las otras por parecerles insuficiente los 50 millones de pesos.

"Las querellantes no están de acuerdo con el fallo, por dos razones: primero porque ellas piden que se lo sentencie por violación y no por abusos sexuales, como yo lo estipulé, y segundo, porque la que no ganó por lo civil, es decir que la Iglesia indemnice, quiere indemnización, y las querellantes que fueron indemnizadas creen que 50 millones es muy poca plata", explica.

¿Cómo se inició el proceso?

Recién se provoca la primera denuncia cuando una madre llega acá a la cual la apoyó una religiosa, ella no vino sola, y ahí se inició el proceso. Y en ese minuto tuve conciencia de lo siguiente: que terrible lo que le pasó a las niñas; segundo, que terrible que un sacerdote se viera involucrado en un caso así y tercero que, inevitablemente, la Iglesia Católica se vería involucrada. Esto era inevitable y me provocó una aflicción enorme. Pero al pasar de los días, uno se centra en que son partes de un procedimiento penal, a las cuales debes dedicarle la importancia que les corresponde sin perjuicio de que sean iglesias, hombres, madres, tienes que tratarlas a todas por igual.

Si bien fueron en total 10 niñas las que llegaron a hacer las denuncias, sólo en cuatro de ellas se pudo establecer efectos sancionables. Estos hechos comenzaron el año 1998, y muchas de estas niñas eran muy chicas en esa época. La más afectada de todas es una niña que hoy tiene 16 y esto le ocurrió cuando tenía alrededor de 11 años. La hermana de ella, que es la otra más afectada, era menor. Ambas serán indemnizadas según el fallo porque los daños fueron probados. Existen dictámenes sicológicos, del médico legal, que hablan de daños irreparables, en ambos casos, incluso los expertos dicen que es casi seguro que las niñas no se van a recuperar y que van a tener que estar en tratamiento por mucho tiempo y que además incluya a la familia, porque el sacerdote era el padrino del hermano menor de la familia. Existía una relación de familia, de afecto, de amistad, confianza casi exagerada con el sacerdote.

En una de las niñitas hubo penetración anal y la otra dijo que a partir de 2000 tenía relaciones sexuales en forma permanente, semanalmente, era una especie de pololeo entre ella, que tenía 11 años, y el sacerdote. Actuaba en forma simultánea con las dos hermanas.

¿Pero se podría decir que el ex sacerdote está enfermo?

El no está enfermo, es imputable. No está demente ni muchos menos. Es indudable que, desde el punto de vista sexual, sufre un trastorno sicológico. Además tiene una falla sobre su voluntad, porque él mismo confesó que no puede controlarse y, que a pesar de toda la contradicción que existía entre su condición sacerdotal y su conducta, no podía evitar realizar este tipo de acciones.

A mi juicio aquí hay un principio básico que no se ha tocado que es el tema de la verdad. Un principio que está vigente por encima de muchas cosas, porque siempre hubo un temor a la verdad de parte de los afectados, de parte de los padres de las niñas, entonces nunca hubo denuncias formales anteriormente.

Las otras denuncias que constan en el proceso es el caso de tres hermanas, alumnas de un colegio del barrio alto, donde el cura Tato al momento de la confesión les hacía tocaciones. ¿A ellas también se las indemnizará?

No se pudo indemnizar porque los daños no se probaron. Claramente hubo un daño moral que es muy difícil de clasificar, de evaluar y -además- de probar. Pero no se pudo demostrar. Lo que ocurrió fue lo siguiente: tres hermanas pertenecían a un colegio de iglesia y en la semana Santa del año 1999, el sacerdote como guía espiritual del colegio fue a confesar niñas. Entraban por curso a una sala donde él se ubicó y las niñas iban pasando de a una. Y cuentan las menores que, a medida que salían las otras compañeras, decían `tengan cuidado con el cura'. Pero ellas no le dieron importancia hasta que llegaron adentro. A una la sentó en la falda, a la otra también y, además, le hizo vocaciones; a la tercera la tocó y le quiso dar un beso en la boca. Eso sí es un daño, pero en ese minuto, las únicas testigos eran ellas mismas y segundo, ellas se fueron rápidamente a su casa y se lo contaron a la mamá. La madre fue a reclamar a monseñor Sergio Valech y, a pesar de que ella reclamó en el colegio y en el centro de padres, nadie le hizo caso. Es una familia de escasos recursos, y ocurrió que a las niñas no les permitieron renovar la matrícula al año siguiente. Ellas sienten que eso pasó por la denuncia que habían hecho. Lo concreto es que no se expusieron más al cura.


Ahora bien, lo que yo no puedo entender que si bien es cierto es el cura quien cometió un acto ilícito, no me da para daño moral o quiebre de la personalidad. Eso lo tendrían que haber probado y no lo hicieron. En los otros casos los daños están probados.

¿ARREPENTIDO?

En seis oportunidades la jueza Rosa María Pinto interrogó a José Andrés Aguirre y él jamás mostró un gesto de arrepentimiento.

¿El reconoció desde un principio los hechos?

Sí, él reconoció los hechos. Pero lo que no admitió fueron los hechos de la confesión de las otras niñitas. El dijo que no se acordaba de ellas. Claro, porque fue algo que duró un minuto, pero después recordó que a él le llamaron la atención, porque la madre había ido hablar con monseñor Valech.

¿El se mostró arrepentido o asustado en los interrogatorios?

Yo lo interrogué y reconoció desde el principio. Pero honestamente síntomas de arrepentimiento& con el tiempo como que expresó que `yo entiendo que esto estuvo mal'. Mira, él es una persona que tiene una enfermedad neurológica que se llama distrofia muscular y esto implica que tiene una cara rígida, inexpresiva, un gesto que uno no sabe cómo interpretar. Pero que se haya quebrado emocionalmente o que haya llorado o expresado en forma enfática algo, no. Por otro lado, confirmando el informe de las dos sicólogas que vieron el caso, dicen que él tiene una personalidad narcisista, que significa que piensa primero en él que en los demás y no le interesa el daño ajeno; es más importante el deseo de él y por otro lado, según sus propias declaraciones, las niñitas nunca pusieron resistencia, él contaba con el consentimiento de ellas. Entonces, al interpretar a la luz de ese informe, se entiende que él asegurara con tanto énfasis que las niñas estaban muy conformes y que nunca reclamaron. Pero sabemos que no se puede presumir legalmente el consentimiento de niñas de esa edad.

Y cuando Usted insistí a en la responsabilidad que le cabía a él ¿ se enojaba?

Ni siquiera perdía las casillas. Se queja, ahora, de que fui muy estricta con él. Pero, obviamente, cualquier ser humano que como juez se está enfrentando a un sujeto que llega a un tribunal acusado de abusos sexuales no le iba a ofrecer una tasa de café para conversar. No sé cómo quería que yo fuera con él.

¿Y las niñas expresaban que él las violentaba?

Tenemos que eliminar el término violencia, porque si hubiera habido violencia estaríamos frente a una violación. Acá hubo penetración anal y vaginal, pero en el contexto de un engaño. Por eso, en el caso de la penetración anal se llamó estupro y con respecto a la otra hermana, donde hubo penetración vaginal, nos tuvimos que quedar en el término de abusos sexuales.

¿Pero cómo una niña que entonces tenía once años llegó a tener relaciones sexuales permanentes con el cura?

Me parece que en principio hubo una especie de enamoramiento de la niña. Hay que ver que este cura tenía una personalidad muy carismática, buena pinta, alto, jugaba rugby, andaba en moto, muy taquilla y llamaba la atención. En Quilicura no tuvo moto, tenía una camioneta, y casa propia. Entonces, se puede entender que las niñas quedaron deslumbradas por esto. Fueron vejadas, sin duda, pero no tuvo que usar violencia, porque él abusó. ¡El se aprovechó de la inexperiencia de las niñas!, ¡de la ignorancia sexual de las niñas!, además el cargo que él detentaba, para ellas era ¡lo máximo! ¡Él abusó de esta relación de confianza!

¿Usted es católica practicante, este caso la perturbó personalmente?

Al principio me causó mucha rabia, porque yo decía: `este hombre no tiene derecho de meter a la iglesia en un tema de esta naturaleza'. El no se fue a su casa teniendo estos impulsos, siguió ejerciendo el ministerio y continuó abusando. Debemos sumar, además, el agravante tremendo de que él tenía antecedentes. En el Arzobispado había una acusación formal del año 1994 por una niña de una parroquia de Las Condes. Llegaron muchas versiones y comentarios de su conducta. Yo, por esos comentarios, podría hablar de alrededor de 50 casos en los que él estuvo involucrado, pero cosas que no se pudo saber si eran o no verdad. Lo que sí está claro es que su conducta era irregular y que hubo una denuncia formal antes ¿Y que pasó? Salió de Chile, lo mandaron a España por 3 meses, después fue derivado a Honduras, donde estuvo tres años. Y cuando vuelve, lo designan vicario de Quilicura. Por esto yo me refiero a la responsabilidad civil. Yo digo, este señor llega de vuelta a Chile y con este antecedente que motivó que se fuera del país, sus superiores debieron haber evaluado la situación y ponerlo, por ejemplo, en labores administrativas, probando si mejoraba su conducta. No llevarlo a una población populosa como es Quilicura y además modesta, humilde& ¿por qué no lo mandaron a Las Condes? Y claro, ahí en Quilicura, él era el rey y como tal, rápidamente, se ganó la confianza de la gente y más encima en contacto permanente con la juventud y la niñez. Lo peor es que él era asesor espiritual de los colegios religiosos de Quilicura. Por ende, el párroco actuaba como asesor de estos colegios y ejercía una labor espiritual amplísima.

¡A ese señor no debían haberlo destinado ahí, en esa parroquia y en ese lugar! ¡Fue exponerlo a él y a la gente! Y eso para mí es claro. La iglesia no fue lo suficientemente celosa y eficiente ¡cómo se les ocurre, si el cura ya tenía antecedentes!

¿José André s Aguirre reconoce este vínculo de dependencia?

El vínculo de dependencia es evidente entre la Iglesia y el cura, y aunque la iglesia lo niega fue confirmado por él mismo. Yo le pregunté ¿quién es su jefe? y él respondió: `mi jefe es monseñor Francisco Javier Errázuriz. Yo dependo del arzobispado'. Incluso él tiene como título sacerdote "diocesano". Eso significa que no está suscrito a ninguna orden, sino que a la Diócesis. Y la Diócesis mayor que hay en Chile es la de Santiago, por lo tanto, su jefe -tal y como él lo dijo- es el Arzobispo. Había esta relación de dependencia y esta relación de cuidado, ninguna de las cuales operó en forma efectiva para evitar que estos delitos y daños ocurrieran. Entonces a la luz de los hechos, yo no tuve ninguna duda de que la Iglesia sí era responsable.

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