Año 2, N.39, Domingo 6 de julio de 2003
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Filadelfia en Carabineros
SIDA, ORDEN Y PATRIA
(Por Víctor Hugo Robles)Primero fue un cabo de la Fuerza Aérea y ahora es un cabo de Carabineros de Chile. Estos ex funcionarios del Estado han decidido demandar a sus respectivas instituciones por daños p sicológicos y morales, y por transgredir la flamante Ley del Sida que prohíbe el despido de un trabajador o funcionario argumentando vivir con el VIH. Sus históricas demandas son las primeras en su tipo y ponen en tela de juicio la utilidad de una debatida e importante ley, aprobada en el P arlamento con los votos transversales de todos los partidos políticos, y promulgada por el presidente Ricardo Lagos el 17 de diciembre del 2001. El Periodista relata la historia de vida uno de los protagonistas de este caso y, en exclusiva, adelanta la demanda civil que entablará un ex cabo de Carabineros, quien solicit a resguardar su identidad para -según manifestó- proteger a su familia de la discriminación.

CARABINERO EJEMPLAR


La añorada vida de este ex cabo de Carabineros comenzaba temprano, a eso de las 6 de la madrugada, cuando debía levantarse para partir raudo a una neurálgica comisaría del centro de Santiago. Ahí, 40 minutos antes de su habitual servicio, formaba fila junto a sus recordados compañeros. Durante ese tiempo recibía instrucciones de sus superiores, le asignaban el lugar de trabajo y le entregaban el armamento reglamentario. A veces salía a patrullar en un protegido carro policial y otras tantas lo hacía a pie. Un día cuidaba una importante embajada y en otras oportunidades vigilaba el pago en efectivo en alguna gran empresa. No siempre trabajaba en el mismo lugar, ni en el mismo horario, todo dependía de los turnos. Pese a las altas exigencias, le gustaba su trabajo y era un funcionario público ejemplar. Siempre se apegó a las instrucciones, vestía impecable y cuidaba con esmero su tradicional pelo corto. Así, entre el cumplimiento de estrictos procedimientos policiales, un inesperado parto lo hizo merecedor de felicitaciones en su intachable hoja de vida y la conciencia cierta de estar arriesgando en cada paso su integridad física y su propia vida, este ex cabo trabajó 11 largos años en la verde institución, hasta que un inolvidable día, todo cambió.

EL CABO PICAFLOR

"Yo siempre fui muy picaflor", dice de entrada el ex cabo de Carabineros, sintiéndose responsable de la difícil situación de salud que enfrenta él y su conviviente, una joven mujer que también vive con el VIH. "Debí tener más cuidado con ella, pienso que no debí haber sido tan picaflor, pero como dicen, el uniforme tira. El uniforme llama la atención y hay muchos Carabineros que son picados de la araña", señala resignado. Su reconocida condición de "picaflor", sumado a los nulos programas de educación sexual y prevención del Sida al interior de la Institución, hicieron que el cabo no usara medidas de prevención durante una pasajera relación sentimental que entabló con una mujer que conoció en la Plaza de Armas, y que venía llegando desde Argentina. "Tuvimos un corto romance y no tomé las precauciones que correspondían porque uno se confía. Después de algunos encuentros, no nos vimos más, pero me quedé con un recuerdo para siempre", asume el ex cabo con ironía.

Y así, sin reparar en los muchos riesgos que conllevan las relaciones sexuales desprotegidas en la era del Sida, el ex cabo siguió trabajando en la comisaría del centro, hasta que un día cualquiera fue a donar sangre para la mujer de un compañero. Pasaron dos meses de aquel solidario gesto, y en febrero del 2001, lo llamaron del Hospital Barros Luco para comunicarle una inesperada noticia. "Entré a una oficina donde una doctora me dijo que yo era VIH positivo. "Chuta, tengo Sida", fue su primera reacción. "Ella intentó tranquilizarme y me explicó que el Sida era la última etapa de esta enfermedad" recuerda. "La doctora tuvo harto tacto para darme la noticia, incluso me dio una pequeña charla sobre el asunto pero, a esas alturas, yo sólo pensaba en que me darían inmediatamente de baja en Carabineros", agrega.

Intentando procesar la noticia, pensando en lo equivocado que estaba al creer que el Sida nunca tocaría a su puerta, el ex cabo de Carabineros volvió a su trabajo guardando un tormentoso secreto. "Como no me sentía enfermo y pensando que me despedirían de inmediato si revelaba la noticia, decidí seguir trabajando normalmente", relata. Entonces, entre procedimientos varios y una falsa habitualidad laboral, llegó el primer examen de salud que rutinariamente realiza la Institución para pesquisar diversas enfermedades. Para su pasajera tranquilidad logró evitar varias de estas pruebas, pero finalmente llegó la hora de enfrentar su verdad. "En agosto del 2001 no pude evitar el examen y tuve que poner el brazo y permitir que me sacaran sangre", recuerda. Tal como sospechaba, ocurrió lo que el ex cabo sabía y temía. El test de Elisa arrojó positivo al VIH, comenzando un hiperkinético ir y venir al médico, sumado a un sin fin de papeleos oficiales para tramitar su anticipada jubilación, cuando apenas cumplía los 32 años de vida y 11 de éstos en la verde institución. "Rápidamente me mandaron donde una doctora que me extendió 70 días de licencia médica por tuberculosis (sin tenerla), hasta que salió la resolución oficial donde me notificaban de la baja", relata. Su jubilación decía que era dado de baja por padecer de una "enfermedad invalidante y progresiva, asegura.

OIGA MI CABO; ¿COMO ESTA SU SALUD?


En la calle, sin casi nada que hacer, con una pobre jubilación, intentando superar el trauma psicológico que le provocó el despido de Carabineros de Chile a la que sirvió durante largos años y a la que aún quiere y respeta, comenzó a sentir el estigma de ser uno más de los chilenos y chilenas que viven con el VIH. "Nunca conocí a un Carabinero que tuviera la enfermedad", reconoce con angustia el ex uniformado. Tal vez por eso; por la curiosidad, el morbo social o el poco atinado sentido de una compasiva solidaridad entre pares, debió soportar insistentes preguntas de sus ex camaradas. "La mayoría de mis compañeros se enteró, aunque se supone que esa información es absolutamente confidencial. Al final me di cuenta que no era así porque, cuando me encontraba con alguno, me decía; `oiga mi cabo, cómo está de salud'", rememora. "Entonces, ahí cachaba para donde iban las preguntas y les explicaba lo que realmente me pasaba. Les decía que si algún día les ocurría lo mismo, no se tiraran un balazo porque nadie se muere de un día para otro", relata sabiamente. "Yo nunca pensé en el suicidio porque tengo una hija y quiero vivir con ella todo el tiempo que me queda", confidencia.

ATRAPADO SIN SALIDA


Un poco antes de su baja, con un pie fuera de la institución, el ex cabo comenzó a ser testigo de varios procedimientos que buscaban sacarlo "rápidamente" de Carabineros. "Todo se apuraba, como si la Institución supiera perfectamente que hacer con uno, como si antes hubiesen pasado por igual situación", relata. "Como veía que todo se apuraba, tanto papeleo, doctores aquí, doctores allá, me asustaron y sentí que estaba atrapado sin salida", recuerda el ex funcionario. "Además de mí, no sé si hay otros Carabineros con Sida, seguramente existen, pero se van rápidamente de la Institución y tratan de esconder lo que les ocurre", reflexiona. "A todo el mundo hay que mentirle, hay que decirle que uno está enfermo de otras cosas, pero nunca de Sida. No es tanto por vergüenza, sino por no causarle daño a la gente que uno quiere", confiesa. "En mi casa tengo que decir que estoy enfermo de los pulmones y eso es penca. Yo sé que algún día voy a estar mal y, seguramente, ese día no voy a tener quien me cuide, no sé que ocurrirá, ni siquiera sé cuanto valen los remedios", dice angustiado. "A mí nunca me ha llegado una circular a mi casa diciéndome que tengo derechos a tales cosas, como los remedios, por ejemplo. Yo sé que uno tiene derecho a estar internado en el hospital de Carabineros, que el seguro paga tal cosa, que el servicio de previsión paga otras más y que el imponente también pone un poco. Ahora, si necesito la triterapia, no sé dónde recurrir y con la previsión que gano, no me alcanza. Simplemente me muero", protesta.

Repleto de naturales dudas, agobiado por la angustia y sabiendo que había perdido parte importante de su vida en una Institución que lo desechó por vivir con el VIH, y sin prestarle ningún tipo de apoyo moral y psicológico, el ex cabo decidió demandar a Carabineros por violar la Ley 19.779 que, en su artículo 7 º párrafo segundo, señala que " la permanencia en el servicio, la renovación de los empleos y la promoción, no podrán ser condicionadas a los resultados del examen (de Sida) " . Junto con la existencia de esta novata legislación, otro de los importantes impulsos que recibió el ex cabo de Carabineros fue el ejemplo señero del ex cabo de la Fach, Alex Cea. "Me motivó fue ver por televisión a un cabo de la Fuerza Aérea que fue dado de baja por lo mismo que ahora me ocurre a mí. Eso me dio mucha fuerza porque él tenía sólo 6 años de servicio cuando lo despidieron, y se veía súper bien. Este cabro no le hacía daño a nadie, entonces, sí él se querelló, yo también me querello", anuncia el ex cabo de la policía uniformada.

LOS GUANTES DE LA DISCORDIA


Pero no sólo fortaleza ha dado el caso de Alex Cea al ex cabo de Carabineros, la experiencia de vivir con el VIH lo ayudó a comprender los sentimientos de una persona seropositiva discriminada y estigmatizada en la sociedad chilena. La policía uniformada sabe mucho de esto y el ex cabo ha sido testigo. "Recuerdo que una vez, cuando estaba activo, hubo una protesta de personas enfermas frente a los Tribunales de Justicia, y en la prensa muchos reclamaron que los Carabineros habían usado guantes quirúrgicos para detenerlos", relata. "En ese tiempo, yo les decía que estaba bien usar guantes porque nos podíamos enfermar, y ahora reconozco que pequé de ignorante, porque por tocar a una persona seropositiva no pasa nada", confiesa. "Ahora he aprendido bastante del Sida, pero igual me duele, me hiere el alma", dice.

EL FUTURO DEL EX CABO

Preocupado de su salud y con una rebelde tos que acompaña la entrevista, el ex cabo habla de la triterapia y de su incierto futuro laboral. "No sé hacer nada más que trabajar como Carabinero. Me gustaría trabajar de guardia, tener plata para comprar los remedios y ganar algo más para la casa", piensa. "En estos momentos me siento optimista, porque estoy bien de salud, pero no sé que ocurrirá más adelante", admite. A sus compañeros les recomienda no sentir miedo si les llega a ocurrir lo mismo que a él. "Igual llevarán una pena grande, se van a sentir aislados, no van a poder dormir, a veces se van a sentir enfermos sin estarlo, pero todo es psicológico", dice. "Lo importante es ahorrar, porque tarde o temprano les va a salir caro", recomienda. Del mismo modo, junto con enviar un mensaje a sus ex camaradas, el ex cabo explica los motivos de su demanda al Director General de Carabineros, Alberto Cienfuegos. "A mi general le diría que no presento la demanda para molestar, lo hago porque me siento atropellado en mis derechos, aunque igual seré leal a mi Institución", expresa. "Fui expulsado por tener el VIH y justo cuando existe una la ley que ampara a las personas como yo. Por eso presentaré la demanda, buscando proteger a mi familia y nuestro futuro", adelanta el ex funcionario policial.

Por estos días, pensando en su pequeña hija y con la certeza de ganar una histórica batalla legal, el ex cabo anunciará una demanda civil contra Carabineros de Chile por violar la Ley de Sida, junto al respaldo de Vivo Positivo y los abogados de la Clínica Jurídica de la Universidad Diego Portales.

Una vez más será la justicia quien tenga la palabra.

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