Año 2, N.39, Domingo 6 de julio de 2003
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Rojo: Fama contra Fama
Participación y democracia posibles
( Escribe Patricia Santa Lucia )"El talento, entusiasmo y grandeza de estos jóvenes también existe en otros ámbitos a lo largo de todo Chile. Sólo falta querer encontrarlo".


Llamaba la atención que en los últimos años en Chile no se destacaran talentos jóvenes en forma masiva. Ello es especialmente notable en el plano musical si se compara con los años 60, período durante el cual nuestro país aparecía frente al mundo como un país de cantantes, tanto por el Festival de Viña, como por la enorme proliferación de nuevas figuras, canciones, conjuntos y grupos. La música folklórica y de protesta fue valorada internacionalmente, sobresaliendo la línea neo folklórica, con una Violeta no tan joven a la vanguardia, y aparecieron cientos de cantantes de la Nueva Ola que aún ahora atraen público y que con su decrepitud están a tono con la galería de rostros repetidos y redundantes de los políticos que nos gobiernan. Por razones obvias, en los años 70 muchos jóvenes cantantes desaparecieron, sea por asesinato, secuestro, huida masiva al exilio o porque se hicieron viejos o dejaron de cantar de tristeza. Aun cuando durante los 17 años se destacaron algunos talentos musicales, (porque hasta en los peores momentos y lugares el talento se las arregla para sobrevivir), ello no fue masivo como otrora y pese al preludio creativo que auguraba tiempos mejores en la campaña del NO, el advenimiento de la democracia no trajo consigo un cambio radical en este aspecto.

Hasta hace poco los jóvenes seguían desparecidos. No se escucha música de protesta, para qué si todo está bien. El rap y el hip hop están relegados a la calle, básicamente ignorados hasta ahora por los medios de comunicación. Si no te asomas a la tele no existes. No se veía nuevos rostros jóvenes en la música, pero tampoco en otros campos, lo que alguna vez se definió como que los jóvenes "no estaban ni ahí", especialmente por rechazar la inscripción electoral. Es entendible que en los 17 años de dictadura muchos talentos juveniles se hubiesen escondido, pero era raro que esto continuara en democracia.

La respuesta ha surgido clara y prístina: los talentos e inquietudes de lo jóvenes existen y ello ya se comenzó a vislumbrar cuando los universitarios empezaron a expresarse en las calles cansados de no ser escuchados por medios menos ostentosos. Pero se ha hecho evidente en el programa "Rojo: Fama contra Fama" y los jóvenes se han destacado allí, porque por primera vez en estos 13 años se ha desarrollado en Chile un acto genuinamente democrático y participativo. Hemos podido comprobar que era mucho más fácil de lo imaginado lograr que los jóvenes estuvieran ahí. También que la evidente escasez de talento que se observa a nivel público en el país, sólo correspondía a la forma de selección de la muestra. Sólo bastaba una convocatoria amplia, una llamada a competir sólo con el talento, la oferta de una selección transparente mediante el voto democrático de teleespectadores, jurado y compañeros para que aparecieran los talentos ocultos. Una competencia pública, sin compadrazgos, nepotismo, pitutos, ni pago de favores, avalada por la mirada ciudadana y legalizada por un Notario Público. Es un placer ver el triunfo de los mejores concursantes por medios eficazmente democráticos sobre un número amplio de contendores. Jóvenes con voces maravillosas sin grandes estudios ni formación, pero diestros, dispuestos e inteligentes. Muchos de extracción humilde que han ido aprendiendo en el programa y que sin mezquinas competitividades han reconocido el talento de sus compañeros y han sabido perder o ganar con humildad. Triunfaron, sólo con su talento, cantantes y bailarines de diferentes regiones, a las que nunca se logra incorporar pese a "los esfuerzos descentralizadores". Jóvenes que habían aprendido a bailar rap en las calles. Ha podido triunfar, sin la duda de nadie, una joven argentina emigrada económica de su país, como tantos chilenos en el pasado en el suyo y que con su sencillez y talento triunfó sobre el chovinismo que en un comienzo la insultó para luego ser derrotado al permitir ella un conocimiento más directo de su país. Los que llamaban para insultarla pudieron darse cuenta que la caricatura del argentino pesado o prepotente no pasa de ser otro mito que podría haber sido fácilmente superado con educación. A las clases dominantes siempre les ha convenido mantener a los pueblos separados. Hemos conocido el talento maravilloso de jovencitas de 12 y 13 años como María José Quintanilla que ya triunfó con más de 120.000 discos vendidos y un fenómeno de calidez y simpatía. En el tercer grupo, ROJITO, ya se observan voces privilegiadas de niños que, destacados en sus comunidades y remotas regiones, jamás podrían haber llegado a la televisión. Como un niño de 13 años cuyos padres son comerciantes en el Mercado Persa Bío Bío y una niñita de Temuco, cuya voz parece mágica de tan bella. Jóvenes como Mario Guerrero que nos ha deleitado con su voz, dulzura y sabiduría, hijo de un profesor de música de niños de bajos recursos y de una temporera agrícola de Graneros, Región Sexta. También en esa región, Catherine, hija de un comerciante de verduras, y con una impresionante voz y vocación por el jazz. Todos ellos han convocado a miles en Santiago, cuatro mil espectadores en Iquique, otros tanto en Talcahuano, espectadores que se han movilizado por la belleza, la alegría, los nuevos rostros y la capacidad de elegir ampliamente.

El talento, entusiasmo y grandeza de estos jóvenes también existe en otros ámbitos a lo largo de todo Chile. Sólo falta querer encontrarlo. Cuando vemos que los partidos políticos democráticos y de izquierda carecen de jóvenes, que no existe estructuras abiertas y participativas a ningún nivel político, que el Gobierno hace enroque tras enroque en sus cambios de gabinete, recurriendo a las dinastías familiares o a los mismos políticos que están en el poder en los últimos cuarenta años y que a codazos, con las más patéticas "estrategias comunicacionales" pretenden seguir perpetuándose a la fuerza sin que ya nadie les crea, se respira con fruición este poco aire fresco dentro del aire asfixiante y demasiado reciclado que nos invade. Cuando no se incorporan jóvenes, nuevos espíritus ni nuevos conocimientos, normalmente muy poco conocimiento, soñamos y nos imaginamos cómo sería nuestra vida con un Rojo: Fama contra Fama en la política chilena, en la dirección del Gobierno, en las Municipalidades, en las organizaciones sociales, donde se compitiera por talento, donde los partidos de izquierda con amplias convocatorias renovaran sus militancias con jóvenes de todos los estratos sociales y de todas las regiones más recónditas, llevando así la diversidad a las cúpulas. Cuántos talentos escondidos, cuántos talentos que no tienen cómo ni dónde participar y, más aún, cuántos rechazados y excluidos. Qué frescor habría en la Administración Pública y en los partidos políticos que se definen como populares con rostros nuevos. Qué entusiasmo mostraría la ciudadanía al mirar rostros frescos con ideas que vinieran del talento de los ahora excluídos, de los que ahora no tienen voz. Además, esto lo exigen los nuevos desafíos de la competencia y la globalización ¿Qué modernidad y nuevas ideas puede haber sin juventud y diversidad?

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