Año 2, N.39, Domingo 6 de julio de 2003
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Voy a escribir de la esperanza
( Escribe Marta Blanco )"Es hora de amoblarnos la cabeza con ideas y sueños, es necesario que este país se encuentre con la esperanza y la belleza"


Los poetas son nuestra mejor exportación. Si no fuera por ese tegumento alfabético, ese latido y latigazo de la lengua que han ido segregando, Chile mostraría el oscuro légamo de las aguas estancadas.

Entre el smog y los vertederos, los juicios y los jueces, las violaciones y los violadores, todo me turba, todo me espanta (Teresa de Avila). Nuestros temas son los entierros clandestinos, las platas chuecas, los ejecutivos ejecutados, los excesos sexuales y financieros. Andamos en la selva salvaje, áspera y fuerte que en el pensar renueva la pavura (Dante).

En menos que canta un gallo un ministro novel responde "pregúntenle a las vacas…". Poco después una democracia de mampostería salió a relucir en las regiones. Otro ministro encaró a los diputados y senadores de la oposición por haber votado en contra de un proyecto del Ejecutivo. Los increpó públicamente a lo Torquemada, olvidando a Voltaire y la lucha de la Concertación por la democracia.

¿Qué desea el Gobierno y los partidos que a veces lo apoyan? ¿Congresos termales? ¿Hormigas humanas sin pensamiento ni juicio?

Y más encima, según los noticieros, los chilenos nos portamos como la reverenda.

Las madres, por ejemplo. Dejan niños abandonados mientras van con el padre "a comprar completos". Es contagioso. Una peruana dejó a su hija en la casa de una amiga y desapareció. La amiga no sabía lo de la amistad y llamó a carabineros. Los niños terminaron en hogares estatales. Parecían animalitos los pobres, dicen las vecinas. Estaban desnudos, hambrientos, sucios. Una señoras les daban yogures a través de la reja, explican. Es como darle maní a los monos.

Para qué decir los estudiantes. No lo parecen, desde luego. Como no tienen posibilidad alguna de financiamiento, se transforman en hooligans de la educación. Súbitamente son unos Hulks que se toman las calles, incendian neumáticos, destruyen los bienes públicos y privados, lanzan bombas molotov y van a la cárcel arrastrados por los carabineros, que vuelven a sus prácticas violentas.

Los portuarios, en actos de rebelión esporádica, se toman los malecones. Los mapuches incendian todo. Aunque una señora mapuche dio vuelta la tortilla de Ralco en un dos por tres. Nicolasa creo que se llama esta anciana dama que olvidó principios esenciales a su etnia, no iba a permitir que los huesos de sus antepasados quedaran bajo el agua, decía. Pero negoció como un yuppie y le pagaron una suma astronómica por su tierra. Mucho más que a los que cayeron primero en tentación. Yo creo que merece el Premio Nobel de economía. A lo mejor la van a nombrar ministro.

El senador Avila propone legalizar la marihuana. No soy ducha en cannabis, debo a los medios la información que manejo. La televisión ha mostrado las transacciones de droga en el centro, poblaciones invadidas por traficantes, las muertes que provocan, drogadictos tirados en las plazas que en patotas le cobran peaje a los vecinos. A veces dan certeras puñaladas mortales. El senador Avila cree que si cada uno tuviera su plantita, el país sería la copia feliz del Edén. Extraño juicio. Si yo no hubiera escuchado hablar de los fenicios capaz que me tragara la idea. Pero…

¿Y qué peso tienen en la vida de un país los café con piernas, las playas mapochinas? Lo de la playa, pase. No estuvieron mal esos granitos y esas gotas alegrando a los niños. ¡Pero traer nieve! Y esos café de nombre tan feo (forme un comité creativo de poetas, Alcalde. Le recomiendo a Antonio Gil, Raúl Zurita, Gonzalo Rojas, al poeta Lienlaf, a Eugenia Brito, Teresa Calderón, Tomás Harris, Diego Maquieira). ¿Y qué ocurre adentro? ¿Toman café y peñizcan? Yo creo que hacen la del Tato, porque es caro cambiar los vidrios, y usted no parece del tipo despilfarrador.

El Intendente es otro que me confunde. Los vertederos y las aguas percoladas no son chacota. La solución para la basura es un desastre y da entrevistas al por mayor diciendo "todo está bien" o "ellos no cumplieron": ¿Está bien o está mal? ¿Qué va a hacer con la basura, Intendente? ¿Ha considerado prohibirla?

De la televisión, ni hablar. Será el rating, el mercado o la publicidad. Pero la tontería de los reality show, la carga erótico caótica que nos bombardea, rompió la barrera del sonido. No digan que es lo que la gente quiere. ¿Cuándo le han preguntado? Le creo si me lo dicen los publicistas. Al país le da un huevo que la Argandoña y la Vivi, que la Totó y la doctora Cordero, que la Carla y la Marlene…

Por suerte, los poetas. Son el milagro chileno. Se dan como florece el desierto, sin explicaciones. Siguen escribiendo en sus madrigueras y salen a tomar el sol pero se esconden rápido. Le temen a la bubónica cerebral que nos aqueja y no quieren terminar sus días hablando de pé a pa.

Sépanlo bien: Gonzalo Rojas, Nicanor Parra, Raúl Zurita, Cecilia Casanova, Diego Maquieira; Teresa Calderón, Tomás Harris, Sara Vial, Rosa Cruchaga, Miguel Arteche et als, son nuestra viga maestra. Son oxígeno vivo. Nos rescatan de la necedad y nos hacen reír y sentir y pensar. Dicen que nadie los lee. Debe ser cierto, porque leer poesía desasna hasta al más burro y hoy abundan los burdéganos y las mulas en el territorio.

Como el conejo de Alicia, estamos atrasados. Es hora de amoblarnos la cabeza con ideas y sueños, es necesario que este país se encuentre con la esperanza y la belleza. En pantalla hay que limitar la anécdota, la silicona y el trasero, para abrir una ventana a la sensibilidad y a la belleza de pensar (Warnken merece mejor horario. No se vive solo de ira y dólares).

Mal que mal, y aunque a muchos no les importe, somos apires poéticos. Llevamos a la espalda, desde Ercilla, un millón de poetas naturales. Aquí crecen las ideas y las metáforas como el perejil, hay un estruendoso pensamiento creativo, el Altazor de Huidobro es muestra del humor de la lengua, del amor de la lengua. Una sociedad sin poesía es el circo romano. Los leones se comerán siempre a los cristianos. En esta atmósfera enrarecida, el carácter chileno corre peligro y un día los poetas, como el pez rojo cuando lo sacan del agua, perderán su color. Y ahí vamos a estar hasta el pihuelo.

Hay que darle aire al alma chilena para que recuerde cómo somos. Porque no somos lo que estamos siendo.

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