Año 2, N.39, Domingo 6 de julio de 2003
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Homenaje
El último vuelo de Daniel Moore *
( Escribe Luis Sepúlveda )"Fue un bello sueño. Fue un bello vuelo de Daniel Moore, que se estrelló contra el cretinismo y la pobreza intelectual de una clase dirigente que no tuvo el valor de comprender que el ejercicio pleno de todas las libertades es la base del desarrollo, y que éste se sustenta en imprescindibles actos de justicia"


Daniel Moore sabía pilotar avionetas. Esto me lo contó con su buen humor de siempre una tarde de otoño en Estocolmo, mientras caminábamos por un bello bosque en misión de cacería. Buscábamos caracoles, enormes y gordos caracoles que más tarde el mismo Daniel preparó sin más aderezos que mantequilla y ajo, y que sirvió en enormes bandejas adornadas con banderitas suecas.

Daniel amaba y admiraba Suecia. Como muchos exiliados contrajo una relación pasional con la tierra fraterna y solidaria que le ofreció un techo, trabajo, amor, y amigos, muchos amigos para toda la vida, porque Daniel era uno de esos hombres que hacen de la amistad un culto. En aquella pantagruélica caracolada había, entre muchas suecas y suecos, otros chilenos presentes. Recuerdo entre ellos a Kalki Glauser, que asentía en silencio a las indicaciones de Daniel, empeñado en hacernos entender que la dinámica del vuelo consiste en resistir dos presiones, y al poeta Sergio Infante Reñasco, más preocupado de repartir equitativamente el vino que de las audacias aeronáuticas del anfitrión.

Amaba Suecia y el mundo escandinavo. Las largas, infinitas noches invernales que eran una invitación a la lectura, al estudio, y los también infinitos días estivales en los que la vida se reconcilia con los hombres. Conocía el sistema político sueco, y creo que, con toda razón, sostenía que era una vía posible para un país como Chile, todavía bajo la atroz dictadura pinochetista. Pacientemente explicaba cómo los suecos habían conseguido establecer un modelo de bienestar palpable, no una miserable invención estadística, y que servía de sustento a un ejercicio amplio y honesto de todas las libertades. Analizaba, estudiaba, hacía comparaciones históricas para formular un proyecto socialdemócrata aplicable a la realidad chilena.

Fue un bello sueño. Fue un bello vuelo de Daniel Moore, que se estrelló contra el cretinismo y la pobreza intelectual de una clase dirigente que no tuvo el valor de comprender que el ejercicio pleno de todas las libertades es la base del desarrollo, y que éste se sustenta en imprescindibles actos de justicia.

Durante aquella memorable caracolada, alguien, un chileno, le pidió que contase cierta anécdota protagonizada por él y Salvador Allende, y que durante mucho tiempo le hizo cargar el odioso sobrenombre de "cachimoco".

Ocurrió luego de los trágicos sucesos de Lo Hermida, en pleno gobierno popular. Los carabineros dispararon contra pobladores, hubo muertos, y desde luego una dura discusión en el seno de la Unidad Popular. Allende fue a Lo Hermida, allí se trenzó en un duro debate con Daniel, y finalmente, cansado, Allende le dijo: "mire compañero, usted tiene razón, y yo también, pero le recuerdo que yo ya estaba metido en política mucho antes de que usted aprendiera a sonarse los mocos". Daniel encajó bien ese acto de veteranía, y su relación de afecto con Allende creció desde aquel día.


Quedamos en que un día, impreciso, algún día, saldríamos a volar en el cielo de Chile, pero primero debía caer la dictadura, y todos los esfuerzos de Daniel se dedicaban a esa empresa. Mover la solidaridad sueca, internacional, para con los perseguidos, acelerar los trámites de asilo de muchas compañeras y compañeros que llegaban a Suecia, inscribirlos en cursos de idioma, conseguirles casa, trabajo, paz. Realizar colectas, juntar fondos institucionales para la revista Análisis, eran muchas de las tareas cumplidas por Daniel Moore.

Luego de varios años sin vernos nos encontramos en Santiago, precisamente el día en que Patricio Aylwin asumía la presidencia, el día en que formalmente se acababa la dictadura, el día de la alegría prometida. Estaba formando una cadena humana con los muchachos del movimiento Sebastián Acevedo, que frente a La Moneda se interponían entre algunos provocadores y las fuerzas represivas, que terminaron cargando contra los que intentaban evitar el enfrentamiento. En medio de los gases lacrimógenos nos dimos un abrazo y recordamos el compromiso de volar en el cielo de Chile.

Nunca pudimos hacerlo, pero siempre lo recordábamos en nuestros encuentros. Ahora que escribo estas líneas Daniel Moore ya no está con nosotros. Se fue.

Regresó a Suecia y desde ahí emprendió el último vuelo. No importa, compañero. Cada vez que mire al cielo será para recordar que todavía tenemos un vuelo pendiente, que se resolverá en una novela, o en el cielo turbulento de Chile, o en el apacible cielo de Suecia, de esa tierra solidaria que te ofreció el último refugio.

* Daniel Moore falleció en Suecia el pasado 22 de junio.
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