Año 2, N.39, Domingo 6 de julio de 2003

Graduación de Periodistas en la Academia de Guerra

¡PREPAREN... APUNTEN... EDITEN!

Junio 27. Ciudadela militar en La Reina. 59 periodistas obtienen el grado de corresponsal de Ejército. Entre los graduados, Daniella Campos Lathrop . No es para menos.

El salón de los Juegos de Guerra de la Academia está repleto con civiles y militares. Los oficiales de más alto rango ocupan el estrado; los subordinados, las tres primeras filas del palco. En cuanto a los civiles: éstos se concentran y distribuyen como pueden en la parte alta del recinto.


Una vez acalladas las voces de la concurrencia, y con el tono, volumen y acompasamiento propios de quien acostumbra a impartir órdenes, el subdirector de la Academia de Guerra (Acague), coronel Ramiro Lara, inicia el primer discurso.

Desde el podium el coronel saluda a los 25 oficiales de Armas que han aprobado el curso de especialización en el manejo de las comunicaciones. Entreveradas con la retórica de las ocasiones solemnes, las palabras del uniformado se enfocan en resaltar las ventajas de este diplomado que permitirá reforzar "las funciones primarias del mando en sus unidades operativas y las bases del pensamiento estratégico".

Concluida esta parte, el oficial se dirige a los estudiantes y profesionales del periodismo que han cursado el diplomado de corresponsalías de Ejército. "Hace años -rememora el coronel- nuestra institución, preocupada por los profesionales de las comunicaciones, ha estado dando diversos cursos; como una forma de entregar una formación más profunda, acorde a las necesidades que el mundo moderno impone".

En seguida, el subdirector pondera las capacidades docentes del cuerpo de uniformados que instruyó a los periodistas, y el esfuerzo de las cien horas empleadas en "clases presenciales", visitas a unidades e instrucción en terreno.


"Sólo ustedes serán quienes podrán opinar con mayor presidencia acerca de la competencia que este curso les ha entregado. Sepan ustedes que las puertas de la Academia estarán siempre abiertas para que puedan encontrar en su interior la factibilidad de explorar", invita el uniformado, sin dejar de añadir una nota emotiva: "Además, esto sirve para fortalecer los lazos de amistad".

Despachada su intervención, Lara Bravo abandona con paso marcial la tribuna de los oradores.

En ese preciso instante, el observador menos avisado no dejará de advertir con qué orgullo estudiantes y sus familiares se miran unos a otros, aprobando, apreciativos, las palabras recién expresadas. Es manifiesta en los semblantes de los pupilos la seguridad que infunde un curso de instrucción de un mes y medio como éste. Saber mantenerse debajo de la línea de fuego; agazaparse y reptar como una víbora en descampado; mimetizarse como el camaleón con el entorno; sortear con pisada de felino el subterráneo detonador de una mina; interpretar algún código básico de las comunicaciones en el campo de batalla; dominar algunos aspectos de las tácticas y estrategias castrenses serán, de ahora en adelante, conocimientos fundamentales para estos profesionales.

Además, un diplomado de especialización tiene la innegable tendencia a abultar un poco más el currículum y dota, a quien lo haya adquirido, de una ventaja adicional para competir con los cerca de 3 mil 600 periodistas que egresan cada año. Cuando el campo laboral es incierto, el campo de batalla puede convertirse en una buena opción.

Cuando las agujas del reloj marcan las 12 horas, comienza el desfile de los corresponsales. Uno a uno, los 59 reciben el diploma y los aplausos consiguientes.

Vueltos a su lugar, los periodistas dedican ahora su atención al director de la Acague, coronel Cristián Le Dantec Gallardo. Le Dantec confiesa su particular interés por este curso, "por el hecho de ser hijo de periodista" y porque a su juicio es necesario "llenar esa gran laguna de conocimiento que tienen ustedes los periodistas; que saben de todo, pero que no son especialistas en nada".

La acusación es acogida con algún grado de resignación.

Luego, el coronel invita: "Las puertas quedan abiertas para ustedes. Pueden concurrir cuando lo deseen. Tenemos una muy buena biblioteca y muchos antecedentes que pueden ser útiles para todos los que se dediquen al periodismo investigativo". ¿Habrá algo sobre el Plan Cóndor?


Camino de la sala del general Carlos Ibáñez del Campo -lugar destinado al café y al pedazo de torta del cocktail- una de las tituladas es abordada por la prensa. Cómo si no. Es Daniella Campos.

Ante la pregunta de rigor, la estrella de la farándula responde: "Lo que más me gustó fue el curso de crisis internacionales: cómo se llega a un conflicto y cómo se crea una guerra".

El amplio escote, la sonrisa, los efectos del solarium y el indefinido color de los ojos -transfigurados por unos lentes de contacto verdes- mantienen la atención del periodista, a quien agrega: "Estoy agradecida al Ejército y a mis compañeros".

-Me gustaría saber qué piensas de lo que salió en los diarios: el supuesto romance con Hernán Calderón- pregunta un émulo de Cristián Farías y de otros plumíferos de esa laya.

-Dos palabras: ridículo. Tengo una querella con el abogado. Dos más dos son cuatro- replica, con un absoluto sentido de la síntesis.

-¿Qué te motivó a cursar este diplomado?

- Esto de tener la capacidad de hacer un análisis bélico en forma distinta; entendiendo cómo se mueven los militares, su forma de vida.

-¿Estás feliz?

- Sí. De haber conocido a estos compañeros, contenta de haber adquirido estos conocimientos. Estoy feliz que la Academia abra las puertas para los periodistas y así con el mundo militar aportar con nosotros para un futuro feliz- respondió.

-¿Qué vas a ser ahora?

- Quiero hacer otro diplomado en diciembre, que se llama Corresponsales de Paz.

Como la torta y el café se acabaron pronto, Daniella organizó para sus compañeros una comida para 70 personas en el restaurante La Piccola Italia, en Vitacura, a las 20 horas.

A la hora señalada llegaron veinte de los condiscípulos que no participaron en el grupo que consideró injusto que la Campos no asistiera a una tercera parte del curso y que, aún así, le dieran el diploma.

Daniella apareció a las 10 de la noche, y luego de garabatear a medio mundo se quedó con unos pocos en el restaurante.

Recién en diciembre parte el curso de corresponsalías de Paz.


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