Año 2, N.40. Domingo 20 de Julio de 2003
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Metallica
La tormenta después de la calma
(Por Ignacio Henríquez H.)La banda de San Francisco está de vuelta. Casi seis años después de su último disco en estudio con canciones originales, Reload, estrenan St. Anger, un álbum de heavy metal mucho más crudo y sin las pretensiones estéticas de sus últimos proyectos. La ira, o la forma para explicarla, es parte esencial del trabajo. Y regresaron con éxito. En menos de dos semanas vendieron cerca de dos millones de copias y, hasta hoy, aparecen dentro de los cinco CDs más apetecidos de Estados Unidos, según la revista Billboard.


A pesar de que ha pasado un largo tiempo desde su último trabajo original, los chicos de San Francisco (surgidos en Los Angeles, autoexiliados en la Bay Area) no han dejado de hacer noticia. Desde Reload (1997) hasta ahora lanzaron el CD de covers Garage Inc., una reedición ampliada del EP de 1987, y se metieron en el ambicioso proyecto de mezclar parte de sus éxitos (más dos temas nuevos) junto a la Sinfónica de San Francisco, algo de lo que salieron relativamente exitosos.

Su música siempre estuvo rondando y es por eso mismo que el lugar de Metallica como los más grandes del rock pesado no pudo ser ocupado a plenitud por la gente del nü metal, como Korn, Linkin Park o, en menor medida, por los efímeros Limp Biskit. Ese trono es el que llegan a reclamar con St. Anger, un álbum de ritmo apurado, con vestigios del pasado y con el que recuperan parte del respeto que habían perdido con los abiertamente comerciales Load y Reload.

También hubo asuntos extramusicales que hicieron imposibles hacerlos a un lado.


Robert Trujillo

Con dudas acerca del futuro del grupo, cansado de ser eternamente postergado y forzado a dejar de lado proyectos alternativos, Jason Newsted se fue de la banda en enero de 2001 para concentrarse, primero, en EchoBrain y, luego, en Voivod y Ozzy Osbourne. Decisión dura y difícil pues a pesar de que nunca pareció llenar completamente el espacio dejado por el trágicamente fallecido Cliff Burton (el bajista por antonomasia de Metallica que muriera en un accidente de tránsito mientras estaban de gira en Dinamarca, en 1986), el chico de Michigan cumplía un papel digno y estaba compenetrado en el sistema.

Su traumática salida, en todo caso, sirvió para instaurar una especie de democracia en las huestes de Metallica: las 11 canciones de St. Anger están firmadas por Hetfield, Ulrich, Hammett y Bob Rock (el productor que la ofició de bajista el estudio ante la salida de Newsted, aunque hoy ese cargo es de Robert Trujillo). Algo inusual, considerando que todo el peso creativo, salvo esporádicas colaboraciones del propio Newsted y el guitarrista Kirk Hammett, siempre recayó en la dupla Ulrich-Hetfield, los únicos sobrevivientes de la formación original.


James Hetfield

Otra razón por la que Metallica se mantuvo en la palestra pública fue la batalla que libraron contra Napster, el programa internet de mp3 que entregaba música de forma gratuita, una visión del negocio que los miembros de la banda nunca compartieron, especialmente Lars Ulrich. Fue un tema por el que generaron más anticuerpos que simpatías, sin embargo, el baterista mantiene hasta hoy su postura . "Nuestra lucha era por el control de todo lo que tuviera el nombre de Metallica. Hace tres años, nos quitaron ese control, lo que fue terrible. Me dolió mucho que le gente nos llamara codiciosos. Nunca entendí la razón", explicó hace poco al New York Post.

Pero el problema más grave que tuvieron que enfrentar fue el reconocimiento público de Hetfield acerca de su alcoholismo (junio 2001), que lo obligó a asistir a terapia de rehabilitación. El exceso, especialmente con el vodka y la cerveza fue un sello de Metallica desde sus inicios en 1981, lo que incluso motivó que fueron apodados por sus fanáticos como Alcoholica. Veintidós años después, el mote ya no era tan agradable. Menos, si la vida sentimental estaba en juego y las amenazas de desalojo del hogar se volvían una constante.


Lars Ulrich

El cantante comentó de su adicción al diario El País de España: "Según creces, asumes instrucciones para vivir que no son válidas para un adulto... De repente, eres un treintañero que se comporta como un muchacho de 17 años. Quieres que te respeten como un dios del rock y que te cuiden como si fueras un bebé".

Con la confesión se creyó que Metallica había terminado, pues reemplazar a Hetfield nunca fue una alternativa. Sin embargo, Ulrich y Hammet no se desesperaron. Fueron pacientes y aguardaron a que el frontman volviera. Mataron el tiempo haciendo música, sintiéndose aún parte de un grupo y esperando que el vocalista apareciera para poner todo a punto, lo que sucedió en febrero del año pasado.

Obviamente, el asunto es parte del nuevo disco desde el primer tema. "Si pudiera recuperar los días perdidos/¿Los utilizaría para volver por el buen camino?/.... Mi estilo de vida determina mi estilo de muerte", canta Hetfield en "Frantic".


Robert Trujillo

La acumulación de dolor no suavizó a Metallica. Todo lo contrario. En St. Anger demuestran que están dispuestos a ceder parte de sus delirios hard rock de los últimos discos y que pueden entregarles a sus incondicionales parte del espíritu adolescente que siempre ofrecieron. Algo que se percibe sin siquiera comprar su octavo LP, pues en el homónimo sencillo de presentación ya se puede escuchar que la guitarra vuelve a superar los límites de velocidad, que la batería martilla como en los buenos viejos tiempos y que la voz de Hetfield aún puede motivar a cualquiera a que agite su cabeza.

"Hemos estado en distintos lugares musicales en el último año y medio y hace un par de meses volvimos al sonido heavy, agresivo, rápido, dinámico, con muchos cambios de tiempo, y eso nos hizo sentir cómodos otra vez. Hacía rato que no lo hacíamos. Quizás lo estábamos manteniendo a raya. De golpe fue como cuando ese viejo par de zapatos que tienes en el armario y no usaste por un tiempo, vuelven a calzarte muy bien", comentó Ulrich acerca del nuevo material.

Y aunque los propios integrantes de la banda consideren que lo que hay dentro de St. Anger (Santa Ira) es algo sano, catártico y que invoca al nuevo James Hetfield -autor de casi todas las letras-, la rabia acompaña los más de 70 minutos del disco. "Es mi mundo y no puedes tenerlo/... Dios, se siente como si sólo lloviera sobre mí", canta en "My World"; "Dispárame de nuevo/Todavía no estoy muerto/.... Todos los disparos que recibo/te los escupo de vuelta", en "Shoot Me Again"; "Todo a la mierda y sin remordimientos/... Estoy locamente enojado contigo", en "St. Anger".

Parece un regreso a las raíces de la banda. Los primeros temas del álbum así también lo confirman. Pero no es tan así y, en el fondo, eso pasa porque la voz del Hetfield pelicorto, el símbolo del cuestionado cambio que promovieron en los 90, está presente con todo lo que eso significa para los más radicales fanáticos. Pero el resultado final está mucho más de eso, porque esa característica de trabajo en construcción, de demo, que presentan resulta revitalizante. Prima la eficacia por sobre el talento, no hay espacios para excesos ni virtuosismos. Los tiempos no se manejan de la forma en que lo indica la regla y, sobre todo, no se busca agradar a nadie en especial, tal como al principio, cuando experimentaban con un sonido mucho más rápido de lo normal y cambiaban las estructuras del heavy metal.

Es sólo Metallica a los 22 años, después de la muerte, las despedidas, los excesos.

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