Año 2, N.40. Domingo 20 de Julio de 2003
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Columna de André Jouffé
EL BRINDIS CRUEL
(Por Andre Jouffe)"Como toda chantada, repite una y otra vez el mismo tango porque sabe que al primer desliz se gatilla nuevamente el vicio y necesita martillar su cabeza con el slogan de la sobriedad. Los personajes en su situación resultan cansadores. Bárbara todavía está en la etapa de la recurrencia temática. Está bien, todo sea con tal de tomar"

Estando aún buena y sana -ahora padece de Alzheimer-, Kanda Jaque arrinconó a un director de TV y le susurro al oído: "A Tito Mundt* lo asesinaron. Tengo todas las pruebas. El no cayó por su cuenta al vació desde el onceavo piso del Sportsman".

Hubo testigos de las acrobacias del reportero y todos presenciaron que ninguna mano siniestra actuó para asesinarlo.

Bárbara Mundt, su hija, recuerda vagamente como transcurrió aquella jornada que la sorprendió en Madrid y que dio inicio a un trayecto de reveses y sufrimientos.

En "El Fondo de la Copa, La historia de Bárbara Mundt" (Editorial Grijalbo), escrito por Jacqueline Hott, la actriz, modelo y ahora panelista en el "Hola Andrea", cuenta su vida y trata de ser sincera. Pero el libro es cruel en este recorrido por el mundo espirituoso.

Cruel hacia terceros, como Eduardo Barril. El rencor en contra del actor es permanente, de comienzo a fin; ebria y chantada. Hasta el día de hoy. Tampoco se salvan otros amantes, otros adictos muertos de sobredosis etílica. Tampoco soslaya la responsabilidad de su madre como elemento de inducción al trago. Es autocomplaciente porque omite cualquier relación suya con la droga. Bárbara, sin embargo, se flagela al límite cuando narra sin tapujos sus aventuras sexuales en Buenos Aires a cambio de dinero para beber.

Para quienes han estado en los avatares de la hija de Tito Mundt, el libro es doloroso; surgen lugares y situaciones comunes, como la ingesta de zepanes para calmar la ansiedad y luego la victoria de la diplomanía sobre el fármaco con sus consecuencias: histeria, desboque, manifestaciones insanas.

Durante docenas de páginas vamos releyendo una y otra vez lo mismo: la lucha interna por no beber, la concesión, la chispa inicial, la embriaguez, los ataques, el despertar doloroso con el arrepentimiento a cuestas y el esfuerzo por recordar cómo y por qué la habitación está patas para arriba.

Bárbara es implacable incluso para mencionar dos o tres situaciones de incontinencia en lugares públicos; su encarcelamiento, las experiencias como interna en centros médicos y manicomios.

Pero es recurrente en sindicar culpables. Y eso no es justo. Bárbara es una persona extremadamente personalista y exhibicionista; ebria o sobria.

Como toda chantada, repite una y otra vez el mismo tango porque sabe que al primer desliz se gatilla nuevamente el vicio y necesita martillar su cabeza con el slogan de la sobriedad. Los personajes en su situación resultan cansadores. Bárbara todavía está en la etapa de la recurrencia temática. Está bien, todo sea con tal de tomar.

Lo que no justifica que el libro declare culpables. Tampoco que otorgue certificados si sus amantes fueron buenos o no para el sexo con o sin amor. Es una delación ruin, que rompe todo formato de ética. Tan de mal gusto como calificar de poco atractiva a la nueva mujer de Barril o esos guiños siúticos que incluye en idioma francés y que nada tiene que ver con el drama de su azarosa vida de bares rascas y nauseabundos.

*El periodista Tito Mundt, uno de los mejores, sino el mejor, de los reporteros que ha tenido el país, solía tomar más de la cuenta. El 10 de juni o de 1971, después de un almuerzo, cumpliendo con una suerte de ritual, se puso a hacer ejercicios en la barra del toldo . S us manos resbalaron del metal y el cuerpo del reportero por esencia, cayo al vació .

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