Año 2, N.40. Domingo 20 de Julio de 2003
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Felipe Berríos, sacerdote jesuita
"Una cosa es fallar y otra es hacer lo del cura Tato"
(Por Francisca Celedón B.)Felipe Berríos es sin duda uno de los sacerdotes más ocupado y solicitado de estos tiempos. No para nunca. Su estilo es inconfundible. Calmado, reflexivo y asertivo son sus principales características. Nadie creería que su oficina en el Infocap es un caos, porque entre fotos, cuadros y Jesucristo apenas se logra distinguir su figura.


Entre Un techo para Chile, la Universidad del Trabajador (Infocap), las misas de cada domingo en el San Ignacio El Bosque, matrimonios, bautizos, funerales, charlas, retiros, entrevistas y un sin fin de compromisos más, Felipe Berríos aún se hace un tiempo para reflexionar y hablar sobre los temas que preocupan hoy día a la sociedad: pedofilia en la Iglesia, violaciones a los DDHH, pobreza y la crisis de fe. Si es que algunos nos quejamos que el mundo va a gran velocidad a este jesuita no lo frena nadie. Y aunque confiesa que lo único que le da pena es perder tanto tiempo en entrevistas y charlas, teniendo que definir lo que es o no es un pedófilo y esto o esto otro, de lo que realmente le encantaría hablar es sobre lo que ha significado Jesucristo en su vida, "lo que significa si vivimos los valores del Evangelio con más consecuencia, y lo que podemos llegar a hacer en Chile para que realmente sea la copia feliz del Edén. A esas cosas me gustaría dedicarle más tiempo". Sin embargo, entiende que hay que responder a las preocupaciones sociales.

¿De qué manera las denuncias sobre abusos deshonestos por parte de algunos sacerdotes a menores ha afectado a la Iglesia en Chile?

La ha afectado en negativo y en positivo. En negativo, porque se ha asociado mañosamente que ser pedófilo es consecuencia del celibato y casi exclusivo de los curas. También porque los sacerdotes hemos sido puestos en tela de juicio. El aspecto positivo es que creo que nosotros, no concientemente, fuimos creando una imagen del sacerdote como superior a todo el mundo, que estábamos entre Dios y la gente y, a veces, perdíamos más energía en tratar de mantener esa imagen que en predicar el Evangelio. Y por esto ha sido bueno porque nos hace ver que en realidad no somos superiores y nos enfermamos de cáncer y de apendicitis como todos y hay pedófilos entre los curas como lo hay también entre los dentistas, profesores, médicos. También nos hace bien porque es una manera de vivir la humillación de ser señalado, la misma o similar que algunos sacerdotes le hemos hecho vivir a alguna gente, en señalar al que está separado y vuelto a casar, a la madre soltera.

En este mismo ámbito, ¿cómo ha afectado esto a la relación del sacerdote con los feligreses?

Como sacerdote, ciertamente a uno le afecta, por ejemplo, si me invitan a ir de capellán a un campamento scout, lo voy a pensar dos veces, porque no falta un raro que te acuse de algo y cómo te defiendes. Y con esto ser un cura más cercano a la gente es difícil, pero si eres un cura que se dedica a oficiar la misa y te mantiene alejado de la gente, nunca se te va a acusar de nada, entonces es complicado cuando uno quiere estar cerca de la gente y de los jóvenes. Es difícil.

¿Y a Felipe Berríos como hombre cómo le ha afectado?

Me ha afectado porque uno quiere a la Iglesia Católica y es mi madre. Afecta ver que a la Iglesia se le encierra en este tema, lo encuentro injusto y en ese sentido me ha dolido, ahora mi manera de ser no me lo van a cambiar. Entré al sacerdocio para ser sacerdote de la gente y no para refugiarme por miedo a que te acusen por algo, porque si uno se mete a los campamentos lo pueden acusar de marxista, pero no por eso voy a dejar de hacerlo. El que levanta la cabeza sobre la chusma siempre tiene el peligro de que le llegue el piedrazo.

¿La credibilidad del sacerdote está en tela de juicio?

Se ha asociado que los curas como somos célibes andamos como necesitados, calientes, buscando donde poder desahogarnos. Se ha mezclado el celibato como algo malo y la pedofilia como algo casi inherente a los curas y se ha hecho un daño muy grande.

¿Cómo supera cotidianamente el cuestionamiento público por el que pasan los religiosos?

Nosotros seguimos a Jesucristo y a él lo mataron, lo acusaron falsamente y le hicieron un juicio. Si nosotros somos consecuentes y fieles con el Evangelio vamos a pisar callos. Lo bonito es pisar callos hablando de la justicia o de la verdad; no que la acusación sea que esté abusando de los menores.

¿Está de acuerdo con el fallo de la jueza Rosa María Pinto al cura Tato?

Como Iglesia deberíamos estar muy agradecidos de la jueza y del abogado que ha defendido al cura Tato como del que defendió a las víctimas. La Iglesia siempre debe contentarse cuando se busca la justicia. En cuanto a lo jurídico, la Iglesia optó por el camino de buscar la justicia según las leyes que hay en Chile y en ese sentido no creo que apeló porque no acepte la justicia ni porque no encuentre que haya sido grave lo que hizo el padre Tato, sino que lo ha hecho porque tiene derecho a hacerlo y porque aquí se va a sentar un precedente sobre algo que es muy importante: hasta que punto la Iglesia tiene que responder económicamente por un sacerdote que ha hecho lo que la Iglesia no lo ha pedido. Eso es lo que está en tela de juicio. Que moralmente la Iglesia Católica seamos responsables, creo que sí, porque al padre Tato nadie lo preparó para que hiciera lo que hizo, pero igual lo hizo siendo sacerdote. Entonces tenemos una responsabilidad moral, pero lo que está en discusión es que si es civil o no, y es aquí donde la Iglesia quiere que se investigue más. Creo que es bueno la jurisprudencia que se va a sentar sobre eso.

¿Situaciones como la del cura Tato o monseñor Cox son responsabilidades individuales o la Iglesia como institución debería hacerse cargo de ellas?

Primero quiero hacer una distinción que sería muy injusta si es que no la hago. El cura Tato esta confeso de un delito gravísimo que es aprovechar su condición de sacerdote para abusar de menores y eso es propio de alguien enfermo. En el caso de monseñor Cox no hay ninguna acusación de que haya cometido delito. Monseñor Cox es homosexual y hasta donde yo sepa no es delito serlo, ni dentro de la Iglesia ni fuera. El voluntariamente dejó de ser Obispo, porque se da cuenta que por su homosexualidad puede producir mucho daño a la imagen de la Iglesia. Además el Obispo Donoso fue muy valiente al pedir a través de los medios de comunicación que si hubiese alguien que tuviera alguna acusación directa que por favor la diga y no hubo nada. Me parece muy injusto que se mezcle al monseñor Cox con el padre Tato, no tiene nada que ver. Fue la prensa que los colocó en un mismo paquete.

Entonces cambio la pregunta a las situaciones como la del cura Tato.

La responsabilidad civil es la que se está estudiando y por eso la Iglesia apela, para que los mejores juristas la estudien. ¿Por qué?, porque la Iglesia preparó al padre Tato y lo formó como sacerdote y le dio una misión, pero no para que provocara el daño que ha hecho. Si la Iglesia lo hubiera amparado, tal vez la responsabilidad civil habría sido clara. Aún más, cuando él consciente del daño que ha hecho, la Iglesia lo castiga y le pide que se entregue. Ahora sobre si es responsable moral, creo que sí. Por años hemos alegado que los militares tienen una responsabilidad moral, aunque si bien es cierto es distinto, porque en caso de las violaciones a los DDHH es una política de Estado, apoyada por la institución militar, y en este caso no lo es, pero sí creo que moralmente se tiene responsabilidad porque esta persona cometió crímenes, no amparados por la Iglesia, pero siendo cura.

Según su visión, ¿no ayuda a solucionar esta problemática terminar con el celibato? ¿O cuál sería la solución?

El celibato es un regalo y no sólo para el cura que lo vive, lo es para el artista, el científico que lo vive. El problema se da cuando el celibato es impuesto, porque se transforma en una carga, cuando es fruto de una vocación es fuente de libertad. Una cosa es fallar y otra es hacer lo del cura Tato. Me inclino por un celibato acogido con libertad, no impuesto a todos los sacerdotes, como fue en los primeros cinco siglos de la Iglesia.

¿Apoya la decisión del padre Miguel Ortega y la Iglesia de no querellarse ante la acusación del Rumpy? Siendo que la Iglesia había dicho que lo haría si es que las imputaciones no contaban con pruebas.

Creo que si hay una segunda declaración del Rumpy habría una querella. Lo que pasa es que querellarse en estos casos es muy complicado porque no puedes comprobar tu inocencia ni tampoco la culpabilidad. Si la persona que acusa tiene fundamentos que lo haga ante los tribunales. Pero volvemos a que son los medios de comunicación los que hacen un juicio, ante eso que sacas con hacer una querella si el juicio público ya está hecho. Y muchos dicen `si el río suena es porque piedras trae', pero recordemos que es el mismo argumento que se usó durante el golpe militar para hacer desaparecer mucha gente y con ese mismo argumento se crucificó a Jesucristo, algo habrá hecho.

¿Encuentra irresponsable la acusación del Rumpy?

Creo que toda acusación que se haga públicamente y no ante los tribunales es peligrosa, porque es la prensa la que hace el juicio.

EL PERDON Y LOS DDHH

A casi treinta años del Golpe militar, ¿cree que se ha hecho todo por solucionar los problemas a las violaciones de los derechos humanos?

Se están dando pasos, no se ha hecho todo. Creo que faltan cosas fundamentales, como reconocer que estos crímenes no fueron excesos sino que fueron amparados por el aparato del Estado y, por lo tanto, se debe hacer una pública declaración que eso nunca más va a suceder. Y mientras existan los desaparecidos la herida no está cerrada.

¿Cuál es el rol que le queda a la Iglesia en este proceso?

Creo que todas las instituciones del Estado, de la sociedad, incluida la Iglesia, tienen que hacer ver que en realidad el perdón no es una cuestión para tapar algo, sino que es algo que de verdad nos hace libres. Pero se tienen que dar las condiciones para ese perdón y una de esas es reconocer la cuota de culpabilidad que todos tenemos en el asunto. También hay que detener el delito y éste continua si no se sabe donde están las víctimas o que pasó con ellas.

¿Valora los gestos de reconciliación que ha hecho el general Cheyre y la derecha?

Creo que Cheyre ha tenido un papel extraordinario, es un militar que está haciendo que los chilenos volvamos a sentir al Ejército como algo que nos pertenece a todos. Ha sido bastante audaz, valiente y patriota, eso es un paso enorme. Sobre la propuesta de Longueira, creo que ésta puede ser buena, ahora molesta un poco la forma en que se ha hecho, se puede interpretar más como estrategia. Pero llama la atención que personas del mismo partido sigan justificando lo que se hizo y mientras exista ese lenguaje es como hiriente que de allí mismo surja una propuesta de DDHH.

CRISIS DE FE

¿La fe está en crisis?

Creo que estamos en un período de cambio muy profundo. La fe tiene tres componentes: contenido, piedad y devoción, y compromiso. Teníamos una fe muy basada en la piedad y devoción y el componente del compromiso y contenido en un período de cambio, donde una sociedad se seculariza, donde la ciencia explica muchas cosas y esa fe muy basada en lo piadoso -que no podemos prescindir, pero no puede ser sólo eso- produce un apretujón complicado, pero siempre para algo mejor. Creo que hay que ir sacudiendo para que caiga lo que sobra y reconstruir lo fundamental en nuestro contenido de la fe, en la piedad y en el compromiso.

No es sólo la Iglesia la que está en crisis, es el mundo, la cultura, las instituciones y dentro de ese mar está la Iglesia. Pero son crisis de parto del que nace algo mejor, algo bueno.

¿Cómo ser católico coherente en estos tiempos?

Siendo muy humilde y dándose cuenta que los seres humanos nunca vamos a ser cien por ciento coherentes o consecuentes, no pedirnos a nosotros el cien por ciento de consecuencia ni pedírselo al resto. Para ser católico hay que ser muy humilde.


La campaña que acaba de finalizar no logró llegar a la meta de dos mil millones de pesos, ¿siente que esto es un fracaso?

No, creo que se presentó como un fracaso, pero hay que ser justo porque juntar mil 43 millones en quince días no es un fracaso. Además era la primera vez que hacíamos esta campaña sin inundaciones. Y lo que no quedó claro es que los dos mil millones lo necesitamos para todo el año.

Entonces la campaña no ha terminado.

La campaña no, terminó el período comunicacional. No es tiempo para pedir porque tenemos que ir a construir, aprovechando las vacaciones de invierno de los estudiantes. Además la campaña no sólo tenía un sentido económico, sino que queríamos seguir poniendo en el corazón de la sociedad chilena el tema de la pobreza y la vergüenza de los campamentos.

Pensando que Chile es un país que vive en campañas, ¿no fue muy ambiciosa la meta?

Nada es ambicioso si se trata de terminar con la extrema pobreza. Lo ambicioso fue que la plata que necesitamos para todo el año la queríamos conseguir en 15 días, allí se desformó un poco el cuento. Pretender conseguir los dos mil millones en la primera campaña es medio absurdo, se presentó así y no era nuestra intención.

¿El programa "Un techo para Chile" suple el tema de la pobreza en Chile?

No. El programa apunta a la extrema pobreza, a la gente que está viviendo la miseria de un campamento, para que puedan tener una casa más digna mientras llega la definitiva. Pero esta casa lleva consigo capacitación, posibilidad de microcréditos, alfabetización, reforzamiento escolar a los niños. Una serie de cosas anexas que ayuda a la gente a salir de la extrema pobreza. Además nos interesa que esta campaña -como lo ha hecho- ponga en el tapete nacional el tema de la pobreza como uno de los asuntos de mayor inmoralidad que hay en nuestro país.

¿El Estado los apoya?

Nos ayuda indirectamente, no lo pueden hacer directamente porque trabajamos en campamentos que en su mayoría son ilegales. El Estado está entrampado y por eso creó su propio Techo para Chile que es Chile Barrio, éste por ley sólo puede trabajar en campamentos legales.

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