Año 2, N.40. Domingo 20 de Julio de 2003
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NI DE VUESTRA GUERRA, NI DE VUESTRA PAZ
( Escribe Marta Blanco )“Chile está convertido en la nave de los locos. Las palabras hacen agua y el agua llena los pasos bajo nivel -una señora murió sumergida en estos hoyos mortales-; el agua arrastra casas cerro abajo, y celebramos hasta la fiesta del canguro rojo. Chile es un país con anemia perniciosa inte-lectual”


Así titularon los surrealistas, en setiembre de 1938, un folleto en que expli-caban su actitud ante la guerra. Dijo Breton, años después: "No había adversarios más declarados del totalitarismo y del racismo que los surrealistas. La firma del pacto germano-soviético y las reacciones que provocó acentuaron aún más el as-pecto inextricable de una situación que, por vez primera, hacía real la atmósfera de las ficciones de Kafka".

Queda claro que la situación política del mundo es más vieja que Adán. Chi-le, nuestra copia baratieri del Edén, es un ejemplo del caos en que se sumergen los políticos para salir del caos. Chile está que arde mientras sube el Iva y baja el Iva y la bencina ya ni se sabe y vamos peleando como gañanes por un escaño en el parlamento.


Peores son los que les avivan la cueca en matinales, noticiarios y entrevis-tas. Chile duerme con el Manual de Carreño bajo la almohada y la metralleta y el corvo bajo la cama. Todo se expresa con palabras culebronas, hipocresía que la llaman, pero si un loco entra en crisis y viola a una mujer (en Las Condes, por su-puesto), lo persiguen y lo encierran y resulta que un juez lo había liberado hacía poco.

En el SENAME se agitan las aguas. Casi sin presupuesto, le ponen un em-peño de San Francisco para salvar el alma de los adolescentes en peligro. Es cu-rioso el Servicio Nacional de Menores. Destila un lenguaje digno de Swift, y para muestra un botón: El nombre del lugar donde internan a los adolescentes desca-rriados es "Centro de Tránsito y Distribución". Un internado con nombre de bodega de frutos del país seguro que condena a un niño a sentirse semilla de maldad, ca-rozo con cuesco pero sin alma..

El caso de las monjitas de La Serena rebasa la inteligencia más básica. El cura que estuvo ahí declara que el culpable es inocente y el inocente, culpable. Otra vez los noticiarios vuelven a contarnos el cuento, ahora al revés.

Los militares se esfuerzan por dar a entender que se arrepienten de lo su-cedido con los derechos humanos. Lo dicen como decimos todo en Chile, que se entienda pero no se comprenda. Saltan de inmediato los ex abogados de la Vica-ría de la Solidaridad, los deudos de los fallecidos desaparecidos: ¡no basta, no basta, no basta! Se suman los torturados por el actual Jefe de la Policía Civil, asunto tan tenebroso que nadie sospechaba, y si es verdad lo expuesto por una dama de Linares, la vergüenza del hecho sobrepasa toda medida de dignidad.

De pronto la Derecha ya no pertenece a la derecha y Longueira propone un plan de paz social al Presidente. Mientras tanto, el candidato a la presidencia un-gido por la UDI muestra en los matinales unos cachorritos San Bernardo que rega-lará a los niños que jueguen con su nieve. Y la nieve, en una metáfora del Chile de hoy, se derrite lenta pero segura.

Chile está convertido en la nave de los locos. Las palabras hacen agua y el agua llena los pasos bajo nivel —una señora murió sumergida en estos hoyos mortales—; el agua arrastra casas cerro abajo, y celebramos hasta la fiesta del canguro rojo. Chile es un país con anemia perniciosa intelectual.

Valparaíso es elegido por la Unesco como patrimonio universal. Los porte-ños están felices. Olvidan que Valparaíso es el lugar más abandonado de Chile, descontando Alto Hospicio y Puerto Edén. No hay trabajo, la desesperanza es su sino y en cuarenta años se han venido a Santiago desde los empresarios a los ju-niors. Ni con el Congreso levantó cabeza, lo cual no tiene nada de raro.

Hace rato que los meteorólogos anuncian un gran terremoto. Pero no es de tierra el peligro, sino molecular: agotadas y en extinción, las células grises provo-carán el animamoto, el terremoto del ánima chilena, que pasará a decorar el Oriente Eterno.

Pero los alcaldes, gobernadores, intendentes, senadores, diputados y mi-nistros no se preocupan de las cabezas ajenas. Un senador acaba de publicar un libro de nombre ingenioso donde le saca la mugre a sus colaterales. Tiene humor el senador Ávila. Podría reemplazar a Alvaro Salas, a quien le sacan los trapitos al sol como si el corazón humano no fuera asunto harto más delicado. No sé cómo se atreven. Todos tenemos esqueletos en el armario. La vida privada no es asunto público.

Hay que salvar a este país de la maledicencia de los Sálvese Quién Pueda y otros programas periodísticos negros, llenos de vulgaridad y afán de hacer es-cándalo a costa de personas. Yo decretaría un día nacional del Escarnio Público, con votación popular y todo. A ver si amaina la maldita costumbre de destruir se-res humanos sin piedad, escabrosa manía televisiva nacional de hacer programas (auspiciados), cuyo único mérito es hablar mal de todos excepto los animadores.

Estos programas de la televisión abierta muestran que a Chile se le cerró la mollera hace años. Nuestros niños dan exámenes internacionales de comprensión de lectura y descubrimos que ni escriben ni leen ni entienden. Qué tanto se asom-bran si los adultos comprenden mucho menos y dan pruebas flagrantes del me-noscabo de nuestra materia gris.

Aún así, somos parte de la globalización. Bush se pasea por el mundo, campeón de la democracia, y nuestro presidente también recorre el mundo, no se achica. Hasta nuestros salmones se pasean por los continentes. Exportamos vi-no, zapatos, mariscos, chips de alerces. Mientras tanto, los españoles conquista-ron por tercera vez Chile. Entre bancos y carreteras y la telefónica estamos peor que después del desastre de Rancagua.

Esto no ocurre porque sí. La ignorancia, el desprecio por el otro, la mentira estratégica, los escándalos de la hacienda pública, las casas Copeva, los cerros dieciocho, los muros de división, el lenguaje coprolálico y la oferta de oportunida-des inexistentes como la educación universitaria sin costo, echaron a Chile a pi-que.

No creo en esta paz disfrazada, en este odio amor, en la humillación del otro a punta de maldad y maledicencia, en esta realidad de pacotilla. Es hora de pedir a los políticos y ciudadanos la resurrección del Chile pensante.

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