Año 2, N.40. Domingo 20 de Julio de 2003
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Impactantes declaraciones de torturados y ex agentes de la DINA
VICTIMAS Y VICTIMARIOS DE COLONIA DIGNIDAD
(Por Maura Brescia)En las 12 mil hectáreas del enclave germano de Parral fueron inhumados los restos de detenidos desaparecidos. Augusto Pinochet fue recibido en 1974 y estableció vínculos de amistad con Paul Schäfer, al igual que el ex general Manuel Contreras, quien fue visitante asiduo del sitiado recinto. Ahí el grupo terrorista "Patria y Libertad" se entrenó para actos de sabotaje. En el fundo "El Lavadero" se torturó y se enseñó a torturar. La Colonia colaboró en los preparativos de una eventual guerra con Argentina y estuvo mezclada en forma clandestina con todo el pasado oscuro y no confesado de la dictadura. "El Periodista" revela la vinculación ideológica, política y de complicidad del denominado "Estado dentro del Estado" con las páginas más negras del régimen que gobernó Chile por 17 años con "manu militarii".

Bautizada "Villa Baviera" por el ex jefe de la DINA Manuel Contreras, constituye un eslabón para el esclarecimiento de los delitos cometidos por la DINA entre 1973 y 1976 en la fortaleza protegida por modernos sistemas de detección y control. Alambradas de púas electrificadas, sensores de presión enterrados en la tierra, equipos de luz infrarroja para detectar en la oscuridad, autos silenciosos y perros entrenados.

Este aislamiento fue roto en los años que siguieron al ascenso al gobierno de Salvador Allende. Los colonos se sintieron amenazados. Pensaban que Allende los expropiaría y vieron con espanto que el fantasma del comunismo se había apoderado de Chile. Los vínculos con el grupo armado Patria y Libertad fueron estrechos. La Colonia ofrecía a los miembros del grupo toda clase de facilidades y la ley del secreto. Ahí podían reunirse a planificar sus actos de sabotaje y acciones nacionalistas. Después del golpe de 1973 estos vínculos se extendieron al nuevo gobierno militar.

Entonces llegó la DINA. El organismo policial con facultades ejecutivas para detener, torturar y eliminar a los partidarios del Gobierno derrocado y a quienes se opusieran a la Junta militar encontró en la Colonia un socio eficaz. Su aislamiento también servía a los fines de su primer director, el coronel Manuel Contreras.

Los detenidos en Colonia Dignidad fueron de diferentes tipos. Unos 30 mineros del carbón de Lota y Coronel fueron concentrados en el enclave. En 1975 fueron detenidos dirigentes políticos y sindicales de la zona de Parral y Linares. Cuando el sistema de represión se fue perfeccionando y los jerarcas de la DINA comprendieron que era necesario saber torturar en los interrogatorios, la Colonia comenzó a servir de lugar de entrenamiento. A los interrogatorios asistía un brasileño que daba las órdenes, explicaba los métodos y monitoreaba las sesiones de tortura.

Al respecto, el ex detenido Erick Zott declaró en Alemania ante la organización Amnistía Internacional.

"Las preguntas eran hechas en forma rápida por tres o cuatro personas. Una de ellas hablaba con un fuerte acento portugués que luego repetía en castellano. Luego de una pausa de 8 a 11 horas comenzó la tortura. Me pusieron en una reja de hierro, la lana mojada que me pusieron en los oídos la sacaron y me mantuvieron encapuchado con un casco de cuero y con los ojos pegados con cinta adhesiva.

"La tortura comenzó con electroshocks y fue mucho más científica a la que estábamos acostumbrados. Tuve la impresión que la intensidad de la corriente estaba regulada de acuerdo a los órganos en que se aplicaba, en especial en el corazón, el pecho, en los genitales, el pene, los testículos o el ano. Y en forma muy dolorosa en relación a la cabeza: boca, dientes, ojos, oídos y sienes.

"Todo duraba una hora o una hora y media en forma muy fuerte e intensiva. Luego me metieron en un cajón en el cual apenas cabía. Luego lo taparon y comenzaron a golpear el cajón por todos lados y a darle vueltas. Adentro se escuchaban los golpes muy fuertemente. Los huesos dolían, todo el cuerpo. Las vueltas estaban destinadas a dar una sensación de mareo.

"Yo no cabía en el cajón y prácticamente las rodillas las tenía en la cara. Era completamente incómodo y doloroso. Todo el procedimiento duró mucho. No sé cuanto exactamente ya que en el cajón se pierde todo sentido de la orientación espacial o del tiempo. Pienso que esta forma de tortura está destinada a quebrar a la persona y destruirle la personalidad. Luego me sacaron del cajón. Me amarraron en el catre de hierro. Me mojaron completamente y me torturaron con electricidad nuevamente".

UN BRASILEÑO DESPIADADO

Luis Peebles fue otro de los torturados en Colonia Dignidad, quien narró su traumática experiencia: "Me sacaron de la celda. Me ataron las manos y me pusieron un pantalón y una camisa, pero no zapatos. Cuando traté de ponerme los zapatos, oí por primera vez la voz con el acento extraño, el que me pareció provenir de un hombre corpulento grande. No sé si era realmente corpulento, pero era más alto que yo. Cuando me prohibió con ese acento raro que me pusiera los zapatos y me torció los brazos en la espalda, me tomó como un niño en el aire. Luego dijo dos o tres palabras en portugués a otra persona y luego algunas pocas palabras en castellano. Era evidentemente portugués o brasileño. Cuando una vez la venda se me corrió durante el interrogatorio lo pude ver por unos momentos. Afeitado, sin bigote, piel oscura, entre 40 y 50 años, ojos caídos, labios delgados, daba la impresión de ser un tipo duro.

"Caminamos por un pasillo, luego de aproximadamente 20 pasos entramos en una pieza. Ahí me amarraron a la "parrilla" y comenzó un interrogatorio de unas seis horas. El interrogatorio en la "parrilla" opera de la siguiente manera: se atan los pies con anillos de metal al catre. Pegan con cinta adhesiva unos alambres muy finos en las muñecas, los tobillos, los muslos, los genitales, el pecho y la garganta. Estos alambres reciben descargas de corriente alternativamente. Se siente el golpe eléctrico en el pecho, luego en un tobillo duele más que en el otro.

"Mientras ocurría se me golpeaba con una especie de barra de goma que me daba más golpes de corriente. También usan una especie de aguja que también daba golpes de corriente. Otro instrumento terminaba en una especie de pinza que yo tenía la impresión de que picaba. Otro contacto terminaba en una especie de masa pegajosa que se pegaba en los dientes, en los ojos, en la boca y bajo la lengua. A veces cuando yo gritaba me la introducían en la garganta. También tenía contactos en el ano, muy profundamente en el canal urinario y bajo las uñas.

"El interrogatorio comenzó con golpes de corriente para aterrorizar y el jefe, conductor del camión - después supe que se trataba del Corona, coronel de la DINA - me dijo: "te daremos 20 preguntas". Durante todo el interrogatorio hubo gente detrás de mi cabeza. Esto es importante: durante el interrogatorio doblé el catre por la mitad, a pesar de que tenía un marco de metal.

"Me puedo acordar que luego del primer interrogatorio me llevaron a una pieza en la cual hacían copias a máquina de mis declaraciones que estaban grabadas en tres cintas. Marcia Merino (La "Flaca Alejandra", exmiembro del MIR que se pasó a la DINA) escribía en una máquina de escribir.

"Finalmente llegó el último interrogatorio. El lugar y el método cambiaron. Me desnudaron y me metieron en un cajón. Tenía más o menos un metro cúbico de tamaño. Tuve que doblarme completamente. Golpearon el cajón con palos mientras lo hacían girar colgado de un cable. Lo tiraban de un lado para otro. A veces se detenían un momento, en ese momento tenía los pies en el aire. Dos o tres veces me sacaron del cajón y siempre en muy mal estado. Perdí el conocimiento varias veces y entonces me tiraban agua caliente o fría o ambas alternadamente.

"Finalmente me pusieron una bolsa de plástico en la cabeza y me metieron en el cajón cabeza abajo. Los tipos dijeron que se iban y yo tenía que pensar si les pensaba decir la verdad. En el cajón había una rendija por la que yo podía mirar y la venda se me había corrido. Vi a un tipo que fumaba y leía. Creí que me encontraba en una pieza de la calefacción o algo así. Había un ruido permanente de motor (el ruido fue claramente identificado como el que produce el generador de la Colonia Dignidad en la investigación posterior). Por sobre mi cabeza se escucharon pasos amortiguados. Siempre tuve la sensación de estar en un subterráneo grande de una casa", declaró Luis Peebles.

UNA MUJER TORTURADA

Adriana Bórquez fue otra de las víctimas de la represión dentro del enclave germano: "Yo creo que estuve en la Colonia Dignidad porque hubo visitas que hablaban alemán en mi celda. Parecía ser gente de mando y se mostraban interesados en saber como operaba el tratamiento en una mujer.

"Apenas llegué al lugar comenzaron los interrogatorios. Me ofrecieron un cigarrillo y me amenazaron veladamente. Dos horas después me interrogaron nuevamente. Me insultaron, me sentaron en una silla y me dieron golpes de corriente leves con la exigencia de dar nombres de compañeros de mi partido y otros contactos y actividades en las que hubiese estado comprometida.

"Unas horas después me interrogaron nuevamente. Me trataron mucho más mal. Apenas entré en el lugar me insultaron. Me ataron a un catre y me dieron golpes eléctricos en el pecho y en la vagina y en todo el cuerpo. Fui torturada por largo tiempo y con una intensidad creciente. Cuando gritaba uno me ponía un paño húmedo en la boca. La tortura duró mucho y me llevó a perder el control sobre los esfínteres, pero la conciencia no la perdí nunca completamente. No me podía parar y caía al suelo donde me seguían golpeando e insultando.

"Pasadas 24 horas fui llevada nuevamente al interrogatorio. Me tuvieron que llevar porque no podía andar. Fui nuevamente tratada con electricidad en los genitales, en el pecho y en todo el cuerpo, esta vez con algo en la boca que me causaba un dolor muy fuerte. Perdí el conocimiento y desperté en la celda. Después me obligaron a tomar cinco tabletas que me hicieron dormir inmediatamente. Poco antes de tomar las tabletas vino un médico y trató de hipnotizarme. Desperté en mi celda y allí fui interrogada por un médico. Creo que estuve 4 días bajo la influencia de las drogas.

"El guardia me trajo un día un pudding en un plato que tenía un borde dorado como porcelana fina y en el fondo decía "Bavaria" y el nombre de la fábrica que terminaba en "endorf". También vi una cuchara de té en la cual estaba grabada la frase "Weihnachten 1958".

"En otra ocasión estuvo de visita otro hombre que era el jefe de la DINA en Cauquenes. Cuando entró y antes de ingresar a mi celda, dijo: "de Cauquenes a Parral vine con el Vía Sur, los cerdos no me enviaron ningún auto y tuve que venirme a la Colonia a pie".

Hasta aquí el informe de Amnistía Internacional que es completado con las declaraciones de un prisionero que aseguró haber sido interrogado en presencia de dos médicos alemanes ya que pudo verlos. Se trataba de una mujer y de un hombre, ambos con delantal blanco. La descripción que hace el hombre coincide con el doctor Harmut Hopp y la doctora Gisela Gruhlko de Seewald.

En la Comisión de Derechos Humanos y Ayuda Humanitaria del Parlamento Alemán (Bundestag), en la audiencia del 22 de febrero de 1988, el vicepresidente de la Comisión, diputado Schmude preguntó a la testigo Lotti Packmoor "a Ud. se le preguntó acerca de una cuchara con una grabación que decía "Weinachten 1958" ¿Se recuerda de algo así?. La testigo respondió:

"Hay muchos cubiertos en el fundo que llevan el grabado "Weinachten 1958". Provienen de Alemania, de la Iglesia Bautista de Gronau. Las familias que emigraron a Chile entregaron todos sus enseres. De estos cubiertos hay gran cantidad en el fundo."

ENCAPUCHADO DEL ESTADIO NACIONAL

En un dramático informe entregado en la Vicaría de la Solidaridad, Juan René Muñoz Alarcón reveló lo que ocurría en Colonia Dignidad mientras Erick Zott; Luis Peebles y Adriana Bórquez eran interrogados allí. Muñoz Alarcón fue integrante de la directiva de la Federación de los Trabajadores del Cobre y renunció al Partido Socialista en 1973, antes del golpe.

Según propia declaración sus compañeros del partido lo persiguieron por esa causa y buscó refugio en casa de un militante derechista y posteriormente fue reclutado por la DINA y delató a sus ex compañeros en el Estadio Nacional. Fue el famoso "Encapuchado del Estadio", que pasaba por las filas de los prisioneros y al que señalaba era sacado y casi siempre era ejecutado.

Luego de relatar como fue reclutado en la DINA y manifestar su arrepentimiento y horror por los métodos que había conocido y en los que había participado activamente, relató:

"Se me puso en libertad con condición de cooperar; se me llevó a la Colonia Dignidad, al interior de Parral. Ahí funciona un centro de adiestramiento de la Inteligencia Nacional regido por alemanes, pero nacionalizados chilenos. Son antiguos alemanes que arrancaron de la guerra. Tienen un verdadero regimiento en la Colonia Dignidad, donde hay un hospital que tiene todos los adelantos, donde se cuenta con aviones-ambulancia; aviones-correo y con cárceles subterráneas. Ahí se me preparó para interrogar gente y hacer tareas de cotrainteligencia: se me pidió que me reincorporara a la clandestinidad del Partido para aparentar ser uno de ellos. Desgraciadamente esto no pude hacerlo porque yo estaba muy quemado".

El "Encapuchado del Estadio" se refiere nuevamente a los detenidos en Colonia Dignidad cuando dice: "He participado en la desaparición de algunas personas en Colonia Dignidad. Hay 11 personas en estos momentos en la Colonia Dignidad, antiguos dirigentes de los partidos de la Unidad Popular."

En el juicio que siguió la Colonia Dignidad en contra de la revista Stern y de Amnistía Internacional por la publicación de un folleto en que se denunciaba a la Colonia como un centro de torturas de la DINA, fue interrogado por el juez de Bonn el ex agente de la DINA, Samuel Enrique Fuenzalida Devia, quien en la época trabajaba en la ciudad de Koblenz en Alemania Federal.

"A comienzos del año 1973 ingresé en el Ejército haciendo mi servicio militar. Se me destinó en el 15° Regimiento de Calama. Después del golpe militar en septiembre de 1973 fui llamado a la Comandancia del Regimiento. Me hizo firmar un papel. Este documento tenía una parte inferior con abreviaturas, cuyo significado yo no conocía. El 8 de noviembre fui trasladado a Tejas Verdes. En Tejas Verdes fuimos recibidos por el Coronel Manuel Contreras, quien dijo que nos enviarían al balneario de las Rocas de Santo Domingo. Más aún, se nos informó que nos habrían reclutado para formar parte de la DINA.

"Desde mi adolescencia, es decir desde el tiempo previo a mi servicio militar, estaba yo en conocimiento de la existencia de esta Colonia de alemanes en las cercanías de Parral. Durante el tiempo que duró mi servicio en la DINA visité personalmente la Colonia Dignidad en el año 1974. Fui dos veces en el año mencionado.

"En la DINA no se usaba el nombre oficial Colonia Dignidad. Allí cuando se referían a ese lugar, decían solamente "los alemanes". Supongo que se usaba el término "los alemanes" en lugar de Colonia Dignidad con el fin de que los detenidos no tuvieran conocimiento del lugar en que se encontraban.

"Debido a mis actividades en la DINA tuve conocimiento de una visita que hizo en agosto de 1974 el Presidente Pinochet a la Colonia Dignidad, a su regreso de una gira al sur. El Presidente venía de Chillán. La DINA estaba encargada de velar por su seguridad. El presidente había emprendido aquella gira con motivo del natalicio de Bernardo O'Higgins.

"En 1974 estuve dos veces en la Colonia Dignidad en servicios de la DINA. Detallando: Mi primera visita a la Colonia Dignidad tuvo lugar cuando aún trabajaba en Santiago, en Villa Grimaldi. Eso fue en junio-julio de 1974. Entonces fui llamado por el comandante Manuel Manríquez. Me informó que debía acompañar a un oficial al sur, donde "los alemanes".

"El oficial a quien yo debía acompañar era capitán del Ejército. Su nombre era Fernando o Fernández o algo parecido (Fernando Gómez Segovia). Recibimos la orden de dirigirnos primero a Cuatro Alamos a buscar a un detenido. El nombre del detenido del cual debíamos hacernos cargo era "El loro Matías" (Alvaro Vallejos Villagrán). "Loro Matías" era jefe de la Comisión Política del MIR. Vallejos era hijo de un suboficial mayor de Ejército en servicio activo. Su padre trabajaba en el Ministerio de Defensa en la época posterior al golpe de 1973.

"Recibimos al "Loro Matías" esposado, en Cuatro Alamos. Este detenido estaba totalmente quebrado, había sido torturado. Habían sucedido muchas cosas como para que hubiese sido liberado.

"En Villa Grimaldi yo tenía acceso al kárdex donde llevaban las fichas de las personas perseguidas y detenidas. Para cumplir mis tareas yo necesitaba recurrir permanentemente al kárdex. De allí que yo sabía que en la ficha del "Loro Matías" figuraba la palabra "Puerto Montt". El término "Puerto Montt" era una palabra clave. Era utilizado cuando un detenido no debía sobrevivir. Al mismo tiempo, este término significaba que el afectado sería eliminado "por tierra". Había también otro término, la palabra "Moneda". Este término significaba que el afectado debía ser eliminado por aire o por mar; por ejemplo tirándole desde un avión o hundiéndolo en el mar en un saco con piedras".

Alvaro Modesto Vallejos Villagrán, de 25 años, era conocido como el "Loro Matías" -en alusión a un personaje de "Condorito"- por su nariz un poco encorvada y su baja estatura. El 20 de mayo de 1974 estaba en casa de sus padres. A las 20:30 horas llegó un grupo armado que se identificó como de la DINA. Lo encabezaba Osvaldo Romo.

Los agentes lo amenazaban diciendo que no soportaría la tortura, aludiendo a su delgada contextura que no revelaba la energía de este joven que repartía su tiempo entre su carrera de medicina en la Universidad de Chile, su esposa e hijo, y su militancia en el MIR. En la clandestinidad trabajaba con el periodista Augusto Carmona ("Oslo", miembro del Comité Central del MIR).

El ex agente de la DINA, Samuel Fuenzalida, relató el viaje realizado para custodiar al "Loro Matías" hasta su destino final en Colonia Dignidad

"Afuera del portón, que estaba abierto, vimos en una especie de playa de estacionamiento un Mercedes azul de cuatro puertas. Este vehículo nos esperaba. En su interior se encontraban dos alemanes (Paul Schäfer y Gerhard Mücke). El capitán se bajó y se dirigió al vehículo donde estaban los dos hombres. El capitán habló en alemán con ellos. Luego el capitán me llamó y me dijo que llevara el detenido al Mercedes. El detenido fue introducido al vehículo. A su lado se sentó el capitán. En el Mercedes también se encontraba el alemán a quien más tarde se dirigió el capitán llamándolo "profesor" (sobrenombre de Schäfer en la Colonia). Luego nos alejamos del portón en dirección a la Colonia. Mi acompañante alemán me indicó donde tenía que estacionar el vehículo. Esto fue delante de la casa a la cual luego entramos

"El alemán que venía conmigo en la camioneta nos llevó, al ordenanza, al capitán y a mí, al interior de la casa. Allí había una mesa puesta para todos. Una vez que tomamos asiento llegó el capitán. Un momento después, llegó el alemán que venía con él en el Mercedes a quien el capitán llamó después "profesor". Al entrar el "profesor" hizo un gesto con ambos brazos, que según mis conceptos significa que el detenido estaba muerto.

"Con este gesto que sólo podía significar "terminado", el profesor alemán dijo una palabra como "listo", pero en alemán "fertig". En realidad el gesto del "profesor" no me sorprendió, yo sabía que el detenido estaba condenado a morir.

"En la conversación durante la comida, el "profesor" se refirió al director de la DINA, coronel Manuel Contreras como un viejo amigo. Habló también de la misma forma del Presidente Pinochet. Al regresar a Santiago pude comprobar que la ficha del "Loro Matías" había sido sacada del kárdex.

"Como ya lo mencioné, viajé a la Colonia Dignidad una segunda vez. Esto fue aproximadamente en agosto de 1974, en la época en que tuvo lugar la visita del Presidente Pinochet a Chillán. Yo tenía la misión, junto a otras dos personas, de retirar un "paquete" para la DINA, es decir un detenido de la Colonia Dignidad. Llegamos en la noche, dormimos en el lugar y en la mañana siguiente partimos a Santiago.

"En esta segunda visita a la Colonia Dignidad fuimos recibidos por el "profesor". Allí nos encontramos, entre otros, con un oficial de la DINA, que trabajaba en la Colonia. No sé si vivía en la Colonia en forma permanente, pero sé que allí trabajaba con los detenidos. Al decir "trabajo", en este caso, me refiero a los interrogatorios.

"Quisiera también señalar que en Santiago supe en la DINA que allí trabajaban cuatro brasileños para ellos. Uno de ellos estaba en la Colonia Dignidad. También conozco a otros agentes de la DINA que trabajaban en Colonia Dignidad para la DINA. Pero no puedo nombrarlos, ya que ellos se encuentran en Chile. Temo que al nombrarlos pueda haber represalias".

El cadáver de Matías Vallejos Villagrán puede estar inhumado en alguna fosa al interior de la Colonia Dignidad. La declaración confirma lo señalado por "el encapuchado del Estadio", en el sentido de que la Colonia fue un centro de entrenamiento para torturadores que usaban como "conejillos de indias", como material desechable, a los detenidos en su aprendizaje de las técnicas de interrogatorio bajo la vigilancia de monitores brasileños.

La tortura es una técnica que requiere aprendizaje, control sobre los nervios del torturador, máquinas especiales, equipos, herramientas y el conocimiento de su manejo. En el Chile pregolpe, la tortura era una excepción y se aplicaba, en forma excepcional a los delincuentes comunes. Los encargados de la inteligencia del Ejército nada sabían de tortura, fuera de las que había sufrido en los entrenamientos en la Escuela de las Américas en el Canal de Panamá.

Por ello fue necesario para la DINA instalar una escuela de monitores, los que a su vez difundirían las técnicas en todo el país. La Colonia, un enclave extranjero aislado del resto de Chile se presta para ello. Todas las formalidades usadas en la Colonia son de cuartel. Todos usan uniformes para hacer sus diferentes actividades, están rígidamente jerarquizados, tienen un jefe supremo y son absolutamente obedientes. Hasta la visión física de la Colonia semeja un cuartel, con alambradas y protecciones, con guardia en las puertas y con procedimientos militarizados para ingresar o salir. Los asesinatos de la Colonia Dignidad son coherentes con los desaparecidos y los fusilados en Chile.

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