Año 2, N.40. Domingo 20 de Julio de 2003

CIA en Chile

La mano negra

Treinta años lleva esta agencia intentando ocultar lo que no se puede. Desde 1975 existe información contundente sobre el rol que jugó en el derrocamiento de Allende y en el financiamiento y planificación del golpe de Estado más logrado de América Latina. Hoy, a tres décadas del hecho, El Periodista devela la verdadera acción de la Agencia de Inteligencia norteamericana en esos sucesos.


De todas las acciones secretas de las que fue objeto el gobierno de Salvador Allende, y que por años se han tratado de ocultar, la menos lograda, sin duda, fue la participación de la CIA en los hechos que rodearon el derrocamiento del primer presidente socialista del país. Como un secreto a voces, todo Chile tenía claro que el dinero para financiar los interminables paros, y el bloqueo por parte de algunas importantes multinacionales, provenía directamente desde Estados Unidos, y más precisamente de su oficina de inteligencia. De hecho el arresto de Pinochet en Londres en 1998, permitió la desclasificación de más de 5 mil documentos relacionados con la acción de esta agencia en nuestro país, los que estuvieron vedados a la opinión pública por más de 25 años. Sin embargo, los estadounidenses aún no revelan exhaustivamente toda la información que ha mantenido bajo siete llaves durante tres décadas.

Pero comencemos por el principio. Cuando Allende perdió por sólo tres puntos las elecciones presidenciales en 1958, Estados Unidos decidió que el resultado de los próximos comicios, a realizarse en 1964, no podía dejarse en manos del azar, y mucho menos de la democracia. Fue así, como a comienzos de la administración Kennedy, en 1961, se creó un comité electoral, compuesto por altos oficiales del Departamento de Estado norteamericano, la CIA y la Casa Blanca, y paralelamente en Santiago, se creó otro, con miembros de la embajada de Estados Unidos y de la CIA en Chile. Asimismo, en 1962, la agencia comenzó a prestar apoyo a un grupo de acción cívica que desarrolló diversas actividades de propaganda, incluyendo la distribución de afiches y panfletos.


En diciembre de 1963, el Grupo 5412 acordó una ayuda económica en un único pago al Frente Democrático, coalición de tres partidos que agrupaba de moderados hasta conservadores. El objetivo: establecer relaciones operativas con los más importantes partidos políticos para lograr influir sobre amplios sectores de la población. El método: iniciar proyectos "para capacitar y organizar a grupos ‘anti-comunistas’ entre los campesinos, las poblaciones, los sindicatos, estudiantes, medios de comunicación, etc.".

El elegido: el candidato democratacristiano, Eduardo Frei Montalva. La CIA pagó más de la mitad de los costos de la campaña del decé; algo así como 20 millones de dólares; cantidad que representaba más dinero por votante que la utilizada en las campañas conjuntas de Johnson y Goldwater, realizadas el mismo año en los Estados Unidos. El resultado de la operación fue todo un éxito. Frei Montalva ganó con un 56 por ciento de los votos contra un 39 por ciento obtenido por Allende. Primera misión: cumplida.

EL TRABAJO SUCIO

Según consta en un informe redactado por la CIA al Senado norteamericano, la operación en Chile "fue la más exitosa campaña anticomunista que jamás se haya emprendido". La táctica utilizada fue dirigirse a la población femenina. De hecho, Allende ganó 67 mil votos masculinos más que Frei, mientras que entre la población femenina el decé ganó por 469 mil.

¿Pero cuál era el verdadero peligro que representaba Salvador Allende para provocar tanto movimiento? Por todos es sabido que el programa de la Unidad Popular, coalición que encabezaba el socialista, pretendía una reestructuración profunda en la economía nacional; ésta incluía desde la nacionalización del mayor recurso natural del país, el cobre, hasta la expropiación de tierras para concluir el proyecto de reforma agraria, iniciado por Frei. La administración norteamericana supo que con un hombre comprometido con esos objetivos, sólo podía esperar que dirigiera al país por un sendero independiente de las prioridades de la política exterior de los Estados Unidos. Decisión que por supuesto, no dejó indiferente al gobierno norteamericano. Por eso, cuando el 4 de septiembre de 1970, Allende ganó las elecciones, y el Congreso chileno se reunió para elegir entre el líder de la UP y Jorge Alessandri, por la poca diferencia de votos entre ambos candidatos, una alarma de pánico se encendió en el país del norte; Estados Unidos tenía siete semanas para impedir que Allende llegara a ejercer como presidente.


Richard Nixon, presidente de EEUU

Según se lee en el texto, "Killing Hope U.S. Military and CIA Interventions Since World War II", escrito por William Blum y editado por Common Courage en 1995, "el 15 de septiembre, el Presidente Richard Nixon se reunió con Henry Kissinger, su secretario de Estado, el director de la CIA, Richard Helms, y el Procurador General, John Mitchell. Los apuntes que Helms tomó durante la reunión decían: "Tal vez aún exista una posibilidad de un 10 por ciento, pero hay que salvar a Chile... no me interesan los riesgos que esto implica... hay 10 millones de dólares disponibles, más si fuese necesario... hay que desestabilizar la economía del país".

Desde ese momento, se autorizó la utilización de fondos para sobornar a los legisladores chilenos de modo que éstos votaran por Alessandri, pero pronto esta idea fue abandonada. Luego, y bajo fuerte presión por parte de Nixon, los esfuerzos norteamericanos se centraron en inducir a los militares chilenos para que llevaran a cabo un golpe de Estado, después del cual suspenderían el voto del Congreso. A la vez, Nixon y Kissinger expresaron claramente a la Casa Blanca, que no rechazaban del todo la opción de asesinar a Allende.

Según la investigación periodística titulada "Los Estados Unidos en Chile", realizada por el periodista Alejandro Reuss, la CIA deliberó con varios oficiales de las Fuerzas Armadas chilenas que acogían la idea de un golpe. A aquellos interesados, se les garantizó que EEUU le entregaría todo el apoyo posible sin intervenir militarmente. Sin embargo, el principal obstáculo que estos militares golpistas enfrentaban era la fuerte oposición del comandante en Jefe del Ejército, el General René Schneider, quien insistía en respetar el proceso constitucional. Pero este obstáculo no duraría mucho tiempo.

Tal y como costa en los documentos desclasificados por la mismísima CIA, "en la mañana del 22 de octubre de 1970, esta agencia entregó ametralladoras y arsenal ‘esterilizado’ a algunos de los conspiradores". Ese mismo día, Schneider murió de las heridas provocadas durante un "intento" de secuestro mientras se dirigía a su trabajo.


Richard Helms, director de la CIA

La CIA en Santiago comunicó a su casa central, que al General lo habían asesinado con las armas que la agencia les había entregado a los oficiales golpistas, pero sin embargo, también declaró al Senado norteamericano, que los asesinos de Schneider no fueron los mismos hombres a los que se les había entregado las armas. Pero el atentado sólo fortaleció el respeto por la constitución dentro de las Fuerzas Armadas. Dos días después, la presidencia de Salvador Allende era confirmada por el Congreso chileno y, el 3 de noviembre de 1970, el primer presidente socialista asumía el poder del país.

CHILE: EL MEJOR EXPERIMENTO

Si pensamos por un momento en el Chile de los años 70, con seguridad podríamos afirmar que las condiciones estaban dadas para que se diera un conflicto entre dos experimentos totalmente diferentes. El primero, el proyecto socialista de Allende, con sus objetivos de sacar al país del subdesarrollo y dependencia de las potencias, y terminar con la brecha entre ricos y pobres. El otro era, como lo describió posteriormente el Director de la CIA, William Colby, "un prototipo o experimento de laboratorio para probar las técnicas de gran inversión económica destinada a desprestigiar y derrocar a un gobierno". Chile fue la primera intervención multifacética emprendida por los Estados Unidos.

Como hemos recogido en distintos reportajes de esta serie, la desestabilización emprendida por la agencia de inteligencia, abarcó diversos frentes, los que iban desde saturar los medios de comunicación con información alarmante, provocando pánico en la población, hasta el financiamiento total de prolongadas paralizaciones para acrecentar el clima de conmoción. Pero no sólo asistencia económica prestó la CIA a los golpistas nacionales. Según se lee en el texto de William Blum, más de 100 miembros de los gremios profesionales y de patrones eran ex alumnos de la "Pequeña Escuela Anti-Rojos", dirigida por el American Institute for Free Labor Development de Front Royal. Este organismo, la principal organización laboral latinoamericana de la CIA, también ayudó a formar un nuevo gremio profesional en Chile en mayo de 1971. Los maestros de esta organización tenían más de 10 años de experiencia en el arte de fomentar disturbios económicos en distintos países de Latinoamérica. Y los golpistas chilenos, fueron excelentes alumnos.

Pero las pruebas más concluyentes sobre la acción de esta agencia secreta en el gobierno de Allende, se encuentran en los mismos documentos que desclasificó en el 2000, donde se lee en un memorando, fechado el 16 de septiembre de 1970, el primer esbozo del complot, que se bautiza como "Proyecto Fubelt". Se establece un grupo de tareas bajo la supervisión del segundo del director de Planes de la agencia, Thomas Karamessines. El documento subraya que la CIA debe preparar en 48 horas un plan de acción para el entonces consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger: "El presidente Nixon ha decidido que un gobierno de Allende en Chile no es aceptable para EEUU. El presidente pidió a la agencia evitar que llegue al poder o destronarlo. El presidente autorizó 10 millones de dólares para este fin; el director (Helms) dijo que Kissinger le había pedido reunirse con él, el 18 de septiembre, para que la agencia le diera datos de cómo esta misión puede ser cumplida".

Y así, en cientos de páginas censuradas queda al descubierto la abierta y directa participación de esta agencia. Los planes de contingencia que el gobierno de Allende intentaba poner en marcha, eran conocidos por la CIA a través de agentes infiltrados en diferentes partidos que constituían la coalición de la Unidad Popular. De hecho, Blum asegura en su investigación, que a los agentes de la CIA instalados en la jefatura del Partido Socialista se les pagaba para "cometer errores en sus puestos de trabajo". En Washington, mientras, el robo era la táctica utilizada por la CIA para obtener documentos, los que fueron sacados de los hogares de varios funcionarios de la embajada chilena.


MENTIRAS VERDADERAS


Henry Kissinger, secretario de Estado

Frente a un hecho objetivo, poco es lo que se puede hacer. Sin embargo, el gobierno de los Estados Unidos, que manejan a la perfección el arte de las relaciones exteriores, logró transformar un hecho cierto e irrefutable, como lo fue la intervención de la CIA en el gobierno de Allende, en un hecho pluridimensional, capaz de ser explicado y entendido, según ellos, desde distintos prismas. Así, entonces, aunque admite haber conspirado para realizar un golpe contra el gobierno constitucional de Chile, niega haber tenido algo que ver con el golpe real que terminó con la destrucción de la democracia chilena. Kissinger, por su parte, asegura no tener responsabilidad directa en los hechos, aun cuando los cables de la CIA insinúan que la primera operación desestabilizadora fue monitoreada por él. A pesar de ésta y muchas otras contradicciones, se presume que la CIA aún oculta importante información sobre la participación del gobierno estadounidense en hechos como la desaparición de Charles Horman y el asesinato en Washington del ex Embajador Orlando Letelier y su colaboradora estadounidense Ronni Moffitt. Y aunque la agencia asegura estar dispuesta a colaborar en todo lo necesario para esclarecer su responsabilidad, hay ciertas cosas que es mejor callar.


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