Hace algunos años no era raro ver, escuchar en televisión o leer en la prensa nacional un persistente ir y venir de preguntas, respuestas y aclaraciones entre periodistas y el entonces ministro de Hacienda, Eduardo Aninat. Y hoy en día, esta relación no se diferencia mucho de la que vivió mientras era ministro de Eduardo Frei Ruiz-Tagle.
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"Planteé algo en el contexto de una discusión más amplia, que tenía que ver con el tema de la competitividad chilena. Así que aquí se ha hecho una interpretación antojadiza de mis declaraciones", respondió Eduardo Aninat el 2 de febrero de 1998, al aclarar sus palabras sobre la reforma tributaria. Esta no fue la primera ni la última vez que el ex personero público sintió que sus declaraciones eran tergiversadas. Pero el protagonista de esa frase enfrentó un malentendido de mayor calibre a principios de este mes. El presidente de Uruguay, Jorge Battle, lo acusó de invitarlo cortésmente a entregar su cargo debido a la crisis financiera y social que enfrentó este país hace un año, o al menos eso fue lo que el mandatario dio a entender a la prensa. Sin embargo, al día siguiente (5 de julio), el mismo Batlle se retractó y pidió disculpas públicas por haber sido "explosivo y locuaz en extremo" al referirse a una conversación sostenida hace un año con el entonces subdirector Gerente del Fondo Monetario Internacional. Batlle, aclaró que el FMI a través de Aninat, le sugirió aplicara medidas similares a las emprendidas por el gobierno argentino, un "corralito". A lo que él respondió que tal medida no lo llevaría más que a la renuncia. Fue su "acalorada" manera de plantear la situación lo que llevó a confundir las cosas.
Aninat, que no se defendió ni negó los dichos, nunca se ha caracterizado por ser especialmente agresivo o incisivo con los medios, lo que tampoco significa que no pierda la oportunidad para "poner los puntos sobre las íes". Como tuvo que hacerlo en 1998 cuando, como ministro de Hacienda, respondió al país por los efectos y coletazos de una grave crisis económica mundial y por las medidas que tomó, las que hasta hoy son cuestionadas por mucho que aseguran que este DC no era el más prolijo dentro del partido para asumir un cargo de tal relevancia. Opinión que se sustenta si se recuerda que gracias a su visión ortodoxa de la política económica el país vivió un ajuste fiscal y monetario que disparó abruptamente hacia arriba las tasas de interés para luego bajarlas con similar precipitación, desbarajustando las expectativas de los inversionistas y generando una fuerte caída de la actividad económica y del empleo, luego de casi 10 años de bonanza. Ello tornó un ambiente nacional desconfiado y temeroso. El error de Aninat fue, según un crítico suyo, no confiar en la fortaleza estructural y priorizar una visión cortoplacista de un problema que debió ser manejado con un horizonte de más largo aliento.
SEGUNDO A BORDO
Nació en Concepción en 1948 en una familia numerosa, la que reprodujo con María Teresa Sahli, con quien tienen seis hijos, y sólo cuatro lo siguieron a los EEUU en 1999. Sus amigos de infancia aseguran que los Aninat son una familia de mateos o al menos de excelentes alumnos. Lo que queda en entrevisto, porque el hombre que se paseaba con aspecto de viejo pascuero por La Moneda, obtuvo un PHD en Economía en la Universidad de Harvard y se ha desempeñado en altos cargos como presidente del Foro de Equidad Social, coordinador para América Latina del programa internacional sobre impuestos de la Universidad de Harvard, profesor de la Universidad de Boston y de la Católica, además fue consultor del Banco Mundial y el BID. Y durante años estuvo asociado a uno de las empresas de asesoría económica más prestigiosos de América Latina: Méndez y Asociados.
En Chile y a pesar de las características del cargo que envistió, la familia Aninat intentó mantener la sencillez y lo cotidiano en su vida. Mientras pertenecía al aparato gubernamental era común toparse con este penquista en un supermercado cercano a su hogar realizando compras de último minuto o en paseos familiares por el vecindario.
En 1999, Aninat cambió el centro santiaguino por el "down town" washingtoniano. El smog y la lluvia por la nieve. Los plátanos orientales por los cherry blossom. Y el parque Forestal por el "mall" (parque que alberga los más importantes museos). Radicado en una zona residencial del Estado de Meryland, la familia aprovechó para ponerse al día luego que el jefe de hogar respondiera a las exigencias de su puesto como ministro. Las cenas familiares, compartir el desayuno diario y los paseos en bicicleta fueron la tónica del ex segundo hombre del FMI en la tierra de Bush. En estos menesteres, además, entabló amistad con la familia de Andrés Allamand, quien residía en la época en la ciudad del Capitolio. Lo que no es raro, si pensamos que dos de sus hijos -Eduardo y Matías- tienen edades similares a Raimundo, hijo del ex presidente de RN.
El paso de uno de los hombres más duros del gobierno de Frei por el FMI, no estuvo exento de anécdotas. Se cuenta que durante la primera gran nevada en la capital, tomó una pala y tras despejar la entrada de su casa se abrigó bien y partió camino a su trabajo ubicado en pleno corazón de Washington en la calle 19. Era uno de los pocos que caminaba por las blancas y desoladas calles, su sorpresa fue mayúscula al percatarse de que eran aún menos los que habían ido a trabajar. Desconocía que la mayoría de las oficinas públicas suspenden sus actividades con una nevazón como la de entonces. En otra oportunidad se le recuerda como un hombre de sombrero escocés, parka y pinta de profesor universitario, conversando con los manifestantes apostados frente al FMI a comienzos de 2000 y luego de leer las pancartas de protesta e intercambiar opiniones con las personas reunidas, subió a su oficina en el último piso del edificio, sin que nadie supiese que con el que habían hablado era una de las cabezas más importantes del organismo al que encaraban. Nunca se sabrá lo que habría pasado si alguno de los que protestaban se hubiese percatado del importante puesto de su interlocutor.
Ahora que está de vuelta el decé deberá trabajar muchas cosas: su relación con el partido del colorín Zaldívar -tarea compleja, porque son muchos que no olvidan que fue el gran responsable de las ineficientes medidas ante crisis asiática-; una posible postulación al Senado -cuestión tratada con cautela por el ala progresista de la DC-; y el probable regreso a las asesorías en Méndez y Asociados. Todo ello está por verse, pero el trabajo en pos de un sillón en el Senado recién comienza.
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