Año 2, N.41, Domingo 3 de Agosto de 2003
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General Martín Balza
"El que no juzga, extradita"
(Por Diego Rivera)El ex jefe del estado mayor del Ejército, quien acaba de ser nombrado embajador de su país en Colombia, considera que es legitimo que otros estados juzguen lo ocurrido a sus connacionales durante la dictadura argentina si es que la Justicia de su país -por diversas razones- no avanza en el esclarecimientos de los hechos.


Corría el mes de mayo de 1995 y uno de los programas televisivos más vistos por la opinión pública argentina era el del periodista Bernardo Neustadt. El día 29 de ese mes era invitado el entonces jefe del Estado Mayor (Comandante en Jefe en Chile) del ejército rioplatense: Martín Antonio Balza. Todos quedaron perplejos mirando la TV cuando le pidió al periodista unos 5 minutos extras aduciendo que tenía que decir algo importante. Sacó de su bolsillo unas 4 a 5 carillas y comenzó el "réquiem" del general y por ende del Ejército argentino: pidió perdón por las graves violaciones a los DDHH ocurridas durante el gobierno militar (1976-1982) asumiendo, de paso, la plena responsabilidad política que a él le competía.

Desde ese episodio, la sociedad argentina entró en un cuadro diferente dentro de lo que había sido el pasado y las autoridades políticas de entonces -partiendo por el presidente Menem-, alabaron las palabras del general Balza.

Pero este gesto no quedó ahí; las víctimas de dichos atropellos siguieron insistiendo en que ese paso era importante pero no el único, sino que los implicados deberían decir donde estaban los desaparecidos... situación que hasta hoy en Argentina no se ha resuelto.

Sin duda Martín Balza logró notoriedad internacional, porque en los anaqueles de la historia no se registra a un jefe militar que haya pedido perdón por sus actos. Chile no escapó a este efecto y en ese entonces su símil de este lado de la cordillera, Augusto Pinochet, señaló que "sólo piden perdón los que se sienten culpables". Una y otra vez, Pinochet y sus colaboradores negarían los hechos y se excusarían aduciendo que las responsabilidades son "individuales y no institucionales". Hoy, a 8 años de esos dichos, el mapa es diferente. El Ejército chileno a través del general Juan Emilio Cheyre ha reconocido los excesos cometidos por el régimen de Pinochet. En este panorama nacional, Balza llegó a Chile invitado por la Universidad Academia de Humanismo Cristiano para entregar su vivencia.


El general (r) Martín Balza es un hombre alto -mide 1,93 cm- y ubicarlo entre la multitud no es muy difícil. No tiene una personalidad avasalladora, más bien, es un tipo callado, sereno para hablar y con mucho conocimiento de la historia Argentina y de la realidad de los pueblos latinoamericanos. Conoce bien Chile, al punto que siempre ha venido a intercambiar conocimientos estratégicos.

"Yo no vengo a hablar de los temas chilenos porque no me corresponde, sino que hablo de la experiencia de mi país, cada país debe encontrar su respuesta a sus problemas".

Para quienes querían que Balza se la jugara y opinara sobre la situación chilena, esa frase sepultó todas las dudas.

BALZA Y SU HISTORIA

Martín Balza nació el 13 de junio de 1934. En 1952 ingresó al colegio militar. Diez años después fue ascendido a Teniente y en 1987 a general. El tope de su carrera militar llegó a principios de la década de los 90 cuando asume la jefatura del Estado Mayor. En total, estuvo 48 años en la milicia, ocho como jefe máximo del Ejército argentino.

Seis meses antes de atreverse a sacar los papeles ante las cámaras de televisión y pronunciar la palabra perdón, el general Balza -según sus palabras- ya estaba pensando en como resolver el problema de los DDHH y fraguó en conjunto con otros jefes castrenses un mecanismo. Pero lo del perdón del 95 lo sabía él y sólo 3 militares más. "Fue un acto con premeditación", dijo Balza.


Sin embargo, la historia del general tiene muchas aristas porque para llegar a la conclusión que llegó sumó muchos factores: la mentira que pesó por mucho tiempo en las filas castrenses de la Doctrina de Seguridad Nacional que comenzó en los 50, y el enemigo interno era el justicialismo (o Peronismo), la reiterativa violencia con que llegaron los uniformados al poder -hubo 6 golpes de estado en Argentina, contando una treintena de asonadas militares o intentos de golpes a lo largo del siglo pasado-, lo que generó en la población un ánimo de revolución permanente. El 24 de marzo de 1976 se lleva a efecto el golpe de Estado que saca del poder a María Estela Martínez de Perón, Isabelita, para "salvar los valores de la sociedad occidental". En ese tiempo dijo Balza "fui destinado a cursos de perfeccionamiento en Perú hasta el 78 justo cuando ocurrieron las más horrendas desapariciones y asesinatos". Posteriormente ocurren los problemas limítrofes con Chile y el descrédito total en la guerra de Las Malvinas "donde los ingleses respetaron la convención de Ginebra, los derechos de los prisioneros y en Argentina la represión que hubo no respetó nada", indicó Balza.

Posteriormente viene la democracia y el juicio por las 30 mil víctimas de ese régimen. Y en este punto el general retirado hace una inflexión "en su momento negaron los desaparecidos y es el juicio lo que abre una ventana de esperanza a las víctimas de la dictadura", recalcó eso sí, que muchos militares no tuvieron nada que ver en las desapariciones. En 1986 el gobierno de Alfonsín dicta la ley de punto final y en 1987 la ley de obediencia debida. Con el correr de los años, esas leyes serían reinterpretadas por los procesos judiciales que solicitaron (y todavía hoy) colaboración de los militares. En ese contexto Balza, nombrado jefe de las FFAA, planea el perdón institucional.

¿Su decisión gatilló en que la justicia se despreocupara del asunto o en que se esclarecieran más los casos?

No....los procesos ya estaban y comenzaron a materializarse a partir del advenimiento de la democracia en 1983 y continuaron, de manera que el mensaje mío no estuvo relacionado y no condicionó nada. Eso fue una respuesta de la institución al pueblo argentino.

¿Pero significó un aliciente para resolver ese tipo de problemas?

No. Lo que pude percibir es que la sociedad y el ejército iniciaron un proceso de reconciliación. El ejército es parte de la sociedad, se nutre de ella, no somos rectores de la sociedad, somos una parte y ese pedido de perdón significó un acercamiento entre mis compatriotas.

Sin ese gesto ¿qué hubiese pasado?

La reconciliación todavía no se ha concretado, creo que hay que trabajar mucho y avanzar más. Ese gesto para mí fue necesario, imprescindible. Para Argentina fue un sinceramiento entre las instituciones...

¿Se imaginó que eso iba a ser tomado como ejemplo aquí en Chile?

No. En el momento que lo hicimos pensamos en la ética y en la conciencia, y nunca analizamos un cálculo de consecuencia en lo que dijimos. Cuando pronunciamos esas palabras, sorprendió la repercusión que tuvo en muchos países porque nuestro objeto no era eso, era pedir perdón a nuestros compatriotas.

¿Cómo está la situación en Argentina respecto de los DDHH, hay algún camino para que se resuelva?

La Justicia Federal está actuando y tiene competencia en estos casos. El Presidente lo ha definido de tal forma.

¿Cuál es su opinión en orden a las solicitudes de extradición de 46 uniformados argentinos?

Es menester, a los efectos de otorgar autosuficiencia a la respuesta, efectuar una breve apreciación liminar. Mi país, al igual que otros del continente, reconoce normativamente -Código Penal de la Nación- el principio de territorialidad, respecto del conocimiento y juzgamiento de los eventos de naturaleza penal eventualmente disvaliosos. Conforme ello, ninguna duda cabe que los delitos de que se trata, deben, inexorablemente, ser ponderados judicialmente en la República Argentina.

No obstante, la circunstancia de que, por diversos motivos -Ley de Punto Final, Ley de Obediencia Debida, Indultos- ello no se haya llevado a cabo, dio lugar a que terceros países, con agravio suficiente -nacionales victimas de ilícitos -, hayan reivindicado, a la luz de los principios de la justicia universal, la prerrogativa de conocer y juzgar en ese orden. Así delimitada la cuestión, le traslado mi opinión al respecto. Atendiendo que "el que no juzga, extradita", sostengo, enfáticamente, que debe ser la Republica Argentina la que lleve a cabo tal cometido y, de no ser así, nada impedirá que otros países se atribuyan el derecho de hacerlo.

¿Usted tiene antecedentes de quiénes ordenaron las violaciones de los derechos de las personas?

No, no tengo más antecedentes. Los antecedentes es obra de la justicia sobre todo al juzgamiento a los comandantes en jefe.

¿Hay algún objetivo detrás de todo lo que usted hizo?

Ningún objetivo político. En una causa tan noble y delicada como ésta, hay una actitud totalmente prudente de mi parte. Cuando estaba en actividad fue una respuesta institucional y cuando soy invitado por distintas universidades a conversar sobre este tema respondo, porque creo que es algo muy importante y que contribuye a la concordia de todos los pueblos. Pero acá me limito a decir lo que veo desde mi punto de vista en Argentina.

¿En otros gobiernos de facto en Argentina hubo terrorismo de Estado?

Hubo casos aislados, en la época de Onganía, Lanusse, hubo fusilamientos, pero el que lo hizo firmó su culpabilidad. Yo fui militar en esos períodos, pero le digo que nunca hubo algo tan armado como lo fue la última dictadura argentina.

¿El ejército argentino respondió en bloque como lo han hecho los militares chilenos en cuanto a posturas disidentes en torno a los DDHH?

No. Desde que yo dije eso en la TV, estoy convencido de haber interpretado el sentir institucional de la fuerza y seguir cuatro años más como jefe del Estado Mayor después de lo que dije y ningún militar en actividad tuvo una opinión diferente, a lo mejor en su conciencia, pero no hubo ninguna opinión diferente a lo que dije por ningún militar en ejercicio.

¿A qué se refiere el punto de "obediencia debida"?

La obediencia debida es la obediencia funcional de servicio, no la ciega, se debe cumplir todo aquello que esté de acuerdo con lo que dicen las leyes de la nación y los ordenamientos militares, no se debe complementar una orden que manifiestamente constituya la comisión de un delito o sea contrario a las leyes y uso de la guerra. Yo fui prisionero de guerra (Malvinas) y respetaron mi dignidad. La obediencia ciega no existe en ningún país civilizado.

De haber continuado aplicando la obediencia debida ¿se hubiera avanzado más en las resoluciones de los DDHH?

Mire, la obediencia debida prácticamente no debió aplicarse, es decir, nunca pudo admitirse; que no es que se aplicó o no la obediencia debida, nunca se admitió. Lo que pasa es que hay cosas que no se admiten y de hecho suceden. Reitero, obediencia debida, significa en bien del servicio y de las leyes de la nación. Obediencia- orden son legales y legítimas.

¿Qué le falta a la situación argentina para que mejore en términos de DDHH?

Que el concepto de impunidad quede totalmente eliminado y que triunfe la verdad y la justicia con eso se van a saldar las heridas inmediatamente.

¿Cuánto son los casos de desaparecidos que no se conocen en Argentina?

Muchos. No tengo cifras, son muchos. El número no interesa. Un solo caso es importante y muchos más aún.


Si bien Balza constituye un buen ejemplo para "remover conciencias colectivas", en Argentina tiene algunos reparos a su gestión. En 1978 revistó la Escuela de Artillería de Campo de Mayo, una vez regresado de Perú, unidad de reconocida participación en "operaciones contra la guerrilla". En 1979, en coincidencia con el "operativo retorno" de los Montoneros (movimiento peronista ultra) Balza fue jefe de cuartel en uno de los pasos claves con Brasil. Investigaciones posteriores señalan que mucha gente murió en enfrentamientos en esa operación y que el paso por el Brasil era fundamental.

Ha sido acusado de contrabando de armas a Croacia durante la administración Menem. Tiempo después de pasar a retiro se autosindicó como "víctima de la corrupción de un gobierno que estuvo 8 años en el poder".

Una vez que dejó la jefatura militar, fue miembro del círculo militar, sin embargo, el año 2000 fue expulsado de ésta por serias diferencias con el presidente de la entidad. Lo sorprendente es que la votación fue a mano alzada y compuesta en ese momento por 592 socios.

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