Año 2, N.41, Domingo 3 de Agosto de 2003
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¡Hosanna! ¡Aleluya!
( Escribe Louis Casado )"Si es tan rentable invertir en Chile ¿por qué la inversión extranjera declina y la chilena usa pasaporte para irse afuera? La respuesta: Chile desciende en ranking de libertad económica".

Si uno cree las informaciones que difunden los brujos de la puñeta económica es como para entonar canciones de júbilo y alabanza. Y desde luego no es cosa de despreciar habida cuenta de la serie interminable de malas noticias con las que nos han agasajado los amos del capital durante los últimos años. Malas noticias para el personal se entiende, porque la riqueza mundial sigue concentrándose cada vez más en pocas manos. Alegría pues. ¡Aleluya! No obstante, si uno examina el tema, la cosa cambia y se pone de dulce o de grasa. Es según. Es sabido que las noticias económicas, y las conclusiones que de ellas salen, dan un poco para todo. Tomemos por ejemplo la augusta nueva que nos comunican tres economistas brasileños: "Por cada 100 pesos que un inversionista puso en Chile en la última década, recibió 21 de vuelta en promedio cada año. Bastante bien si se compara con los 15 pesos que obtuvo como media anual bruta en Brasil o los 7 que ganó el que invirtió la misma suma en Francia". En otras palabras, nuestra querida copia feliz del edén es la rentabilidad misma. ¿Tienes algo de plata? Invierte en Chile. En vez de aceptar la miseria de tasa de interés que ofrece el mercado por un depósito a plazo, invierte en la cosa productiva y obtendrás una ganancia igual al veintiún por ciento de la suma invertida. Lo que la jerga del capital llama el retorno de la inversión, ROI o "return on investment" en la lengua del imperio. Un sueño. Ni los administradores de fondos de pensiones, tan proclives a exigir ganancias exorbitantes a cualquier precio, se atreven a pedir tanto. Jamás han osado ir más allá de una exigencia del orden del 15 por ciento, que por lo demás raramente o jamás, alcanzan. Cualquiera llega a la conclusión que los capitales deben estar haciendo cola en la frontera para entrar a Chile. Hasta ahí el dulce. Hosanna. ¡Aleluya! Sin embargo, otras noticias ponen la nota de grasa. La declinante inversión extranjera en nuestro país va acompañada del aumento de la inversión chilena en el exterior, que, según el Banco Central, llegó a dos mil 300 un millones de dólares en el primer semestre de este año, o sea 29,4 por ciento más que en el mismo período del año anterior. Ya debes estar viendo el signo de interrogación que tengo encima del cuesco. Si es tan rentable invertir en Chile ¿por qué la inversión extranjera declina y la chilena usa pasaporte para irse afuera? ¿Ah? In uanofdous la respuesta la proporciona otra "noticia": "Chile desciende en ranking de libertad económica: del lugar 17 en que se ubicó en el 2000 cayó al puesto numero 20 un año más tarde." ¿Qué tal? Según el invento yanqui que se hace llamar Cato Institute, cuya eminente actividad consiste en distribuir buenos y malos puntos entre los adoradores del liberalismo económico, Chile baja de categoría en su informe anual 2003 del Indice de Libertad Económica del Mundo. Cualquiera diría que la tan cacareada libertad económica desaparece. ¡Atento Pinocho que vuelve el comunismo! Pero tampoco es de tomar muy en serio. Basta con señalar que José Piñera colabora con el mencionado Cato Institute. Del cual se precisa por si fuese necesario "que defiende férreamente el libre mercado". Y para no esconderte la pelota te cuento cuales son los rubros que explican la "pérdida de libertad económica" en Chile: "Los peores componentes que registró Chile -y que le hicieron disminuir su clasificación general- fueron el tamaño del Estado, el sistema legal y las regulaciones del mercado" (sic). Así como se lee. Si uno no supiera cual es la dimensión ratona del Estado chileno, sobre todo comparada con el imperio, o con el estado japonés, o los europeos, va y compra la pomada. Por otra parte quejarse del sistema legal que ha transformado Chile en un paraíso fiscal no se entiende. En junio del año pasado algún analista decía que "en Chile ya se hicieron todas las reformas soñadas para la revitalización de la Bolsa" y precisaba que la apertura de la cuenta de capitales dejó plenamente libre la entrada y la salida de capitales extranjeros y eliminó el impuesto a las ganancias. ¿De qué se quejan? Nunca falta. De las excesivas "regulaciones del mercado". Y cual es la peor regulación, ¿ah? "El principal responsable es el mercado del trabajo... Una de las críticas mayores se refiere a la falta de flexibilidad en la contrataciones y despidos, el impacto del salario mínimo y la conscripción militar". Lo que ya hemos dicho. A estos negreros no les basta con tener mano de obra que en la práctica no tiene ni derecho a huelga. Y que gana un puñado de arroz que, para más INRI, suele estar subvencionado por el Gobierno "para facilitar la creación de empleo".


Según el Cato Institute y el señor Piñera, no lo olvides, habría que facilitar aun más los despidos y bajar el salario mínimo. Y suprimir la conscripción militar para aumentar la disponibilidad de la mano de obra. Habida cuenta que los únicos que hacen el servicio militar son los desposeídos, este último tema no trae tela. Hasta se entiende. Pero "facilitar los despidos y bajar el salario mínimo...". Piñera, Piñera, te estás pasando. Sobre todo si se tiene en cuenta que la dulce Francia a la que hacen referencia los "estudiosos" brasileños, aquella que sólo te permite obtener un magro 7 por ciento de retorno de la inversión, aquella en la que la jornada de trabajo es de 35 horas semanales, aquella en la que el salario mínimo se sitúa en torno a un millón 300 mil pesos (cargas sociales incluidas), es el país que más inversión extranjera recibe en el mundo: 54 mil 700 millones de Euros en el año 2002. Y el Cato Institute y el señor Piñera pueden decir lo que quieran, y clasificar los países como les dé la gana. Porque lo que les inquieta es la suerte del capital. No el destino del personal, o en un sentido general la suerte del país. En su indecible candidez llegan a confirmar que los aspectos positivos de la economía chilena son los que te decía unas líneas más arriba: "la libertad del comercio exterior..." los "efectos saludables de la política monetaria..." que responden "a la fuerte apertura comercial de Chile con su rebaja unilateral de aranceles... y la libertad del mercado cambiario". Queda por saber si el Gobierno, gran demiurgo de estas maravillas destinadas a aumentar la rentabilidad del capital, escuchará los llamados del Cato Institute, de José Piñera y del FMI, para flexibilizar el mercado del trabajo. Ultima etapa en la construcción del sueño neoliberal en el que la trata de blancos se transforma en una oportunidad de inversión rentable para la actividad privada. Y ahí sí que podremos entonar canciones de júbilo y alabanza. Hosannas y Aleluyas.

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