Año 2, N.41, Domingo 3 de Agosto de 2003

Poesía de última generación

Esquizofrenia y paradoja

Tienen veintitantos, son poetas, y debutan con su primer libro. En eso coinciden Max del Solar y Andrés Kalawski. El primero es también periodista, su libro se titula " Las químicas orquestas " y fue publicado por Al Margen Editores. El segundo es dramaturgo y Ediciones del Temple se encargó de poner en circulación su poemario " Ensayo y error " .

ESCRITURA ESQUIZOFRENICA


Si hay algo de novedoso en "Las químicas orquestas" de Max del Solar (1978) es una buena dosis de esquizofrenia, un recurso poco frecuente en la poesía criolla, y aun más, desterrado del ejercicio poético de la generación emergente a la que del Solar viene a sumarse. Lejos del ámbito clínico, el concepto lacaniano de esquizofrenia fue recogido por Fredric Jameson como modelo estético para abordar cierta escritura posmoderna. Supone, al menos, dos cosas: un sujeto que ha perdido la capacidad de organizar su pasado y su futuro en una experiencia coherente, y una producción simbólica, por tanto, que deviene necesariamente en una colección de fragmentos, heterogéneos y aleatorios. Un texto esquizofrénico es un texto que ha roto la cadena lógica de significantes, y que se resiste a producir sentidos. La consecuencia para el lector, que tiene la mala costumbre de pretender entender aquello que lee, es observar una escena montada sobre la base de imágenes incoherentes. No obstante, sostiene Jameson, de la lectura de un texto esquizofrénico puede resultar "un sentido global más unificado". Pero esa posibilidad, para la cual no hay recetas, no es otra cosa que un desafío para la intelección lectora.

El recurso fundamental que (des)ordena "Las químicas orquestas" es la cuerda anudada, descontinuada y despedazada de la ambigüedad esquizofrénica: "miro para atrás / veo corro me voy estoy / mañana en un traje negro olvidado / cataplasma en los ojos / el silencio azul arriba del labio / estoy fui en el cajón". Pero no solo se trata de una patología puramente textual, sino que también es asumida con autoconciencia por el sujeto poético. El viejo tema de la enfermedad metal como posibilidad de poetizar el mundo aparece con insistencia: "No es paranoia no es paranoia / ni un asesinato (posible) / a la luz de las velas / pero los esturiones quieren romperme el ano / (...) o la cabeza en un columpio que viene de ayer y se destroza".

Pero reducir el libro de Max del Solar al puro tema esquizofrénico no sería adecuado. En el mismo sentido de posibilidad poética que tiene la enfermedad mental, el sueño, la pesadilla y el inconsciente son también una puerta abierta a una habitación oscura y desordenada: "Una cabeza de divide en dos / (...) justo en el medio está el rictus poético / la chantada de la bicicleta en pleno subconsciente".

Hay que decir que "Las químicas orquestas" es un texto que corre el riesgo de aburrir al lector. El tráfico caótico, que evita el verso efectivo (y eso no siempre es un valor), a ratos nos coloca al borde de un fastidio solo interrumpido por más de algún chiste propio de los artefactos parrianos: "Ruleta rusa + montaña rusa = Ensalada rusa". Con todo, es un libro que aporta una singularidad atractiva en el escenario de la poesía chilena nueva.

LENGUAJE Y PARADOJA


"Ensayo y error" de Andrés Kalawski (1977) actualiza el viejo tópico moderno del observador que se mira observando. Un ejercicio de exhibicionismo poético tan antiguo como Baudelaire, pero en el cual siempre habrá pasto que cortar. El volumen de Kalawski articula este tema como una nota persistente que, con tonos más o menos variables, le otorga cierta densidad al libro. "Ensayo y error" es, sin embargo y sobre todo, una colección de poemas de muy distinta factura, muchos de los cuales no escapan al mero ingenio de lenguaje.

La novedad en estos poemas es la presencia de un observador que fracasa en su intento por mirarse mirar. No se trata del poeta que desmonta su oficio vouyerista con la inapelable racionalidad ilustrada. Muy al contrario, este es un poeta que instala la duda en la mirada, y más aun, en el lenguaje que pretende decir aquello que mira. Y cuando es el lenguaje el que fracasa, si no queda el puro y absoluto silencio, cabe al menos la paradoja. Los versos finales del poema que da título al libro resultan claves en este sentido: "Si se mira el sí mismo como lo ajeno el ojo se triza y se llena de mapas / Entonces decimos que la piel rodea el mundo y nosotros estamos en la parte de afuera". A mi juicio, los mejores poemas de "Ensayo y error" son los que intentan (a)cercar este problema, como aquel que se titula "Uno de nosotros", donde el lenguaje -"la casa del ser" de Heidegger- es cifrado como una casa de la que no se puede escapar: "Un hombre camina / hasta la puerta. / Golpea. / Nadie le abre / El mismo hombre / se aleja triste. / Ha golpeado por dentro / su propia casa".

Kalawski incorpora en su trabajo algo de esquizofrenia, que deviene muy regularmente en hermetismo en algunos poemas (especialmente el titulado "Carlos Cociña"). De ahí que no sea difícil encontrar también temas como la disociación del yo y la negación de sí mismo (en "Poema de Cristo", por ejemplo, escribe "Yo soy un hombre / yo no lo soy lo soy).

Pero Andrés Kalawski puede parecer, al menos hasta aquí, un poeta libresco (no por nada le propina un par de homenajes a Borges), y su poesía una constante actualización de antiguas materias literarias. Sin embargo, en buena parte "Ensayo y error" gana en amenidad al sumar una prudente dosis de coloquialismo, que no es el habla callejera (un tic recurrente en la poesía joven), sino más bien un fraseo medido y justo que permite al lector no despedir fácilmente tanta nomenclatura abstracta.

"Las químicas orquestas"
De Max del Solar
Al margen editores, 90 págs.
"Ensayo y error "
De Andrés Kalawski
Ediciones del Temple, 72 págs.

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