Año 2, N.41, Domingo 3 de Agosto de 2003

Cumbre Progresista

Buscando "la Cuadratura del Círculo"

No es claro si la "Cumbre Progresista" organizada el mes pasado en Londres por el primer ministro británico Tony Blair -que reunió a catorce jefes de Estado y de Gobierno- intentó una suerte de acomodo internacional del pensamiento de izquierdas o sólo recomponer la disminuida imagen de aquél tras su alianza con George Bush y su directa participación en la guerra de Irak.

Si fue lo primero, la Cumbre claramente no lo consiguió. Blair convocó el encuentro para analizar la vigencia de las propuestas de la llamada "tercera vía", aquéllas que propulsó en su momento el "Nuevo Laborismo" británico y con las cuales Blair ganó el gobierno en 1997. La "tercera vía" propugna la adopción de políticas de mercado, aunque con énfasis en las políticas sociales. Los temas abordados esta vez fueron la inmigración -de pobres, desempleados y refugiados políticos del Sur a las ricas economías del Norte, claro-, el medio ambiente, la globalización, el Estado de bienestar y las nuevas tecnologías.

Aunque en el plano internacional todavía sigue hablándose de la "tercera vía", el pragmatismo del discurso de Blair no convenció a sus colegas de países americanos, europeos y africanos. Muy por el contrario: los flagrantes desacuerdos suyos con mandatarios como el brasileño Luis Ignacio Lula da Silva o el argentino Néstor Kirchner (para no citar los que mantiene con el propio laborismo británico) quedaron descarnadamente a la vista en la cita.

Blair sostuvo que su Nuevo Laborismo "debe permanecer en el centro del espectro político", reivindicó la necesidad de que el progresismo impulse los cambios sociales -pero sólo para que el tema no se lo apropie la agenda política de derechas- y descartó una redistribución del ingreso mediante mayores tasas impositivas: "Nos hemos cuidado de no penalizar a los ricos (...) Hemos buscado la redistribución por otros medios, como los créditos especiales para los pobres, que han permitido elevar su nivel de vida en un 40 por ciento", aseguró.

En cambio, Lula da Silva precisó que "el realismo político no debe ser una justificación para abandonar los sueños, que son la piedra angular del pensamiento de izquierda"; destacó que la redistribución de ingresos debe ser uno de los ejes centrales de una política, y recordó que desde los años '90 "una ola conservadora se diseminó por todo el mundo e incluso contaminó a sectores de la izquierda". Explicó que el proyecto de su partido "combina el crecimiento económico con la redistribución de los ingresos, profundiza la democracia y afirma la soberanía de nuestro país en el mundo".

A su vez, Kirchner criticó aquella postura que supone una respuesta de las democracias progresistas al fracaso del neoliberalismo, porque la elasticidad con que la aplican los países desarrollados deriva en el desprestigio internacional de la centroizquierda.

El debate sobre la "tercera vía" no oculta las dudas respecto de si ésta incluso existió más allá de la mente de los gurúes que la inventaron como un eslogan para Blair. Los escépticos opinan que bajo este paraguas se intenta encubrir la pobreza de ideas que aqueja a las izquierdas y que el concepto es una forma displicente para que el "progresismo" acepte la globalización o las privatizaciones. En cambio, los realistas parecieran querer sentar la presencia de unos límites y lineamientos -difusos, es cierto- respecto de lo que está permitido o es "políticamente correcto".


Kirchner, Da Silva y Ricardo Lagos fueron en la Cumbre enmarcados como los adalides pragmáticos de la "tercera vía" en América Latina. En Londres quedó claro que unos y otros -y ellos juntos respecto de los gobiernos progresistas del mundo desarrollado- confrontan muy distintas acepciones para un mismo concepto.

Kirchner dio una muestra de realismo cuando reivindicó la necesidad de resolver el tema de las violaciones a los derechos humanos porque "respetar la Justicia vale en el mundo tanto como pagar la deuda (externa)". No lo fue en cambio que Lula dijese que los EEUU "piensa primero en sí mismo, segundo en sí mismo y tercero en sí mismo". Afirmación que allí mismo el Presidente polaco, Aleksander Kwasniewski -férreo aliado de Washington en Irak-, le rebatió: "No pueden decirse cosas así (...) debemos respetar a EEUU".

El ex Presidente Bill Clinton y su homólogo brasileño Fernando Cardoso -ambos a la cabeza de gobiernos "progresistas- fueron muy amigos, pero ello no impidió que EEUU hiciese nada por Brasil, recordó Lula en Londres.

Tampoco Ricardo Lagos -en declaraciones a la BBC- aportó muchas luces respecto de qué lado de la "tercera vía" se sitúan él y su gobierno: "El mercado es muy eficiente para resolver un conjunto de temas, pero no para los problemas sociales. Una cosa es tener cuentas fiscales sólidas, determinadas empresas privatizadas y Acuerdos de Libre Comercio. Otra cosa es asegurar que todo ello conduce al crecimiento, y que (éste) llegue a los que más lo necesitan; eso requiere de políticas públicas".

Quien mejor ha dado cuenta de la elasticidad con que los distintos gobiernos (auto)definen su progresismo ha sido la revista conservadora The Economist: Días antes de las elecciones de 2001 puso en su tapa el título de 'Vote Conservador', y junto al mismo la cara de Blair.


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