Año 2, N.42, Domingo 17 de agosto de 2003
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Cardenal Raúl Silva Henríquez
Rescatemos la Historia para que Nunca Más...
Iván Radovic, director ejecutivo de la Fundación Oficina Coordinadora de Asistencia Campesina, a raíz de un reportaje publicado en El Mercurio que aseguraba que el Cardenal Silva había aceptado y bendecido una propuesta de punto final presentado por el gobierno militar hace 25 años, responde a el diario de Agustín Edwards.

Quisiera referirme al artículo aparecido en el cuerpo Reportajes del domingo 22 de junio pasado, bajo el título "La Solución que Pudo Ser" del Diario El Mercurio.


En ella, en síntesis, el periodista que escribe pretende señalar que la propuesta de punto final del Presidente de la UDI señor Longueira era muy parecida a la que el gobierno militar propiciara hace 25 años y que habría contado en aquel momento con la "bendición del ya fallecido Cardenal Raúl Silva Henríquez y el beneplácito del General Pinochet".

Este artículo, hábil en la forma, tendencioso en el fondo, me ha movido a las siguientes reflexiones:

1. Para hablar del Cardenal Silva hay que tener mucho respeto. No sólo porque está fallecido y no puede responder por sí mismo a cualquier infundio, sino porque fue un hombre de una consecuencia a toda prueba, lo que hace impensable que pudiese estar de acuerdo con una ley de Punto Final u otra parecida. Trabajé a su lado 21 años ininterrumpidos y sé de lo que hablo.

2. Para confirmar sus aseveraciones directas o veladas, el periodista no aporta pruebas ni testimonios: no prueba nada. En fin, una pequeña novela bien tramada, con la intencionalidad aparente de dar soporte a un partido político que hoy quiere subirse al carro de la defensa de los derechos humanos casi 30 años después.


3. Dificulto que los obispos Carlos González, Sergio Contreras y José Manuel Santos hayan perdido la memoria sobre asuntos tan de vida o muerte como son la búsqueda de los detenidos-desaparecidos, la presentación de los recursos de "habeas corpus" y las sin duda tensas conversaciones con el Jefe de la CNI Odlanier Mena. Son hombres vigentes hoy, consecuentes y valientes y no se olvidan de episodios tan horrorosamente traumáticos.

4. Por otro lado, pienso como Monseñor Santos que difícilmente en ese momento pudieran ser creíbles las promesas de Odlanier Mena: "Les dio su palabra de honor de que en los cuarteles de la CNI, de las FFAA y policiales no había detenidos desaparecidos. Y tampoco tortura". Se ve que los obispos tuvieron razón. Estamos descubriendo a diario fosas comunes con presos políticos, remociones de entierros de desaparecidos; cuerpos lanzados al mar. Corría el año 1978.

5. Sin duda, transcurridos ya los 25 años que menciona el articulista, las palabras de Monseñor Hourton eran realistas y la historia le dio la razón: "Me acuerdo de un almuerzo en la Central de la CNI en Vicuña Mackenna. Mena lo quiso convencer de que no torturaban y de que su gente estaba bien inspirada...". Le dije que debía demostrar con hechos que las cosas habían cambiado. Hasta hoy estoy perplejo respecto a que tratara de enmendarlas. Tengo la impresión que había otro que mandaba tanto como él. No hubo más reuniones y la CNI no cambió de rumbo".

Monseñor Hourton en ese momento era obispo auxiliar de Santiago y por cierto, respondía a las directrices del Cardenal Arzobispo don Raúl Silva Henríquez. ¿Podrá creerse entonces, que el señor Cardenal hubiese bendecido una propuesta que buscaba sin dudas un acuerdo de Punto Final comprometiendo a la Iglesia en pleno período de represión? No es pensable... Al menos yo puedo dar fe del pensamiento y de las palabras del Cardenal durante mi trabajo junto a él entre 1974 y 1995.

6. A nadie le cabe duda de que el Cardenal Silva desde el primer día buscó ayudar en el terrible drama de la violación sistemática de los derechos humanos. Pero, nunca buscó soluciones para quedar bien con Dios y con el diablo. Menos comprar el silencio y la resignación con impunidad. Le costó caro ser consecuente. Recibió por ello varias amenazas de muerte. Sus palabras eran siempre: la dignidad de los hombres y mujeres es sagrada.

7. Estuvo dispuesto a ayudar a todos, sin distinción. También a asesinos y torturadore, porque era discípulo de Jesucristo. Quería cerrar las heridas. Pero, se daba cuenta que éstas no se cierran solas ni por decreto. Ni hace 25 años ni ahora. Hay que cerrarlas primero con justicia, luego con misericordia y con amor.

Las propuestas del señor Longueira, Presidente de la UDI, llevan en sí el germen de la impunidad. Y don Raúl sabía que aceptar la impunidad era construir la paz sobre arena. Nunca podría garantizarse el "para que nunca más...".

La propuesta del señor Longueira nada tiene que ver con las soluciones que el Cardenal Silva buscaba trabajosamente cada día. No eran las soluciones del señor Mena y de la siniestra CNI.


8. Me consta que entre el Cardenal Silva Henríquez y Enrique Iglesias había muchas coincidencias. Eran también amigos. Pero, fundamentalmente eran adultos. Constituye una falta de respeto para ambos señalar, que Enrique Iglesias influyera en el Cardenal para que no aceptara una solución de punto final. En materia de derechos humanos, como en otras, ambos coincidían. En última instancia, la propuesta militar se caía por sí misma y personas de vocación humanista no podían aceptarla.

9. Del reportaje del señor Carvallo se desprende:

a) Que varios miembros importantes de la Iglesia habrían perdido la memoria. No así los ex dirigentes de la CNI.

b) Que las afirmaciones que pretenden mostrar que la propuesta de punto final de la CNI en 1978 habría contado con la bendición del Cardenal Silva, no prueban que así haya sido.

c) El señor Carvallo esconde en el olvido o en el anonimato a sus informantes. Otros testigos son menos confiables porque no compartieron con el Cardenal ni el análisis del problema ni su compromiso. Más bien se escondieron.

d) Pretendió hacer un "collage" de situaciones, épocas y personas, para sacar conclusiones que no concluyen. En fin, un reportaje muy poco serio.

Para cualquier persona -aún poco perspicaz- este reportaje pretendería respaldar la propuesta del Presidente de la UDI, usando para ello la indesmentible autoridad moral del Cardenal Silva.

Por último, quisiera señalar que es iluso y ofensivo pensar que una ley sobre muerte presunta, pensiones de gracia a familiares en el marco de una ley de amnistía; es decir, una ley de punto final, podrán terminar con 30 años de dolor.

Creo que don Raúl comparte conmigo el pensamiento de Hernán Montealegre:

"A quienes creen que el tiempo borra la verdad,
o creen que el tiempo cambia la verdad,
porque en sus memorias se desvanece la verdad,
o porque en sus memorias nunca estuvo la verdad,
que sepan que el tiempo sólo pule la verdad,
para quien no acepta vivir sin la verdad".
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