Año 2, N.42, Domingo 17 de agosto de 2003
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Integración del Cono Sur
LULA, KIRCHNER, LAGOS, CHAVEZ Y LOS OTROS
(Por Nelson Soza)Suele decirse que -en materia de integración- los gobiernos sólo pavimentan el camino abierto por los empresarios. Lo ocurrido en los '90 con los distintos esquemas vigentes en América Latina (AL) pareciera dar razón a ese aserto: primero hubo el verbo comercial e inversor y luego vinieron acuerdos comerciales y uniones aduaneras. En cambio, los intentos de los años '60 y '70 habrían fracasado al apoyarse sólo en una voluntad política que duraba lo mismo que el mandato de los presidentes interesados en ello. Pero todo esto parece estar cambiando rápidamente. Muchos gobiernos de la región están hoy convencidos de que el Mercosur y la Comunidad Andina (CAN) han tocado techo en materia comercial y que su viabilidad futura -incluyendo la consolidación de lo avanzado- pasa por una mayor unidad política.


La coexistencia de unos gobiernos con un sello de (centro)izquierdas -socialdemócrata en unos casos y más populista o nacionalista en otros- es un factor no menor para entender el fenómeno que ha comenzado a gestarse en Suramérica, especialmente tras la asunción de Luis Inacio da Silva en Brasil y de Néstor Kirchner en Argentina. Pero no es el único. Hay también un diagnóstico crítico más o menos común respecto del agotamiento de las fórmulas neoliberales (diseminadas por la región a partir del llamado Consenso de Washington), la necesidad de construir un frente común negociador ante los débiles compromisos aperturistas estadounidenses en el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y -aun si el ALCA logra materializarse- la convicción de que ello no bastará para resolver la desigualdad y pobreza subsistentes en AL.

LA CONVERGENCIA DE CHAVEZ Y LULA

En los últimos seis años, Caracas y Brasilia elevaron a niveles inéditos sus relaciones comerciales y políticas. Durante el último período de Cardoso, ambos gobiernos hallaron nuevos espacios de acercamiento en petróleo (exploración off-shore, refinación y tecnología), gas y comercio. La carretera Manaos-Ciudad Guayana es hoy uno de los corredores comerciales más pujantes de la subregión. También mantienen nueve acuerdos de asociación estratégica para formar Petroamérica, un megaproyecto energético global que uniría a Petróleos de Venezuela (PDVSA) y Petrobras, mediante el cual se han realizado decenas de inversiones, co-inversiones y asociaciones. Las inversiones, alianzas empresariales y el comercio bilateral totalizan hoy algo más de 10 mil millones de dólares. Pero con Da Silva todo ello se trasformó en una alianza estratégica y en aproximaciones políticas.

La visión de introducir un componente político a la integración fue inicialmente desarrollada por el Presidente venezolano Hugo Chávez y su discurso tan bolivariano como anti-"capitalismo salvaje". Consecuente con ello, los pasos de Chávez para pedir el ingreso de su país al Mercosur tienen una triple dimensión: éste representa una zona de contención frente al ALCA, de defensa política ante Washington y otras potencias industriales y un espacio comercial ampliado.


Pero esa concepción adquirió toda su fuerza cuando -con un discurso menos antiglobalizador y ciertamente más pragmático que el de Chávez- Lula da Silva expuso los ejes de su política exterior: "La integración económico-comercial no es un fin en sí mismo. Debemos tener la sabiduría de encontrar soluciones propias para problemas y circunstancias que son comunes. Para que nuestros países puedan obtener ganancias reales en las negociaciones comerciales es importante que Mercosur y la Comunidad Andina (CAN) coordinen mejor sus posiciones. Una acción conjunta de ambos será capaz de movilizar los recursos de los organismos financieros para el desarrollo de América del Sur", explicó un par de meses después de asumir, ante la cumbre de Presidentes de los países andinos.

Una América del Sur "políticamente estable, socialmente justa y económicamente próspera es un objetivo no sólo por natural solidaridad, sino en función de nuestro propio progreso y bienestar" -rubricó más tarde el nuevo canciller brasileño, Celso Amorin. La decisión de Lula de formar un Grupo de Países Amigos para resolver la crisis venezolana y de proveerle combustible durante el paro impulsado por la oposición de ese país, o la crítica sin remilgos a los organismos financieros internacionales expresada en la Cumbre Reformista de Londres, han demostrado que Brasil busca asumir un rol más activo en la realidad de sus países vecinos y el liderazgo regional antes otros bloques mundiales.

KIRCHNER, EL MEJOR ALIADO

Pero así como el nuevo gobierno brasileño concibe la integración entre Mercosur y la CAN como "una herramienta que refleje el peso de ambos bloques", a Lula la asunción de Kirchner en Argentina le permitió contar con un aliado político que no tuvo su antecesor -Fernando Cardoso- con el entonces Presidente Carlos Menem. Lula y Kirchner han profundizado en pocos meses la relación bilateral a un nivel nunca antes alcanzado por ambos desde la creación del Mercosur. El gobierno de Lula ha dejado en claro que la relación con Argentina constituye el pilar de la reconstrucción del bloque y de una zona de libre comercio sudamericano, el gran proyecto que Cardoso no pudo materializar.

Reflejo del cambio cualitativo de una agenda del Mercosur antes dominada por temas comerciales y económicos y que hoy se abre por igual al combate de la pobreza o a la reducción de gastos en Defensa, Argentina y Brasil buscan avanzar sobre temas que además del comercio involucren a otras áreas. Así, han formalizado un acuerdo para intercambiar experiencias y conocimientos en materia de política social y -más adelante- dar ayuda conjunta a terceros países. Como muestra de su voluntad política para profundizar el Mercosur, Brasil implantó un Programa de Sustitución Competitiva de Importaciones, que prevé suplir importaciones de extrazona por bienes producidos al interior del pacto. También creó una Subsecretaría General para América del Sur, que asumirá la tarea de inducir la integración física, económica y comercial de los países suramericanos y todas las negociaciones comerciales en donde actúe el Mercosur. Este giro refundacional es avalado no sólo por la convergencia de políticas de los gobiernos argentino y brasileño, sino que por el respaldo dado por sus ciudadanos.


Aparte de Chávez, quien más parece haber entendido el proyecto de Lula es el secretario general de la CAN, el colombiano Guillermo Fernández de Soto. Apoyándose en datos reveladores -el 54 por ciento de la población de los países andinos está en la línea de pobreza y un cuarto de ella en indigencia, y la subregión tiene los más elevados niveles de concentración del ingreso en AL-, el funcionario ha urgido a los mandatarios andinos a desarrollar estrategias articuladas de cohesión social, lucha contra la pobreza y la exclusión que contribuyan a la gobernabilidad y a consolidar la democracia. En lenguaje pragmático, ello supone oponerse a un ALCA donde "podamos culminar como perdedores netos" y "una acción conjunta para reducir al máximo los costos previsibles de una menor protección futura y de la eventual pérdida de autonomía en materia de políticas".

EL TRUEQUE ARGENTINO-VENEZOLANO

Con Argentina, la estrategia de Chávez integra hábilmente aspectos políticos y económico-comerciales (suplantar el dólar por las monedas locales, disputar la fijación de precios monopólicos por las trasnacionales petroleras). Así, el acuerdo marco suscrito en junio pasado con Venezuela le permitirá a Argentina intercambiar unos 800 millones de dólares anuales en agroalimentos, medicinas y combustibles sin tener que acudir a sus reservas de divisas estadounidenses. Esta suerte de trueque tiene tres méritos: elude al "área dólar", fortalece a dos economías regionales e ilustra el concepto de "un Mercosur regido por la política".

También Venezuela invertirá a mediano plazo 500 millones de dólares en Argentina, que desde 1997 era el principal inversor de AL en ese país, hasta cuando el 40 por ciento de ellos huyó espantado por las crisis de Asia, Rusia y Brasil o por el frustrado golpe venezolano de 2002. Pero a diferencia del capital especulativo argentino, Caracas invertirá en la economía real, en el desregulado y competitivo mercado de los combustibles bonaerense y de otras grandes ciudades del país trasandino. Un quinto de éste no depende de ninguna trasnacional petrolera y será el segmento donde intentará posicionarse PDVSA.

LAGOS Y SU PROPUESTA DE UNIDAD

POLITICA: ¿VUELVE EL PACTO ABC?

A este escenario de una mayor convergencia política y económica -ya que no comercial: los Acuerdos con EEUU o la UE condicionan el margen de maniobra al respecto del gobierno chileno- parece haberse sumado también Ricardo Lagos. Basándose en "las coincidencias existentes entre los regímenes de la región", en Londres y durante la Cumbre Reformista Lagos propuso a Kirchner y Lula un plan de siete puntos para que el Mercosur emprenda acciones concretas que muestren al mundo la seriedad de su proyecto integracionista. Entre ellas: una "homologación soberana de los gastos de Defensa" para avanzar hacia una política común al respecto; desarrollar posiciones compartidas en materia de Seguridad; impulsar una convergencia macroeconómica, y ejecutar programas de infraestructura física, especialmente aquéllos relativos a corredores bioceánicos.

Los tres mandatarios reconocieron que el actual "momento histórico" permitiría "avanzar en hechos concretos hacia una mayor integración (de América del Sur mediante) una voz plural e integrada", acordaron "fortalecer y ampliar el Mercosur para convertirlo en un bloque sólido y en un interlocutor fuerte frente a los EEUU y la UE" y una postura común con vistas a la segunda ronda de negociaciones de la OMC. Convinieron en presentar al cabo de dos meses una serie de medidas de integración para llevar la unión comercial de América del Sur a los ámbitos de integración física y tecnológica.

Esta uniformidad de criterios de tres gobernantes ligados por esa convicción -y por un común tronco socialdemócrata- ha llevado a algunos analistas a considerar que el Cono Sur se encaminaría hacia una estrategia política similar a la del "pacto ABC" que existió a mediados del siglo pasado.


La integración sudamericana -aun de quienes se sitúan en las antípodas políticas, como el Presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez y su homólogo boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada- parece esta vez haber hallado su común denominador en áreas sin las cuales será imposible avanzar en cualquier otro camino. Petróleo, gas, electricidad y una ambiciosa red de carreteras y comunicaciones fluviales -la Iniciativa de Infraestructura Regional de América del Sur, IIRSA- constituyen los cuatro principales ámbitos de una creciente convergencia de intereses en la que aparecen especialmente ligados los gobiernos de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Perú y Venezuela.

La IIRSA nació del esfuerzo de la diplomacia brasileña al convocar la I Cumbre Presidencial Suramericana. La idea pareció entonces trasnochada, pero hoy los 12 ejes terrestres, fluviales y marítimos que interconectarían al subcontinente atraen el interés financiero de la Corporación Andina de Fomento, su símil del Mercosur -el Fondo de Desarrollo de la Cuenca del Plata-, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.

El acuerdo comercial que podrían suscribir Perú y Brasil en las semanas próximas es para Lima uno de los "tres pilares fundamentales" de su alianza estratégica con Brasilia; los otros son los aspectos político-diplomáticos y de seguridad, y la IIRSA. Perú participaría en la IIRSA con cuatro ejes: el Amazónico (Manta-Manaos); el de Perú - Brasil; el Interoceánico, que integra a Bolivia, Perú, Brasil, Paraguay y Argentina, y el Andino, que empalma con la Carretera Marginal de la Selva. A su vez, Chile, Bolivia, Brasil y Paraguay integran el proyecto de construir un corredor bioceánico que uniría los puertos de Santos y de Arica.

Aún más veloz ha sido el avance en materia de integración energética:

- La creación del conglomerado regional Petroamérica cobró más fuerza tras el acuerdo de julio pasado entre PDVSA y Petroecuador. Ambos países establecen diez puntos de trabajo conjunto a nivel de gobiernos y empresas, incluyendo el comercio de gas licuado de petróleo (GLP), gasolinas, naftas, asfaltos y bases para la fabricación de lubricantes. También PDVSA apoyará a Petroecuador a modernizar su estructura técnica, administrativa y operativa y asesorará la optimización de las licitaciones que impulse Quito en materia de hidrocarburos. La eliminación de la intermediación en la compra de GLP permitiría a Ecuador desde 2004 abaratar entre un 20 y 25 por ciento el costo de los productos que importa.

- La puesta en marcha de la interconexión eléctrica entre Ecuador y Colombia -el uno de marzo pasado- generaría beneficios económicos directos estimados en unos 180 millones de dólares anuales para el primero, y constituye la última fase de una integración eléctrica que busca conformar un mercado común andino para comercializar grandes volúmenes de energía con tarifas más económicas; racionalizar los recursos y aprovechar mejor las reservas hidrológicas durante los períodos de sequía. La integración ya está concluida entre Venezuela y Colombia y Ecuador con Colombia, y en curso entre Ecuador con Perú. Los Ministros de Energía de la CAN establecieron a fines de 2002 que los países andinos no mantendrán discriminaciones de precios entre mercados nacionales y externos y garantizarán el libre acceso a las líneas de interconexión internacional.

- Brasil y Bolivia -y las respectivas empresas estatales petroleras, Petrobras y Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB)- tienden a relaciones cada vez más estrechas e interdependientes en materia energética. La actual renegociación del contrato de suministro por diez años de gas boliviano al mercado brasileño se enmarca en la necesidad de éste de ampliar el flujo actual para expandir su propio mercado industrial -incluyendo su uso para generación eléctrica-, y el interés de La Paz de comprometer a Petrobras en el desarrollo de un polo petroquímico y de plantas hidroeléctricas en la frontera común. Uno de los factores relevantes de la negociación es si se mantendrá el cumplimiento de los volúmenes requeridos, que en 2004 debieran llegar a los 30 millones de metros cúbicos/día y las regalías que hoy perciben los Departamentos productores bolivianos. Brasil persigue asociar la renovación del contrato a un abaratamiento del precio del gas y flexibilizar la cláusula que lo obliga a pagar por el gas trasportado -aunque éste no sea consumido. Bolivia no desea una modificación del contrato que pueda reducir sus ingresos y espera obtener garantías de que Brasilia al menos mantendrá sus niveles actuales de consumo de gas.

" Otra hebra de esta integración es el no resuelto dilema del gobierno boliviano respecto de si exportar otra parte de sus reservas de gas -esta vez a los mercados de California y México- a través del puerto chileno de Patillo o del peruano de Ilo. Bolivia tiene entre reservas probables y probadas unos 50 trillones de pies cúbicos de gas, parte muy menor de las cuales está comprometida con Brasil. Según el consorcio inversionista Pacific LNG (integrado por la española Repsol YPF y la British Petroleum) la elección de un puerto chileno representaría un menor costo fluctuante entre 300 y 500 millones de dólares. El gobierno de Bolivia continúa sin tomar una decisión pues teme a la reacción de los sindicatos y partidos opositores al Presidente. Aunque Santiago se ha esforzado en negar cualquier relación, el notorio avance para materializar un nuevo Acuerdo comercial con Bolivia -hacia fines de 2003- está estrechamente relacionado a la salida del gas por un puerto chileno, y a la posibilidad de utilizar gas boliviano como un sustituto del argentino -del cual dependen hoy dos tercios del consumo.

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