Año 2, N.42, Domingo 17 de agosto de 2003
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Astronomía
Al Universo se llega por Chile
(Por Oscar Valenzuela)La Segunda Región de Antofagasta se ha constituido en el lugar más apetecido por los astrónomos de todo el planeta. Ya alberga al telescopio de Cerro Paranal, el más grande del mundo, y en julio pasado se inició la construcción del proyecto ALMA, que para el 2011 se constituirá en la mayor apuesta que se haya hecho para observar al infinito.


La maquinaria ya comenzó a trabajar en el desierto, y es cuestión de tiempo para que la fisonomía del lugar cambie para siempre. De ahora en adelante, la soledad del altiplano chileno será conocida por el calor, la arena y... los telescopios. Sí, porque para el 2006, cuando finalicen los trabajos preliminares del proyecto ALMA (Atacama Large Millimeter Array o, lo que es lo mismo, el mayor complejo de radioastronomía en el mundo), la Segunda Región del país se convertirá en una especie de lugar sagrado para los astrónomos. Y no será para menos, ya que además de este verdadero monstruo que escudriñará el infinito, albergará además al mega telescopio óptico de Cerro Paranal, también el más grande del planeta en su tipo.

Así las cosas, desde el 25 de julio pasado, cuando se dio el vamos a los trabajos de construcción de ALMA, todos los ojos telescópicos dejaron de mirar hacía el cielo, y se posaron en el llano de Chajnator, a más de 5 mil metros de altura. Este lugar, a 60 kilómetros de San Pedro de Atacama y próximo al paso de Jama a Bolivia, será el emplazamiento de 64 antenas móviles, cada una de 12 metros de diámetro, las que podrán observar simultáneamente la misma fuente astronómica. El resultado será idéntico a tener un gigantesco radiotelescopio de 14 kilómetros de diámetro, capaz de obtener imágenes de galaxias distantes con una resolución 10 veces mayor que la del telescopio espacial Hubble. Y a un costo de "sólo" 555 millones de dólares, claro que puesto por capitales norteamericanos, europeos y -próximamente- japoneses.


AL INFINITO Y MAS ALLA

Hoy por hoy, Chile es sede de cinco importantes centros internacionales de astronomía. El primero fue Cerro Tololo, en la Cuarta Región, al que se sumó el vecino Cerro Pachón con el proyecto Gémini Sur y Las Campanas. Todos ellos dependientes de instituciones norteamericanas. Mientras que La Silla y el mencionado Cerro Paranal pertenecen al consorcio Observatorio Europeo Austral (ESO en inglés), entidad conformada por ocho países del viejo continente.


A ellos se sumará el proyecto ALMA, que es el resultado de un esfuerzo internacional, que surgió a mediados de los 90, cuando los proyectos paralelos sobre radioastronomía de ESO y Estados Unidos convergieron en una meta común. Una senda parecida siguen los investigadores japoneses, quienes en un futuro próximo también se incorporarán al grupo.

La idea original era instalar las mentadas antenas en algún lugar de Norteamérica, o en su defecto en Hawai, pero las condiciones no lograban cuajar. Probando en varios puntos del planeta, desde 1995 ESO mantiene instrumentos de medición en el desierto de Atacama, los que demostraron que precisamente ése es el mejor lugar del mundo para instalar un observatorio.

¿Cuál es el secreto para que los expertos extranjeros se decidieran? Principalmente el terreno, único por la calidad de sus cielos, asegurada por la altitud, que provoca una capa de vapor de agua delgada. Asimismo, la extrema sequedad deja muy pocas moléculas de agua, las que son congeladas por las bajas temperaturas y minimizan las radiaciones ambientales que podrían enturbiar al telescopio. De esta manera, la garantía es de por lo menos 350 días despejados al año, ideales para estudiar el espacio.

Por otro lado, la eterna soledad del desierto y la lejanía de centros urbanos y ultra iluminado, también ayuda a lograr ese delicado equilibrio necesario para la investigación. Claro que tampoco se trata de aislarse completamente, porque otra de las ventajas del lugar es la comunicación terrestre que puede mantener fácilmente con San Pedro y Toconao.

Así que de no ocurrir ningún inconveniente, dentro de tres años estarán listas las instalaciones del campamento base (a dos mil metros de altura) y la primera antena -cuyos prototipos se están probando en Nuevo México- entrará en funcionamiento a cinco mil metros. Al ritmo presupuestado de una antena al mes, recién el 2011 ALMA estaría en condiciones de mostrar todo su potencial, especialmente dirigido en busca de las galaxias más tempranas y distantes, donde se encuentra la clave para desentrañar la formación del Universo.


TELESCOPIOS MAPUCHES

Pero no sólo los factores ambientales han propiciado el lugar que nuestro país ocupa en la astronomía. También han ayudado las políticas de Gobierno, que han facilitado la construcción de estos colosos tecnológicos, exonerándolos en muchos casos del pago de aranceles aduaneros, a cambio de tener derecho a que expertos chilenos puedan utilizar las instalaciones, generalmente durante el 10 por ciento del tiempo de observación. La única excepción es el proyecto Gémini, dónde Chile aportó cerca del cinco por ciento del dinero, aproximadamente 8 millones de dólares.


En el proyecto ALMA, el Gobierno entregó la concesión por 50 años de una superficie de 17 mil 700 hectáreas fiscales a cargo de Conicyt, además de declarar el lugar como de interés científico, con lo que aseguró su uso exclusivo para estos fines. La administración del dinero recibido -150 mil dólares anuales- se desglosa en 700 mil dólares para financiar proyectos científicos de desarrollo local y regional, mientras que el resto se destina a un fondo para la astronomía administrado por Conicyt, y un tercio se repartirá a nivel local, en salud y educación para San Pedro de Atacama y de desarrollo productivo para Toconao.

En el plano estrictamente científico, se estima que cinco noches de observación generan datos como para mantener ocupado a un astrónomo durante todo un año. Tomando esta base, el promedio total de que disponen los observadores nacionales en los grandes telescopios es de más de 300 noches, para poco más de 40 especialistas.

De esta manera, está asegurada la utilización por parte de compatriotas de una tecnología de punta, a la que difícilmente se podría acceder de otra manera. Y no podía ser de otra forma, si se tiene en cuenta que la "onda" nacional sobrevuela todos los proyectos. Como muestra están los cuatro telescopios gigantes de Cerro Paranal, que conforman el mayor complejo óptico del mundo, que llevan nombres mapuches. Así, Antú (Sol), Kueyen (Luna), Melipal (Cruz del Sur) y Yepún (Venus) enfocan cada día sus miradas para descifrar los misterios de los astros. Y todo desde el desierto chileno.

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