Año 2, N.42, Domingo 17 de agosto de 2003
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Medio Oriente
El nuevo muro de Berlín
( Escribe Francisco Chahuán )

Si bien, el relanzamiento del proceso de paz entre israelíes y palestinos, efectuado el 4 de junio en Aqaba, consistente en el cumplimiento de las partes a una "Hoja de Ruta", que debiera culminar en el reconocimiento de los derechos inalienables del pueblo palestino a su autodeterminación y, por consiguiente, a la creación de Estado Palestino soberano, da una luz de esperanza a la convulsionada situación de los territorios ocupados, no es menos cierto, que constituye una peligrosa señal la construcción por parte del gobierno israelí de una muralla divisoria entre israelíes y palestinos que serpentea más allá de los territorios ocupados en 1967, aislando y ahogando a gran parte de los poblados palestinos y parte importante de las reservas de agua, las que quedan dentro de los límites israelíes del muro.

Esta construcción de hormigón de tres metros de espesor por ocho de alto, fue aprobada en su primera fase de trescientos sesenta kilómetros de largo, de los cuáles ya están construidos ciento veinte y que cuesta un millón y medio de dólares el kilómetro lineal, viene a constituir un recuerdo patente de lo que fue el muro que dividió Berlín, y que representó la separación entre dos maneras de percibir el mundo, de dos cosmovisiones de la realidad.

Debemos entender que cualquier solución política debe basarse tanto en el irrestricto apego a la legalidad internacional, y al respeto de las resoluciones de la Asamblea General ( 181 y 194) y las emanadas del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (242 y 338) que consagran el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino y el derecho al retorno; cuanto en el convencimiento que ambos pueblos tienen legítimamente el derecho a vivir en paz y en fronteras internacionalmente reconocidas, pero de esto último no puede desprenderse como un derecho a Israel a construir un muro que además expropia los derechos del pueblo palestino a la constitución de un Estado soberano ni siquiera en el 22 por ciento de la Palestina histórica.

Lamentablemente la indiferencia de la sociedad civilizada ha sido el paradigma a romper para poder construir una paz justa, que pueda asegurar el derecho de los palestinos a un Estado, volviendo a creer en la senda iniciada por Yasser Arafat e Isaac Rabin, hombres valientes, que con coraje abrieron las oportunidades para la paz.

En ese sentido, será sumamente importante la posición que asuma el Estado de Chile, ya que ha sido mandatado por la Cámara de Diputados para asumir un rol primordial como miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el que deberá tener la responsabilidad de iniciar una ofensiva diplomática para dar una solución final a este conflicto, velando por el estricto cumplimiento de la legalidad internacional y en el respeto de los derechos humanos. Sin embargo, para que ello de frutos, las partes deben comprender que no hay solución posible en el enfrentamiento y en el levantar murallas que dividan a los pueblos sino en los entendimientos que surjan de una mesa de negociaciones, pero por sobretodo en la convicción profunda que los acuerdos deben cumplirse.

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