Año 2, N.42, Domingo 17 de agosto de 2003

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La cena



Se sirvió cordero, con hierbas, dicen, tras una entrada de centolla. Seguramente buen vino. ¿El lugar? La casa de Agustín Edwards Eastman, director y propietario de El Mercurio y uno de los hombres más influyentes de Chile, ubicada en Lo Curro. Sus invitados, un verdadero variopinto de lo más representativo de la política nacional: Adolfo Zaldívar Larraín por la DC y Gonzalo Martner Fanta por el PS. A 30 años del golpe militar, no podía faltar otro comensal: el general Juan Emilio Cheyre. Por el gobierno, quizá no en su representación, el ministro-vocero Francisco Javier Vidal.

Fue un encuentro social, se comenta. Pero también se murmulla que se habló fuerte y golpeado, siendo la velada no tan agradable para algunos. Por el lado de El Mercurio los infaltables: Illanes, Zegers y Kulca.

¿Qué se habló? De mucho. Obviamente también de los Derechos Humanos. Después de todo, entre los presentes estaba el titular del partido con más víctimas durante el gobierno militar, el jefe del arma con mayor responsabilidad política en las violaciones a los DDHH, el civil que más influyó en el quiebre democrático, todos sus comandantes de cuello y corbata y el miembro de un Gobierno que, días más tarde, debía dar a conocer una propuesta para superar el pasado. Además Zaldívar.

Era julio. Dicen que algunos, quizá entre ellos, Martner acudieron a la cita por curiosidad y terminaron debatiendo fuerte... con Zaldívar y sobre el golpe de Estado.

Eran los días que todavía Luis Guastavino no hacía el mea culpa particular y Lagos recibía propuestas para elaborar su propio camino, "No hay mañana sin ayer", que finalmente vio la luz el 12 de agosto, horas antes que la CUT iniciara su primera huelga general.

Difícil es saber lo que allí pasó. Pero hubo sondeos. El Mercurio, una vez más, ofició de árbitro.

Finalmente, tras esa comida, surgieron escenarios y, muchos de ellos, fueron plasmados en la propuesta del Presidente. Esta, entre otras cosas, hace lo mismo que hicieron las otras, las de Aylwin y Frei, pero no emana de comisiones anteriores (Rettig o Mesa de Diálogo), sino que del deseo de la oposición de que es mejor hablar ahora de DDHH y no en plena campaña electoral, ya sea municipal o nacional.

La jugada resultó perfecta y Longueira, pase lo que pase con la propuesta de La Moneda, podrá decir que la vía está despejada y que el tema de los detenidos desaparecidos no será eje de próximas campañas. Orpis y el propio timonel UDI parecían voceros de los detenidos desaparecidos. Un contrasentido más de la transición.


Sin duda que ni los militares en retiro -que deberán asumir la responsabilidad del mando-, ni los familiares de víctimas de violaciones a los DDHH -que extrañaron que el presidente no hiciera mención a la ley de amnistía- están contentos con la propuesta del Presidente. Menos los jueces quienes, una vez más, tendrán que encontrarle sentido a eso de que se aplique la legislación vigente. ¿Es necesario, en un país serio, que ello se recuerde cada tanto?

Dentro de pocos días se cumplirán 30 años del golpe. Por ahí leí que era absurdo hacerse expectativas de reconciliación antes de las 4 décadas, que recién entonces -con los actores principales muertos- podía hacerse un análisis más reflexivo e histórico de lo ocurrido. El ejemplo era que Moisés tardó 40 años en cruzar el desierto y llegar a la tierra prometida y que, en materia de símbolos, la Biblia daba cátedra. La nota era a propósito de España y la dictadura de Franco. Cuarenta años se cumplirán el 2013. ¿Somos supersticiosos los chilenos?

Cada tanto la sociedad recupera su capacidad de asombro y requiere saber qué pasó y a quién, cómo y bajo qué gobierno. Estamos en esa etapa. Pero en ella participan los personajes principales, como Sergio Onofre Jarpa, que se niegan a asumir la cuota de responsabilidad que le corresponde.

La propuesta del Presidente, que requiere acciones jurídicas y otras legislativas, es una más en esta transición. Había pensiones para los familiares de las víctimas y las subieron; hubo posibilidad de que se entregara información en forma secreta y ahora hay inmunidad para el que lo hace; existió el tiempo para relatar los horrores de la desaparición y actualmente se abrirá un espacio para reparar a los torturados en forma "austera y simbólica". El país quiere saber y la TV juega su rol. Hasta El Mercurio tendrá que concluir, tras conocer lo ocurrido, que hay un solo memorial y es el de los derechos humanos.

Bienvenido sea todo. Los gestos de Cheyre, los mea culpa de Guastavino, el reconocimiento de militares duros que existieron "problemas" en materia de Derechos Humanos y las cenas que reúnen a los antagonistas de antaño. Cordero y centolla incluida. Propuesta de Lagos mediante.

Todos los días se hace más verdad y todos los días se avanza menos hacia la Justicia. Casi, podría decirse, "hasta aquí llegamos". Se entregará información aislada y ella será procesada en forma silenciosa, especialmente tras el autoacordado de la Corte que amordaza a los jueces, para luego aplicar lo que la legislación vigente ordene. Cuesta creer que un subalterno que tuvo la posibilidad de acudir a la comisión Verdad y Reconciliación y luego confesar ante un cura o pastor, en forma absolutamente anónima, ahora se arme de valor para ir a un juez, por muy inmune que sea su presentación. Difícil es pensar, además, que un juez no terminará aplicando la ley de amnistía en los casos que lleguen hasta la Corte Suprema.

El presidente eligió un mal día para lanzar su propuesta. Lo hizo bien y cayó bien. Pero no fue adecuado. Para muchos Lagos lo hizo el 12 a las 20:45 horas porque debía tapar el paro con un dedo y el tema de los DDHH, hoy por hoy, es una mano. Todo sigue pendiente. Quizá para la próxima cena... O para el 2013.


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