Año 2, N.42, Domingo 17 de agosto de 2003

Distribución cinematográfica independiente

La última ola

No es difícil darse cuenta de las diferencias claras entre las superproducciones hollywoodenses, auspiciadas por un estudio, grandes campañas publicitarias y amplias cuotas de pantalla, y las películas independientes, europeas, asiáticas o latinoamericanas, traídas al país por empresas pequeñas, con presupuestos modestos para publicidad y con un número menor de copias. Pero, ¿por qué pasa esto?


La maldición del escorpión de Jade

En enero de este año se estrenó "Mullholland Drive" de David Lynch, cuyo estreno en EEUU había sido en octubre de 2001. A mediados de julio se estrenó "La maldición del escorpión de jade", otra cinta de 2001, esta vez dirigida por Woody Allen. Y ahora se estrena El aro-Ringu, cinta japonesa de...1998. Y si nos remontamos más atrás, recordaremos que "Perversa luna de Hiel" de Polanski, se estrenó con casi dos años de retraso; "Matador" de Almodóvar fue un exitazo cuatro años después de haber sido estrenada en España y "Jean de Florete" fue vista en Chile apenas seis años después que en Francia. En cambio, "Terminator 3" apareció en pantalla una semana después que en EEUU, al igual que "Hulk"; mientras que éxitos como "X-men 2" y "Matriz reloaded" fueron vistas en Chile incluso antes de su estreno en su país de origen.

La triste realidad es que Chile nunca ha dejado de ser la provincia que Ercilla tan bien nombró hace casi cinco siglos, y como tal -al menos cinematográficamente- dependemos de las dos grandes metrópolis hispanoparlantes: México y Argentina. Pero al mismo tiempo somos un curioso campo de pruebas de cara a la taquilla o a ver como el público latinoamericano recibirá algunas cintas que han funcionado bien o medianamente en el país del tío Sam. Esa es la explicación para el estreno casi simultáneo de las cintas Disney o de "Batman vuelve" en 1992, todas presentadas en Chile antes que en Argentina, el mercado suculento del cono sur.


Mullholland Drive

De igual forma, hemos servido algunas veces como mercado de prueba para el mismo Estados Unidos, sin saberlo. Eso fue lo que sucedió con "Discípulos del diablo" (Army of god, 1994), una fabulosa cinta sobre la lucha de dos facciones de ángeles -una, la rebelde, liderada por el mismísimo arcángel Gabriel, interpretado con maestría por Christopher Walken- y su búsqueda del alma más perverso de la tierra. La película, debut como director del guionista Gregory Widen (Highlander), fue estrenada en los EEUU un año más tarde, retitulada como "The prophercy", y con algunos cambios como el prólogo -antes una entrevista en formato filmación de video casero al protagonista cuando era niño que da cuenta de su relación con su ángel de la guarda y cambiada por una explicación sobre el conflicto angélico- y la inclusión de escenas con mayores efectos especiales.

El lado malo es que cuando nos encontramos con una cinta diferente a los típicos blockbusters, cuando se trata de una obra de fuera del circuito grande de Hollywood, el trámite que pasará antes de su llegada a nuestras pantallas será largo y latoso. La primera valla es el distribuidor interno de los EEUU, que debe dar la primera opción de distribución internacional a las filiales de las grandes compañías, con las cuales se asegura mejor y mayor publicidad, número de copias y cobertura. Recién cuando las mejores no demuestran interés es que entran a jugar las compañías independientes, que deben darse el trabajo de pagar una subtitulación (entre 5 mil y 10 mil dólares) y hacer las copias respectivas; en todo este proceso (opción de los grandes, compra por las independientes, subtitulado, copiado) lo más probable es que hayan pasado entre seis y doce meses. Luego, estas mismas copias van haciendo el circuito por los países sudamericanos, donde la preferencia la tienen los dos grandes ya citados y donde nuestro país, con su pequeña población y su aún pequeña cantidad de espectadores anuales es, definitivamente, un pez chico.


Matador

El segundo lío es el precio de las copias: una nueva sale entre mil 200 y mil 500 dólares, precio que puede elevarse si no tiene subtítulos, mientras que una usada cuesta entre 300 y 500 dólares. A estos precios hay que agregar el valor de la internación al país, los gastos de calificación, el transporte, etc. Y si le sumamos que el público que va a ver a, por ejemplo, Woody Allen no es ciertamente abrumador, la opción más obvia va a ser recurrir a lo más barato. Así que en vez de encargar una copia nueva y estrenar el mismo año de producción o al año siguiente, la distribuidora local prefirió esperar y traer mayor número de copias usadas, a un costo equivalente, pero que ciertamente le resultaba más rentable.

Es la misma disyuntiva a la que se ven expuestos los distribuidores pequeños -los filmes de la Arcadia, PWI, MC films, TRanseuropa-, y que no difiere mucho en el caso de los filmes del resto del mundo. Aquí, eso sí, la forma de acceder al material es distinto. Tal como una cinta indie yanqui tiene más probabilidades de llegar a nuestras pantallas si tiene un nombre prestigioso detrás o ha ganado premios de cierta importancia, en el caso de la cinematografía del resto del mundo este axioma tiende a ser regla ineludible. Patricio Fernández, de Transeuropa, lo grafica así: "el cine europeo u oriental tienes que salir a buscarlo. Las compañías norteamericanas lo pescan cuando les va muy bien en un festival, como es el caso de Almodóvar, cuyas últimas películas ya tienen distribución mundial antes del estreno. Mientras no sean fenómenos que les gusten a los gringos no son suficientemente masivos para agarrarlos, y ahí entramos nosotros. Tratamos de traer lo más pronto posible, pero el tema de la negociación es a veces súper lento con los europeos, porque ellos tratan de no vender solo a un mercado, sino de hacer un paquete de países y también de películas. En el caso español hay algunas diferencias por lo del idioma, que facilita las cosas, pero las distribuidoras locales no se atreven mucho a traerlo porque no ha tenido los resultados esperados, a pesar de éxitos como "Juana la loca" o "Lucía y el sexo", que han sido casos aislados".


David Lynch

Así mismo, muchas veces un distribuidor decide no estrenar una cinta a pesar de tenerla ya en nuestro país, pues su experiencia le dice que tal película no va a funcionar en los cines, ya sea por tema, por tratamiento o porque el público chileno ha sido frío con otras cintas similares. En casos así, el mercado del video y DVD son los beneficiados. Como dice Fernández "el mercado del cine es delicado y hay que trabajarlo con pinzas, porque nuestro presupuesto es pequeño y limitado, no como el de las (distribuidoras) norteamericanas". Por eso, dense por enterados de que muchas veces la respuesta a su pregunta de cuando estrenan la última película de Alex de la Iglesia va a ser, tristemente, "las pinzas".


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