Año 2, N.42, Domingo 17 de agosto de 2003

Comentario Literario

Crítica de la crítica

Entre el desprecio de unos y la estimación de otros, la crítica literaria se mueve en una línea de frecuentes cuestionamientos. Dos publicaciones recientes se han dado a la tarea de interrogarla.

En una sociedad en exceso domesticada por la ilusión del consenso y por esa máquina aplanadora de ideas conocida como mercado, el ejercicio de la crítica -con el adjetivo que sea- es condenado a debatirse en un pequeño rincón de la vida pública. Un rincón incómodo pero a la vez acomodado (puesto ahí) lo suficientemente bien como para evitar que se desborde ("control de las discursividades" le llaman quienes prefieren la jerga académica). No es raro, así como están las cosas, que la crítica se interrogue a sí misma, cuestione su papel en este contexto, y es hasta comprensible cierto extravío.

 


Pues bien, al menos en lo que se refiere a la crítica literaria dos publicaciones recientes se han encargado de tomarle el pulso. La primera tiene la forma de un extenso dossier aparecido en el segundo número de la revista Libros & Lectores, y a la que me referiré brevemente: se trata de una colección de diecisiete textos firmados por críticos, académicos y escritores, y que en términos generales (me concentro en el aporte de este debate) coinciden en reconocer la emergencia de una nueva promoción de críticos. Se trataría (y en esto sigo a Patricia Espinosa quien entrega un perfil de esta generación en barbecho) de un pequeño grupo con formación universitaria, ligados al periodismo o la literatura, y que escriben indistintamente para publicaciones alternativas y grandes medios.

La segunda publicación que aborda el tema es el libro Orientaciones actuales de la crítica literaria y cultural, un compilado de textos académicos resultado de un coloquio internacional realizado en septiembre del año pasado en la Universidad de Playa Ancha, en complicidad con el Centro de Investigaciones Latinoamericanas de la Universidad de Poitiers (Francia). Aunque muchos de los artículos aquí reunidos tocan de manera tangencial el tema de la crítica (vicio común en las publicaciones temáticas de origen académico), destaco los aportes de Fernando Moreno, Bernardo Subercaseaux, Iván Carrasco, Patricia Espinosa y Víctor Barrera.

Si en algo coinciden los autores reunidos en este volumen es justamente en el reconocimiento de una crisis en el ejercicio de la crítica. Existe por tanto, y en este contexto, una preocupación evidente por la búsqueda de redefiniciones, por fijar una batería conceptual que permita aprehender un objeto que parece haberse mudado de sitio. Nada nuevo en verdad, a luz del debate intelectual de, digamos, los últimos veinte años, o desde que Lyotard se adelantara en escribir el epitafio de los grandes relatos. Si Carrasco y Espinosa, por ejemplo, parten por problematizar estas dificultades, Fernando Moreno apuesta, sin embargo, por las certezas que la teoría literaria se esmera en mantener vivas: apoyándose en el Genette de Figures V, Moreno distingue dos modalidades en la crítica literaria, reconociendo un deslinde básico entre "reseñas" y "ensayos", ubicada la primera en el espacio de los medios masivos de comunicación, y la segunda en la academia. Una opinión similar tiene Subercaseaux cuando le otorga un estatuto similar a la crítica y a los estudios literarios.

Esta es una cuestión que me interesa discutir (y que por supuesto es mucho más compleja de lo que pueda yo exponer en lo que me queda de artículo). Un juicio común sostiene que la crítica literaria es en realidad un engendro bicéfalo, con una cabeza puesta en la crítica de medios, y la otra en la (mal) llamada crítica académica. Se me ocurre sostener que la crítica académica en tanto crítica (esto es, en tanto ejercicio valorativo sobre un texto), no existe. Aunque la crítica literaria pueda ser descriptiva y hasta de interpretativa, es por sobre todo una voluntad de apreciación. Y si bien descripción e interpretación son rasgos que comparte con lo que llamaremos sin más "estudios literarios", lo que realmente distingue a la crítica literaria es el juicio evaluativo que está en juego en su escritura. Hay algo de cierto en el argumento que sostiene que cuando la academia dedica algunas páginas a estudiar una obra, es ya un homenaje y un criterio de valor (Moreno dixit). Pero se trata de un juicio implícito de muy poca consistencia política, puesto que no exhibe las razones para la inclusión o exclusión de tal o cual obra. Los estudios literarios son –y esto lo digo sin el ánimo de pasar por alto la importancia que tienen, por ejemplo, a la hora de poner en tensión un canon– la justificación de una aparato teórico sobre un texto, y en donde lo importante, lo que está en juego, es justamente la performance de una teoría.

Pero hay otro argumento que me parece más sustancial en este deslinde de conceptos entre una y otra práctica literaria, y tiene que ver con el hecho de que históricamente la crítica literaria se ha ejercido en la esfera de lo público. El enclaustramiento progresivo al que han sido sometidas las universidades -las humanidades con especial ensañamiento- en los últimos treinta años, ha anulado sus posibilidades de intervención en el debate público. La literatura por tanto ha estado menos condicionada por los estudios literarios -encerrados entre cuatro paredes y circulando en revistas especializadas- que por el impacto de los medios de comunicación, y en definitiva, por el mercado.

Ahora bien, es casi una perogrullada decirlo, pero en honor de estas distinciones hay que señalar también que no toda la crítica literaria que aparece en los medios bajo ese mote puede ser considerada como tal. Este es un terreno que también es necesario parcelar, y separar la paja del trigo. Cómo lo haremos y bajo qué criterios, son temas que habrá que seguir discutiendo por el bien, digo, de la buena literatura que es realmente lo que importa.

Orientaciones actuales de la crítica literaria y cultural
Andrés Cáceres y Eddie Morales (editores)
Ediciones de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Playa Ancha, 292 págs.

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