Año 2, N.43, Domingo 31 de agosto de 2003
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Raúl Vergara, capitán de la Fuerza Aérea
"No requiero del perdón para reconciliarme"
(Por Francisca Celedón B.)El capitán Raúl Vergara estuvo tres meses colgado, fue torturado, golpeado y expulsado de Chile por sus ideales, sin embargo, y a 30 años del golpe no guarda rencor ni resentimiento, es de las personas que tiene una capacidad envidiable de "limpiarse el alma" y seguir adelante. Por eso El Periodista quiso conocer parte de su historia como ejemplo de fuerza y de vida.


Los alumnos de la escuela de Economía de la Universidad de Chile quedaron sorprendidos al ver que entre sus compañeros había un joven que vestía de uniforme azul impecable, con su gorra y todos los accesorios propios de un aviador. El personaje en cuestión era Raúl Vergara, quien fue, hasta ese momento por lo menos, el único integrante de las Fuerzas Armadas en estudiar otra carrera, además de la militar. Corrían los años de la revolución de las flores y Woodstock. La carrera de Vergara se veía promisoria, era el primero de su promoción, fue el mejor en vuelo y lo tenían muy considerado dentro de la Fuerza Aérea. Sin embargo, Vergara también tenía otras inquietudes, que iban por el ámbito social y político, las que se fueron aclarando gracias a sus estudios universitarios. Y precisamente, fueron éstos que lo llevaron a aceptar un cargo en el gobierno de Salvador Allende en 1972, cuando el país vivía un problema de desabastecimiento y frente a la emergencia de las huelgas, el Presidente Allende echó mano a las FFAA. Fue entonces que se le pide al general Alberto Bachellet, que era el jefe administrativo de la Fuerza Aérea, que se hiciera cargo de la distribución. Acepta, pero pide que nombren de asesor al capitán Vergara, porque era economista y hombre de confianza. Así que ambos se fueron a la Secretaría Nacional de Distribución, del ministerio de Economía. "Estaba muy imbuido en mi conocimiento de economía, donde encontraba la justificación, no sólo política, sino que científica para que se hicieran los procesos que hacía el Presidente. Era un adherente dentro de la Fuerza Aérea al proceso", cuenta Vergara.

Pero, también, la pública adhesión al gobierno de Allende, hizo que el capitán Raúl Vergara (61 años) cayera preso el mismo día del golpe de Estado y sufriera la tortura en manos de sus propios compañeros de filas.

¿Por qué acepta trabajar en el gobierno de la UP, si consideramos que ya en 1972 las FFAA estaban por derrocar el gobierno de Allende?

Dos cosas. Trabajo con Allende por cumplir con una orden de gobierno y de la Fuerza Aérea. Pero detrás de eso está lo que pensaba y sentía, y eso era anterior a este llamado.

¿Usted estaba consciente que al hacer pública su posición de apoyar al gobierno corría un riesgo?

Sí y esa conciencia fue haciéndose cada vez más clara a medida que las cosas fueron haciéndose más extremas. Las cosas se radicalizaron a partir de la mitad del 72. Antes a mí me consideraron como un intelectual, por lo tanto, el 71 todavía lo miraban como las excentricidades de este intelectual que hablaba de la revolución socialista y económica y de las cosas que iba aprendiendo en la universidad. Era hasta simpático, pero luego del 72 se perdió toda la extravagancia que tenían mis expresiones, porque ya la gente había empezado a tomar posiciones políticas, y ya empezaba la radicalización dentro de las FFAA.

Ahora, 30 años después, ¿nunca ha pensado que le hubiese resultado más cómodo haber seguido la línea de las FFAA, y así haber evitado lo que posteriormente le sucedió?

No quiero que aparezca como una pose, pero en absoluto estoy arrepentido de todas las decisiones que tomé. Sin duda, yo era un oficial muy bien considerado, y hasta los propios adversarios siempre lo han reconocido. Fui el primer alumno en todo, por lo que era un oficial que tenía una carrera bastante definida; no quiero decir que estaba asegurada, pero tenía un porvenir cierto. Pero, uno no piensa en esas cosas. A mi la universidad me ordenó una serie de inquietudes que tenía y que obedecían a mi formación religiosa. La universidad me dio las herramientas para entenderlo, y ver que era posible cambiar esta realidad tan agobiante. Y el advenimiento del gobierno de Allende me pareció que era una esperanza para este cambio, más si venía de un proyecto sustentado por una autoridad legítima.

Usted en 1973 estaba en una posición privilegiada, era capitán de la Fuerza Aérea, y participaba del gobierno, por lo tanto manejaba información. ¿Sabía de la llegada del 11 de septiembre?

Lo que estaba claro era que había una crisis política, social e institucional, que se agravaba, y que las vías de salida cada día eran más difusas, porque en el propio gobierno había contradicciones. Todos los causes a una salida política estaban cerradas. A lo mejor podía haber válvulas de escape, pero la polaridad era tan alta, que era imposible concebir una forma de conciliación.

¿Usted advertía al gobierno de lo que sucedía adentro?

Sí, había una vinculación, pero no era un tema de informar lo que estaba pasando porque en verdad, no eran cuestiones tan secretas. Las opiniones, los movimientos se sabían y no porque lo dijéramos nosotros, sino porque eran permeables.Lo que nos importó desde un comienzo, fue que el gobierno asumiera posiciones frente a las Fuerzas Armadas, que permitieran mantener su control, y además permitiera ganárselas fuera del proceso. El rol que nos auto-asignamos era poder enviar las señales de las cosas que para nosotros tenía que hacer el gobierno en relación a las FFAA.

¿Usted fue el primer militar detenido el 11 de septiembre?

No, creo que en todas las ramas hubo arrestos el día 11. Todas tenían información de cuáles oficiales y suboficiales habían manifestado alguna simpatía, estaban todos fichados, y fueron inmediatamente neutralizados. Y otros empezaron a caer después porque gente habló.

¿Le complica hablar de su período de detención?

He hablado muchas veces y no me afecta en nada... Afortunadamente.

Es sabido que usted estuvo crucificado...

Bueno, una de las formas de tortura era colgarlo a uno de una estructura que nunca conocí. Me imaginaba un marco, no una cruz específicamente, porque te colgaban desnudo y encapuchado. Tenía la forma de crucificado porque te colocaban una muñeca por un lado y la otra en otro extremo, lo mismo con las piernas, y ahí te golpeaban, y daban golpes de corriente. Fueron meses: desde el 16 de septiembre hasta diciembre.

¿De donde sacó fuerzas para resistir?



El capitán Raúl Vergara junto a sus nietos Diego, Felipe y Natalia. Faltan Carlos y Nicolás.
El capitán Raúl Vergara junto a sus nietos Diego, Felipe y Natalia. Faltan Carlos y Nicolás.

Mucha gente sobrevivió, no sólo yo, porque creo que hay una fortaleza humana increíble. También la convicción de que no hiciste nada malo, y que las cosas malas que te ocurren son por las buenas que creías, además de la fe, yo soy cristiano. Ahora, lo más inaguantable de todo es la soledad y la impotencia, el saber que te has convertido en menos que una hormiga y que así como te hacen eso te podrían pisotear. La única huella física que tengo son algunas costillas y el esternón quebrados.

¿Y las huellas internas?

Las debo tener, pero no se manifiestan con el dramatismo de muchos. De repente todo se ha convertido como un caparazón que me ha servido en otras dificultades. Siento que el alma se me "apergaminó" (sic) y me protejo detrás de ella. Ahora, la misma curiosidad que escuchó en ti, la tuve cuando volví el año 90 y vi tantos compañeros muy mal por las torturas, con dolor de cabeza, insomnio, delirio de persecución, y yo no sentía nada, pensé "chuta, no vaya a ser cosa que esto de no sentir nada sea una bomba de tiempo, reviente y quizás que me pase". Entonces fui al centro para víctimas de la tortura, y estuve en manos de un excelente psiquiatra. Tuve varias sesiones y finalmente me dice que soy un privilegiado de esos que podía recibir las cosas, encapsularlas y guardarlas, y no dejar que me contaminarán más.

Los 30 años del golpe ha provocado algo en las personas que sufrieron con el régimen de Pinochet. Se han sensibilizado tanto que hablar de la tortura se les ha vuelto más difícil. ¿Ha visto ese conflicto entre sus compañeros?

Tienes razón, pero yo no veo diferencia entre 29 y 31 años. Lo que pasa es que este es un aniversario importante, porque veo que es el último donde van a estar todos los actores. Todos quieren dejar su testimonio su verdad. Comprendo que hay mucha gente que debe haber quedado tan herida, porque además de la soledad o la impotencia, está la decepción que te causa el género humano, "cómo alguien puede hacer eso".

En su caso eran sus compañeros de fila.

Eran mis compañeros de vida, eran amigos. Muchos de ellos están en mi álbum de matrimonio. Entonces te viene una especie de decepción, de desesperanza muy grande producto que cómo es posible que esto pase, y que la gente haga esto.

¿Usted se ha contactado con alguno sus compañeros, sus torturadores?

No, salvo en los careos ante un juez, pero no amistosamente ni nada. Pero no tengo ninguna animadversión con ellos.

¿No espera un perdón?

No. Yo ni siquiera los he perdonado porque siento que si pensaron que estuvieron cumpliendo con su deber y se equivocaron, allá ellos. Creo que cargan el peso, si lo hicieron conscientemente. Pero yo no me siento herido. No siento rencor, ahora si alguno tuviera ese gesto, obviamente que sería bien recibido, pero no lo requiero para reconciliarme con ellos.

¿Y cuando usted los ve en los careos, qué siente?

Creo que se desarman porque converso con el juez y con ellos de la misma forma que lo hago contigo. Y bueno, ellos niegan que me conocieran, cuando alguno fueron profesores. Además durante esos meses no sólo me torturaron sino que me interrogaron, incluso tuvimos diálogos con tinte político de "porqué te metiste en eso", "que pensabas hacer cuando el gobierno de la UP estaba con un programa equivocado". Por lo tanto, no me van a decir que yo no estaba ahí. No. Hablé con ellos y discutimos; y cuando dejaban de ser el interrogador se ponían la bata de torturadores. No me interesa que los tomen presos, pero sí que quede establecida la verdad.

En este mismo plano, el general (r) Humberto Julio, quien se encuentra procesado por el caso de Linares, dice que, si bien pueden tener un grado de responsabilidad en los hechos, el que debe asumir la responsabilidad es el superior directo. Esto, porque la mayoría de los juzgados y procesados han sido los subalternos...

Lo que es una cobardía tremenda. Me da mucha pena y dolor, porque así se rompe el principio de lealtad que es uno de los elementos básicos, particularmente en la institución militar donde, supuestamente, el colectivo está dispuesto a jugarse la vida por una causa como la defensa de la patria. La lealtad es el deber, no sólo del subalterno con el superior, sino del superior con éste. Esto deja al descubierto la ruptura del honor militar, es decir, no solamente ordenó sino que se esconde y peor aún, deja que otros respondan por esa falta.

Humberto Julio, en entrevista con El Periodista, dice que como militar, los subalternos deben seguir las órdenes jerárquicas&

Hay un principio que ni siquiera la más rigurosa disciplina militar lo puede violar, y es que tú no puedes obedecer una orden que sabes ilegal. En general, tú puedes cumplir una orden y si te parece rara, discutirla, pero frente a una orden, evidentemente ilegal, y que además inmoral, no estás obligada a cumplirla. Es más, estás obligado a dar cuenta de ello.

SU VIDA EN EL EXILIO

En 1978, el capitán Vergara fue expulsado de Chile y parte rumbo a Inglaterra, donde comienza una nueva etapa en su vida. Sin rencores ni resentimientos. Recién había terminado una maestría y estaba por iniciar un doctorado en Desarrollo Económico, cuando Pedro Vuskovic, ex ministro de Economía, lo contacta para viajar a Nicaraguay ayudar con la formación de la Fuerza Aérea sandinista, quienes acababan de derrocar la dictadura de Somoza. El capitán Vergara no dudó ante la invitación y partió rumbo a Managua. Al poco tiempo ya era parte de la Fuerza Aérea nicaragüense. "Llegué a Nicaragua por la vocación de piloto de combate, por lo tanto creo que allá, entre otras cosas muy hermosas, se me dio la oportunidad de realizarme profesionalmente", asegura. Sin embargo, eran muchos los militares chilenos exiliados y aunque algunos emprendieron vuelopara trabajar junto a Vergara, otros mantenían el contacto y ayudaban cada vez que era necesario.


Después vinieron otros desafíos y, este militar inquieto, no dudó cuando se presentó la oportunidad de reunir a los todos los militares chilenos y latinoamericanos que estaban repartidos por el mundo y por la misma razón: el exilio. Así nació la Organización de Militares Democráticos de América Latina y el Caribe. "Es una iniciativa que nace con oficiales del Ejército uruguayo que estaban exiliados en México,. Nos pareció importante contactarnos, porque sabíamos que habían militares en más partes".

El capitán Vergara fue el encargado de trabajar para esta nueva institución. Sin duda la vocación militar lo lleva en la sangre.

¿Usted todavía se siente militar?

Ser militar es una forma de vida que se adopta o te imponen cuando eres muy joven. Pero, también están otras cosas que exceden lo militar y en eso uno puede ser distinto. Pero lo militar es una vocación.

Usted en 1990 vuelve por primera vez a Chile, pero antes le envía una carta a Fernando Matthei, donde le pide que se le reivindicaran sus derechos...

Escribí esa carta el año 88. Fue una carta bien pensada pero mal planteada, porque fue movida por los sentimientos. Pensaba que las cosas habían cambiado tanto que creí que iba a tener una buena recepción. En la carta le solicitaba al Comandante en Jefe que, primero se me reincorporara a la Fuerza Aérea, y al grado que me correspondería en ese momento, si hubiese seguido una carrera normal. Segundo, que se me reivindicara por los daños físicos, psicológicos, familiares y de tortura sufridos en los cinco años de cárcel, en donde él podría determinar la indemnización a pagar. Tercero, que se hiciera público una aclaración para reivindicar mi honor, anular las penas, etc.

¿Cuál fue la respuesta de Matthei?

No hubo respuestas, aún cuando más tarde me junté con él.

Algunos lo consideran un héroe ¿Usted se considera como tal?

No, me considero un hombre que ha seguido sus principios, sus valores y sus ideales.

El Gobierno acaba de entregar una propuesta de Derechos Humanos, Cheyre pidió perdón, los Tenientes Generales firmaron una carta. Se han dado pasos, pero a partir de su experiencia, ¿qué es lo que hace falta para que Chile sea una verdadera democracia o logre la reconciliación?

Para que Chile sea una verdadera democracia faltan muchas cosas, y tienen que ver con el ordenamiento institucional. Pero siendo militar -y haciendo un llamado a las Fuerzas Armadas-, creo que hace falta que las nuevas generaciones se empapen de un sentido de deberse a la defensa de los derechos humanos y del honor militar, que en este momento está tan cuestionado. Qué pueden decir los cadetes que ven a sus jefes no responder por lo que hicieron, que se esconden, dejando a sus subalternos pagar por las órdenes que ellos dieron. Reivindico lo que ha dicho el general Cheyre: que las nuevas generaciones no carguen con este peso, y una forma de hacerlo es que quienes constituyen el peso, boten la carga, y asuman lo que hicieron.

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