Año 2, N.43, Domingo 31 de agosto de 2003
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Carlos Altamirano
¿Termocéfalo o mutante?
(Por Maura Brescia)El ex senador y ex secretario general del PS, Carlos Altamirano, apodado "bestia negra" y "mayoneso" por la derecha, aparece como la figura simbólica de la apología revolucionaria de la violencia en el Chile de hace tres décadas. Sin embargo, un análisis más sutil de los sucesos que desencadenaron el golpe militar deja al descubierto una serie de dudas e interrogantes acerca del verdadero papel que cumplió Altamirano en esa trágica jornada de la historia nacional, y pone en el tapete una serie de hechos prácticamente desconocidos para la mayoría de los chilenos de hoy.


Los antagonismos entre Salvador Allende y Carlos Altamirano provenían de larga data. En 1952, el PS decide proclamar al general Ibáñez del Campo y los comunistas a Allende, quien abandonó el PS y fue candidato del PC. Altamirano quedó en el Partido Socialista Popular, que proclama a Ibáñez. En definitiva triunfaron: Felipe Herrera fue ministro de Hacienda, Clodomiro Almeyda de Trabajo y Altamirano, subsecretario de Hacienda.

No sólo eso. Altamirano fue el artífice del acercamiento entre Ibáñez del Campo y Eduardo Frei Montalva. "Le propuse a Ibáñez que dada la situación de confrontaciones que se vivía, se designara un gabinete de unidad nacional con Frei a la cabeza. En forma clandestina, nos dirigimos con Frei al palacio en Viña. Frei no era muy partidario de Ibáñez, igual que Allende. Sin embargo, se hizo esta conexión y se armó un equipo ministerial en que asumiría gente de distintas posiciones".

Posteriormente, la revolución cubana influyó en la radicalización del PS. En 1960 un grupo de dirigentes, entre los cuales figuró Altamirano, fue invitado a Cuba. "Conocí a Castro, a quien traté por 10 años". A partir del Congreso de Linares de 1965, el PS entró en acción. El secretario general, Aniceto Rodríguez, viajó a la Unión Soviética donde fue recibido por Breznev y una delegación presidida por Altamirano viajó a Alemania Oriental, Bulgaria y Yugoslavia.

La conferencia constituyente de OLAS se realizó en La Habana en julio y agosto de 1967. Por el PS asisten Salvador Allende, Clodomiro Almeyda y Carlos Altamirano; por el PC, Volodia Teitelboim. Posteriormente, Allende presidió OLAS, pero en la escuela de guerrillas para el Cono Sur que debía formar el "Che" en Bolivia, Chile fue omitido por decisión de Fidel y de Guevara, que no querían estorbar el posible acceso de Allende a La Moneda.

En el XXII Congreso Socialista realizado en Chillán en 1967, se aprobó un voto político tendiente a iniciar una acción revolucionaria para destruir el sistema institucional del estado burgués, a través de la violencia y la lucha armada para la toma del poder político y económico. Entre los dirigentes destacó el senador Altamirano, calificado como el más brillante expositor de una posición genuinamente revolucionaria por su categórica y precisa condenación de la actividad electorista y reformista de los partidos populares.

"La cuestión básica del poder -afirmó- jamás se resolverá en la tribuna parlamentaria. Siempre ha sido y es fruto de la lucha insurreccional de los pueblos contra sus opresores". Por sus flamígeros conceptos, Altamirano fue acusado de quebrantar la ley de Seguridad Interior del Estado por apología de la violencia, injurias al presidente Frei y delitos contra el orden público.

LOS ELENOS AL PODER

En 1970 un grupo de chilenos volvió a las sierras bolivianas, cumpliendo la promesa hecha antes de morir al "Che" Guevara. Los comandaba Osvaldo "Chato" Peredo. Entre ellos iba el periodista Elmo Catalán, quien murió en la guerrilla boliviana. Un último grupo del ELN iniciaría una maniobra de alto calibre, dirigida a controlar el PS en el Congreso de La Serena de 1971, recién electo Salvador Allende.


Los "elenos" y afines (la "tendencia insurreccional") lograron elegir a la mayoría absoluta y abrumadora del Comité Central -37 de 47, un 80 por ciento- al secretario general, Carlos Altamirano, y al subsecretario general, Adonis Sepúlveda. Los moderados o chetistas, partidarios del entonces secretario general Aniceto Rodríguez, se retiraron del Congreso. El guevarismo había devorado al sector tradicional del PS.

"El Gobierno de la UP no será un gobierno más, que continúe la rotación partidista del ejercicio del poder, dentro de las reglas burguesas de la democracia representativa", afirmó Altamirano. Allende se molestó con éste, y le respondió al momento: "Hemos dicho que las transformaciones y los cambios van a ser dentro de la democracia burguesa. Y si el compañero Altamirano estima que debemos ir más rápido, yo le diré: ¿por qué vamos a ir más rápido? El Presidente de Chile soy yo".

Pero la realidad era que Allende podía prescindir del MIR, pero no de su partido, eje de la UP, el de mayor votación popular (18,4 por ciento) y número de diputados (27). En el momento más conflictivo de la relación entre el MIR y el gobierno de la UP, Allende habría propuesto reprimirlos, ponerlos nuevamente fuera de la ley. La idea contaba con el concurso del PC, quien apoyaba la vía pacífica. Sin embargo, la estrategia no prosperó porque se opuso Altamirano. Con sus tácticas ultrarevolucionarias, Altamirano desestabilizaba al Presidente Allende.

Al respecto, José Miguel Varas afirma que "Allende se sintió traicionado por el PS. Específicamente, por Altamirano, que llevaba las cosas hasta el extremo. El se sintió bastante huérfano de su facción. Se sentía más tranquilo con los comunistas que con los socialistas, porque había mayor transparencia y los comunistas nos pusimos allendistas. En el PC se impuso la política de consolidar lo avanzado, frente a la tesis de Altamirano que pretendía avanzar sin transar. Entonces, ahí se produce un gran quiebre. En buen chileno, la UP se fue a la mierda a partir de ese momento".

Para salvar la situación, un sector del Mapu Obrero Campesino trató de precipitar el quiebre. Junto con ello, los sectores moderados del socialismo intentarían ganar la conducción del partido, desplazando a Altamirano, para alinear a una mayoría consistente de la UP en torno a la política del presidente Allende. Sin embargo, la operación fracasó, porque la división del Mapu terminó cohesionando al PS en torno a su directiva.

Con respecto al rol de Altamirano, la diputada Isabel Allende expresa que "se convirtió en el eje entre esos dos sectores, no definió y permitió que coexistieran ambas miradas. Algunos socialistas decían que Allende era un socialdemócrata, para qué vamos a seguir en el gobierno, salgámonos. Y los otros apoyaban el programa y el liderazgo de Allende. Pero Altamirano se mantuvo en el filo de la balanza, sin percatarse de que eso era dañino".

EL FANTASMA MILITAR

La única relación que tuvo Allende con los militares antes que asumiera la presidencia, fue con ocasión del golpe de Estado de 1932 que dio el coronel Marmaduke Grove, cuando se instauró una República Socialista que duró doce días. Por ese motivo Allende fue expulsado de la Universidad y estuvo preso -su cuñado era hermano de Grove. Como senador y presidente de la Cámara Alta, Allende fue invariable en la denuncia y profundo rechazo de cualquier subversión al orden institucional o constitucional.

Durante su mandato presidencial, los máximos representantes del PS, del Mapu-OC y del MIR se involucraron en la "sublevación de la marinería". El fin de semana del 4 y 5 de agosto de 1973, en el crucero Almirante Latorre y el crucero Blanco Encalada una cincuentena de suboficiales y marineros leales al Gobierno preparaba una sublevación, el supuesto plan Alba, contra los oficiales golpistas. La acción fue sofocada por los organismos de inteligencia naval y el 7 de agosto la Armada informó públicamente el movimiento subversivo. Entre los instigadores de la sedición se citaron el diputado del Mapu-OC, Oscar Guillermo Garretón; el secretario general del PS, Carlos Altamirano y el jefe del MIR, Miguel Enríquez.


En la causa rol 3296 del Juzgado Naval de Valparaíso, el sargento 2° Juan Cárdenas Villablanca reconoció ser el jefe del grupo que tomaría el control del Blanco Encalada. Semanas antes, Cárdenas había recibido una llamada de alguien que se identificó como "Tito" (Humberto Sotomayor, encargado de la seguridad del MIR), quien le entregó una carta que indicaba que Miguel Enríquez quería reunirse con los compañeros del Blanco. La reunión se efectuó el 2 de agosto. Los suboficiales leales al Gobierno plantearon a Enríquez su preocupación ante un golpe del Estado, para el cual incluso había fecha: entre el 8 y el 10 de agosto.

Enríquez se contactó con Carlos Altamirano, quien accedió a reunirse en la noche del día siguiente con los suboficiales en una casa de Puente Alto. Cárdenas explicó a Enríquez y Altamirano su plan para contrarrestar a las fuerzas golpistas: apresar a los oficiales sediciosos y tomar el control de los buques de guerra. Según se declara en la causa, Altamirano habría aceptado la iniciativa, asegurando que contarían con el apoyo popular.

Un mes después de la reunión de Puente Alto, en el controvertido discurso del 9 de septiembre en el Estadio Chile, Altamirano desenmascara lo que denomina "el show de la marinería", por el cual "a través de torturas arrancaron confesiones, con valor jurídico, para culpar a la tropa de preparar un motín y tratar de mezclarnos en un supuesto complot". Luego, dio lectura a una carta enviada a Allende por los marineros leales, que señalaba "es falso que los señores Altamirano, Garretón y Enríquez, nos dirigieran. Es distinto. Nosotros acudimos a distintas personalidades para dar cuenta del golpe de Estado que preparaba la oficialidad golpista coludida con los reaccionarios de las otras ramas de las Fuerzas Armadas y partidos políticos de derecha".

Altamirano expresó: "La verdad es que concurrí a una reunión en la cual fui invitado a escuchar las denuncias de los suboficiales y algunos marineros en contra de actos subversivos perpretados presuntamente por oficiales de esa institución armada. ¡Y concurriré todas las veces que se me invite para denunciar cualquier acto en contra del gobierno legítimo y constitucional del presidente Salvador Allende!".

Dos décadas después, Altamirano declaró a los periodistas Manuel Avendaño y Mauricio Palma que en la reunión le había afirmado a los suboficiales que "esto (el apoyo) sólo sería posible en caso que los sediciosos navales dieran el primer golpe, no nosotros". Posteriormente, en entrevista con Patricia Politzer declaró: "Me pareció simplemente demencial... Toda la propuesta me pareció irreal e imposible". Recientemente, en entrevista televisiva, afirmó que "les informé a los suboficiales que, en ningún caso, participaría en un acto subversivo que atentaría contra el Gobierno constitucional de Allende"". Por su parte, la diputada Isabel Allende afirma haber concluido que todo este episodio no fue más que una operación de inteligencia para justificar lo que venía después: el Golpe.

¿ATORNILLANDO AL REVES?

El 15 de agosto de 1973, Altamirano, hablando en el Cordón Industrial Cerrillos, dijo que "el Gobierno ha cometido graves errores económicos y políticos y que era hora de subsanarlos acelerando la formación de un nuevo Estado, basado en el Poder Popular".Luis Pareto, entonces presidente de la Cámara de Diputados, puso hora límite la medianoche del 21 de agosto para las negociaciones políticas del proyecto que acusaría al Gobierno de Allende de transgredir la legalidad. "Pese a que los comunistas estaban dispuestos a buscar una salida, e incluso aprobar un plebiscito, Carlos Altamirano no aceptó y se retiró. Ese gesto definió la situación como un portazo para cualquier intento de acuerdo", afirma Pareto.

Eric Schnake rememora el sábado previo al 11 de septiembre. "Se hizo una reunión de las cúpulas de la UP en La Moneda con Salvador Allende. El punto central era el llamado a plebiscito para determinar el paso al área social de algunas empresas. Allende dio a entender que se planteaba un problema muy serio si se perdía. Altamirano le dijo: `Evidentemente que si nos repudian es porque no tenemos mayoría y la gente no quiere que sigamos. Tu obligación entonces, por supuesto, es renunciar'. En la tarde, Allende nos avisó que sí lo haría".

"Al día siguiente teníamos convocada una reunión en el Estadio Chile. Altamirano iba con un discurso preparando el terreno para el plebiscito. Había mucha efervescencia; la gente empezó a pifiarlo y acusarlo de traidor. Se calentó, tiró a un lado el texto y empezó a incendiar Chile como cien Vietnams de Arica a Magallanes", recuerda Schnake.

Terminado el acto, "en la casa de Carlos Lazo se reunió parte de la comisión política y varios ministros socialistas, entre ellos el de Defensa, Orlando Letelier. Recibimos por teléfono la indignación del Presidente. Dijo que esto echaba por tierra todo lo que estaba haciendo, que era una provocación infantil y que como de costumbre Altamirano y el PS -también nos retó-, amenazaban con las penas del infierno y con la movilización, a sabiendas que no eran capaces de hacer nada".

Al respecto, Camilo Escalona afirma que "no fui uno de los que aplaudieron a Altamirano por su discurso del Estadio Chile. Percibíamos que al liderazgo político la situación se les escapaba de las manos y que eso facilitaba la conspiración".

YA VIENE EL GOLPE


A pocas horas del golpe del 11, Miguel Enríquez y Humberto Sotomayor salieron desde una casa en San Miguel, donde se atrincheraron preparando la resistencia, hacia la industria Indumet. Allí estaban acuartelados Arnoldo Camú, Rolando Calderón y un contingente de socialistas. Enríquez se había encontrado temprano con esos dirigentes del PS. Los socialistas le afirmaron que Altamirano llegaría en un rato más, por lo cual Enríquez había decidido volver más tarde a encontrarse con él. Lo acompañaban Andrés Pascal Allende, Arturo Villabela y Sotomayor. En Indumet les informaron que Altamirano no había llegado.

Para la eventualidad del golpe, la dirección del PS había previsto reunirse en Mademsa. Pero nada fue como se había planeado, según relata Altamirano. "Tuve que llamar a mi amigo Carlos Lazo quien me pasó a buscar en su auto poco antes de la siete. No recuerdo porqué, en vez de ir directamente a Mademsa, partimos a las oficinas de la Cormu, donde nos juntamos con los demás compañeros de la Comisión Política".

"A pesar que la situación se veía cada vez más grave, acordamos dirigirnos a Mademsa... Partimos en varios autos, yo iba con Adonis Sepúlveda, Hernán del Canto, Camú, y Rolando Calderón. Camú nos guió hasta un local del sector de avenida Matta donde recogimos algunas armas... El control militar era cada vez mayor; un helicóptero nos detectó al salir de ese local y comenzó a descender sobre nosotros. Rápidamente acordamos dividirnos en dos grupos para que uno partiera directamente a Mademsa y el otro, formado por Adonis Sepúlveda, del Canto y yo, es decir la dirección propiamente tal, se trasladara a la casa de un compañero que vivía en San Miguel...".

A partir de ese momento comenzó el clandestinaje de Altamirano, quien en el lapso de tres meses recorrió diversas "guaridas" en distintos sectores de la capital y se camufló aclarándose el cabello rubio acolorinado. Inmediatamente después del 11, el primer secretario del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED), Erich Honecker, ordenó a los servicios secretos de la RDA la operación de rescate de "Roberto" (Altamirano). De paso, "sáquenme a mi yerno", exigió el jefe de Estado de la RDA, refiriéndose al chileno Leonardo Yáñez, que estaba casado con su hija Sonia.

Uno de los más diestros agentes de la Stasi estaba destinado en Chile en 1973. Se trataba de un diplomático alemán oriental que trabajaba bajo el nombre de Paul Ruschin. Cuando sobrevino el golpe militar, el europeo se encargó de dar asilo político a decenas de militantes de la UP, por expresas órdenes de Honecker. Por lo menos doce agentes tomaron parte en la operación. Uno de ellos era Ruschin, cuya labor nunca fue detectada por la inteligencia chilena.

A fines de diciembre, Altamirano logró aterrizar sano y salvo en Cuba -tras haber cruzado la Cordillera escondido en el doble fondo de la maleta de un auto y salir desde Buenos Aires con pasaporte falso elaborado por la Stasi-, donde permaneció algunas semanas junto a Fidel Castro. Altamirano concibió la idea de trasladar la sede del PS a La Habana. Pero sus relaciones con Cuba no estaban en el mejor pie. Según le expresó posteriormente a Honecker estaba enojado por el apoyo que Castro le brindaba al MIR. "Bajo las actuales circunstancias no es posible una resistencia armada en Chile. En general, la vía armada es inviable en América Latina, es un fenómeno que ha sido artificialmente inflado por los cubanos", le dijo.

JAQUECA DE LA STASI

Altamirano emprendió vuelo hacia el exilio en la RDA. Mientras la mayoría de chilenos exiliados vivía en uniformes edificios, el secretario general del PS ocupó un moderno departamento y tenía automóvil con chofer. La Stasi le había confeccionado un plan de protección con dos guardias personales. A pesar de haber sido recibido con honores, Altamirano prontamente se convirtió en un dolor de cabeza para los jerarcas alemanes. A sólo dos semanas de su llegada circulaba un lapidario informe. Sostenía que "El compañero Roberto posee conocimientos superficiales, o distorsionados por la propaganda burguesa y anticomunista, sobre los aspectos principales del desarrollo en los países socialistas. (... ) Sus conocimientos sobre marxismo-leninismo son poco profundos. Sin embargo, se deja influenciar con cierta facilidad en las discusiones y está dispuesto a cambiar su opinión si los argumentos le parecen razonables. Aún no ha reconocido la esencia de la Junta Militar. Una y otra vez se espanta cuando conoce de casos que testifican cómo las normas y tradiciones son aplastadas en Chile".

Las máximas autoridades de Alemania oriental llegaron a caracterizarlo de "errático", "superficial" y proclive a la "propaganda anticomunista". Bastó que los primeros exiliados chilenos entraran en conflicto con el modelo de la RDA para que a la solidaridad anfitriona se agregara la vigilancia de la Stasi. Muy pronto, de esta solidaridad con vigilancia se pasó a la infiltración y a la injerencia.

En marzo de 1974 se hizo en Helsinski la primera reunión ampliada con participación del ministro de Justicia y el jurista Hans Goeran Frank, que viajó luego a Chile y logró entrevistarse con Luis Corvalán, que estaba preso. Había unos 120 chilenos, entre los que se encontraban Hortensia Bussi de Allende, Anselmo Sule, Carlos Altamirano, Volodia Teitelboim y Armando Uribe.

En el giro de la izquierda chilena hacia posturas más duras y su ruptura con el ala que optó por la renovación, la Stasi y sus agentes también cumplieron un destacado papel. Altamirano, el dirigente socialista que más desconfiaba de este acercamiento hacia el marxismo-leninismo, se convirtió en objeto de análisis de la policía secreta: "Altamirano se encuentra en un momento crítico sobre su desarrollo. Tiende a intrigas políticas, especialmente contra el Partido Comunista. (...) Existe el peligro de que Carlos Altamirano Orrego se aproveche de las tendencias sectarias en el exterior para golpear contra la dirección interna de su partido". Peter Stobinski fue más enfático: "Altamirano fue un dirigente exaltado, siempre miraba a la gente hacia abajo, era elitista".

En septiembre de 1974 Altamirano publicó el ensayo "Revisión Crítica del Proceso Revolucionario Chileno" en la revista yugoslava "Preguntas actuales del Socialismo". El artículo fue visto como un ataque directo a la unidad entre el PS y el PC. La dirección interna del PS, encabezada en esos años por Carlos Lorca, Exequiel Ponce y Ricardo Lagos estaba en un curso pro unidad de la izquierda. Enrique Correa, que era el representante del Mapu-OC en la RDA, afirmó que se trataba de "un abierto retroceso en la lucha antifascista".

La tensión entre los comunistas y socialistas se debía principalmente a la figura de Altamirano. Los socialistas en Chile y buena parte de los que estaban en la RDA, como Clodomiro Almeyda que llegó en 1975, Rolando Calderón o Hernán del Canto, abogaban por un acercamiento a los comunistas. Pero Altamirano, como dice un informe "está poseído por la idea de rayar la frontera con los comunistas. A cualquier precio se quiere diferenciar de ellos".

INFORMADO A CARTA CABAL

Dos veces Altamirano, desde su exilio en Berlín oriental, alertó al general Carlos Prats por intermedio de terceros del asesinato que se planeaba en su contra, según información de los servicios de inteligencia de la RDA y Francia. Pero Prats y su esposa estaban cautivos en Buenos Aires, pues el régimen de Pinochet prohibió que se les otorgara pasaportes chilenos para abandonar Argentina, como era la intención del matrimonio ante las amenazas.

Igualmente Altamirano fue avisado que Orlando Letelier corría grave peligro. "Conversamos varias veces sobre el tema, le hice ver que con el general Prats la información había sido de una dramática exactitud y precisión, pero Orlando siempre desestimó el asunto. Su argumento recurrente era que fuera de Estados Unidos se cuidaba tanto como yo, pero que allá, en Washington, no podrían ni se atreverían a asesinarlo sin autorización de la CIA", afirmó.

Tras asistir en Madrid al funeral de Francisco Franco en 1975, Pinochet mantuvo reuniones secretas con Stefano delle Chiaie -fascista italiano cercano a la Logia P2 de Licio Gelli- para complotar un atentado contra Altamirano. El momento elegido era una estadía que el secretario general del PS chileno hizo en 1976 en la casa de Francois Mitterrand, secretario de PS francés. La CIA informó de ello a la policía francesa y la trama fracasó porque "Altamirano estaba demasiado bien protegido".

La mayoría de los documentos que publicó Altamirano no fueron bien vistos por un sector socialista, y menos aún por los comunistas. Cuando en 1977 editó "Dialéctica de una derrota", Orlando Millas, representante del PC en Berlín, esparció a los cuatro vientos que más bien se trataba de "la derrota de la dialéctica". Y en una reunión del jefe de Estado de la RDA con Orlando Millas, Honecker le aseguró que "respecto del compañero Carlos Altamirano obviamente no se puede desconocer su origen pequeño-burgués, que influencia su pensamiento".

Los vientos de descrédito llegaban incluso hasta la DC. En una reunión entre Jaime Castillo Velasco y Luis Corvalán en Caracas en junio de 1977, el entonces vicepresidente de la DC aseguraba que "a Altamirano no lo quiere nadie, está completamente desacreditado. Tambalea entre las distintas corrientes de su partido para lograr mantener su cargo".

Tanto estos reproches como la desilusión y cuestionamientos que despertó la vida en la RDA golpearon fuertemente al PS y al Mapu-OC hasta trizar su unidad. Mientras un sector de la izquierda se plegó férreamente a las directrices de Moscú y terminó adhiriendo a la vía armada, otros se arrimaron a las democracias occidentales y optaron por la renovación. El quiebre del PS fue el signo más evidente de la profunda grieta que el exilio abrió entre los chilenos. De los documentos del comité central del SED se deduce que los alemanes orientales esperaban la caída de Altamirano en cualquier momento. Sin embargo, aún tendrían que esperar el Congreso de Argel en 1978, para ver como el ex senador era obligado a doblegarse frente a la dirección interna del PS. No fue una sorpresa cuando en abril de 1979 recibieron una llamada que les informó: "Carlos Altamirano fue destituido".

Hasta su salida de la RDA a fines de 1979, en las altas esferas del SED circulaba un documento llamado "El desarrollo del compañero Carlos Altamirano". Se trataba de su perfil político y las informaciones provenían de los funcionarios alemanes que estaban en contacto con él (Paul Markowski, Friedl Trappen, Hermann Axen), como de los comunistas en Berlín que se quejaban constantemente de su actitud.

"Junto a otros compañeros del partido protagonicé la división del PS en 1979, cuando concluimos que el sistema marxista-leninista estaba irremediablemente fracasado, y yo y otros dirigentes socialistas nos trasladamos de Berlín comunista a París. Así que decidimos ir a una alianza con la DC. El gobierno de Pinochet era débil en el plano político y era necesario construir una alianza para luchar en contra de la dictadura y no lanzando cohetes o cometiendo atentados", expresó, al respecto, Altamirano.

Resistiéndose al empeño alemán de acercar a su colectividad a las posturas "duras" del PC, Altamirano salió con una facción del partido -Erich Schnake, Ricardo Núñez, Jorge Arrate, Jaime Suárez- hacia Europa Occidental, donde iniciaron un proceso de renovación. Los mapucistas Enrique Correa y Jaime Estévez seguirían el mismo camino. Describiendo esos años, el ex Mapu-OC y actual senador PS Jaime Gazmuri cuenta en sus memorias que la izquierda "dura" decía que los renovados habían cambiado el grito de `Patria o muerte' por `Patria o heridos leves'. Cuando en abril de 1979 se dividió el PS, Teitelboim aseguró que "el poder es un valor en sí para Altamirano".

La invasión soviética en Afganistán, en 1979, fue otro hecho que contribuyó a distanciar a los dos mundos que coexistían en la izquierda. Mientras el PC y el PS-Almeyda apoyaron firmemente la invasión, los socialistas de Altamirano y el Mapu-OC la rechazaron. La fracción más dura del exilio, que permaneció en la RDA, terminaría plegándose a la vía insurreccional del PC y al Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

Desde el exilio parisino, un pesimista Altamirano afirmó que "con la alianza entre el gremialismo, los tecnócratas liberales y Pinochet se pierde la posibilidad de recuperar la democracia en un período breve". Una vez reconquistada la democracia, Altamirano -quien a partir de 1991 vive en Santiago- realizó un "mea culpa" que lo ha ubicado en el espectro político chileno como uno de los principales renovadores del socialismo.

En recientes declaraciones señaló que en la década de los 70 las fuerzas políticas críticas estaban divididas por la bipolaridad mundial, "donde lamentablemente la DC y el PS quedaron en bandos distintos". Para el ex dirigente "el ejercicio del poder ha llevado al PS actualmente a un estancamiento histórico y a una paralización de la voluntad transformadora, característica esencial de esa colectividad. Pienso que un partido de izquierda, y el socialista concretamente, no deben declararse anticapitalista. Ni es el momento de declararnos antiimperialistas. No porque el PS o el socialismo histórico hayan cambiado, sino porque el mundo cambió", dice, hoy en día, ya octogenario, el otrora ultrarevolucionario Carlos Altamirano.

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