Año 2, N.43, Domingo 31 de agosto de 2003
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La segunda preadolescencia
Crisis etárea
( Escribe Blanca Lewin )"¿Es esta la crisis de los treinta? Me la imaginaba de otra manera. La creía bastante "ñoña", y parece que es peor"

Usted se preguntará qué hago yo aquí. La verdad es que yo me pregunto lo mismo. No sé por qué una revista como ésta querría que yo ocupara este espacio para lo que sea. Mis reflexiones, mis descargos& Sobre todo porque soy una deslenguada en lo que se refiere a la utilización del vocabulario, es decir, carezco de todo academicismo digno del culto lector objetivo de "El Periodista". Y además, no soy periodista.

A pesar de todo, no es primera vez que lo hago. Claro que antes me dirigía a un público ciertamente más "joven", a través de una página en Internet tremendamente "juvenil". Luego lo hice para una revista ya no tan "juvenil", pero mi trabajo consistía en recomendar sitios Web; algo que aún permanece en el territorio de los "heavy users" que, estadísticamente, son los más jóvenes.


No quiero decir con todo esto que me siento vieja, pero ciertamente hay un mundo al que aparentemente estoy dejando de pertenecer, y hay otro que me está dando la bienvenida hace rato: La adultez. Pero no la adultez de cuando uno cumple dieciocho años, sino la real, genuina, verdadera adultez. Y no es que me parezca aburrida, pero hay ciertas cosas que me empiezo a perder, y si hablo con mi hermano chico, ya me puedo dar cuenta de que cada vez compartimos menos cosas.

La radio que escucho actualmente me engañó. Partió como una alternativa a esa estridencia que antes me parecía tan fresca y simpática, ahora insoportable. ¡Qué manera de hablar estupideces! Pues bien, partió como una alternativa incluso en lo musical, era lo que se llevaba, era la onda, la moda, lo más exclusivo. Objetivamente, allí también hablan millones de estupideces pero con un ritmo más pausado, con un lenguaje más aceptable para un "señor". Lo peor de todo: Me siento cómoda con esa radio que ya no es tan alternativa. Ahora es más bien nostálgica, para vejetes. Y siguen vendiendo la pomada cool.

Siempre me ha gustado mucho la música, y me conecto con ella de la manera más trivial. La vida de cualquier individuo que ha crecido en la urbe tiene una banda sonora cronológica que es común para una gran cantidad de personas. Me doy cuenta de que el tiempo ha transcurrido cuando, al escuchar una vieja canción ya no digo "¡Oh, qué viejo tema!" sino "¡Qué buen tema, qué bacán!"& La palabra "bacán" ya no sale de mi boca como antes. Debo confesar que, a veces (pocas veces eso sí), me he sentido extraña inmediatamente después de pronunciarla. Como si aquella palabra que para mí se había convertido involuntariamente en el reemplazo sustancial de la mitad del vocabulario, ya no me perteneciera. Aquella palabra que mis amigos reconocían como mi particular muletilla se va de a poco y, las verdaderas palabras, esas que aparecen en el diccionario, comienzan lentamente a reemplazarla.

OK, no soy periodista, pero soy frívola. Quizás es eso lo que tenemos en común.

Mi vestuario no ha cambiado mucho en los últimos años, pero también a veces me parece ajeno. Tiendo a recordar esas veces en que mi abuela pelaba a una tía porque se vestía "como cabra chica". Se veía "ridícula". Ya no estaba "en edad". Me pregunto si mi abuela pensará eso de mí hoy en día, cuando se ríe de mi minifalda mal cortada, de mi cinturón con remaches, de mis poleras con monitos, de mis mechones rojos. Comienzan a gustarme las faldas más largas, lo pienso dos veces antes de ponerme un jeans cualquiera.

Tengo la horrorosa sensación de estar pasando por una segunda preadolescencia. Cuando pasamos por la primera, nunca nada nos queda bien. Ataques de maña porque nos queda todo corto de mangas, porque la nariz y las orejas han alcanzado un tamaño desproporcionado. Queremos que se nos respete y se nos permita opinar porque ya estamos grandes, pero todavía queremos la última Barbie.

A mi todo me está quedando "corto de mangas" últimamente. Me sobra diario para tan poco tema. Pero tampoco puedo andar dándomelas de "lola". Me gustaría saber si a la gente de mi generación le pasa lo mismo. A mis amigas parece que no, están ocupadas criando a sus guaguas.

¿Es esta la crisis de los treinta? Me la imaginaba de otra manera. La creía bastante "ñoña", y parece que es peor. Pero tengo un consuelo, o más bien, una pequeña venganza contra aquel que sea testigo de estas confesiones, una venganza por haber leído esto, dejándome completamente desnuda, expuesta: Usted, no importa la edad que tenga, no importa su sexo; usted que le gusta informarse a través de éste, una revista "alternativa"& Usted (y déjeme tratarlo o tratarla de "Usted") es un "vejete". Un "señor".

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