Poco más de un mes lleva José Weinstein, ex subsecretario de Educación, como presidente del Consejo Nacional de la Cultura. En estos 30 días, como buen administrador, se abocó a la tarea de crear e implementar el flamante organismo, uno de los principales desafíos que se planteó el gobierno de Ricardo Lagos, después de una polémica aprobación de la nueva ley de Institucionalidad Cultural en el Parlamento.
Weinstein conformó su team (el subdirector será Patricio Vilaplana, y la directora del Fondo Nacional de Desarrollo de la Cultura y las Artes, que reemplazará al Fondart, quedó en manos de María Eliana Arntz), confirmó el traslado del Consejo a Valparaíso y presentó a la prensa una cronología que -de acuerdo a lo planificado- debiera significar que en mayo próximo la institucionalidad cultural estará funcionando en todo el país.
El trabajo que asumió el ex consultor de la Unesco en lo administrativo no es menor, serán más de 200 personas las que se deberán coordinar, porque además de los once integrantes del directorio nacional, habrá un consejo consultivo nacional, consejos regionales en las 13 regiones y consejos consultivos regionales. Y a la par con esto, está tomando conocimiento de las expectativas que tiene la gente y los distintos organismos ligados al arte y la cultura sobre la institucionalidad. "Me impresiona la actitud propositiva y proactiva que han tenido todos estos grupos, vienen con ideas y propuestas y se ponen a disposición, eso no es fácil y sinceramente era una incógnita para mi. Creí encontrarme con más demandas, pero me encontré con una actitud mucho más colaboradora".
¿Cuáles son los desafíos culturales?
Por lo menos veo tres aspectos muy fuertes. El tema uno es que para generar una cultura en Chile y un desarrollo cultural poderoso se necesitan ciudadanos con capacidad de dominio del lenguaje y de lectura. Esta es la llave que permite que el resto del desarrollo nacional se pueda dar. ¿Qué debería hacer Chile para tener un desarrollo cultural con futuro y perspectivas? Que nuestros niños en las escuelas aprendan a leer y desarrollen hábitos lectores y que no hayan niños que no entiendan lo que leen, esto pensando en la generación futura y en los sectores más pobres del país.
La tarea dos tiene que ver con la regionalización y aquí hay que hacerse cargo del desbalance entre lo que realmente tienes como potencialidades de desarrollo cultural en todas las regiones y la participación real que se tiene hoy día en ellas. Me explico, cuando uno ve de donde vienen los grandes símbolos e íconos de la cultura nacional -Neruda, Mistral, Arrau, Gonzalo Rojas-, nos damos cuenta que Chile le debe mucho a sus regiones. Sin embargo, si vemos cómo se produce el consumo cultural y el acceso a las oportunidades en las artes y la cultura está muy cargado en la Región Metropolitana.
El tercer tema tiene que ver con el desarrollo de la industria cultural que también está vinculado con el desarrollo de la cultura y, en esto que es parte de nuestra labor, veo desafíos inmensos. Mirando hacia delante, hay que pensar que Chile tiene que salir al mundo con su industria cultural y tiene que haber posibilidades de alianza, en ese sentido, todo lo que tenga que ver con los acuerdos comerciales se traduzcan en alianzas. Un Chile que se globaliza no puede hacerlo sin identidad nacional.
Usted hace referencia a la regionalización y admite que la cultura está muy centralizada en Santiago, a partir de esto ¿podría nombrarme tres metas a cumplir para descentralizar la cultura?
Todavía no puedo hablar tan específicamente de metas para descentralizar la cultura, pero esta institucionalidad está muy pensada en eso. Veo una conciencia respecto a ese desafío dos que mencione muy grande y veo que puede haber instrumentos que ayuden en esa dirección. Y uno de los instrumentos es que tengas instituciones regionales.
¿Y así se ayuda a descentralizar la cultura?
Esa es una herramienta, todas estas instituciones no son fines en sí mismo, son medios. Existen los Consejos Regionales que son herramientas para potenciar el desarrollo cultural de Chile y que tengas herramientas regionales es un aporte. El hecho que se esté levantando Valparaíso como capital cultural de Chile y que tengamos un primer Consejo y, por lo tanto, un ministro que sesione en Valparaíso es muy importante.
Pero eso puede ser interpretado solamente como un movimiento de tropas.
No, eso es una clara señal de potenciar Valparaíso como capital cultural. Y el hecho que la discusión haya estado entre Valparaíso y Chillán y que nunca se haya hablado de Santiago es una muestra clara, porque esto no puede ser sólo palabras, tiene que ser una toma de decisiones, tiene que materializarse en recursos, en posibilidades de decidir por parte de las propias regiones y eso va a ir permitiendo que se salga de un círculo vicioso en la cual no hay suficiente creación artística-cultural en las regiones, por lo tanto, no reciben lo suficiente incentivos y se sigue concentrando en la Región Metropolitana. En el caso del Fondart hay cerca de 2 mil 500 proyectos y mil 800 son de Santiago. ¿Cómo creas condiciones para que efectivamente en la regiones se rompa esa tendencia? Fundando condiciones y estímulos adicionales. Implica tener un fondo que sólo vaya a regiones o implica una sede en Valparaíso que conlleva movimiento de tropas, pero implica que desde allá se van a hacer las políticas nacionales.
¿Cuál es el mayor problema que usted le ve a la ley de la Institucionalidad Cultural?
No creo bueno pensar en las leyes como algo que serán perfectos porque no lo son, pero la verdad que uno se da cuenta de sus imperfecciones una vez que va rodando. Sí noto un temor que esta institucionalidad, por ser participativa, haya generado tal cantidad de instancias que no sean siempre fáciles de cumplir con ellas. Me explico: pensemos en una región como la XI en la que hay un Consejo Regional de siete miembros, de los cuales cinco van a ser representativos del mundo de la cultura y las artes. Provisionalmente va haber un Consejo Consultivo de siete miembros, con las mismas características, y todas esas personas son ad honorem y no pueden participar en fondos concursables, durante cuatro años y dos años, respectivamente. Ese es el tema.
Usted acaba de mencionar a la XI Región ¿No es cultura que nuestras regiones dejen de tener números y tengan nombres?
No sólo no tienen que tener números, sino que identidad propia. La idea es que el nombre diga algo: cuando uno dice región de Atacama, el nombre es poderoso porque uno piensa en el desierto. Eso como identidad para toda la región puede ser un elemento fundador, puede dar un sentido y una identidad común. Pero, incluso más allá, si Atacama quiere desarrollar su turismo es importante para ellos poder poner su nombre en España o Alemania. El que haya una vinculación le va a poder traer muchísimos beneficios a la región, en su sentido de pertenencia, de rescate de elementos constitutivos, como también en sus posibilidades económicas y comerciales que ayuden a conllevar esa identidad.
LEER ES CULTURA
El tema del libro es una preocupación constante de los escritores y las editoriales, porque además de pagar un alto impuesto, se puede ver que es mucho más fácil acceder a la literatura de Cervantes, Encina, López de Vega que a los escritores chilenos como Manuel Rojas, Barros Arana, Benjamín Subercaseux. Hay una especie de olvido hacia nuestros escritores...
Uno es el tema de que si la gente está leyendo en Chile todo lo que a uno le gustaría que leyera y allí tengo una respuesta clara: No. El libro tiene que ir donde está la gente. Me parecen muy significativas experiencias como el Libro Metro y Biblioteca Viva en el Mall La Florida, o sea, posibilidades de llegar donde está la gente. Por eso considero importante convertir las bibliotecas públicas en centros a los cuales efectivamente la gente vaya. Pero que si hoy se lee más la literatura extranjera que la chilena, mi percepción es que estamos en una época de gran producción literaria y que hay grandes autores nacionales que se leen mucho en todo el mundo: Isabel Allende, Marcela Serrano, Roberto Bolaño. No sé si ha existido alguna vez mayor lectura en todo el mundo de autores chilenos como ahora.
Estoy de acuerdo con lo que dice, pero voy a otra cosa. En España las editoriales tienen la obligación de seguir editando libros de los autores antiguos como Lope de Vega, Cervantes y acá en Chile hemos dejado que nuestros escritores de antaño, los que de alguna manera nos ayudan a hacer cultura e identidad, se vayan muriendo.
Pero también nos ayuda Rivera Letelier, Bolaño o Isabel Allende en ese sentido. Ahora, es verdad que hay autores del siglo pasado que hay que valorizar. Hace poco se inauguró el portal Memoria Chilena, donde se incluye una sección de literatura muy importante donde vienen libros que se pueden bajar gratuitamente. Ese tipo de esfuerzos puede ayudar a que eso ocurra menos, y también la valorización en otros aspectos de lo que son esas obras literarias, por ejemplo el estreno de la película "Subterra" puede ser importante para leer más a Baldomero Lillo.
¿Está considerado dentro del plan de cultura del Gobierno devolver a los escritores y a las universidades el derecho de nombrar a los candidatos del Premio Nacional de Literatura?
Creo que va ser de los primeros temas que voy a plantear al directorio. Personalmente, no me satisface el sistema actual y creo importante renovarlo.
¿Por qué los Premios Nacionales quedan tan rápido en el olvido y no se convierten en cara de la cultura, por ejemplo?
En el caso del Consejo vamos a tener un Premio Nacional en el directorio. Pero más allá de eso, hay que crear una dinámica en la cual nuestros máximos exponentes tengan una mayor participación. Depende por cierto de los medios y de que las instituciones le saquemos el máximo provecho. Además, veo que hay interés por parte de ellos. Hay que invitarlos.
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