Año 2, N.45, Domingo 28 de septiembre de 2003
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Libro en Italia sobre atentado contra Leighton
El cóndor negro
(Por Olga de los Santos)¿Pudo evitarse el homicidio de Orlando Letelier? La periodista Patricia Mayorga, quien acaba de publicar en Italia el libro "Il Condor Nero", que trata sobre el atentado contra Bernardo Leighton y su esposa, Anita Fresno, asegura que sí. Ello, siempre y cuando, la Inteligencia italiana hubiera investigado a fondo el ataque en Roma contra el ex vicepresidente chileno.


Corrían los primeros días de octubre de 1975. Roma, cuna del catolicismo y centro de uno de los más importantes imperios que recuerde la historia, vestía lentamente sus calles de otoño y recibía a los peregrinos que acudían a sus puertas para celebrar el Año Santo del Pontificado de Pablo VI.

Era la época de los grandes éxitos de la música italiana. Gianni Morandi y Rita Pavone hacían cantar y bailar a medio mundo, mientras el inolvidable Fellini celebraba la conquista del público y de la Academia que meses antes le concedía por su película "Amarcord" el Oscar al mejor filme extranjero. Era también el año del inicio de la exitosa carrera del modisto Giorgio Armani y el período de oro del tenista Adriano Panatta, que hacía soñar con sus triunfos a la floreciente sociedad italiana de post guerra.

Es dentro de este contexto histórico, que transcurre la vida en Roma del matrimonio formado por el ex vicepresidente chileno Bernardo Leighton y su esposa Anita Fresno. Un exilio en un comienzo voluntario y que, a partir del 7 de octubre de 1974, se volvió forzado al aparecer el nombre del alto personero de la Democracia Cristiana en la lista de los obligados a vivir fuera de la patria. Una sentencia que se sumó a las noticias que días antes, provenientes de Buenos Aires, hablaban del atentado que costara la vida al general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert.

No obstante, la magnitud de esos acontecimientos, nada hacía presagiar al matrimonio Leighton el atentado del que serían víctimas un año más tarde, el 6 de octubre de 1975 a pocos pasos del departamento donde habitaban, situado no muy lejos de los altos e inviolables muros del Vaticano.

Un ataque que, si bien es cierto, no les quitaría la vida -por un error en la elección del arma usada, una Beretta calibre 9, poco eficaz para matar a corta distancia, detalle técnico que se conocería más tarde durante el proceso en Italia- sí dejaría a Anita Fresno, en silla de ruedas de por vida y a su marido, Bernardo Leighton, con secuelas que lo acompañarían hasta su muerte.

CONEXION FASCISTA

"Il Condor Nero", el libro publicado en estos días en Italia por la periodista chilena Patricia Mayorga, reconstruye paso a paso el complejo engranaje de intrigas y conexiones entre los servicios secretos chilenos y algunas facciones de la extrema derecha italiana que permitieron la realización de este atentado.

A través de sus páginas, su autora nos hace detener la mirada sobre una Roma totalmente desconocida. Nos pasea por calles y guaridas secretas; van apareciendo ante el lector los nombres de Michael Townley y Mariana Callejas, que se alojaban en Roma en hoteles o, simplemente, en los dominios de Stefano de la Chiaie, oscuro personaje de Avanguardia Nazionale que daba a los terroristas de extrema derecha lecciones de explosivos a tiempo; nos ubica frente a frente a un miembro de la nobleza italiana, el príncipe Junio Valerio Borghese, líder de los neofascistas del Fronte Nazionale, el mismo que en 1970 planeó sin éxito un golpe de Estado contra el gobierno italiano.

En fin, "Il Condor Nero" propone un vuelo imaginario tras la sombra de la larga mano de los servicios secretos del régimen militar que un día, sorpresivamente, visitó los cielos de la capital italiana.

Patricia Mayorga recuerda hoy, 28 años después, como la noticia golpeó fuertemente a todos los que vivían en Roma. "Fue un remezón que concretó nuestras más terribles pesadillas: la posibilidad que la dictadura no se detuviera ante nada, la sensación de fragilidad, el hecho de pensar que tampoco caminando por las calles de Roma podíamos estar seguros".

Ya en el siglo XXI se dio la tarea de reconstruir ese hecho y hacerlo libro. "A medida que el proceso en Roma contra Michael Townley, que fuera procesado y condenado en calidad de `mandante' se iba desarrollando, daba la impresión de estar en los estudios de una película de espionaje del período álgido de la guerra fría, con espías inescrupulosos contratados por gobiernos aún más inescrupulosos para asesinar a los opositores". Desgraciadamente, dice la periodista, todo era real: "la Junta Militar que gobernaba Chile y su afán de omnipotencia -e impunidad- que no se detenían hasta `neutralizar' (eufemismo que usaban por asesinar) a los opositores, independientemente de donde se encontraran".

ANTESALA DE LETELIER

En "Il Condor Nero" se lee que durante el proceso iniciado en Italia en 1993, el fiscal Giovanni Salvi declaró en una oportunidad que "si los servicios secretos italianos en 1975 hubieran hecho un trabajo serio y seguido la pista de la extrema derecha italiana, se hubiera podido evitar el atentado que costó la vida un año después, a Orlando Letelier y su asistente en Washington.

Mayorga piensa que efectivamente hubiese sido así, ya que "en el allanamiento a la sede de Avanguardia Nacional, el grupo neofascita, se encontraron los nombres de diferentes personas que posteriormente habrían salido a la luz por este homicidio: ente ellos la `chapa' de Michael Townley y su dirección en Santiago; los nombres de algunos cubanos anticastristas, entre ellos Virgilio Paz, que acompañaba a Townley en su periplo mortal y que posteriormente fuera procesado, condenado y reconocido culpable en EEUU por el atentado contra Letelier. Asimismo, estaba el nombre verdadero y la `chapa' del mayor ® del Ejército de Chile, José Zara, miembro de la Dina, hoy procesado por el atentado al general Prats y su esposa.

Tras el proceso de Townley, también en Italia fueron procesados y condenados los ex jefes de la DINA Manuel Contreras y Eduardo Iturriaga. Según Mayorga, ahí surgió otro aspecto que a su juicio era importante dar a conocer. "Es un lado de la dictadura que ha pasado casi desapercibido: las intenciones de establecer en Chile un régimen fascista, cuestión jamás aceptada y mucho menos reconocida por los militares. En sus primeras declaraciones la Junta no aceptaba ni siquiera ser de derecha, ya que pregonaban su apoliticismo y su afán exclusivamente `patriótico' de `liberar Chile de una tiranía marxista'. Sin embargo, una de las primeras visitas que recibió el gobierno militar, en mayo de 1974 fue del príncipe Junio Valerio Borghese, Comandante de la `Decima Mas', prácticamente el ejército de la República de Saló -la república creada por Mussolini en el norte de Italia- que viajó a Chile con su lugarteniente, Stefano delle Chiaie, quien además vivió por un período en Santiago, tratando de establecer las líneas directrices de un régimen fascista con características propias".

La idea, relata Mayorga, se fue desvirtuando como el mismo Delle Chiaie lo explica en una entrevista exclusiva, por la entrada en Chile de los "Chicago-boys", el grupo de economistas ultra librecambistas seguidores de la escuela económica de Milton Friedman, quienes acercaron al país a la esfera económica estadounidense, alejándola de hecho del rigor estatista del fascismo.

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