Año 2, N.45, Domingo 28 de septiembre de 2003
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El GAP y sus historias paralelas
Fuego cruzado
(Por Marcelo Miranda)Conformado mayoritariamente por jóvenes socialistas, el dispositivo de seguridad de Salvador Allende fue uno de los más caros objetivos de las fuerzas de aniquilamiento. Pocos sobrevivieron a la masacre.


El azar y el instinto de supervivencia permitieron que alguno llegara a la Posta Central, se convirtiera en camillero, y asistiera un parto imaginario para salvarse de una muerte segura; la suerte quiso que otro burlara la custodia de sus verdugos, viviera en un cementerio, y con la ayuda de un cardenal salvara el muro de una embajada...

El relato de este peligroso tránsito de sus vidas permite trazar parte de la historia contemporánea de Chile.

Pero la historia pasada y actual de estos hombres también proporciona los elementos de un juicio histórico: ¿Hasta qué punto los principios que sustenta hoy el partido de sus filiaciones ideológicas son los del hombre que defendió junto con ellos La Moneda?

"ELADIO" Y EL GRITO DE DOLORES

Cuentan que el día del golpe de Estado el secretario del Partido Socialista envió a La Moneda al encargado del aparato militar, Hernán del Canto, para que solicitara instrucciones al Presidente. Recuerdan que éste le dijo al emisario: "Si ustedes no saben lo que tienen que hacer, yo sí tengo claro lo que debo hacer".

Y lo hizo.

Pocos hombres le secundaron. Entre ellos, los integrantes del Grupo de Amigos Personales (GAP) de Salvador Allende. En La Moneda, en las casas presidenciales de Tomás Moro y El Cañaveral, y en algunos puntos de los cordones industriales, quienes le profesaban la lealtad más absoluta optaron por asumir la misma suerte del mandatario.

"Aquellos que discrepen de mí desde el punto de vista militar, pueden abandonar La Moneda y defenderla desde donde estimen necesario", recuerda que dijo Allende el técnico agrícola Luis González Córdova, "Eladio".

"El sabía que era un suicidio. Y todos. Pero nadie dio un paso al frente. Todos nos quedamos: ese fue el paso más decisivo de nuestras vidas. Cuando un dirigente, como pocos hay en el mundo, va a la primera línea de combate, es imposible que el soldado no sepa qué hacer".

Cerca de las tres y media de la tarde se había acabado, junto con las municiones, la vida del mandatario. "Se procedió entonces a la rendición y a la entrega de las armas", señala González.

Entre órdenes, empellones y culatazos, los soldados sacaron a los asesores, funcionarios y miembros del GAP por la puerta de Morandé 80. "Cuando me ponen contra la pared, un sargento toma mi browning nueva como trofeo de guerra. Le agradezco hasta hoy su espíritu coleccionista. Que si no, no la cuento".

Minutos después de que obligaran al grupo a tenderse en el suelo, llega el oficial de sanidad militar Carlos Puccio -hermano del secretario de Allende- y ordena que se traslade a los heridos a la Posta Central. "Allí iba la Payita y otras dos personas -recuerda González­, agregando-: `¿Hay más heridos?', preguntó Puccio. Y fresco de raja levanto la mano".

"Eladio" tenía una herida de esquirla en el tobillo. Puccio le palpó el vientre. "Peritonitis", diagnosticó.

Una vez en la Posta Central, "Eladio" fue reconocido por un grupo de jóvenes que, días antes, habían informado al Presidente Allende acerca de las víctimas del atentado perpetrado por la facción ultraderechista Patria y Libertad en un gaseoducto de Curicó. Durante algunas horas, y gracias a la diligencia de estos muchachos, "Eladio" fue una prenda más en el depósito de ropa sucia; después pasó a la morgue y, finalmente, se le proporcionó un delantal de camillero.

Al día siguiente se le comunica al inexperto enfermero que debe asistir un parto en una casa de Pedro de Valdivia.

Y allí se quedó, hasta que la dueña de casa le pidió a un vecino que la ayudara a trasladar a "un primo" a una dirección determinada. El buen vecino dijo que sí, aunque no supiera que el destino era la embajada de México, y menos que su pasajero tenía como objetivo asilarse allí. "Cuando íbamos en el auto, el tipo comenzó a despotricar en contra de Allende y a decir que `estaba bueno que mataran a todos esos marxistas'".

El asistente del parto abordó el avión rumbo a México el 15 de septiembre; día de la Independencia mexicana, más conocido como "el del Grito de Dolores".

"BERNARDO" Y EL CARDENAL


El día del Golpe, el mecánico Jaime Hernández Manso fue detenido en Cerrillos y trasladado a la Escuela Militar.

Allí, en medio de la confusión de las primeras horas, los oficiales no supieron que Hernández era "Bernardo", miembro del GAP. Y como tampoco sabían qué hacer con él, lo enviaron a la 24° Comisaría de Tomás Moro, donde sí fue reconocido, pero por un Mayor de Carabineros que no comulgaba con el "pronunciamiento" castrense.

"Bernardo" fue liberado. Durante 11 meses permaneció oculto, hasta que nuevamente lo apresaron. En la Cámara de Diputados, en Londres 38, en Villa Grimaldi, donde fue insultado, golpeado y torturado, "por Osvaldo Romo, por Krassnoff Marchenko y otros agentes de la "Inteligencia".

"Un general me hizo firmar una hoja en blanco", recuerda el torturado, "y me dijo que por cada arma entregada tendría un año menos de cárcel". Una mujer -Luz Arce- lo apremió para que revelara la ubicación de una casa de seguridad en la que había, según ella, armamento suficiente para un regimiento.

"Bernardo" dio las señas del lugar al que se refería la mujer, seguro de que no había nada importante.

La casa a la que llegaron los agentes y el preso, ese 1 de octubre de 1974, tenía todo lo que "Bernardo" había descrito: la calle, el color de la fachada, el patio con los ciruelos, el gallinero. Todo, salvo por un detalle: no era la casa.

El militar en retiro que salió a recibirlos, revolver en mano, le hizo saber al ensangrentado "Bernardo" que si no hallaban las armas que buscaban, él mismo se haría cargo de usar la suya para volarle la cabeza. "Después dijo que iba adentro, a hacer una llamada".

Hernández recuerda que en ese momento dos de sus guardianes -Osvaldo Romo y otro- partieron a buscar un piquete de militares para desactivar los conos vietnamitas que supuestamente había. "Bernardo" quedó entonces bajo la custodia de un solo hombre. "Se hacía llamar capitán Cavicholi. Me sacó los grillos y las esposas, y se puso a hacer un hoyo".

Una momentánea desatención del capitán permitió que el preso saltara el muro del jardín y huyera.

Llegó a la casa de un amigo detective. Curó sus heridas, se cortó el pelo, mudó de ropa, se puso un sombrero y partió rumbo a una casa en Las Rejas.

Pero como "esa casa no era segura", resolvió irse al Cementerio General. Lo conocía bien: "Yo soy nacido y criado en el cementerio. Mi madre me parió sobre una lápida porque la ambulancia no alcanzó a llegar".

Oculto en el cuarto que su padre ocupara como depósito de herramientas, este hijo de sepulturero permaneció una semana viviendo entre las tumbas.

El día de Todos los Muertos de 1974 -tras haberse contactado con la Vicaría de la Solidaridad-, "Bernardo" fue llevado por el ex cardenal Raúl Silva Henríquez a los pies de uno de los muros de la embajada de Italia.

El cardenal le hizo una seña y entrelazó los dedos de sus manos; no para rezar sino para formar un estribo al fugitivo. De este modo, Jaime Hernández salvó el muro de la legación diplomática.

LOS ATENTADOS DEL PS

Aquel 11 de septiembre de 1973 no fue sino el epílogo de un proceso incoado hace varios años; desde que Allende comenzara a perfilarse como un serio candidato a la conducción del Gobierno.


Manuel Cortés, ex GAP

Las facciones derechistas no estaban tranquilas con la irrupción de un líder popular, "y sabíamos que harían todo lo posible por impedir que Allende llegara o se mantuviera en el poder", señala el mecánico Manuel Cortés, quien ingresara al GAP una semana después de que el candidato de la UP fuese electo el 4 de septiembre de 1970.

Desde esa fecha hasta el 24 de octubre del mismo año -día en que el Congreso eligiera entre las dos primeras mayorías- recuerda Cortés, Allende fue objeto de una serie de atentados. "En Tomás Moro, en Sánchez Fontecilla, en el Cerro Barón", la reacción quiso, pero no pudo, concretar el magnicidio.

Además, ya había antecedentes: el intento de Golpe de Viaux, el asesinato del general René Schneider, el homicidio del edecán naval de Allende, los sabotajes sistemáticos...

Pero, a juicio del Grupo de Sobrevivientes del GAP, el sabotaje ulterior de los principios y valores fundamentales del Partido al que aún pertenecen fue, y es tanto o más difícil de aceptar que los concebidos y perpetrados por la reacción fascista. Cortés, quien perteneciera al último Comité Central del PS, afirma que cuando el actual senador vitalicio fuera apresado en Londres, "el Partido se ocupó de bajar el tono de las acusaciones que estábamos haciendo. Cuando le pedimos a Ricardo Núñez que presentara la querella del GAP en contra de Pinochet, le dieron larga a la cosa; pasaron más de diez meses y no la presentaron. Nosotros les entregamos toda la información que habíamos recogido".

"En 1998 -complementa Luis González- algunos compañeros presentaron todos estos antecedentes al juez Garzón, pero aquí en Chile después del regreso de Pinochet, estos mismos documentos, antecedentes periciales y testimonios, fueron desestimados por el Partido que comandaba Camilo Escalona".

No obstante, la querella criminal a la que aluden los ex GAP ha sido nuevamente presentada en sus términos cabales.

En un pasaje de ésta, se lee: "El día 12 de septiembre de 1973 llega (al regimiento Tacna) una comitiva en la que se encontraba (...) Pinochet, el que procedió a preguntar al coronel a cargo, Luis Ramírez Pineda, que quiénes eran los prisioneros amarrados con alambres de púas, a lo que éste respondió que eran miembros del GAP. Pinochet repuso, mientras pisaba la cabeza de Juan Vargas Contreras: `estos eran los que tanta resistencia nos opusieron. Los vamos a fusilar a todos'. Es decir, la orden de victimarlos fue dada directamente por Pinochet'". (Ver documento en www.elperiodista.cl).

Los términos específicos de esta querella no fue distinta, según los ex GAP, a la suerte que corrieron las solicitudes de reconocimiento de parte del Partido, cuando éste era presidido por Escalona.

"Fui a hablar con el Partido. Se habló de hacer un estudio socioeconómico para ver quiénes sí y quiénes no tenían derecho a una pensión como exonerados políticos, pero todo quedó en nada", señala Cortés. Luis González complementa: "Después nos dimos cuenta que se había metido un muchachito que empezó a tachar de la lista a los que no eran de su gusto, ni del de Núñez y Escalona".

González se refiere a Isidro García, actual presidente de la Fundación Amigos del Presidente; entidad que agrupa a una veintena de ex GAP "que estuvieron hasta el fin con Allende. Los demás son unos aparecidos que lo único que quieren es que el Partido les tramite una pensión como exonerados, pero lo único que quieren es estafarlo".

La Agrupación de Sobrevivientes del GAP no concuerda con esta apreciación. Pero no la haya del todo inexplicable: "Este muchachito -informa Cortés- logró en menos de quince días los papeles y las autorizaciones necesarias para levantar esta Fundación. Además no estuvo en La Moneda, no conoce los entretelones del drama, no conoce qué hizo cada uno de los compañeros".

González complementa: "No sabemos cuáles son sus ambiciones personales, ésa es la gran verdad oculta detrás de esta pantalla de difamación que se ha propuesto con nosotros. Yo creo que García es el típico oportunista, funcional a un Partido bien domesticado. Esperamos que Martner revierta esta situación".

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