Año 2, N.45, Domingo 28 de septiembre de 2003
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Pasó la vieja
( Escribe Blanca Lewin )¿Alguien en este país oyó hablar del "flash mob" días antes del 11 de septiembre?

Querido señor, señora: después de concluir las Fiestas Patrias, se nos anuncia la aproximación con zapatillas de clavo de ese horror llamado "fin de año", con Navidad y Año Nuevo incluidos. Y aunque la idea de consenso de moda es "mirar hacia el futuro", quisiera recordarle que también pasó el 11 de septiembre. Sé que este año tuvimos suficiente retrospección y análisis. Y aunque usted sienta que "pasó la vieja", me gustaría compartir una palabrita con usted. Tómelo de alguien que nació el año 74, que no tiene mucho que decir de la Unidad Popular, pero sí puede identificarse con propiedad como una hija de la dictadura.

El mismo día 11, me llegó un mail de una chilena, enviado a otra chilena amiga mía, ambas nacidas el año 1973 y con residencia actual en el extranjero por opción propia.


La primera, supo de la corriente mundial "flash mob", que invitaba a la gente a dejar un libro en la calle para "conmemorar" mundialmente el 11 de septiembre de las Torres Gemelas. Y se puso a reflexionar miles de cosas, como que en Chile ese mismo día se cumplían 30 años del golpe militar y de la muerte de Salvador Allende, y que en sus treinta años de vida nunca supo que en Chile se hiciera una cadena mundial para "conmemorar", nunca se hizo marketing internacional ni se pidió apoyo emocional al resto del mundo para superar nuestro dolor. Y los gringos, en cambio, dos años después necesitan sentir que estamos todos "con ellos", tal vez como una forma de evitar la autocrítica o reflexión que ellos necesitan hacer de sí mismos, haciendo show para afuera, que es menos doloroso y más fácil que hacer terapia hacia dentro.

Frente a esta cadena pseudo reflexiva, yo me sentí orgullosa por primera vez en mi vida de ser chilena y de vivir en Chile. A diferencia de todos los años anteriores, yo no olvidaré este 11 de septiembre de 2003, gracias a que por lo menos en este país, la caída de las Torres Gemelas y sus víctimas fue un tema que pasó a último plano. Me vuelvo a preguntar: ¿alguien supo del flash mob? Por el contrario, durante semanas, el tema central de discusión en todos lados y que acaparó toda la cobertura de la prensa y el genuino interés de todos los chilenos, fue el de nuestro 11, el que cumplía treinta años. Pudimos ver en todos los canales de televisión (incluso en aquellos que oportunamente deseaban reivindicarse de su fascismo encubierto) imágenes inéditas en nuestro país guardadas bajo siete llaves, testimonios insospechados de sus verdaderos protagonistas.

Yo crecí con una imagen muy confusa de Allende, de un Presidente que "no se la pudo", que "fue traicionado" y que "se suicidó". En otras palabras, y perdóneme señor la crueldad, alguien que "no se la pudo", es alguien "mediocre"; alguien que "fue traicionado" se podría interpretar como alguien ingenuo, o peor: idiota. Y alguien que "se suicidó", fuera de contexto y para la mentalidad católico-derechista que nos inventó la dictadura, era moralmente cuestionable desde cualquier punto de vista.

Aquí se ha hecho, por primera vez, un intento de reparación real. Creo que este intento del que se ha hecho cargo el gobierno de Lagos, ha sido tremendamente eficiente. Ahora, puedo entender sin perder la objetividad, que Allende primero que nada fue un Presidente elegido democráticamente, que fue tremendamente consecuente, que defendió la democracia con sus propias manos y llevó hasta el final lo que en un momento dijo: "pagaré con mi vida la lealtad del pueblo". En fin: fue un hombre digno, que en sus últimas palabras, a pesar del dolor, la impotencia y la rabia, fueron de esperanza para las nuevas generaciones, esas que tendrían que esperar probablemente unos treinta años (¿seré yo, señor?) para ver la historia con más claridad. "Vendrán otros hombres..."


Es cierto que no hay que olvidar que esto es sólo el principio. Que la apertura de Morandé 80, la placa conmemoratoria y las pinturas nuevas que hay en La Moneda, son apenas el primer paso. Pero me siento orgullosa y feliz de que se haya hecho algo que de verdad valía la pena en todos estos años. Que servirá por fin con justicia a la historia. Nadie ha hecho un intento por santificar a Salvador Allende, ni por lavar la imagen de la Unidad Popular, como pueda vociferar indignada una derecha tonta y con mentalidad aldeana. El país ya se ha hecho la autocrítica pertinente, en innumerables ocasiones. Ya basta. ¿Cuándo la derecha se hará una autocrítica de verdad? ¿Cuándo reconocerán que ellos respaldaron años de violaciones a los derechos humanos? Es muy fácil decir: "no miremos al pasado, no removamos antiguas rencillas, sino que miremos al futuro".

Yo le digo a usted señor, y reitero, tómelo de alguien que nació en 1974 y que creció en un núcleo familiar sin militancia política: para mirar de frente al futuro, hay que conocer la historia. Y conocer la historia, implica hacerle justicia, para que, efectivamente, NUNCA MAS EN CHILE, nada de esto vuelva a ocurrir.

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