Año 2, N.45, Domingo 28 de septiembre de 2003
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Alex de la Iglesia, director de cine
La España burlona
(Por Leonardo Navarro)Es gordo, grande y bocón. Hace películas por gusto, de lo que le gusta y como le gustan. Es el estandarte de la nueva generación de directores españoles y ganó el Goya al mejor director con su segundo largometraje. Es Alex de la Iglesia y no hay quien lo pare.


Un gordo metalero pelado y pasadito en años cuelga de un aviso de neón en Madrid, mientras grita, riendo histéricamente, "¡Vamos a morir!". Es 1995 y Santiago Segura está en el papel que le dará fama en "El día de la Bestia", una divertidísima comedia satánica, dirigida por Alejandro (Alex) de la Iglesia, un bilbaíno de 29 años. Esta película, la segunda de su carrera, arrasa con la taquilla en España y recibe a mansalva nominaciones al Goya -el Oscar español-, ganándolo para Segura, el mismo De la Iglesia, sonido, maquillaje, efectos especiales y diseño de producción, y perdiendo por muy poco los premios al guión, banda sonora, mejor actor, fotografía, película, edición y vestuario. Toda una sorpresa para una cinta de género, repleta de humor negro e incorrección.

La cinta trata de un cura (Alex Angulo) que descubre que el Anticristo nacerá en Madrid en diciembre de 1995. Empeñado en buscar a Satán e impedir el nacimiento, decide dedicarse a hacer el mal. Así se contacta con José María (Segura), un metalero duro, y juntos contactan al profesor Cavan (Armando de Razza), un charlatán mentalista de TV, de quien esperan sepa más sobre el maligno y cómo detener sus planes. En clave escéptica, riéndose de buena gana de la paranoia satánica amparada por más de una iglesia cristiana -y la católica en especial-, pero con mucho respeto y homenaje por el cine que ha retratado antes el tema, De la Iglesia realizaba una de las cintas españolas con mejor factura técnica de la década, y una cinta para grandes masas de corte fantástico.

Pero eso no le era nuevo. En 1993, y gracias al apoyo de El Deseo, la productora de Pedro Almodóvar, había realizado su primer largo: "Acción mutante", una delirante comedia de ciencia ficción sobre un comando terrorista de ese nombre, compuesto por lisiados, deformes y fenómenos, mutantes seres descastados por la sociedad del futuro y que deciden combatir con fuego el desprecio que les han dado... después de gastarse la plata del rescate que piden por la hija de un magnate. Angulo era dirigido por segunda vez por Alex -la primera fue en "Mirindas Asesinas", el corto de 1991 que llamó la atención del cineasta manchego-, y a él se le unía un reparto igual de variopinto y gracioso. Las burlas a la España y al mundo actual, obsesionado por la belleza, eran nata, y el humor negro la marca de fábrica del debutante. Ganó tres Goyas por efectos, maquillaje y dirección de producción y fue nominado por dirección novel y edición.


El siguiente paso sería "Perdita Durango" (1997), la única cinta que ha hecho fuera de España y también la más seria de su filmografía. Basada en la novela de Barry Gifford que sigue las aventuras de la asesina a sueldo interpretada por Isabella Rossellini en "Corazón Salvaje", es la historia de un par de mal bichos que llevan un cargamento de fetos humanos de México a EEUU y entremedio raptan a dos adolescentes para sacrificarlos a la santería de Romeo Dolorosa, el amante de Perdita. Con el humor negro de siempre, pero un tono mucho más oscuro, la cinta no le abrió el camino a De la Iglesia para trasladarse a Norteamérica, pero le permitió trabajar con Rosie Pérez y Javier Bardem, además de hacer una road movie con todas las de la ley en el país que las inventó.

Volvería al humor negrísimo, la mala leche y el escarbar en el lado feo de las cosas con "Muertos de risa" (1999), la historia del auge y caída de una pareja de cómicos televisivos, Nino (Santiago Segura) y Bruno (El gran Wyoming), en la España de la transición. Ellos empiezan desde cero, pero cuando la fama los alcanza, no se dan cuenta cuando la envidia empieza a hacer su trabajo y a minar la relación de dos buenos amigos, transformándola en una pelea que recuerda mucho a "La guerra de los Roses" y que termina de igual forma. Con alguna de las escenas más graciosas de su cine -basta recordar la escena en que Bruno, sabiendo de la parálisis que le viene a su amigo en pantalla, invita a todo el público del estudio de TV a cachetearlo. Con apariciones de conocidas figuras de la España de esos años (incluido el chileno Bigote Arrocet), la cinta hace de revisión nostálgica y también hace alusiones a una realidad conocida por todo el mundo y que se dio en cada pareja de famosos comediantes, como Dean Martín y Jerry Lewis, Abbot y Costello, etc.


En "La Comunidad" (2000, actualmente en cartelera), De la Iglesia halló la consagración, merced a las 15 nominaciones a los Goya y los tres premios que obtuvo: mejor actriz (Carmen Maura), mejor actor de reparto y mejores efectos especiales. Contada en un estilo que recuerda mucho a las cintas de suspenso de los 60, con una ambientación cerrada y encerrada en un edificio de 5 pisos y una galería de personajes digna de "El bebé de Rosemary" o "Twin Peaks", la historia de Julia, la agente inmobiliaria que encuentra las 300 millones de pesetas que ha dejado un inquilino muerto y detrás del cual han estado todos los vecinos del lugar, parece una metáfora sobre la desconfianza al prójimo y la enfermiza situación que se da en los ambientes cerrados. La codicia, el odio y la obsesión han corroído la mente de todos los vecinos, que han vivido por y para un dinero que no les pertenece y que consideran suyo. Julia pronto sucumbe a la tentación de verse millonaria y al mismo espíritu egoísta de los miembros de la comunidad, que el mismo De la Iglesia dijo que representaban a toda la ciudad de Madrid, pero en versión borde. Y es esa codicia la que hace que Julia empiece a parecerse peligrosamente al dueño de la fortuna y que el espectador sospeche que puede ser que ella tenga el mismo fin. Más humor negro, una burla a los fans de la "Guerra de las Galaxias" -que merecida se la tienen- y un buen montón de sangre, además de la seguridad de estar asistiendo a ver la obra de un autor macizo y maduro.


Y eso es lo que podremos comprobar antes de que termine el año, cuando se estrene "800 balas" (2002), último trabajo del vasco y con un argumento que promete: un grupo de vejetes que profitan de un pueblo del salvaje oeste en España, construido en los tiempos en que los italianos filmaban sus spaghetti western y cómo el nieto de uno de ellos se les une en contra de su madre y de la gente que quiere echarlo abajo, además de iniciarse en el sexo y ver cómo su abuelo y sus amigos reciben a los "forasteros" con balas de verdad.

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