Año 2, N.45, Domingo 28 de septiembre de 2003
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Homenaje a Winston Cabello
( Escribe Roberto Pizarro )

La Caravana de la Muerte llegó hasta donde se encontraba Winston. Lo sacó de la cárcel y sin mayor trámite terminó con su vida cuando apenas estaba en sus 28 años. Todos los crímenes cometidos por la dictadura fueron injustificados y atroces. No hubo causas, no hubo juicios, no hubo derecho a la defensa, no hubo guerra. Se actuó contra personas desarmadas. Por eso es que Pinochet, Arellano, Contreras y Fernández Larios son responsables de genocidio. Pero el mayor de todos los crímenes fue el asesinato de Winston Cabello. Es que ni siquiera era un activista político y lo saben todos aquellos que lo conocimos durante su corta vida como estudiante y profesional.

Durante los largos años de nuestro exilio, mi esposa Alicia y yo, ambos amigos de Winston - y creó que también todos los que lo conocieron en la Escuela de Economía- nos acordamos muy especialmente de él. Por ello no vacilamos en calificar este asesinato como uno de los actos más cobardes que se cometieron durante el régimen del oprobio. Tenemos muy presente la figura de Winston en los patios de la Escuela de Economía, con sus ojos dulces y achinados, su expresión tranquila y bondadosa. No participaba directamente en política, aunque probablemente tuviese su corazón en la izquierda, en momentos en que todo Chile soñaba con construir una sociedad más justa. Era un miembro activo del grupo folclórico de la escuela, junto al Pato Barrueto, su cuñado y a Zita, su hermana entrañable. Cantaba las canciones de Violeta Parra y de Víctor Jara y nos enseñaba los bailes típicos de nuestra tierra.

El trabajo profesional de Winston comenzó en la otrora Oficina de Planificación en Santiago y luego gracias a sus propios méritos y a su interés por el norte de Chile llegó a ser el Director Regional de Planificación en Copiapó. Aunque no seguí la trayectoria profesional de Winston entre 1970 y 1973, yo estoy seguro que como director de Odeplan su trabajo lo dedicó por entero al servicio publico. Y estoy mas seguro aún que este hombre bueno y generoso jamás pudo haberse creado odiosidades y tener enemigos. Entonces, el asesinato de Winston solo lo pudo cometer alguien que no lo conociera. Cualquiera que alguna vez hubiera mirado sus ojos tiernos no habría podido disparar, su mano habría temblado. Los asesinos vinieron desde Santiago. Fueron los de esa caravana del Apocalipsis y el responsable directo de la ejecución, Fernández Larios.

Los de la Escuela de Economía de la calle Republica rendimos sentido homenaje a Winston Cabello. Somos solidarios con su familia, con su dolor y esfuerzo por encontrar la verdad y hacer justicia. Zita y su familia se lo merecen. Pero, además, porque nuestro homenaje a Winston es al mismo tiempo la reivindicación de los nombres de todos esos jóvenes que cayeron en el período de la tragedia de Chile; de los estudiantes, profesores y funcionarios administrativos de la Facultad de Economía Política. Se ensañaron con nosotros. Suprimieron nuestra Facultad y sufrimos la muerte, la tortura y el exilio. Los inquietos, los cuestionadores, los que se formaron en la crítica deberían ser duramente castigado según la lógica oligárquica y de los que siguieron sus instrucciones. Pero, además, los represores y sus ideólogos quisieron darle una señal inequívoca al país, instalando el cuartel central de la CNI en el mismo lugar donde habíamos estudiado, dónde se habían formado varias generaciones de economistas, desde la época de Pedro Aguirre Cerda.

Pero la verdad es que a la larga no nos ganaron en lo fundamental, ya que quedo impregnada en nuestra piel la sed de libertad, democracia y justicia que aprendimos precisamente en los patios y en las aulas de la casona de Republica. En las próximas semanas, rendiremos un homenaje a todos nuestros compañeros asesinados por exigencias de la intolerancia y de los intereses de los poderosos: diez estudiantes de la Escuela de Economía, en sus años de plenitud y cuatro economistas, entre los cuales se encontraba Winston Cabello. Como testimonio de reconocimiento y de que no nos hemos olvidado colocaremos en el patio, dónde ahora se encuentra la Escuela de Economía, una escultura que llevará una placa con los nombres de todos nuestros mártires.

En nombre de los que conocimos la felicidad y el dolor en la Escuela de Economía, de los que aprendimos que la ciencia y la técnica deben estar al servicio de las mayorías, le decimos a la familia Cabello que anhelamos, igual que ellos, justicia para Winston Cabello. Esperamos que Fernández Larios y su pandilla de la Caravana de la Muerte paguen por el crimen de nuestro querido compañero. Porque sólo si no hay olvido y existe efectiva justicia se logrará materializar ese "nunca más" que la inmensa mayoría de los chilenos desea para nuestro país.

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