Año 2, N.45, Domingo 28 de septiembre de 2003
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Las cuentas no me salen
( Escribe Louis Casado )

Los amigos se clasifican en amiguetes, amigotes, tronkos, carretas, patas, compadres, yuntas, conocidos, saludados y coleguis. Un tronko de los míos dice que es optimista porque siempre estima que el vaso está medio lleno. Y no medio vacío como diría un pesimista. Por mi parte, no me aparto de mi propia definición: un optimista piensa que la esperanza es lo último que se pierde. Un pesimista sostiene que la esperanza es lo último que se perdió. Si no me crees dale una mirada a la puñeta económica y a los números que la acompañan como el olor a las manifestaciones meteoríticas post prandiales (para los menos apañaos en el plano lingüístico debo precisar que se trata de una forma metafórica y elíptica de decir pedo que queda muy fedo). Pon los números como quieras. Las cuentas no cuadran. La Organización Mundial del Comercio, por ejemplo. Que nació en 1995 para ordenar el comercio mundial y darle equidad a los intercambios entre países ricos y pobres. En ese entonces había en el mundo 800 millones de seres humanos que sufrían de hambre crónica. En el 2000 los hambreados ya eran más de 850 millones. Otro ejemplo: el algodón. En cuatro países africanos - Burkina Fasso, Malí, Chad y Benin -, el algodón representa 30 por ciento de las exportaciones y hace vivir a 10 millones de campesinos. Esos campesinos viven miserablemente, pero su algodón tiene un precio de mercado inferior a los costes de producción. Mientras los EEUU subvencionan cada uno de sus 25 mil productores con 130 mil dólares anuales. Lo que les permite ser más competitivos que sus pares africanos. La reunión de la OMC fue un fracaso porque los países ricos no quisieron reducir sus subvenciones agrícolas. Ellas suman, en EEUU y Europa, 370 mil millones de dólares anuales. Mil millones de dólares diarios. Entretanto, tres mil millones de seres humanos, de los cuales 60% son campesinos, viven con menos de 1.400 pesos diarios. En el sector industrial los EEUU aportan unos 200 mil millones de dólares anuales de subvenciones a las empresas del imperio. Lo que llaman el juego de la libre competencia. La Bolsa. Otro tema. Durante la última crisis económica el New York Stock Exchange, ha conocido una caída casi sin precedentes y ha destruido trillones de dólares de valor bursátil. Pero su presidente, Dick Grasso, recibió 140 millones de dólares de salarios atrasados, bonos, y sobresueldos. En un día. Esa cantidad representa 77.000 años de salario mínimo chileno. Setecientos setenta siglos de salario mínimo. Que Dick recibió en un día. Lo que no contribuye a restaurar la confianza de los mercados. La confianza, otro tema. Los gobiernos chilenos hacen lo imposible por darle garantías a la inversión foránea. "Entre no más, está en su casa", dijo San Nicolás de las Finanzas cuando suprimió los últimos controles e impuestos que quedaban, el año 2001. A pesar de ello la inversión extranjera cayó. Mientras la inversión chilena en el exterior crece que es un primor. Según el Banco Central llegó a dos mil trescientos millones de dólares en el primer semestre de este año, un 29,4% más que en el mismo período del año anterior. "Pecata minuta". Porque los países ricos siguen concentrando la inversión directa extranjera (IDE). Europa y los EEUU, que tienen 9% de la población mundial, se llevan más del 50% de la IDE. Los EEUU, ahí si que hay confianza, estabilidad y gobernabilidad. Y se hacen bien las cuentas. Ejemplo: el costo de la guerra de Iraq. En abril la Casa Blanca lo estimó en dos mil millones de dólares mensuales. En julio Donald Rumsfeld lo subió al doble: cuatro mil millones de dólares. Mientras el déficit comercial de los EEUU supera los 400 mil millones anuales. El déficit presupuestario representa otro tanto. El estupendo sistema de fondos de pensiones del Imperio ha acumulado más de 400 mil millones de dólares de déficit, fenómeno que se acelera cada año: 35 mil millones de déficit el año 2002, 80 mil millones de déficit en lo que va corrido del 2003. Mientras las AFP engordan, quién paga el déficit es el Estado Federal de los EEUU. A través de un organismo semi público: el Pension Benefit Guaranty Corporation. A pesar de los déficits colosales, Dobeliú le baja los impuestos a los ricos y en diez años les restituirá entre 690 mil y 950 mil millones de dólares. El año 2000, 400 ciudadanos uésianos declararon un ingreso anual de 175 millones de dólares. Un total de 70 mil millones de dólares: el equivalente del PIB chileno. El doble de lo declarado en 1992, lo que da la medida del aumento de la productividad del riquerío. Y explica porqué la IDE se va a refugiar al Imperio. Además, los 400 afortunados ven bajar sus impuestos, los que en los últimos años bajaron en un 26% para la población más rica, mientras los de la población más modesta aumentaron en un 13%. La concentración del ingreso en los EEUU alcanza niveles nunca vistos. En 1970 el patrón de una empresa cobraba 40 veces un salario medio. En el año 2000 cobraba mil veces más. Otra indicación de la concentración del ingreso la dan los impuestos a las herencias. El año 2000, un 0,15% de las personas fallecidas en los EEUU representaban más del 50% de ese tipo de impuestos. Por eso Dobeliú quiere eliminarlo. En 1995 los créditos al consumo de los hogares uésianos representaban una deuda de más de cuatro billones de dólares. El 45% del PIB de los EEUU. Y va subiendo. Entretanto, en la fértil provincia y señalada de la región Antártica y famosa, la concentración del ingreso es aun peor. Su índice de Gini, ese que mide la justicia relativa de la distribución del ingreso, es uno de los peores del planeta. Peor que el de Burkina Fasso. Hace unos días John Biehl dijo que en Chile "... existe una desigualdad gigantesca en los ingresos que es vergonzosa... Cada vez tenemos más desigualdad en Chile, eso está clarísimo. Estamos 40 a 1 en la diferencia de sueldos, la mayor en toda América Latina y una de las mayores en el mundo".John Biehl no es yunta mía, pero tampoco le salen las cuentas. Como fue Ministro tal vez tenga alguna idea del tiempo que hace falta para introducir la equidad en Chile. Aunque lo calcule en años-luz o en gobiernos de la Concertación que viene a ser como lo mismo. A ver si finalmente, a Biehl y a mi, nos salen las cuentas.

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