Año 2, N.45, Domingo 28 de septiembre de 2003
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Reunión OMC en Cancún
La agenda pendiente del desarrollo
( Escribe Coral Pey )En el ámbito de lo esperado, desde hace meses era un secreto a voces que en este encuentro no habría grandes avances en la agenda de liberalización comercial.

El paraíso turístico de Cancún, México de arenas blancas, aguas color turquesa y un circuito hotelero con nombres sugerentes como "Fiesta Americana", "Continental Plaza" y la conocida cadena hotelera de Hilton, se transformó en el escenario de la V Reunión Ministerial de la OMC. Junto a los miles de turistas ansiosos del sistema "all inclusive", la ciudad albergó a más de cuatro mil setecientos delegados oficiales; mil ochocientos periodistas de todo el mundo; y mil quinientos representantes de ONG's, de las cuales un tercio provino de los Estados Unidos, otro tercio de Europa, y el resto de otros países y continentes. En medio del calor y la humedad, la retórica del libre comercio mundial se llenaba de promesas, críticas, demandas, y desilusiones.

Sobre el rumbo que debían llevar las negociaciones, no todos los países ("economías" en muchas de las declaraciones oficiales) y organismos participantes tenían las mismas expectativas sobre los resultados de la reunión ministerial

DIFERENTES EXPECTATIVAS

La delegación de la India señalaba que "los países en desarrollo participan en un sistema comercial multilateral esperando que ello favorezca su desarrollo económico, y no parece que la liberalización del comercio sea un fin en sí mismo". El "paper" chileno, en cambio, ponía el acento en el profundizar y acelerar la liberalización comercial, sobre las bases de reglas sólidas, incluso en servicios e inversiones, ya sea a nivel multilateral o bilateral, tomando como ejemplo la estrategia seguida por Chile y otros países que han optado por acuerdos bilaterales, al margen de la OMC, más expeditos y ambiciosos. La sensibilidad del bloque de los países desarrollados no estaba tan lejos de ello al comenzar la V Conferencia. En documento oficial de la Comunidad Europea, su Comisario Pascal Lamy señalaba "tenemos que lograr avances prácticos en la serie de cuestiones difíciles que identificamos en la Declaración de Doha".

El futuro de la reunión demostraría que la diferencia de las expectativas era profunda, las "cuestiones difíciles" muy difíciles y las esperanzas de los países en desarrollo muy fuertes.

Pero hubo además voces de alerta y diversas apreciaciones sobre el camino bilateral: la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos, participantes en calidad de observadores), advirtió que "los esfuerzos debían conservar su carácter multilateral". Y el mismo Director General de la OMC, Supachai Panitchpakdi señaló el riesgo de la proliferación de acuerdos comerciales bilaterales, por "la falta de control de la OMC sobre ellos y el trato que se reserva a los países en desarrollo en dichos acuerdos".

La UNCTAD por su parte, mantuvo una crítica posición ante el rumbo de las negociaciones comerciales: "la realidad presente del comercio mundial no coincide con su retórica. En lugar de normas mundiales negociadas por todos, en interés de todos y respetadas por todos, hay demasiadas decisiones tomadas a puertas cerradas, demasiados intereses particulares y demasiadas promesas rotas."

Las distancias en cuanto a las expectativas eran claras. La Organización Internacional `Amigos de la Tierra' (Friends of the Earth International) señalaba en comunicado de prensa distribuido en los pasillos y el centro de prensa: "La Unión Europea sigue intentando imponer los "nuevos temas" de inversiones, competencia, contratación pública y facilitación del comercio en la agenda OMC, disfrazándola de agenda de desarrollo".

El mismo día, Anne Krueger, Primera Subdirectora Gerente del Fondo Monetario Internacional, presente en calidad de observadora, señalaba: "Todos los países se beneficiarían de los resultados ambiciosos de las negociaciones. Cuanto menores sean las restricciones al comercio mundial, más rápidamente crecerá ese comercio, y la consecuencia será un crecimiento rápido de la economía mundial. Las posibilidades en cuanto a ganancias de bienestar son enormes."

Según lo previsto en esta reunión dos temas concentraron la atención de los debates oficiales: la posibilidad de avanzar en el acuerdo sobre agricultura; y los denominados "nuevos temas" (new issues), particularmente en lo relacionado a inversiones y compras públicas.

En el ámbito de lo esperado, desde hace meses era un secreto a voces que en este encuentro no habría grandes avances en la agenda de liberalización comercial. Algunas Organizaciones No Gubernamentales del Norte, ya habían establecido muy claramente su separación con las políticas gubernamentales de sus propios países: IFPRI (International Food Policy Research Institute), con sede en Washington, señalaba tempranamente "un kilo más de azúcar subsidiada en la Unión Europea, podría bien ser entendida como un kilo menos de la misma azúcar producida en Kenya o Guatemala". También, otras ONGs del Norte, señalaron que "claramente Estados Unidos y Europa tienen más interés en proteger a sus intereses corporativos que en dar ayuda al desarrollo del mundo en desarrollo."

`PROTOCOLO DEL CONO SUR Y LA REGION ANDINA'

Desde las sociedades civiles del sur, también hubo planteamientos claros y propuestas que intentaron incidir en las posiciones oficiales para la reunión ministerial. En Chile, y con un carácter regional, se articularon diversas organizaciones académicas, sindicales, rurales, de género, ambientalistas, de pueblos originarios, y de consumidores, de Perú, Argentina y Brasil, así como de Santiago y provincias. Tras un concurrido Seminario organizado por la Alianza Chilena por un Comercio Justo y Responsable, que contó con el respaldo de más de 40 organizaciones, como CUT, CONAPACH, ASEMUCH, ANAMURI, la Universidad Bolivariana, la Corporación de Mujeres Mapuche Aukinko Zomo y el Centro de Estudios Indígenas de la Universidad ARCIS, presentaron a la Cancillería el `Protocolo del Cono Sur y Región Andina de las Américas, frente a la reunión ministerial.

En el documento se señalaba " Rechazamos la decisión de los países desarrollados que, en vez de avanzar en la Agenda del Desarrollo, concentran sus esfuerzos en tratar de incorporar los llamados `nuevos temas', especialmente los relativos a inversión y compras gubernamentales(&), mientras pierden relevancia otros aspectos, vitales para nuestro desarrollo, como trato especial y diferenciado, obligatorio a los países en desarrollo"; "exigimos el fin a los subsidios de los países desarrollados" y "Llamamos a integrar y resguardar las garantías necesarias para los servicios públicos, en tanto Derechos Humanos y no materias comercializables" .

GRUPO DE LOS 21

Como una demostración de las múltiples estrategias que admite la globalización, además del criterio mercantil, y priorizando una visión de desarrollo, el planteamiento del G-23 en agricultura fue muy claro: eliminar los subsidios a la exportación de bienes agrícolas, lo que claramente fue rechazado por las naciones industrializadas. Como ha sido tradicional, las mayores economías presionan a los países en desarrollo para que abran sus mercados agrícolas, mientras ellos protegen sus propios mercados, a través de millonarios subsidios a su producción. Concretamente, Estados Unidos y la Unión Europea, destinan anualmente cerca de 300 mil millones de dólares para subvencionar su actividad agrícola.

Ello explica que a juicio de muchos, esta nueva alianza conformada por países latinoamericanos, africanos y asiáticos es "histórica". De hecho, importantes organizaciones de desarrollo como el PNUD y el presidente de la UNCTAD, Rubén Ricupero, consideran "un gran avance" la alianza conformada por Argentina, Brasil, Bolivia, China, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Egipto, El Salvador, Filipinas, Guatemala, India, México, Pakistán, Paraguay, Perú, Sudáfrica, Tailandia y Venezuela.

Y la verdad es que no es para menos, porque el conjunto del grupo tiene una importancia sustantiva, en términos de la población agrícola mundial: el 63 por ciento de los campesinos viven en los países miembros y representan el 51 por ciento de la población mundial. Además, el G-23 es responsable de alrededor del 20 por ciento de la producción agrícola mundial; de un 26 por ciento del total de las exportaciones agrícolas; y del 17 por ciento de las importaciones mundiales de productos agrícolas.

El futuro de esta Alianza, si bien profundamente necesario y saludable, no está dado de antemano, debido a varios factores: su profunda heterogeneidad, graficada por ejemplo en el tamaño y desarrollo de un país como Honduras con una población levemente superior a los 6 millones de habitantes, frente a Brasil, con más de 160 millones; al PIB del país centroamericano equivalente a US$ 6.4 millones, frente a los US$ 102 millones del país sudamericano.

La proyección y continuidad de este nuevo actor dependerá de su capacidad para salvar los escollos que se presenten, pero por sobre todo, por buscar ampliar la alianza política que representan, y de resistir las presiones de los países desarrollados.

Las alianzas de estos países no sólo están contando con las acciones de sus gobiernos, sino también con las de diversas organizaciones sociales y No Gubernamentales del Norte y del Sur, como ya lo demuestra la declaración que al respecto fuera firmada por 18 Organizaciones entre las que se pueden contar Oxfam; Campaña por el comercio ciudadano (Citizen Trade Compaign); Centro Internacional de ley ambiental; WEDO; Food First; Institute for Agricultura and Trade Policy; entre muchos otros, que se declararan "extremadamente críticos frente al ataque que el gobierno de los Estados Unidos continua realizando contra el Grupo de los 23, un grupo de naciones en desarrollo que está trabajando en conjunto para transformar la forma y naturaleza de las reglas de comercio agrícola en el mundo... los esfuerzos norteamericanos por presionar a estos países nos parecen avergonzantes y deplorables."

Evidentemente, ello da cada vez más relevancia a la opción de la exigibilidad ciudadana, y a la construcción de una fuerza social que sea capaz de incidir en el fortalecimiento de la agenda del G-23.

Quedó además demostrado que existe la urgencia de avanzar en la Agenda del desarrollo señalada por Naciones Unidas y que los países menos desarrollados tienen -hasta ahora- la voluntad política de continuar el rumbo iniciado en la reunión anterior, realizada en Doha, Qatar, lo cual implica la generación de reglas justas para que la entidad encargada de regular el comercio mundial (OMC) sea efectivamente un foro multilateral en el que estén representados los intereses del conjunto de los países miembros, especialmente de los menos desarrollados. Por ahora, "en lugar de normas mundiales negociadas por todos y respetadas por todos, hay demasiadas decisiones tomadas a puerta cerrada, demasiados intereses particulares y demasiadas promesas rotas" en palabras de Kofi Annan, Secretario general de Naciones Unidas.

Los desafíos de Cancún son múltiples, pero el hecho es que un largo camino siempre comienza con el primer paso, un camino que como Francoise Mitterand, demanda en el documento "Llamado a Cancún una chispa de lucidez" consiste en "dar la muestra a los Estados y a los pueblos de que otro mundo democrático es posible; y que un consorcio alternativo a la dictadura de la OMC, también lo es; es decir, un comercio subordinado a los derechos económicos, sociales, ambientales y culturales de los pueblos".

*Directora Ejecutiva de la Alianza Chilena por un Comercio Justo y Responsable

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