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Editorial
Año 2, N.45, Domingo 28 de septiembre de 2003
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DIVORCIO
Francisco Martorell"La legitimidad lograda por la Iglesia en la defensa de los DDHH, así como los ingentes esfuerzos por el esclarecimiento de esos hechos de nuestro pasado reciente, acción loable en los últimos 30 años, no la autorizan a manipular información con el objeto de persuadir a los parlamentarios"

Las cifras no mienten. Más de medio millón de chilenos, según el último censo, dice ser separado (o anulado) cuando se le consulta por su estado civil. Tienen, a su vez, otros tantos miles de hijos los que, según la Vicaría de la Familia, están en el enorme riesgo de convertirse en jóvenes drogadictos o delincuentes, o las dos cosas, porque sus padres tomaron la difícil decisión de terminar su unión de pareja.

Si la generalización es mala, el hecho que la Iglesia Católica de Santiago mienta, es tanto peor.

No hay que ser un experto para saber que las causas que generan una adicción son variadas. El punto, entonces, no merece discutirse. El propio Conace, hace algunos días, fijó su posición al respecto: "Hijos de padres casados, separados, convivientes, madres o padres solos pueden constituirse en familias protectoras frente al consumo de drogas de sus hijos si tienen una buena relación".

Si la Vicaría de la Familia quiere entrar a un debate necesario para el país, donde todos podamos exponer nuestros puntos de vista, debe hacerlo con aquellos argumentos teológicos, si los tiene, que le permitan inclinar la balanza en el Congreso o convencer a sus seguidores de que no deben divorciarse porque ello es malo ante los ojos de Dios.

Lo que no puede hacer, por conseguir una victoria religiosa, es estigmatizar a los miles de jóvenes -muchos de ellos católicos- en cuyos hogares se vivió la separación de los padres.

Sabemos que la TV cala y hondo.

Los spots difundidos por diversos canales muestran cuán a fondo está la Iglesia dispuesta a llegar en el tema. Si bien no debiera merecer reparo alguno, para aquellos que no profesamos el catolicismo, que en sus ritos religiosos los seguidores del Vaticano no puedan guitarrear o aplaudir, sí tenemos el deber de cuestionar cualquier intento por llegar a la población con un mensaje falaz.

No es el divorcio el que genera las condiciones para que se desarrolle una adicción al interior de una familia. Puede ser un mal divorcio. Como también lo puede ser un mal matrimonio, que sigue unido, sólo por una cuestión social o aquella familia donde los padres se maltratan.

La Iglesia, más que nadie, debiera saber que su voz debe ser levantada para luchar contra las verdaderas lacras sociales: la injusticia, las desigualdades o la falta de oportunidades.

Así como un grupo de jóvenes, encabezados por Benito Baranda, salió a las calles en los últimos días para abrirle a la gente los ojos sobre la pobreza, y otros, meses antes, montaron una gran campaña denominada "Un Techo para Chile", el papel de la Iglesia, para desincentivar el consumo de la droga, no debe apuntar a una lucha sin cuartel contra una ley de Divorcio sino a cuestionar las injusticias del modelo.

La legitimidad lograda por la Iglesia en la defensa de los DDHH, así como los ingentes esfuerzos por el esclarecimiento de esos hechos de nuestro pasado reciente, acción loable en los últimos 30 años, no la autorizan a manipular información con el objeto de persuadir a los parlamentarios.

Una ley de Divorcio, con todas las limitaciones que puede tener el proyecto que actualmente se tramita en el Congreso, representa el interés de millones de chilenos, no sólo de los separados sino que de la inmensa mayoría que quiere darle una oportunidad a aquellos que pasaron por un quiebre matrimonial.

Este debate está abierto. Es para gente madura y los argumentos deben ser serios. Lo contrario, simplemente no ayuda.

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(Por Francisco Martorell) "La legitimidad lograda por la Iglesia en la defensa de los DDHH, así como los ingentes esfuerzos por el esclarecimiento de esos hechos de nuestro pasado reciente, acción loable en los últimos 30 años, no la autorizan a manipular información con el objeto de persuadir a los parlamentarios"

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